Lineas De Vida (2017) Suivre l’histoire

danubiodecampos1 Danubio De Campos

En mi segundo libro de relatos he continuado un poco con la temática del primero, más sin embargo, exploro el tema del amor desde otras perspectivas que no consideré para el anterior tales como promesas, anhelos, ansias de nuevos rumbos e incluso el abandono violento. Pero también he dado la oportunidad para relatos que no tienen que ver necesariamente con el amor. Este libro se escribió de Mayo de 2017 a Enero de 2018. Danubio De Campos 2018®


Romance Chick.lit Tout public.

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Hotel Paradiso

Hoy les contaré la historia de una joven y bella mujer. Su nombre era Lyn Baldursottir primera y única hija del matrimonio compuesto por Baldur Rafaelsson y Fyn Sigundsottir quienes a su vez eran allegados a un terrateniente muy importante de aquellas tierras llamado Knut Vidarsson. Ella nació un 26 de Mayo de 1970 en la ciudad de Reikiavik en Islandia. En aquella gélida tierra las cosas no andaban del todo bien para aquel entonces, pero volvamos algunos meses atrás, antes del nacimiento de Lyn.

Baldur y Fyn habían contraído nupcias hacía muy poco tiempo, ella estaba muy preocupada pues habiéndose casado tan joven, temía de cierta manera por el futuro y estabilidad de su matrimonio, Baldur no estaba seguro de casarse y estaba en franca discordia con el porqué de su matrimonio: sus padres había acordado dar a la pareja en nupcias más que nada por unos negocios pequeños de procesamiento de grasa de ballena que la familia de Fyn tenía, era un gran acuerdo comercial pues este pequeño emprendimiento le reportaba a la familia miles y miles de Coronas al mes.

Baldur, por otro lado, tenía una estampa diferente, desde los 5 años que su padre, un pequeño artesano que tenía un puesto en las afueras de la ciudad le había enseñado a pintar y a escribir poesía. Esto llenaba de orgullo a su padre, quien lo veía casi como la reencarnación de Johanes Kjarvalv, así... el joven Johanes... perdón, Baldur, tenía a sus cortos 16 años, todo un futuro por delante. El, inclusive, solía mirar los billetes y decirse a sí mismo que un día estaría allí.

La madre de Fyn le consideraba un joven encantador, de modales cultos, muy diferentes a que, por cierta razón, ya estaba hastiada de los que ella denominaba “leñadores de hielo” que no eran sino otra cosa que todas aquellas personas que trabajaban en sector de la pesca, digamos, directamente pescando. De todas formas Baldur no se sentía del todo cómodo, porque, a pesar de agradarle Fyn y de ser muy buenos amigos desde la primaria, no estaba enamorado de ella, o al menos no creía estarlo y creía por lo demás, que ella pensaba exactamente igual.

¿Recuerdan el terrateniente que les mencioné? Bueno, el era el propietario de la tierra donde se construyó el vecindario más pudiente de la minúscula ciudad, era un tipo tan pudiente, que se había hecho con la propiedad de algunos fiordos y se había postulado para ser primer ministro, digamos que, afortunadamente, no fue elegido. A cambio de algunos favores de diversas índoles, había permitido a ambas familias mudarse allí.

Y no, no se crean que este asunto fue tomado con mucho agrado por los padres de la futura pareja, de hecho, el tema del matrimonio se fue gestando desde que ellos tenían 13 años cada uno, sin que ninguno de los dos se diera cuenta. De cierto les digo que uno de esos días, el padre de Baldur llegó muy ofuscado a un encuentro que sostendría el señor Vidarsson y la madre de Fyn para tratar el tema de un futuro matrimonio. Al llegar, el lo miró con resquemor mientras acomodaba su bufanda azulgrana y la mujer, mientras tanto, miraba a todos lados, a medias desatendida a medias ¿nerviosa quizá?

Era un día más oscuro de lo usual, pero, dentro de esa habitación solo se escuchaba el crepitar del fuego. Los tres se miraron, y, por un segundo no se dijeron nada. Había unas tasas de té con limón sobre una bandeja de plata ubicada a un costado de la chimenea. Cada uno tomó una y la bebió lentamente, mirándose el uno al otro, frunciendo el ceño más de lo que debieran.

Parecía que después de todo, ninguno de los tres se tenía mucha simpatía, cualquiera lo hubiera visto extraño...

• Y bueno – dijo el padre de Baldur – ya estamos aquí

• No sé – dijo la mujer – no estoy muy segura de todo esto. Cierto es que Baldur me parece adorable ¡pero es que aún son unos niños!

• ¿y eso qué? – dijo Vidarsson – yo me casé a los 14 años y no me arrepiento, es decir, no me ha ido mal en la vida, para nada

• ¡esto no es la India, por Odín! – dijo el padre de Baldur

• Puede que no – dijo el tipo – pero no es necesario blasfemar, amigo

Hubiera espetado un “no soy tu amigo” cualquier otro día, pero hoy no estaba en franca actitud de discutir

• ... por lo demás, los negocios son más importantes que el amor

• ¡que van a saber de amor si apenas saben lo que es estar vivos! – dijo la mujer

• recuerden que si quieren vivir aquí deben tener una cierta cantidad de dinero y, al fin y al cabo, lo que ustedes desean es asegurar el bienestar de sus familias

• ¿nos está extorsionando? – dijeron los dos al unísono

• Tómenlo como quieran, definir una palabra no es lo central, lo importante es que ustedes saben quiénes son y lo que quieren

Lo cierto es que si lo mirábamos fríamente, esta unión juvenil favorecía más al señor Rafael y a Baldur pues, lo quisieran o no, ellos tenían mucho menos dinero que la familia de la novia y, por el otro lado, ser esposa de un artista emergente sería muy bien mirado por la pequeña suerte de aristocracia del lugar.

Unos necesitaban afianzarse socialmente, los otros, el dinero de un emprendimiento exitoso. De hecho la grasa procesada de ballena ellos le... la distribuían enlatada a las principales ciudades de la isla. No me pregunten en que usaba la gente esa grasa, no tengo idea, lo que para este lado del mundo parecía algo asqueroso y sin sentido, por esas tierras reportaba mucho dinero.

La plática transcurrió con tres personas cuestionándose su propia moral, casi como si no supieran cuan animal puede ser el hombre por lograr una conveniencia personal o familiar. Durante esos días el señor Fineasson (el padre de Baldur) no podía dormir bien, trataba, quizá había algo que lo apremiaba por dentro. Cierta noche, Baldur y su padre se sentaron a disfrutar una sopa de aleta de arenque, tarde en la noche, eran alrededor de las 23 horas. Sentados, probaron la sopa, la aleta de arenque no era hoy especialmente carnosa, pero aún así le aportaba un buen sabor al resto de los ingredientes de esa especie de puchero que su padre había preparado.

• Baldur

• ¿si papá?

• ¿Has visto alguna chica en la escuela?

• No especialmente, realmente no

• ¿cómo piensas como podría ser tu futura esposa?

• Ni idea, no he pensado en eso. Una vez en la escuela leí que los chicos toman como ejemplo a sus madres cuando son pequeños... de todas formas, yo no conocí a mamá, asi que se supone que no sé como debiera ser una mujer – dijo Baldur tomando un sorbo de sopa – A propósito ¿qué sucedió con mamá?

Su padre solo miró a un costado y desvió el tema rápidamente, no quería hablar de ella, aunque no estaba seguro porqué

• ¿qué opinas de Fyn Sigundsottir? es tu compañera de clase ¿no?

• Eh...Fyn... sí, es... está en mí mismo salón

• ¿y?

• ¿y qué?

• ¿qué opinas de ella?

