Histoire courte
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Tumbas

Sentado en un sepulcro desértico yacía un hombre esperando se haga la vida. Cerca suyo, una roca tenía gravado una alegórico mensaje “En este lugar la maldad  no hace daño”.

Mientras brillaba el sol aquel hombre insistía en quedarse y esperar la vida.

Necesitaba motivación para volver a sentir. La conducta impulsada por el dolor volvía irracional el panorama. Las agujas del reloj negro que llevaba en la muñeca derecha cambiaron la realidad. Tenía lágrimas secas, ya no las derramaba. Un amargo ostracismo entró en su alma.

Entre el poco barullo local, un niño reconoció por entre los habitantes a una señora que lo llamó para preguntarle por qué jugaba solo, cuál era el motivo de tan solitaria decisión. Él respondió -saltar, correr y moverse solo no significa soledad, es la búsqueda continua de lo desconocido-, la mujer no tomó muy enserio aquel comentario.

Pasado un tiempo, la edad de Samuel ya transitaba los diecinueve. Poco quedaba de aquel animoso pequeño. En los atardeceres el muchacho ya no jugaba solo, meditaba con la mirada puesta sobre la escasa población del pueblo. Aquella señora que lo interrogó unos años antes sentía ahora el peso gradual de las décadas. Lucia el desgaste excesivo del trabajo insano. El marido se había ido un año antes a vivir a dos calles de distancia. Solo le quedaba su hija Valencia, que se enamoró del inadvertido muchacho bajo noches quiméricas. 

Sin pecar de distraído sabía que cuando escuchara un grito fallecía una pareja. Mujeres y hombres morían sin previo aviso una vez al mes. Quedaban solo diez parejas. La de Samuel y Valencia y nueve más. Para octubre ya no quedaría nadie con vida. Todo un misterio envolvía el repentino deceso colectivo. Nadie sabía por qué razón la mortalidad abordó tan pronto a la comunidad.

El azar incesante arrebataba placeres de vida. Las parejas aún vivas formulaban hipótesis de miedo. Lo hacían reunidas en el salón de baile "El Misterio". Realizaban conjuros, hechizos, ritos sagrados para espantar la tragedia que acechaba al lugar.  En febrero murió otra pareja. Los enterraron en un cementerio improvisado. No ajenos a esto, Samuel y Valencia, pensaron en huir lejos. Otra alternativa sería quedarse y enfrentarse a la maldición. Cómo podían resolver el dilema? Existían pocas posibilidades. Lo intentarían de todas maneras. Pasaban los días. Cada veintiocho morían parejas. Al creer tanto en el amor como barrera invencible de todo apocalipsis pusieron en marcha su idea. No la comentaron con nadie. Se juntaban cinco minutos por día y cada uno tomaba un rumbo distinto. Cuando llegaban a sus respectivas casas continuaban conversando por teléfono con la lógica del amor como alternativa de salvación.

Todo se tornaba difícil. En marzo falleció otra pareja. Decidieron implementar la segunda alternativa. Potenciaron su amor, ese fue el plan. Comenzaron por amarse más en sentido físico y sentimental, con pasiones exorbitantes, con éxtasis extremos, miradas profundas, besos llenos de sensibilidad, expresiones de liberación sensual. La finalidad inocente de ellos recaía en qué no querían quedarse solos en el pueblo y debían detener las muertes, y la única manera que entendían era en nombre del amor. Llegó abril y su pacto no frenó lo inevitable, otra pareja había muerto.  Sentían en vano su voluntad, lloraron mucho por la noticia. En el velorio sintieron tristeza profunda y lamentaron lo sucedido. No se hablaron por teléfono esa noche. Si bien desde hacía mucho tiempo advertían las muertes, esta última tuvo una fuerte carga emocional ya que pusieron en juego el amor, al parecer de ellos, fuente de toda batalla. Habían fallado.

A comienzos de mayo, repuestos del impacto, se encontraron. Tuvieron solamente un dialogo que calaría hondo en la imaginación de cualquier mortal. Un viento suave desplegó palabras de amor profundas entre ellos. 

- Eres la que siempre acompaña y nunca engaña.

Al escuchar aquella declaración intensa de amor ella experimentó una sensación extraña llena de brillo.

Lo miró y dijo:

- Estás en mis entrañas haciéndome sentir lo adverso al rencor.

No pudo detener su impulso y la besó. La atmósfera proponía una intensidad similar al fin del mundo.

- Manifiestas una alegría magnífica.

 Ella, enamorada como el primer día, respondió con voz firme:


- Me haces estremecer. Siento un bello abismo cuando estás cerca.

La observó, dejó caer una lágrima, acercó sus labios al oído y susurró:

- Juntos sufrimos, sentimos, estamos presentes a través de la esencia mutua.

- Eres la única alternancia que he conocido. Te amo.

Él dijo:

- Fuera del universo eres una invención especial. Eres esa lírica compleja que no tiene precedentes.

Antes de irse se besaron apasionadamente. 

Ella quedó atónita y lo abrazó fuerte. Al parecer algo aconteció. Se despidieron hasta el otro día.

El día veintiocho llegó. Entre sueños, Valencia, escuchó gritos, abrió los ojos y pensó lo peor. Era la fecha de muerte. Solo se gritaba una vez cuando sucedían las muertes. Pero los gritos eran continuos y parecían de algarabía. Se vistió y salió, caminó descalza y observó como las parejas se besaban. Habían sobrevivido al día veintiocho.  Luego se asomó hasta el cementerio y lo vio a su padre, con el cual no hablaba hacia un año. Estaba sentado muy quieto, tenía su reloj negro en la mano derecha, su esposa, la madre de Valencia, había muerto. Ella gritó con una potencia tan fuerte que Samuel reconoció aquel grito. Salió corriendo. Al llegar no entendía por qué la tumba tenía un solo cadáver. No murieron ambos. Se despidió de su padre muy angustiada. Éste se quedó esperando que la tierra se haga vida.

Se cruzaron con una de las parejas y les comunicó la novedad. Un científico dedujo la causa de las muertes. La falta de amor fue consecuencia de la desgraciada reducción poblacional.

Sin darse cuenta, Samuel y Valencia, desprendieron partículas amorosas por todo el pueblo. Pudieron encender las pasiones apagadas. Sin emitir palabra pensaron que "creer tanto en el amor derriba las barreras de todo apocalipsis". Su amor había cambiado el destino,

FIN

17 Février 2019 03:49:01 0 Rapport Incorporer 0
La fin

A propos de l’auteur

Javier Pernigotti Imaginación constante para entretener.

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