EL ÚLTIMO MENSAJE EN LA HISTORIA Suivre l’histoire

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jonathan Muñiz


¿Se han preguntado cómo será el final? ¿Lo que sucederá en los últimos momentos de la historia humana? Bajo la mirada de una inesperada compañera, un joven se enfrenta a estas preguntas y a la realidad de tal mundo. Perdido en el tiempo, confronta el futuro del final de la historia.


Action Déconseillé aux moins de 13 ans.

#341 #cienciaficcion #aventura #distopian #post-apocalips #256 #332 #381 #adventure
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Despertar

Millones de llantos gritaron en agonía al desistir en sus últimos momentos. La humanidad, sus torres, sus armas, sus antiguas esperanzas, todo había sido abandonado. Lo que quedó fue una inevitable y colectiva desesperación. La realidad era, ahora, violencia y lucha que muchos pelearon intentando disiparla, tratando de alejar aquella realidad. A muchos, la locura los consumió, otros, rendidos, abandonaron toda esperanza hasta que se los llevó la paz de sus últimos respiro. Yo los vi, estuve en cada momento y acompañé a cada uno en los últimos actos de su raza. Los humanos no fueron esa gran magnificencia y gloria que ellos pensaron y tanto imaginaron. En cambio, su final fue un momento, como cualquier otro, donde todo terminó, donde cada uno dejo de ser y el mundo continuó. No hubo nada mas decepcionante.

Verdaderamente poético. Las ruinas y escombros, los esqueletos y sus pilares, sus monumentos y sus grandes errores, aquello que quedó, como muestra de su perseverancia. Hasta su idioma ahora los trasciende, en sus libros, sus maquinas e historias. Pero ya no hay nadie que los disfrute o cuente. Los últimos momentos de una raza desesperada por su propia mortalidad, está llegando a su fin. Y al terminar, también lo hará mi trabajo. Pero no hay que apresurar lo inevitable, si no hay otra opción, hay que disfrutarlo.

No tardé en llegar a aquel camino largo. Un lugar perdido entre las verdes y altas montañas, lejos de las ruinas de las antiguas ciudades. El camino me llevó a una pesada y gruesa puerta de metal, cubierta por una barrera de luces, láseres y poderes. Se hallaba sellada, no dejando pasar ni lo grande no lo pequeño. Entre, atravesando pasillos largos, cámaras de vigilancia, armas automáticas y trampas. Ninguna me detuvo. Traspase un laberinto de habitaciones y corredores hasta llegar a la puerta que buscaba. La atravesé con lentitud, viendo lo que allí adentro me esperaba.

Para mi sorpresa, había llegado tarde a su despertar. El joven daba sus primeros pasos en los último momento de la historia humana. Quién era y qué hacía ya no importaba. Detrás de él estaba la capsula blanca que por muchos años lo mantuvo vivo. Dio unos pasos hacia la habitación oscura, cayendo de rodillas y vomitando sobre unos grilletes en el suelo. Continuó, solo para volver a caer. ya no se movía. Me acerque esperando lo peor pero no tardo en dar unos grandes bocados de vida. Una tos fuerte lo hizo moverse y poco a poco recuperaba el aliento. Era intrigante, estudiando su cuerpo y su corta respiración. Un joven, no más de 25 años, de pelo corto, piel clara y ojos marrones. Un cuerpo fino pero atlético. Tardó en reaccionar, levantándose del suelo con la torpeza de alguien perdido, confundido y algo asustado. Algo normal. Vio su entorno buscando a alguien que no encontró y sintiendo la ansiedad de ignorar su situación actual. Esa sensación solo creció en la siguiente habitación.


- ¿En… dónde están todos? – dijo al fin tratando de recuperar su aliento – No me lo creo... - mas tos – !se fueron... sin mí! - cada palabra que decía era lenta y débil - cuando los vea...


No terminó, volvió al suelo vomitando. Corrió rápido al baño. Salió luciendo mejor, pero era pura apariencia. Su rostro, pálido, y aquella odiosa tos lo delataban. Pero, para mi sorpresa, sonreía. Dudé que haría o cómo reaccionaría desde ahora. Lo seguía de cerca mientras buscaba su ropa y estudiaba su entorno. Siguió hasta la parte trasera, entrando en una clase de estudio rodeados de libros viejos, tabletas digitales y polvo.