• Es una buena chica, es amable y muy alegre, somos buenos amigos. Hace unos días fuimos al parque que está en las afueras de la ciudad, cerca de la carretera

• Eres todo un travieso, me hiciste pasar un nervio ese día – dijo su padre - ¿estuvieron en los geisers?

• Sí. Estuvimos un rato, afortunadamente no hacía tanto frio, solo hacían 8 grados según el termostato cuando salimos de la escuela. Lo que sí...

• ¿qué?

• He escuchado que su familia tiene mucho dinero.. no se si será cierto

• No lo sé. Ya sabes, vivimos en un lugar tan pequeño que pareciera que todos saben todo de todos

• ¿por qué ese interés repentino?

• No lo sé. Debe ser que como yo me casé joven y también... – se detuvo un momento – enviudé más rápido de lo que un día pensé que lo haría

• ¿mamá murió? – dijo Baldur sorprendido

Su padre asintió con pesar, pero no quiso bajo ninguna circunstancia revelar la causa del deceso de...

• ¿no quisieron tener un hijo?

• ¡No quiero hablar de eso! – dijo su padre en un grito enfurecido – perdóname... perdóname... en serio, este tema me pone muy sensible, aún no soy capaz de superar la muerte de tu madre si te soy sincero

Baldur supo que no conseguiría respuesta ninguna, además, se dio cuenta de lo importuno de su pregunta. El resto de la cena transcurrió en silencio.

Al tiempo, cuando la pareja cumplió los 16 años sus padres les informaron de sus nupcias. Ambos se opusieron rotundamente, pero al tiempo, se dieron cuenta que no valía de mucho luchar, aunque uno como el otro pensaron, sin decírselo, que quizá en algún minuto podrían llegarse a amar.

Al tiempo Fyn quedó encinta, lo que dejó muy asustado a Baldur, pues este veía algo extraño en el semblante del señor Vidarsson, no tenía idea que, pero algo había. Luego que nacer Lyn, La familia Rafaelsson se instaló en un pequeño suburbio, donde durante la mayoría de los primeros once años de Lyn, la familia trabajó cuasi esclavizada a las órdenes de aquel hombre. Sin embargo, aunque ambos, padre y madre trataban de darle la mejor crianza a su hija, no podían ocultar su disconformidad, al tiempo comenzaron a sentir cariño el uno por el otro, y ese cariño, transmutó en preocupación genuina... de alguna manera sentían, sentían que habían sido vendidos por su familia a un tipo inescrupuloso.

Más todo cambió una mañana de octubre cuando la familia fue invitada a un día de campo por el terrateniente, ambos lo consideraron razonablemente sospechoso. Este los citó a una habitación y les ofreció una copa, que ambos rechazaron, pues ninguno confiaba.

Pasado un rato, el señor Vidarsson invitó a Fyn a una habitación contigua, para hablar sobre el futuro de los estudios de Lyn. Su madre accedió de mala gana y entró a la habitación, el tipo, dejó la puerta entreabierta. Después de un rato de una conversación que parecía no ir a ningún lado, este hombre comenzó a acercarse más y más a Fyn, haciéndole comentarios muy poco apropiados a la vez que trataba de tocarle y besarle a lo que la mujer trataba de oponerse y al mismo instante Baldur entró de un golpe a la habitación, completamente enfurecido, sus ojos eran llamas infernales

• ¡quita tus putas manos de mi esposa!

Entró de manera desmesurada, casi desarmada y encestó un fuerte puñetazo al señor Vidarsson mientras abrazaba a Fyn quien aún estaba demasiado confundida para llorar

• ¿quién mierda te crees que eres? – dijo mientras corría y lo tomaba de la solapa de su abrigo - ¡contesta mierda! – dijo furibundo - ¿crees que por tener dinero puedes hacer lo que se te antoja con quien sea? – gritó mientras daba otro puñetazo en el estómago de aquel hombre – nadie, nadie, nadie en el mundo toca a mi esposa ¿oíste? ¿oíste?

El hombre asintió temeroso de manera rápida. Baldur lo soltó de tal manera que el tipo quedó disminuido en el piso. Fyn abrió la puerta y mientras salían, el tipo gritó

• ¡ustedes no saben quién soy yo!

Al otro lado de la puerta la gente se había congregado pues los gritos les habían llamado la atención. Al salir ambos, todos los miraron en silencio, casi como reprobando lo que acababa de suceder. Baldur recuperó la respiración y con un semblante de sin igual rabia dijo:

• ¿y qué pasaría si la vida no les diera más que esto?

Nadie dijo nada y la pareja salió, junto a Lyn, del lugar. Ambos iban nerviosos. Las dos mujeres iban nerviosas, Baldur quería gritar. No hablaron nada hasta llegar a casa. Fyn y Lyn entraron a casa, pero contrario a lo que era habitual, su esposo se dirigió a cortar leña.

Mientras tanto, en el interior de su hogar, Lyn miraba por la ventana y decía:

• Mamá ¿por qué grita papá?

Los gritos de Baldur eran furibundos

• Tu padre está muy triste

• ¿qué pasó allí? ¿ese hombre hizo algo? Ese hombre es malo, malo – dijo Lyn

Su madre solo asintió y al instante Baldur entró por la puerta, calmadamente, tenía un pequeño corte en su brazo, sus ojos estaban enjugados en lágrimas, pero no lloró. Solo dijo que necesitaba descansar y recomendó que, al menos por hoy, dieran por terminado el día.

Fyn dejó a Lyn en su recamara no sin antes cantarle su canción favorita para antes de dormir, como hacía cada noche hacía siete años.

Volvió a la recamara matrimonial y desnudándose se atavió con un pijama hermoso, pero Baldur y ella estaban muy, muy tristes, no estaban de ánimos para ver TV ni mucho menos para hacer el amor. El abrió las sabanas y ella se recostó mientras apoyaba su cabeza contra el pecho de su esposo

• ¿qué va a pasar ahora Baldur? – preguntó Fyn mientras lagrimas rodaban por su rostro

Al mirarla, su esposo por fin lloró, ambos lloraron abrazados por un largo rato, en silencio, abrazados, abrazados como nunca, ninguno quería separarse del otro.

• No lo sé... y eso me da miedo... no sé – dijo Fyn otra vez

• ¿sabes Fyn?... – se silenció - ... nunca te he dicho esto, pero creo que hoy me he dado cuenta

• ¿de qué?

• De que te amo. No sé si tú a mí, pero el solo hecho de que ese bastardo pudiera hacerte daño fue... fue demasiado como para que pudiera soportarlo

• Creo que también... creo que estamos aprendiendo a amarnos – Fyn sollozó

• Tranquila... tranquila esposa mía, ya veremos cómo salir de todo esto

• Gracias por haber estado ahí para mí – dijo Fyn besando su frente

• Tengo tanta rabia... no sé qué hacer… – dijo Baldur

• No te preocupes, debemos pensar en nuestro mañana, eso es hoy lo más importante.

En silencio escucharon el rumor del viento e incluso sintieron en su pecho el fulgor de un fuego que rumoroso incendiaba un glaciar otrora poderoso.

Se besaron y casi sin quererlo se acariciaron profusamente el uno al otro, pero cayeron al sueño en el afán fugaz de un angustioso segundo que va y viene, ese segundo que parecía querer marcar ese destino como un fuego inolvidable.

Esa noche Baldur despertó en medio de la madrugada, pensó muchas cosas, más de las que debiera, le preocupaba Fyn, pero más que todo Lyn, pero aún en silencio pensaba que algun día, algún día quizá podría vivir su sueño más grande, ese sueño que de niño añoró y cobijó como ese pequeño que duerme junto a esa amada cobija de color que puede ayudarle a soportar un día.

Sentía la respiración de su esposa en su cuello y comprendió que este camino sería hoy más que nunca, mucho más angosto y dificil de que lo que se habían planteado.

