El Efímero Rastro de la Vida © Suivre l'histoire

nagneelia Lia M.D

Un chico huyendo de sus problemas. Una chica tratando de enfrentar sus problemas. Dos que perdieron el camino. Dos que se esfuerzan por recuperarlo.


Fiction adolescente Déconseillé aux moins de 13 ans.

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Cuando Pierdes el Camino ACTO I

+ El gamberro adolescente se tapó el cuerpo totalmente con las sabanas ocultando su rostro despierto para que cuando su madre pasase a revisar si ya dormía, no sufriera del tic nervioso de la ceja indicándole a la adulta que le estaba mintiendo. Esa pequeña posibilidad lo puso extremadamente nervioso, si le pillaba todo se iría al garete y no podría ejecutar su plan de escape. Exhaló una bocanada de aire caliente que pronto le chocó en la cara dejándole el aroma de la marihuana impregnada en la nariz, esto casi lo hace estornudar.

Pasaron algunos segundos en los que empezó a morderse las uñas con desespero, pronto la puerta medio rota rechinó y la luz del pasillo le llegó a través de la colcha. Contuvo el aliento de repente y cerró los ojos con fuerza, se iba a desmayar, le iba a dar algo, no podía con los nervios.

―¿Jev? ―, susurró Aleena, su madre, con extrañeza. La mujer frunció el ceño al no oír los típicos ronquidos de su hijo, por lo que decidió acercarse a la cama para verificar que no se hubiese desmayado por sobredosis o algo parecido.

Una vez cerca del bulto que se suponía era su hijo, Aleena lo tocó suavemente y se fijó que su hijo si respiraba, solo que muy muy lentamente y de una forma pesada. La adulta rodó los ojos con cansancio y salió rápidamente del recinto pensando en lo poco responsable que era su hijo con la droga y el alcohol.

Jev soltó un gemido de agobio cuando su madre se fue. “Qué agobio, madre mía.”, pensó destapándose totalmente para que el calor que se había instalado en su cuerpo se fuera lo más pronto posible. Sin esperar mucho más se aupó de la cama y fue hacia su ropero para ponerse algo decente con lo que salir a la calle. Cuando estuvo listo, metió en su morral un poco de ropa interior y un par de camisetas y jeans. “Con esto bastará por un tiempo.”

Luego de tenerlo todo preparado, se quedó en silencio sentado delante de la puerta para verificar que todos estuviesen ya dormidos o que estuviesen lo suficientemente ocupados como para no fijarse en él. Solo se escuchó un aterrador silencio que puso a Jev de los nervios. El joven suspiro tratando de controlar a su acelerado corazón, mientras se pasaba una mano por los cabellos rizados alborotados.

―Es momento…―, afirmó melancólicamente, para luego agarrar el morral y abrir la ventana lanzando su equipaje y justo después saltar el mismo a través de esta.

 


Llevaba un rato caminando sin mirar atrás, pensando en todo lo que dejaba, pero a su vez en todo lo que lo esperaba, estaba ansioso. Fue entonces cuando Kei apareció delante suya con los brazos cruzados y el ceño fruncido. La sonrisa escondida de Jev se esfumó de un momento a otro y miró a su amigo con seriedad.

―¿A dónde vas a estas horas, Jev? ¿Con unas zorrillas? ―, se burló el que antes llamaba su mejor amigo. Jev tragó antes de contestar.

―Me voy, Kei, me largo a buscar algo mejor.

―¿y tú crees que para ti hay algo mejor? No me hagas reír, imbécil. ―, casi escupió. Continúo reflejando su asco. ―Para ti y para mi no hay nada mejor que esto. ―, Jev negó con calma.

―Te equivocas. ―, y sin más caminó pasando de largo al contrario, quien no podía aguantar la ira o quizá envidia que sentía hacia el castaño por tener la valentía de hacer algo así.

―Jev…―, lo llamó Kei con la voz calmada y el rostro relajado. ―¿Te veré por ahí?... ―, su pregunta más bien fue un ruego. Jev no se dio la vuelta y negó mientras continuaba su camino.

 


Después de varias horas, hacia la madrugada del día siguiente, Jev llegó finalmente a la ciudad a la que había planeado huir. Sin mucha demora trató de ubicarse y de encontrar a ciegas el hogar de acogida donde iba a quedarse. Se perdió millones de veces con su asqueroso sentido de orientación en una ciudad moderna que no conocía de nada, pero finalmente llegó y un gran alivio se expandió por su pecho de forma satisfactoria.

Una mujer con carita redonda y cabello crespo acomodado con un estilo de los años 20 le recibió con expresión malhumorada y una bata de dormir color azul envolviendo su delgado cuerpo. No le dio tiempo para hablar, solo lo miró de pies a cabeza y con dulzura lo invitó a pasar recibiéndolo con un abrazo cálido. Jev se paralizó, no esperaba que la dueña de la casa de acogida le hiciera ese cariño nada más verlo, pero en ese momento le cayó como anillo al dedo y sin darse cuenta ya la estaba abrazando mientras lloraba.

Ella se llamaba Patricia y era como pan en miel, super atenta y maternal, lo trató con un cariño que jamás había experimentado. Inevitablemente le cogió aprecio al instante y pareció que ella sintió lo mismo. Luego de convivir un momento Patri le ofreció té de manzanilla, pero Jev jamás había probado ese brebaje y tampoco se le antojaba en ese momento, así que lo rechazó. Realmente lo que quería era una cerveza, pero se había prometido no volver a probar alcohol y tratar de salir de la adicción, por lo tanto resistió el ansia mordiéndose las uñas.

No intercambiaron muchas palabras, simplemente una corta presentación y una que otra cosa más, Jev estaba agotado y la mujer lo notó, por lo que rápido y sin demora le mostró su pequeño aparta-estudio en el cuarto piso. El lugar estaba bastante bien, una pequeña estufa a gas, un baño con agua caliente y en la misma sala de la cocina una cama doble; era mucho más de lo que podía pedir y estaba en muchísimo mejor estado que la casa de sus padres. El joven sonrió pensando en lo cómoda que se vería la cama, pues la colcha era de peluche color verde claro, simplemente quería echarse a dormir.

―Se lo agradezco mucho, señora. ―, le sonrió el joven a Patricia, ella le devolvió la sonrisa y le abrazó, él no tardó en corresponder. Cuando se apartó le dijo:

―No hay de que, mi niño. Tómatelo con calma, ¿vale? ―, continuo. ― Si no puedes cocinar por ti mismo, todos los días hacemos comida para todos los inquilinos en ciertos horarios. Desayuno a las nueve, almuerzo a la una tirando a dos y cena a las siete. El comedor esta en el primer piso, puedes aprovechar y socializar con tus vecinos. ―, Jev sonrió nerviosamente ante esto último, le costaba un poco socializar. ―Pero bueno, no te retengo más. Qué descanses, Jev. ―, y le besó la mejilla a modo de despedida para luego marcharse bostezando a su apartamento.

El castaño se adentró en su nueva guarida cerrando la puerta y tirando su morral a un lado, miró la cama por un momento y no se lo pensó más para tirarse bruscamente descubriendo que el colchón era una delicia pues lo había hecho rebotar. Rio tiernamente ante este hecho y todas sus preocupaciones se fueron por un instante. Su mirada se fijó en el techo y sin previo aviso se quedó dormido pensando en que tenía que conseguir un trabajo honesto, pero bueno, solo era un trabajo, ¿Qué tan difícil podía ser?


CAPITULO SIN CORREGIR

30 Novembre 2018 04:22:17 0 Rapport Incorporer 0
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