Destinos indeseados Suivre l’histoire

lihuen Lihuen

Cada protagonista tendrá que tomar una decisión: luchar o sucumbir a su destino. Estarán los que (quizá por pura suerte) logren torcer el rumbo impuesto y estarán los que queden atrapados, hasta condenados a padecer lo que su fortuna tortuosa les obligue a transitar.


Histoire courte Tout public.

#mundos-fantasticos-y-futuristas #sacrificios-y-maldiciones #mundjos-apocalpiticos-y-alienigenas
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La Maldición de las gemelas

Era una tarde soleada y caliente, casi sin viento. “El clima ideal para volar”, nos habían dicho en agencia de turismo y allí me encontraba junto a mi mama, mi papá y mi hermana gemela Anabel, al borde del precipicio de donde me largaría.

Todo parecía ir de maravillas, y a medida que los preparativos finalizaban la emoción que sentía se trasmitía de mi hermana a mí misma, como si estuviéramos conectadas. Lo demás pasó en segundos. Las últimas fotos, el ultimo saludo y el empuje del parapentista me acercó al borde del precipicio y entonces, justo antes de saltar, observé como el rostro Anabel se transformaba en una mueca de horror.

“¡No saltes! ¡No saltes!”, me gritó desesperada, pero ya era tarde. El parapentista había saltado arrastrándome con él al vacío mientras unas enormes alas coloridas se expandían tirando de nuestros cuerpos que flotaban al viento. “Que relajante”, pensé, “pero a mi hermana, ¿qué bicho le picó?”

“Crack”, sentí y mi cuerpo bajo unos centímetros. Me examiné desesperada y comprendí que me caía. El pánico me invadió y estallé en gritos de auxilio ahogados por la angustia que me poseía. El parapentista hacia lo que podía, pero el arnés se iba rasgando y ya nada me retenía.

Grité “¡Anabel, Anabel! pero no podía oír sus vibraciones, estaba sola por primera vez enfrentando el golpe que no tardaría en llegar. Volví a gritar pero un tirón me sacó del trance antes de tocar el suelo.

─ ¿Otra vez la misma pesadilla?─me preguntó mi madre mientras yo lloraba a mares.

Asentí y ella ofreció quedarse pero yo le dije que ya esta bien.

Cuando vovli aquedarme sola, prendí la luz y busqué el rostro de Anabel que ironicamente me sonrepia desde el portarretratos que se hayaba en mi mesa de luz. <<Si los demás supieran lo que realmente había ocurrido aquella tarde de Febrero hace dos años>>, pensé. <<Si al menos pudiera explicarlo, ¿me creerían? ¿Entenderían que cuando Anabel calló, caí yo también? Que su horror fue mío, que su angustia me partió el alma y que sus últimos pensamientos me explotaron en la mente. ¿Y el golpe? o ¿las costillas quebradas?>> Lo experimenté todo: huesos triturados, la explosión de los órganos, el salpicón de sangre brotando a borbotones. Todo, con lujo de detalles.

El reloj de mi celular me indicó que eran las tres de la mañana. Me recosté temblando, con luz prendida. Las sombras lúgubres jugueteaban con mis miedos. Me repite una y otra vez que no debía cerrar los ojos aunque estuviera exhausta; no debía siquiera reposar en aquella cama blanda que me incitaría a soñar; no debía parpadear, ni relajarme o si quiera respirar.

El viento aullaba afuera y yo deseaba desesperadamente reposar. “Al menos tú caíste una sola vez” le reproché en silencio, “en cambio yo debo revivir esta pesadilla espeluznante una y otra vez”; “dime hermana ¿cómo debo hacer para romper la maldición?” Ella solo me sonreía desde lejos, y yo comencé a parpadear somnolienta.

Me dormí, volé y caí. Seguramente grité pero mamá no me oyó a tiempo. Entonces toqué el suelo…

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14 Avril 2019 01:05:07 0 Rapport Incorporer 1
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