Sí. Después de pasado un tiempo este hombre comenzó a perseguir sistemáticamente a toda la familia Rafaelsson, tanto a Baldur, a Fyn e incluso a la pequeña Lyn, que para esos entonces contaba con trece tiernos años.

La familia ya no se percibía a sí mismo como una, de una manera u otra, solo estaban prolongando estúpidamente una situación sin nombre. Noches de noches en vilo a espaldas de Lyn, que era la única que podía dormir medianamente tranquila aún. Imaginen, solo imaginen que muchas de las ultimas noches, Baldur había estado resguardando su hogar con una escopeta de un calibre altísimo

• Si entra a mi casa, estoy dispuesto a matarlo. A él, o a cualquier persona de su familia que ponga un pie en mi hogar

Pero no necesitaron entrar en demasía con esos sentimientos para darse cuenta de que cuidar sus intereses a punta de escopeta no era una opción, ni buena, ni mala, ambos sabían que algo malo podía salir de aquello.

Llegaron a la conclusión más dolorosa de todas: ponerle un fin a todo esto. Baldur cerró con llaves y tapió las ventanas de su hogar, solo tomaron unas... unas bolsas con unos pequeños efectos personales y ropa y enfilaron rumbo a una bahía abandonada hacía años.

• ¿dónde vamos papá? – preguntó Lyn

• Iremos a dar un paseo – dijo Baldur con un sudor frio que su hijita no advirtió

Caminaron, caminaron y caminaron hasta llegar, el escenario era deprimente, casi dantesco.

• ¿ves ese botecito que está allí Lyn? – dijo Baldur señalando una embarcación apenas más grande que un bote pesquero

Su hija asintió con entusiasmo

• Pues bien – dijo su padre – ve allí y acomoda tu lugar, espera un poco, pues allí iremos a dar un feliz paseo

Lyn fue saltando y cantando al bote mientras sus padres se miraban y sonreían nerviosos

• Esposa mía, te juro, quisiera tener siquiera un cuarto de entusiasmo del que tiene Lyn

• ¿estás seguro que deberíamos seguir con esto? – preguntó su esposa

• ¿hay otra opción?

Fyn negó con su cabeza mientras Baldur extraía un mapa de una bolsa y hizo ver a su esposa que, si tenían mucha, pero que mucha suerte, podrían llegar a las Islas Feroe, un territorio de ultramar controlado por Dinamarca, escucharon a Lyn llamar

• Si amor, quédate allí un poco más, que ya vamos – dijo con voz fuerte Fyn

Su esposo sacó de una bolsa un bar de banderas coloridas

• ¿Para qué es eso? – dijo Fyn

• Con estas banderas armaré la señal de auxilio, así, si alguien ve nuestro bote, sabrá que necesitamos ayuda

• Esperemos en Odín que podamos salir de esta

Baldur miro sin entusiasmo algo, pero recompuso su semblante ipso facto, para no despertar sospechas en su amada hija.

Ambos, madre y padre tomaron sus lugares y se observaron con resignación, quizá con angustia, pero, sin decir nada, Baldur comenzó a remar. Mientras lo hacía, Baldur... solo podía pensar en que no tenía nada pensado, pensado para... es decir, no sabía que harían al llegar allá, pero en vez de hacer o decir algo, solo remaba. Su esposa miraba el horizonte con una expresión fúnebre, como ansiando ver esa tierra que quizá, si no había suerte, se les escaparía antes de siquiera existir ante sus ojos. Y mientras tanto solo Lyn sonreía feliz sintiendo la brisa marina sobre su rostro a la vez que, mirando al cielo, jugaba a darle formas a las nubes.

Las horas pasaron silenciosas, hambrientas, angustiantes por en medio de un mar que comenzaba, minuto a minuto, a rugir tímido y, donde se podía comenzar a escuchar las olas golpear el costado de la embarcación mientras, las nubes comenzaban a reinar sobre un cielo atribulado.

Llegaron a altamar y el mar nuevamente se convirtió en un inesperado plato de leche, solo el silencio era roto por el sonido de alguna que otra ave marina. La temperatura bajó y Lyn se impacientó

• ¿no es hora de volver a casa? – pregunto

• No habrá casa en un buen tiempo creo

• ¿por qué? ¿qué tiene que ver? ¿ese hombre malo tiene la culpa? ¡maldito!

• ¡no maldigas! – dijo su madre. Se sorprendió que aún en esta situación pudiere disciplinar a su hija

Lyn guardó silencio

• ¿por qué no duermes? Si sucede algo te despertamos.

• ¡no! – espetó a medias molesta Lyn - ¡quiero saber!

• ¡a dormir! – dijo ya molesta Fyn

La niña miró con cara de pocos amigos, pero obedeció, debió estar exhausta, al cabo de ocho minutos ya dormía. Una vez ambos padres pudieron sentir el rumor de su hija dormida, se miraron y sonrieron. No sabían si estaban sonriendo nerviosos o que. Se preguntaron cuando demorarían en llegar a su lugar de destino ¿días? ¿Meses? ¿Qué hay de comer? ...¿qué hay?.

La noche llegó y con ella una madrugada ventosa, Baldur no podía más, no tenía ya la fuerza para seguir remando y Fyn estaba completamente fuera de sí misma. Las olas golpeaban fieras, dos, tres metros de alto contra la pequeña barca. Lyn se había determinado no sentir el frio del pánico, pero le era casi imposible, lucharon contra la tempestad y estuvieron tres veces a punto de perder esa batalla, tres veces la barca estuvo a punto de hundirse por la proa. De pronto, tan súbitamente como todo había sucedido el mar se volvió a calmar y de pronto la barca fue iluminada por una luz casi incandescente, casi celestial y Baldur, que víctima de la angustia y el pánico parecía haber perdido la cabeza solo gritaba:

• ¡luz! ¡luz! ¡luz! ¡luz! ¡luz! – su voz y su grito eran tan fuerte que parecía que iba a desgarrarse mientras que hacía movimientos con sus brazos, movimientos fuertes, desesperados, angustiados.

La luz se acercaba más, más y más pero cuando parecía enceguecerlos, Baldur se desmayó. Despertó dentro de un barco, toda la familia estaba allí.

• ¿qué paso? ¿qué paso? ¡díganme! ¡con una mierda!

• Cálmate, cálmate – decía su esposa – ya estamos a salvo

• ¿quiénes son ellos? ¿quiénes son?

Estaba tan bloqueado y tal era su angustia que su esposa se vio obligada a darle una horrible bofetada.

• ¡tranquilo mierda! – dijo

• Lo siento amada esposa, lo siento. Estoy muy angustiado

Los tipos hablaban entre sí en un idioma que Baldur comprendía solo a medias, quizá a un cincuenta por ciento, pero Fyn, sin embargo, se deslizaba por aquel nuevo idioma como toda una hablante nativa.

• ¿dónde está Lyn? – preguntó el

• Durmiendo en un pequeño camarote

Al rato Fyn estaba en la habitación, acompañando a su esposo quien, presa del nervio aún, bebía un café

• ¿dónde nos llevarán querida? – preguntó Baldur - ¿en qué idioma hablan esos tipos?

• Nos Llevarán a las Islas Feroe. Llegaremos mañana por la mañana. Estaban hablando Feroés

• ¿cómo es que lo hablas tan bien?

• Mi abuela me lo enseñó de pequeña, ella provenía de allá. Ella vivía en Torshavn. Pasamos varios veranos allá, bueno, antes de que nos casáramos.

Durmieron no sin antes darse un beso largo, quizá el más largo que se hubieran dado nunca. Era un beso que ninguno de los dos pensó que tendrían la oportunidad de volver a darse.