- Sira ¿estás? – preguntó al aire – sal de una vez.


Solo fue un segundo antes de que apareciera aquella luz. Lo saludó de forma cordial, aumentando y bajando su brillo mientras hablaba. Parecía flotar en medio del aire al nivel de su cara. Pero no era más que una ilusión, la figura holográfica de alguna clase de mecanismo o inteligencia.


- ¿En qué puedo ayudarte, Maestro?

- Me alegro de verte, Sira.


La bola de luz alumbraba con sus tenues rayos toda la habitación. El color azul lleno parte del área. Con cada palabra que decía, esta luz palpitaba y brillaba. Apenas y alumbraba el rosto del joven.


- Prende las luces, por favor.


La habitación pronto se iluminó, pero solo parte.


-Actualmente estamos utilizando las reservas de energía.

-¿En serio? la energía debe durar varios miles de años. ¿Chequeaste las fuentes de poder?

- Si maestro, y me temo que no suficiente energía para todo el complejo.

- Debe ser un problema técnico.

-Según mis sistemas, no tienen ninguna falla.

-Ninguna que tú puedas ver Sira – le dijo sonriendo – después lo reviso.


El joven empezó a caminar. Aun débil, siguió hasta uno de los sofás en aquella gran sala. Se echó sin pensarlo, dejando salir una gran cantidad de polvo el cual pronto tosió. A pesar de ello, se veía muy feliz y cómodo. Un aire de satisfacción lo rodeaba. Es cómico, de verdad nunca cambian.


- ¿Dónde están todos?

- Los demás ya despertaron. Eres el último maestro.

- Me imaginé – suspiró – Entonces… ¿lo logramos?

- El tiempo de descanso de las cápsulas de hibernación fue alcanzado con éxito. El “viaje al futuro” ha sido completado.


La sonrisa del joven era de lo más infantil y adorable.


- ¡SI! – gritó – Una hibernación exitosa ¿Sabes lo que significa? – no contenía su emoción – ¡El futuro! ¡En verdad estamos en el futuro! ¿puedes creerlo Sira?

- Si, maestro.

- Los otros estarán celebrando ¡Y sin mí! Bastardos ¿en dónde están?

- Muchos están ya explorando el exterior. Su posición exacta… la desconozco.

- ¿No sabes? Quizás algún sistema caído, ya lo arreglaremos – Sonrió - Tengo que ir con ellos, tengo que ver el futuro ¿Qué información tienes del exterior Sira? ¿Es como lo imaginamos? ¿Carros voladores, tele transportación, una pizza decente?

- Lo desconozco, maestro. Los datos recogidos muestran que hubo un estancamiento del progreso tecnológico en algún momento del pasado.

- ¿En serio? Eso es decepcionante. Igual el futuro es el futuro. Eso como mínimo debe ser genial.


Se acomodó en el sillón, parecía haberse recuperado un poco.


- Bueno, si los demás están afuera, también debería prepararme.

- No es el caso, aun detecto algunos dentro de las instalaciones. Pero no responden a mis intentos de contactos.

- ¿Están dentro y no contestan? – comentó - La comunicación tiene que ser constante. ¿Quiénes no contestan?

- Ninguno, maestro.

- ¿Ninguno? Alguna interferencia quizás. ¿Qué tal mensajes?

- No hay ninguno nuevo maestro.

- ¿Qué esta pasando? No pueden ignorar algo así.

- Las últimas comunicaciones sucedieron varios años atrás.

- ¿Años? – su sonrisa desapareció, la sorpresa lo consumía – Debe haber un error.

- No, maestro. Su cápsula es la última en ser abierta en los últimos años.

- ¿Qué dices? – preguntó dejándose caer en el sofá – ¿No te equivocas? - la luz se lo aseguró - no entiendo ¿Por qué dormí tanto tiempo?