Fyn se levantó antes y fue a una improvisada habitación habilitada como comedor y desayunó un café con una tostada con anchoas, la disfrutó como nunca. Mientras comía observaba como el barco atracaba en el puerto, vio como la bandera de las islas era izada para dar la bienvenida a la embarcación. La familia bajó del barco junto al resto de la tripulación, quienes se detuvieron frente a la bandera y cantaron, todos juntos, el himno nacional.

• ¿por qué hacen eso? – susurró Baldur preguntando a Fyn

• Creo, creo que es una tradición cantar el himno cuando una embarcación llega

Baldur estaba francamente confundido, no se lo había dicho a Fyn, pero él jamás había salido de Islandia, de hecho, no recordaba haber salido de Reykiavik alguna vez. Quizá había considerado que no era realmente necesario, además por alguna razón había tendido a asumir que toda la isla era exactamente igual. La familia se congregó al abrigo de unas redes de pescar en un costado de la bahía, pero el hedor era insoportable. Prefirieron moverse un poco, un poco a las afueras del lugar y asi, sentados en la cuneta de una acera, se propusieron a hablar... les costó un poco

• Hemos llegado a nuestro destino – dijo Baldur

• ¿viviremos aquí ahora? – preguntó Lyn

• Si amor – dijo su padre – estas islas serán nuestro nuevo hogar desde hoy

• ¿pero qué hay de casa?

• Deberás olvidarte de ello – dijo Fyn – mira Lyn, allí hay una confitería. Toma estas 10 coronas y compra algo, pero vuelve pronto ¿eh? Tu padre y yo estaremos mirándote

• ¡gracias mamá! – dijo entusiasmada Lyn mientras cruzaba la calle para entrar a su dulce destino

Ambos, esposo y esposa se miraron y secaron su frente haciendo una muesca de alivio

• me dijiste que tu abuela vive aquí en Torshavn ¿no? Podríamos vivir con ella

• ¡ay Baldur! – exclamó - ¡mi abuela murió antes que nos casáramos!

• ¿eso qué quiere decir?

• ¡que está muerta! ¿qué más podría significar?

• ¿hice una pregunta muy imbécil?

Fyn asintió

• ¿dónde viviremos? – dijo Baldur – no voy a dejar que mi hija ni mi esposa duerman a la intemperie una sola noche

• ¿sabes? Recuerdo... recuerdo que hace algunos años había una casa abandonada a las afueras de la ciudad. Podríamos vivir allí... supongo.

• Pero haces 15 años que no vienes aquí ¿qué te hace pensar que sigue abandonada?

• ¿qué te hace pensar que no lo está?

• No perdemos nada con ir a revisar supongo

Mientras estas consideraciones eran puestas sobre la mesa, o la acera, para ser más precisos, Lyn cruzó la calle, traía colgando una bolsa multicolor.

• ¿ que traes ahi Lyn? – preguntó su padre

• Delicias turcas, papá – dijo

Le dio dos a cada uno: una de fresa y piña a mamá y una de limón y durazno para papá. La familia se asemejaba a tres simples niños disfrutando unos dulces. El padre, qué nunca las había probado, era el más entusiasmado

• Son mucho muy suaves – dijo

• ¿mucho muy? Lo dijiste horrible – dijo Fyn sonriendo

• Es la capacidad del hambre

Tardaron un par de minutos en los que no se pronunció una palabra

• Estoy hastiado de comer pescado, en serio. He pasado casi 30 años solo comiendo pescado

• Vives en una isla ¿no deberías estar acostumbrado?

• Nadie se acostumbra a la monotonía

• Aquí se ... aquí se comen ovejas, las preparaciones son horribles, pero podemos hacer nuestras propias... una vez escuche que en un lugar asaban la carne de oveja

• Debemos intentar

La familia se puso de pie y desde la bahía comenzaron a caminar hacia el centro de la ciudad, era un poblado pequeño, con casas típicas de un poblado pequeño. pero, mientras más avanzaban a los límites de la ciudad, esas mismas casas decrecían en número y estaban cada vez más y más y más separadas las unas de las otras. Abrigados, abrigados hasta decir basta caminaban. Abrigados, abrigados con la esperanza caminaban, con un corazón ingenuo y preocupado entre sus manos.

Llegaron al límite de la ciudad, cerca de un fiordo, una especie de campo. Una casa se emplazaba en los límites de una colina suave y no tan empinada, cerca de aquel hogar jugueteaban unas pequeñas ovejas que saltaban, mientras otras bajaban a una pequeña saliente a beber agua

- Creo que no tuvimos suerte – dijo Baldur

- No – dijo Fyn con seguridad – yo no diría eso. Esas ovejas siempre están jugueteando allí. O yo recuerdo haberlas visto antes... creo

Baldur miró a Lyn pero está ya corría feliz colina arriba al encuentro de las ovejas gritando:

- ¡ovejitas! ¡ovejitas!

La pareja se sonrió

- Mírala – dijo Fyn – ella sería feliz aquí

- Lyn crecerá. No tendrá 13 años para siempre, mi amor

Fyn se sorprendió, se ruborizó inclusive y le miró sorprendida

- ¿cómo me llamaste?

- Eh... – se ruborizó su esposo - ...mi amor ¿lo dije mal?

- No, no...solo que no recuerdo que me hubieses dicho asi antes

- Trece años de casados – dijo Baldur mirando el horizonte –...trece años

- ¿creíste que duraríamos tanto?

- No. No lo creí porque nunca pensé que llegaríamos a amarnos, es decir, éramos amigos y yo lo veía así, pero aquella noche en que supimos que seriamos padres, yo.. yo supe que debería... – guardo silencio

- ¿qué pasó?

- Jamás hubiera... no hubiera querido casarme así Fyn. Yo soy Baldur Rafaelsson, pero tenía miedo que me vieras como un tipo aprovechador

- Yo estaba tan asustado como tu aquel día

- ¡la primera vez que hicimos el amor estaba muerto de miedo!

- Yo también... yo también – dijo sonriendo – creo que debimos madurar a la fuerza y antes de tiempo

- Aun somos jóvenes... Fyn. Quiero quedarme contigo para siempre

- ¿para siempre?

- Sí. Para siempre. Quiero ver crecer a nuestra hija, quiero vernos crecer como pareja. Quiero amarte e intentar que tu me ames también. No se estar solo, antes de ti estuve viviendo con papá. No sé, creo que estar solo, estar solo me deprimiría.

- Yo no quiero volver con mi familia. Aún no les he perdonado lo que nos hicieron. Yo no tengo familia – repuso tajante

- Tú si tienes familia. Tu familia la componen tres personas y sus nombres son: Fyn Sigundsottir, Lyn Baldursottir y Baldur Rafaelsson. Nosotros somos y siempre seremos tu familia y, si hay amor, compromiso y voluntad, jamás nos separaremos

Ella le miró con rostro sonriente, viendo en el aún a un hombre algo ingenuo y le besó

- ¿debemos subir ya la colina? – dijo Baldur sonrojado

- No sé si haya prisas – dijo Fyn – mira a Lyn

Lyn jugaba amablemente con las ovejas que a su lado congregadas, eran acariciadas con amor una a una.

- Parece que tiene nuevos amigos ¿no lo crees? – dijo Baldur riendo

- Así parece – dijo su esposa correspondiendo esa risa - ¿subimos ya? – dijo tomando la mano de su esposo e invitándole a avanzar.

- Sí. Subamos, subamos.

Así la pareja subió, ni siquiera se molestaron en buscar a su hija, quien feliz jugueteaba.

- Estoy nerviosa – dijo Fyn – no sé, asomarnos por la ventana, si es que la casa está ocupada... ¿qué pensarán? ¿que los estábamos espiando?

- Quizá pensarán que somos asesinos

- ¡Baldur, por dios! ¡siempre exageras tanto!

Él tomó aire y dijo:

- Espera aquí mi amor – dijo – yo iré a ver

Agachado Baldur se acercó casi gateando a la casa y levantó su cabeza hasta la altura de sus ojos para constatar que... ¡la casa estaba total y absolutamente abandonada! Miró hacia atrás, vio que tanto Fyn como Lyn estaban riendo

- ¡papá parece un niño! No sabía que papá gateaba también

- Al parecer, al parecer – reía - ... ¡que exagerado! ... ¡señor!

El hizo una seña para que se acercaran. Así hicieron ellas

- Familia Rafaelsson – dijo Baldur – este es nuestro nuevo hogar

- Debemos asentarnos pronto – dijo Fyn

- ¿de quién serán esas ovejitas? – preguntó Lyn

- De nadie, supongo – dijo su padre – no hay nadie casi en cinco kilómetros a la redonda

Rodearon la casa y vieron que cuasi escondidas yacían dos cosas: un generador de electricidad y molino de agua.

- No dependeremos de nadie, familia

- ¿eres ovejero?

- No. Nunca lo he sido. Pero al parecer tenemos a una ovejera natural entre nosotros – dijo Baldur observando a Lyn

- ¡no! De ninguna manera. Lyn no será ovejera, ella irá a una escuela, como nosotros lo hicimos, como todos los niños de su edad lo hacen

Baldur no se atrevió a cuestionar esa orden, pues sintió que realmente no había nada que cuestionar.

La familia pasó esos años por muchas cosas buenas, pero también por muchos sinsabores. Los primeros años llevar a Lyn a la escuela fue un desafío bastante grande, responsabilidad que recayó en Baldur. Fyn, por otro lado tomó la responsabilidad de enseñar Feroés a su marido y a su hija. Lo curioso es que a él le costó el doble que a Lyn, de hecho, la mayoría de las veces en que Fyn perdía la paciencia, era gracias a su esposo. Solía hacerles algunas pruebas idiomáticas, a su hija, solía regañarle con amor, más a su esposo, solía castigarlo de un modo que no detallaré (me permitiré que ustedes intuyan cual era ese castigo) y eso llevó a que el pusiera todo su empeño en evitarlo.

Las ansias de Fyn porque su hija no fuese ovejera resultaron a medias, pues luego de llegar a casa camino de la escuela y hacer sus deberes, solía pasar horas, horas y horas jugando con sus ovejas y ayudando a papá con sus labores.

A medida que los años pasaban, algo crecía en el corazón de Lyn. Había, en su escuela, descubierto una gran pasión por la danza y el teatro y, muchos días, cuando papá y mamá no se encontraban en el hogar, ella colocaba música y bailaba. Más todo cambio un gélido día de diciembre cuando, entre las cosas de su padre descubrió un pequeño libro con tapa de cuero, escrito íntegramente en Islandés, llamado “ Versos de prados y fiordos” que para su sorpresa, estaba escrito íntegramente por Baldur Rafaelsson, su padre.

Comenzó a leerlo y vio que en aquellos versos, su padre daba una visión muy poética de sus años en las islas, pero también denotaba un odio visceral a aquel hombre que tanto daño les había hecho (ella ya conocía cual había sido la historia) y también le enterneció la forma en su padre se refería a su madre y también a ella.

Esa tarde su padre le descubrió viendo el libro

- ¿dónde lo hallaste?

- En una caja que tenía cosas tuyas y mías

- Lo escribí hace un par de años

Lyn ya tenía 19 años y representaba muchas veces fragmentos de los libros de su padre a la familia. Papá había traído carne de oveja de un ovejero local. El primer pensamiento de la familia al llegar a la isla fue consumir a sus ovejas, pero las suplicas de Lyn los hicieron desistir de sus intenciones y criarlas para comerciar con su lana. Según ella, de trece años en aquel entonces, las ovejas eran sus mejores amigas y, a los 19 años, seguía amándolas tan fuertemente como entonces y no podía evitar sufrir cuando alguna fallecía.

No obstante este amor, había en Lyn una gran desilusión, pues sentía que jamás alcanzaría sus sueños viviendo en aquella solitaria tierra alejada del resto del mundo. Muchas veces, muchas veces, se sentía un poco prisionera de este mundo que juntos habían construido.

Cierta tarde Baldur encontró a Lyn llorando en silencio en su habitación

- ¿qué sucede hija mía? ¿porque lloras?

- Ya no quiero estar aquí papá

- ¿por qué?

- Conoces mis sueños y yo conozco los tuyos – dijo Lyn mientras su padre secaba sus lágrimas – pero sé que aquí no los lograré y sé que tú ya estás hastiado, que mamá esta hastiada también, sé que no quieren vivir como ovejeros toda su vida

- Tanto nos ha costado armar esto – dijo su padre – pero te entiendo... yo tampoco quiero estar aquí. Yo, ya lo dijiste, tengo sueños y soy muy joven como para no desear cumplirlos ¿no has pensado en marcharte?

- Se me haría muy difícil dejarlos a ustedes en la isla

Aquella noche mientras ambos esposos estaban acostados, Fyn pudo ver a Baldur muy angustiado. No, más que angustiado, estaba con la mirada muy perdida

- ¿qué sucede Baldur? – dijo su esposa

- Hable con Lyn, Fyn. Estaba, está muy triste. Es nuestra hija, quiere cumplir sus sueños

- Todos queremos

- Estoy pensando en que deberíamos dejar la isla

- ¿lo crees?

- Sí. De todas formas, de todas formas no estaremos en la misma posición de hace seis años atrás. No estamos huyendo de nadie, no estamos así de angustiados y estamos muy unidos como familia. Estos años nos han templado un poco

- Quizá podamos pedir que nos reubiquen en Dinamarca

- Debemos intentarlo

Al día siguiente Baldur hizo la petición en Torshavn para una reubicación familiar en Dinamarca, debió presentar una cantidad de papeles importantes. De hecho algo importante es que el año recién pasado la familia completa se había nacionalizado Feroesa, lo que los convertía por extensión en ciudadanos Daneses.

A pesar de que el aparato burocrático no era tan lento, la resolución se demoró un año en aprobarse del todo y el día del cumpleaños veinte de Lyn, su padre llegó con una noticia: en dos semanas más, toda la familia se trasladaría a Silkeborg. Durante esa semana los sentimientos de Lyn eran encontrados: una gran ansia y felicidad por un lado y, por otro... sus padres siempre la encontraban mirando por la ventana

- ¿creen que pueda llevarme alguna de mis ovejas? – preguntaba Lyn

- No lo hagas querida – dijo su padre

- ¿recuerdas ese día que llegamos? – inquirió su madre

Lyn asintió

- Recuerda que ellas estaban aquí, Si las amas, las dejaras vivir donde ellas aman vivir. Es difícil dejar a quienes quieres tanto, eso lo sé. Pero ellas te lo agradecerán, esa es una muestra del amor que les haz dado a tus ovejas durante estos siete años

- Lo haré – dijo Lyn con lágrimas en sus ojos

La pareja observó por la ventana como su amada hija se despedía de cada una de sus ovejas, volvió a tener 13 años aquella ultima tarde y, al día siguiente, cuando estaban embarcados camino a Dinamarca, los tres lloraron.

Al llegar a la ciudad, todo era muy diferente, su casa ya no era tan austera como en la isla. Reubicaron todo. Su padre avivó su pasión por la escritura y su madre decidió que quería comenzar a enseñar Feroés en un pequeño centro llamado “Centro de amistad Dano-Feroesa” que promovía la relación de los daneses nativos con los nativos de la isla. En tres semanas Fyn ya estaba trabajando e instaba a Baldur a hacer lo mismo, ya que, aunque no lo decía con aquellas exactas palabras, no creía que la escritura fuese un trabajo de verdad.