- Lo desconozco, maestro. El protocolo recomienda que, en caso de problemas, se aseguren los instrumentos, los suministros y las reservas. Recomiendo reunirse con los demás y…


No hubo respuestas del joven. Sentado en aquella silla, el tiempo pasó mientras trataba de dar cuenta de su situación. Se veía concentrado, esperando que las respuestas y las opciones llegaran a su cabeza. Sin avisar, se levantó, dirigiéndose hacia el escritorio principal. Al sentarse en la silla, un panel digital apareció, dándole la bienvenida. Tras un trabajo rápido de aquella maquina encontró lo que buscaba. Un pequeño archivo, un vídeo, dejando atrás por sus otros compañeros. Lo empezó. Se vio un grupo de gente reunida, cada uno trabajando en una situación complicada.


- ¡Matías, te dejo este mensaje! – habló un hombre ya viejo, de barba y pelo blanco – La situación es complicada. Un fenómeno o un accidente, aún no sabemos, causó que las cápsulas no abrieran el tiempo debido. – Unas luces rojas consumían toda la habitación del vídeo. Atrás de él, grupos de gente trabaja con rapidez, moviéndose de lado en pánico – la tuya es la única que no ha abierto. Un fallo del sistema no nos permite abrirla. Tenemos miedo de que te cause algún daño si lo intentamos – Una explosión sucedió atrás de él – ¡Maldita sea! Mira, no hay tiempo. Deberías dormir por unos meses más. Cuando despiertes ven a buscarnos afuera. Estaremos esperando.


El vídeo termina ahí. Los recuerdo, aquel pasillo, aquel pánico y aquellas personas. El joven también los recuerda. Su equipo, sus compañeros habían despertado sin él, y estaban en problemas. Aquel pensamiento lo consumía, la nostalgia y el temor lo consumían. Un sudor frío caía por su frente.


- Sira.


La luz apareció.


- ¿Cuándo fue grabado este vídeo?

- El mensaje de los demás agente fue grabado el 20 de diciembre del año 5724.

- ¡¿Cinco... qué?! – su mirada fue de la luz a la pantalla – no puede ser. ¡¿Tres mil años?! ¡¿por tanto tiempo hemos dormido?!


Por segunda vez ese día, se dejó caer sobre una silla. Pero la tranquilidad de antes estaba perdida. En su lugar una mirada de frustración y miedo.


- Maldición… no entiendo – una pausa - ¡Lo demás!


Sin decir nada se levantó y corrió por la habitación. Agarrando todo lo necesario, armas, herramientas, armaduras, comida y medicina, se dirigió fuera de la habitación hacia la sala principal del complejo. Era un lugar grande y espacioso, una mesa enorme y redonda tomaba el centro, en la parte detrás una cocina. Varios pasillos se extendían desde esa sala hacia todo el complejo. El joven dejó caer todo lo recolectado sobre la mesa principal. Su trabajo comenzó pero no duró. Un sonido constante lo llamaba. Yo también lo escuchaba. Junto a él, otros sonidos como explosiones continuas, una después de otra. Como un gran “BLAM” que se repetía en un ciclo. Ese sonido, que caían una y otra vez, provenía detrás de aquel gran muro a su espalda. Lo reconoció rápido, aquella lluvia incesante que lo esperaba del otro lado del muro. Lo miró atento, tomando unos pasos hacia él, casi con miedo. Puso su mano sobre el muro. Pero no tocó concreto o mármol sino vidrio.


- Sira – dijo - abre la ventana.


La luz apareció.


- Como ordene, maestro.


La pared se abrió como dos compuertas enorme separándose. Una luz tenue empezó a entrar mientras los rastros de fango y vegetación se desasían en el lado exterior de la venta. Lo primero que entró no fue la luz del sol sino de los rayos y relámpagos. Luego vinieron los truenos. Le siguió el sonido contundente, ahora más fácil de escuchar, de una lluvia pesada y fría. Él joven se posó, inquieto, contra el vidrio, ambas manos apoyadas. Una expresión pérdida ante lo que veía. Frente a él se extendía el esqueleto de aquellas bestias antiguas que alguna vez fueron sus ciudades. Torres enormes, antiguas y extrañas se ampliaban ante él como un gigante muerto, consumido por la vegetación de los años. Una sombra de lo que alguna vez fueron. Una imagen tétrica de estructuras antiguas, acabadas por lo verde y bañada en una lluvia sin fin que se extendían por el horizonte. No era más que meras sombras y escombros de sus antiguos encantos.