Decidieron dejar a Lyn, quien ya se había convertido en una hermosa mujer, con libertad de acción, ella aún se estaba habituando al cambio de ciudad y solía salir caminar por esta durante mucho tiempo, descubriendo cada uno de sus recovecos y pasadizos.

No crean sin embargo que la adaptación fue sencilla, para nada, lo quisieran o no, Silkeborg era una ciudad que, aunque no tan grande, era mucho más bulliciosa que su ciudad anterior, mucha más gente, mucho más ruido. De hecho Baldur fue el más complicado pues no sabía que empleo tomar, de hecho se impacientaba pues cada noche su esposa le hacía saber que debía buscar un trabajo. Lo encontraría dos semanas después haciendo pequeños artículos sobre como la crianza de ovejas en un semanario local de alcance casi nacional. ¿Quieren saber algo gracioso y que a medias molestó a Baldur? Fyn no creyó que tenía un trabajo sino hasta que trajo su primer sueldo, como les dije, ella no lo consideraba un trabajo de verdad.

De pronto en una de sus frecuentes excursiones ciudadanas, Lyn descubrió un edificio fastuoso, hermoso en todo el sentido de la palabra, que según investigó esa misma semana se había construido en 1888 y que se había conservado a través de numerosas pero necesarias remodelaciones y ciertos ajustes de seguridad acordes a la ley Danesa vigente. Era un teatro llamado “Hotel Paradiso”, por más que investigó, la muchacha no pudo dar con el porqué del nombre.

Solía sentarse en el banco de la acera que estaba frente al teatro a observar la fachada del edificio por un buen rato, por alguna razón no se había atrevido aun a entrar. Esa misma semana la chica compro un boleto para toda la familia para ver una mini representación de “La Flauta Mágica” de W.A Mozart. Y mientras estaban dentro del teatro, no estaba realmente atenta ni al programa, ni a la ópera en sí misma, solo a los bailarines que de cuando en cuando salían a escena a danzar y que se conducían como cisnes que parecían volar a través de un pequeño gran momento y, no cesaba de preguntarse, como se sentiría estando allí.

Más tarde en casa, la familia comía pan Danés y galletas, acompañadas de té de limón

- Estuvo muy linda la ópera – dijo Fyn – gracias por llevarnos

Su madre era mucho menos nerd que su padre

- Fue hermosa si... – dijo el

- Les juro que casi me imaginaba, me imaginaba bailando allí – repuso Lyn risueñamente

- ¿para qué imaginar cuando puedes hacerlo realidad? – dijo su padre

- ¿cómo podría? – dijo ella

- La ilusión mueve más montañas que la fe – dijo su madre mientras tomaba un sorbo de te

Baldur comía galletas

- Tienes hambre ¿eh? – dijo Fyn sonriendo

- Eh... no, que va, solo es que haces unas galletas exquisitas. Y pensar que no te gustaba cocinar.

- Bueno, no es como si ahora tengamos que alimentarnos solo a base de pescados como cuando pequeños ni a base de carne de Oveja como después. Aquí hemos podido diversificar lo que comemos. Y, a propósito ¿cómo va tu columna sobre crianza ovejera? – preguntó Fyn de manera algo burlesca a su esposo

- ¡no seas burlesca, mi amor! – dijo con una especie de puchero que luego devino en una sonrisa – ya viste que esas columnas si nos traen algunas coronas al bolsillo, y no tan pocas como pensaste el algún minuto y sí, estoy por terminar la columna de esta semana y la de la que sigue.

Fyn esa noche se quedó pensando en las palabras de sus padres y se determinó a cumplir ese sueño. Temprano, la siguiente mañana, se levantó y ataviada con sus mejores ropas fue en busca de una audición a aquel teatro.

Cada chica que iba estaba más nerviosa que la anterior, de hecho Lyn no estaba contemplada en la lista de audiciones, solo se sentó a observarla y pudo ver como cada chica era sistemáticamente rechazada seguido de una crítica bastante mordaz y llena de dobles intensiones que intentaban bajar un poco el ánimo. Esto generó en ella tres emociones diferentes: tristeza, determinación y rabia y fue esa misma rabia que la determinó a subir a ese escenario para confrontar a aquel hombre.

La audición se detuvo y el hombre vio como una chica hermosa, pero muy molesta subía al escenario, el no tuvo ni siquiera la oportunidad de preguntarle que hacía allí. Ella se paró delante y le espetó

- Crees que me conoces, pero no es cierto. No tienes un puto derecho de tratar así a estas chicas. ¡quiero bailar aquí y no vas a impedírmelo!

Todas las chicas quedaron sorprendidas, el hombre mucho más, a cualquier otra le hubiese respondido muy cortante y mordaz, pero por alguna razón esa actitud y determinación le habían sorprendido, Lyn seguía enojadísima

- Me ha sorprendido en demasía tu actitud. – de hecho también le había sorprendido su hermosura, pero no lo hizo notar - Parece que confías mucho en tus habilidades

- ¿cómo no habría de confiar?

- ¿tienes alguna experiencia en esto?

- ¿me darás la audición sí o no? – dijo de manera altanera. La mejor forma de enfrentársele era siendo igual o peor que él y, el hombre, ni se atrevió a hacer una crítica mordaz

- ¿y que gano yo con eso?

- Pfff... ¿aun ni siquiera hago una audición y ya quieres ganar?

- Un mes más, tres de la tarde, deberás interpretar con música orquestal un texto que tú misma hayas escrito.

Ella asintió y aún enojada salió del teatro, lo curioso es que no se dio cuenta de lo que había sucedido sino hasta que había cruzado un par de calles y se detuvo a reflexionarlo. Se sorprendió lo que había logrado ese momento de furia, aunque al reflexionar también se dio cuenta que su misión más difícil sería poder escribir algo ella misma, realmente no le gustaba demasiado escribir. No, más que no gustarle, no se le daba demasiado bien como podría.

Dio vuelta a una calle, luego a la siguiente y anduvo un par de manzanas pero, cuando se decidió volver, mientras caminaba se detuvo de improviso, su repentino exabrupto inclusive asustó a la persona que iba inmediatamente detrás de ella, quien la rebasó y siguió su camino

Un bostezo largo y una tormenta de ideas sostenida, sostenida y algo nerviosa. Pensaba que solo ahora meditaba claramente lo que había hecho. Hoy, había firmado su pasaje de ida a un destino lo más incierto que pudiese ser. Cuando el sol se escondía, Lyn volvió a casa y cerró gentilmente la puerta tras de si

- Lyn, por fin vuelves – dijo su padre

- Lo siento si les preocupé

- No – repuso su madre – no es eso, es que era bastante más tarde de lo que sueles regresar

Lyn guardó silencio, sus padres la observaron, intuyeron por sus ojos, que había algo diferente, no necesariamente malo, pero si diferente.

Ella se movía de un lado para otro, se estremecía y luego volvía a moverse. Miraba por la ventana, improvisaba un paso de baile. Sus padres le observaban al filo de la extrañeza más abyecta y se observaban entre sí, luego, la observaban, para luego volver a observarse entre sí.

- ¿qué sucede Lyn? – preguntó su madre

- Detente ya por favor – dijo su padre – nos pones nerviosos

Lyn se tumbó en una silla y observó sus manos, tragó saliva y comenzó a tararear una simple canción

- He hecho algo que... no sé si es lo correcto – dijo ella

- No se me ocurre que pueda ser – dijo su padre

- Tomé una ... una audición para bailar en el teatro de La ciudad

- Excelente ¿por qué debería sentirme disgustada contigo?

- No lo sé... es que me, siento que no tengo nada listo. Un mes tengo... un mes

Mientras se sucedían los días Lyn trató de escribir una especie de letra para una sinfonía, una letra, una historia que representase una sinfonía que aún no terminaba de escoger, papeles, libros, canciones y ¡Dios mío! Simplemente se estaba angustiando más que nunca y muchas de esas angustias terminaban en un llanto desolado. Su padre que le observaba un día se sentó a su lado...

- ¿no crees que te estás ahogando en un vaso de leche? – dijo su padre

- ¿lo crees?

- Es decir, tienes el talento y lo vas a desperdiciar, no digo que no puedas pero... ¿no recuerdas cuanto nos representabas a tu madre y a mi algunas de las historias que escribía?

Lyn se sintió estúpida, no había, no había meditado en esa consideración, aunque realmente no recordaba del todo aquellas historias

- ¿aún conservas esas historias?

- Obvio ¿cómo podría desecharlas? Tengo los manuscritos por ahí, deberás darme hasta mañana para hallarlos eso si

Su padre se emocionó

- ¿y esa emoción?

- No sé, jamás pensé que una historia mía fuese representada en un teatro – sintió como se insuflaba su pecho - ... ¿te he contado que cuando yo era niño creían que yo sería el proximo Johannes Kjarvalv?

Lyn se sonrió

- ¡ay papá!

- No, si es en serio. Mi padre lo creía y ese era mi sueño... bueno, en realidad sigue siéndolo

- ¿no se te antoja cumplirlo?

- Nunca ha dejado de hacerlo – dijo

- Se supone que la historia debe ser mía – repuso preocupada Lyn

- ¿y eso que? Solo di que lo escribiste, nadie lo sabrá. Tú puedes actuar, yo me encargué de escribir muchas historias para ti hace muchos, muchos años.

Desde el día siguiente Lyn comenzó a practicar aquellas historias que hablaban de ovejas, lugares apartados y solitarios, fiordos con lagos de profundidades eternas y otras cosas de ese tenor, eran prosas bastante... bastante rurales digamos, que graficaban no solo una parte importante de la historia familiar, sino también como había crecido Lyn. Por más que no quisiera admitirlo, aún le costaba poner toda su fuerza en la representación, fieros recuerdos acometían de cuando en cuando y removían su corazón.

Por las noches, ella hojeaba una revista y se imaginaba el día en que ella sería también parte de aquellas páginas y que, entonces, muchas chicas soñarían al verle tal y como ella soñaba aquella noche.

Sueños de sueños, visiones pasadas y futuras, ensueños de esperanzas que cada día tenían una razón más valedera para seguir de pie y, aunque cada día despertaba con un cansancio horrible, ella ... para ella la noche había valido la pena, cada segundo, cada minuto.

Al despertar se observaba al espejo y se percibía a si misma como una mujer que, cada día era más y más hermosa y, sobre todo, cada día más y más capaz de todo.

No supo cómo, pero casi en un pestañeo ese mes transcurrió, trascurrió tan rápido que no tenía la certeza real de poder concretar su sueño, algo la intimidaba, pero esa mañana, quien sino su padre le despertó

- Despierta amor – dijo su padre – hoy es tu gran día, y debes comenzarlo con un desayuno nutritivo y delicioso. Mi deber de hacer tu desayuno lo detento hace más de 17 años y hoy no fallaré.

- ¡pero papá! ¡aun no quiero levantarme! – dijo tapando su cabeza con la almohada

- No tienes excusa hoy. Te espero abajo.

Lyn se levantó de mala gana, al parecer siquiera deseaba verse al espejo. Arreglada con sus ropas más confortable bajó a la planta baja y se sentó, por alguna razón se sentía tan emocionada que sentía que podría morir.

Mientras comía, su padre le extendió una carpeta de color beige que en su interior contenía una letra del poema que la chica había ensayado todo el mes, un poema titulado: “Hiedra De Hielo” que hablaba sobre la relación cercana de Lyn con sus amadas ovejas.

La familia decidió acompañarla a su audición, pero solo su padre entró al teatro, su madre se quedó fuera por una razón que ninguno de los dos comprendió del todo.

Baldur se acomodó y, sentado en aquella butaca de terciopelo, se dio a pensar en cuanto había crecido ya su hija y, en cuanto tiempo había pasado y que en realidad, aquel día en que junto a su familia zarpó de las costas Islandesas, jamás pensó, ni en sus mejores sueños, que llegaría hasta aquí.

Lyn caminaba desafiante y decidida al escenario y se encontró de nueva cuenta con aquel hombre, que, esta vez le trató muy diligentemente, quizá, más de lo que ella misma esperaba, frente a él, se quedó algo en silencio, realmente quizá sintió que no sabía realmente que decir

- ¡miren quien llegó! – dijo el tipo levantándose de una silla de madera colocada a un costado del escenario – mi amiga decidida ¿tan rápido pasó el tiempo?

Lyn asintió

- ¿muy callada hoy, no es así? – dijo – bueno, eso no importa tanto. ¿estás lista ya?

- Así es, lista hoy, igual que ayer, igual que la última vez que nos vimos

- Buena actitud – dijo el tipo con sonrisa débil - ¿tienes ya la música?

Ella le extendió un cassette negro con rojo, que contenía la pieza que le ayudaría a representar a la vez que le extendía la carpeta con el poema de su padre. El tipo lo hojeo y asintió con su cabeza

- Bueno, si puedes representar de manera correcta las palabras, te quedarás aquí sin miramiento alguno.

Le facilitó el cassette al encargado de sonido del teatro y pasado cinco minutos la chica comenzó a bailar, sutilmente, la música despertaba sus más gratos recuerdos de niñez, aunque, lo que más le hacía un fuerte ruido era ver a su padre de pie, moviendo las manos, movía los labios, casi como si le hubiese dado indicaciones, que ella, por alguna extraña razón, parecía comprender del todo.

Fueron los cinco minutos más tortuosos e indeterminados en la vida de la chica, al terminar la melodía y al ella dar el último giro para efectuar el último paso, parecía jadear de cansancio, su padre estaba tan emocionado, que siquiera pudo levantarse para aplaudir a su hija.

El hombre se puso de pie y se dio media vuelta para contemplar el auditorio semi vacío. Un segundo de silencio, luego otro y seguidamente otro más, respiraba tranquilo. Luego, comenzó a caminar de un lugar a otro mientras, con sus ademanes, daba a entender que estaba pensando. Lyn no se podía mover, estaba presa del pérfido miedo y de un nerviosismo que parecía no tener compasión alguna, pasado cinco minutos, nadie hablaba, el silencio solo era quebrado por el tenue rumor del susurro de la energía eléctrica, solo la voz de la energía se hacía presente aquella tarde danesa

- Bien – habló por fin el tipo - ¿cuál dijiste que era tu nombre?

- Lyn – dijo con voz firme - Lyn Baldursottir

- ¿Baldursottir? ... – el tipo se detuvo - ... ¿no eres de aquí, verdad? Además, tu acento es algo extraño

- Islandia – dijo ella

- Ya veo... ya veo. ¿cuánto habías soñado este momento?

- Más que muchos

- Sabías que Hotel Paradiso es un teatro de gran importancia en nuestra ciudad ¿verdad?

Lyn mantuvo silencio

- ... y también debes saber que quien actúa aquí debe dar lo mejor de si y trabajar duro ¿lo crees así?

La chica asintió

- Te seré sincero, he visto, he visto chicas bailar mucho mejor

Se estremeció

- ... solo que hay una diferencia radicalmente importante en este caso

- ¿cuál? – preguntó la chica

Su padre estaba a punto de sufrir un colapso nervioso

- Aquellas que bailan mejor son las que poseen estudios técnicos de danza contemporánea y clásica

- ¿y eso que quiere decir?

- Que a pesar de eso, he visto en ti un talento razonablemente alto

De pronto su padre se levantó del asiento

- ¡dígalo ya! ¡por el amor de Dios!