¿Ves? esto es lo que quería que vieran, una de las cosas que tenías que ver. Pronto se daría cuenta de la realidad. Mientras solo lo miraba. Vi su expresión confusa y triste con mi propia empatía, había visto esa misma mirada un sinfín de veces. Pero esta vez, quizás, sea la última. Lo que el joven alguna vez conoció ya no existía, lo que veía tras el vidrio era su realidad. Y aunque dudara de ella, tendría que enfrentarla ¿Cómo harás ahora joven humano?


- Esto… - empezó hablar - esto no puede ser…


Retrocedió con pasos torpes. El velo de la realidad poco a poco desataba la tensión y el temor sobre su cuerpo.


- Pero… los demás – comenzó a hablar de forma paranoica – ¿los demás están ahí Sira?

- Gran parte del equipo se encuentro en la ciudad, ubicados en distintos sitios.

- Entonces... están bien – dijo con un suspiro de calma.

- No todos están afuera – continuo la luz – actualmente el doctor Leonard y la profesora Isabel se encuentran en el complejo.

- ¡¿Están aquí?! Sira ¡¿Dónde están exactamente?!

- Ambos se encuentran un piso abajo en su habitación. No responden a sus comunicadores.


Sin esperar, el joven empezó a correr. Se movió entre los pasillos vacíos y decaídos de la instalación. Cada paso estaba lleno de un vigor esperanzado. No tuve necesidad de seguirlo, ya sabía a donde se dirigía. Descendió por las escaleras, teniendo una caída algo brusca al final. Aun así siguió. Sin parar, siguió hasta llegar a la habitación designada. Abrió la puerta con ansias.


- ¡Doctor Leonard, Isabel!


Su grito ahogado resonó sin respuesta. Lo vi desde dentro de la habitación. Los pasos fuertes y seguros se detuvieron. Su cuerpo, antes pesado y emocionado, ahora estaba tenso y frió en medio de la habitación. Lo que vio no tenía sentido. Los meses que pasaron no era suficiente tiempo para que “eso” sucediera. Le costaba respirar. Los vio a ambos y solo dudaba. Su expresión me lo decía, aquella pregunta que necesitaba responder.


- Sira…


Dijo y se materializo la luz nuevamente.


- ¿Si, maestro?

- Dame las fechas de emergencia de la primera y última capsula, por favor...

- La primera capsula emergió el 12 de febrero del 2558. La última lo hizo el 24 de octubre de 5724.

- ¿En… en qué fecha estamos?

- El 13 de noviembre del año 7452.


El joven no dijo más nada mientras caía al suelo rendido. Fijaba su mirada al suelo pero no miraba nada. No halló fuerzas para ver lo que tenía enfrente. Pero yo si lo miraba. Esos dos esqueletos dejados allí milenios atrás, esperando por el retorno de su último compañero. Pues su espera ha terminado.


- ¿maestro?


Ahí venia. La desesperación que a tantos otros seres ha consumido. El simple acto de un grito lo hacía salir. Aquel joven, de rodillas en suelo, se hallaba al borde. Me aburría la idea en verdad, que el último humano cayera nuevamente en la locura. Pero no fue así. No hubo grito desesperado, no hubo llanto de locura. Sus ojos, al verlos, solo tenía ira y determinación. Aquel joven no se rendiría. Y aquello me hizo sonreír.

25 Janvier 2019 15:49:26 3 Rapport Incorporer 2
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jM jonathan Muñiz
Gracias a todo por la lectura! Aprecio todo comentario que me puedan dejar (siempre busco mejorar jaja) Muchas gracias!
22 Juin 2019 10:40:04
Flavia M. Flavia M.
¡Está muy interesante y bien escrito! (quizá debas revisar algunos tildes que faltan y otros que están demás)
29 Janvier 2019 12:53:25

  • j M jonathan Muñiz
    !Me alegra mucho que te haya gustado! (Estaré atento a las correcciones, gracias jaja) 30 Janvier 2019 18:42:13
~

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