El hombre se sonrió suavemente

- ¿quién es él?

- Mi padre – dijo ella

- Tan entusiasta como su hija – dijo el tipo... bueno, supongo que debes observar bien el lugar, con detención pues este será tu nuevo hogar por un buen, buen, buen tiempo. La respuesta es sí.

Lyn no tuvo siquiera un segundo para emocionarse, pues su padre comenzó a gritar de júbilo y a correr alrededor de todo el teatro, para luego salir corriendo por la puerta de salida, aún en silencio, se podía escuchar un grito en la lejanía

- ... perdón – dijo Lyn sonriendo – ya viste lo efusivo de mi padre

- Así acabo de ver – dijo el tipo mientras subía al escenario y volvía a saludar a la chica - ... bueno, ahora llegó el momento de presentarnos como es debido Lyn. Mi nombre es Bjorn Lindberger.

- Un gusto conocerte Bjorn – dijo mientras le estrechaba la mano

Se sentaron y hablaron un poco de la historia del teatro, a la vez que Bjorn le preguntaba sobre su historia personal. Si bien la plática fue extensa, se podía ver un dejo de temor en sus palabras de ambos, no podía ser de otra forma, ambos eran perfectos desconocidos.

- Bueno – dijo Bjorn levantándose – será mejor que te vayas, mañana debes estar temprano aquí

La chica se despidió amablemente y salió rápidamente del lugar, aun remecida en su interior, remecida por esta buena nueva tan poco esperada.

Al llegar a casa se propuso a comentarle la gran noticia a su madre, pero...

- ... tu padre ya lo contó todo, todo el barrio lo escuchó gritar, llegó gritando. Tenía un ímpetu horrible, casi se propasa conmigo – dijo dedicándole una mirada a su esposo y levantando una ceja

Su esposo se sonrojó

- ¿muy alegre papá?

- ¡ay Fyn...! – exclamó aún sonrojado - no era propasarme, solo quería compartir mi alegría

- ¡vaya manera! – dijo su esposa sonriendo

La familia no podía sentirse más feliz, los padres sentían que, después de tanta penuria, habían podido sacar todo adelante tan y como lo habían soñado y ambos, Fyn y Baldur no se imaginaban separados el uno del otro, no por monotonía ni costumbre, pues ambos se las habían arreglado para romperla de cuando en cuando, cada vez que lo consideraban necesario, en realidad.

Esa noche comieron fuera en un restaurant de comida japonesa, todos comieron sushi con ramen. Fyn amaba el sushi en todas sus variantes, al llegar la tabla de 72 piezas y los cuencos con salsa de soya y unas gaseosas, todos se quedaron mirando

- ¿podremos comer todo esto? – dijo Baldur

- Claro que sí. Amo el sushi – respondió Fyn

- Además hay que celebrar – se apresuró a decir Lyn

- ¡cómo no celebrar si hoy ha sido un hito familiar! – dijo Baldur feliz

- ¿creíste que llegarías a conseguirlo? – dijo Fyn mientras comía un bocado de sushi en anguila

- Al principio no. Además, papá no me hacía sentir del todo segura

- Estaba muy nervioso

- Si, ponerte de pie y dar indicaciones sin hablar creo que es de esas cosas extrañas – dijo Lyn sonriendo

- ¿en serio hiciste eso? – preguntó Fyn a su esposo

- Un poquito – dijo el mientras bebía un sorbo de sake

- No bebas mucho. Ya sabes lo que te ocurre después y no lidiaré contigo...

- No pretendo alcoholizarme, mi amor. Pero – dijo mientras daba un bocado a un sushi de salmón - ¿te dijo algo el tipo luego que yo me fui?

- Realmente, no sé si pensar que lo que hablamos fue importante

- Te verás sobrepasada en sobremanera cuando recién comiences – dijo su madre

- Bah... no creo

- Trabajar bajo presión en un teatro no es como cuidar ovejas supongo, Lyn – dijo su padre – cuidado ahí

- A todo esto ¿cómo se llama tu jefe? – inquirió su madre

- Bjorn... Bjorn – se detuvo – ni idea del apellido

- Entonces mi siguiente pregunta carece de sentido

- ¿cuál?

- Si era guapo

- Sí. La pregunta no tiene sentido

La velada fue feliz y, aquella noche, Lyn volvió a observar aquella revista y pudo observarse como nunca, reflejada de manera indeleble entre esas páginas.

Pero no, no lo crean, no todo fue una tasa de leche para Lyn, desde el primer día pudo darse cuenta de que las cosas no serían así de fáciles. La presión era increíble, por aprender los pasos, por aprender diálogos y, aunque a ella no le sucedía, este tipo trataba muy mal a algunas chicas, de hecho en algún punto Lyn comenzó a pensar que algo malo había con él, un trauma o no sé, algo parecido.

Luego después del tercer show en que apareció Lyn, las críticas en las revistas del movimiento danés de Artes, Literatura Y Actuación fueron muy complacientes con ella, solían premiarla como una de las tres o cuatro mejores del espectáculo y le auguraban un futuro promisorio. Por lo demás se había aliado con su padre, quien solía escribir muchas de las cosas que el teatro representó en los meses sucesivos. No obstante este éxito, sus padres se preocupaban, pues le veían muy disminuida, cansada y malhumorada ya que se estaba hastiando de la extraña atmosfera que dominaba hace ya tiempo el teatro.

Pero su historia daría un giro una mañana de diciembre cuando se presentó un representante del teatro de Artes Y representaciones Teatrales de la ciudad de Copenhague quien le hizo ver que le habían referido muy buenos comentarios sobre ella y que era de su mas grande interés llevarla consigo a la ciudad capital para iniciar una nueva fase de su carrera.

Lyn le hizo ver a sus padres su interés por asumir este nuevo desafío y sus padres le hicieron ver que ellos ya no marcharían junto a ella, ya estaban cansados de moverse de lugar en lugar, ya se sentían casi una especie de gitanos. Sin embargo su padre le ofreció enviarle semana a semana poemas para representar allá, a lo que su hija accedió, no ocultando su tristeza.

Antes de... les contaré que días después de que Lyn presentó su renuncia al teatro, sintió algo extraño, sintió como si su jefe, Bjorn, se resistiera a dejarle ir. Lo curioso ocurrió cierto día en que el tipo llegó a la casa de la familia Baldursottir a pedir la mano de Lyn, más ella no lo pensó dos veces y lo rechazó de plano, para luego, casi literalmente echarlo de la casa de una manera no de muy pocos amigos. Más tarde, esa misma noche la familia se congregó en el comedor

- ¿por qué lo rechazaste? – dijo su madre

- Muy bien hecho Lyn – repuso su padre – en sus ojos pude ver que no era más que un tipo oportunista, debió estar buscando algo

- Por lo demás, por como trataba a las mujeres del teatro, bueno, eso ustedes ya lo saben pero ¡hombre! No me voy a arriesgar a estar con un tipejo potencialmente peligroso y que realmente no conozco en lo absoluto. Tienen una hija con sentido común.

- Afortunadamente por eso – suspiró su padre

- Por lo demás, no estoy particularmente apurada por encontrar un amor. Mi carrera me exige esperar un poco, un poco, soy joven y ya saben lo que dicen, todo viene a quien sabe esperar de manera paciente

- No pudiste decirlo mejor querida – dijo su madre

Aquella mañana mientras Lyn tomaba un transporte camino a su nuevo hogar, cerró los ojos y dejó, decidió que la vida viniera hacia ella con todo lo bueno que ella quisiese traer. Abrió su bolso y nuevamente sacó esa revista, la observó atenta por enésima vez, sabiendo, hoy más que nunca, que estaba en su camino para hacer sus sueños realidad.

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12 Juin 2018 14:19:46 0 Rapport Incorporer 0
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