mrares041 Josué Tecce

Fueron nuestros abuelos quienes contemplaron el fin. Cuando ellos descendieron, los pálidos se alzaron para reclamar su lugar. Pero es de naturaleza humana el siempre levantarse; el presentar batalla y nunca rendirse. Es por eso que, incluso ante el más crudo de los escenarios, nosotros seguimos andando.


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El mundo.


A la tranquilidad marchamos. A la adversidad nos enfrentamos. A la muerte burlamos. Al silencio tememos, pero del ruido no somos aliados. A la sombra de los grandes habitamos, y a la vida de los pequeños protegemos. A Dios, su existencia cuestionamos; pues de no haber uno, solos estamos, y de haberlo, o nos ha abandonado, o nuestro enemigo es.

Fueron nuestros abuelos quienes vivieron la llegada. De animales les trataron, pues no vieron su inteligencia y no les trataron con el respeto que merecían. Muchos fueron quienes avisaron, poniendo sus voces en el grito en el cielo y anticipando el peligro. Mas sus voces fueron silenciadas; no quisieron hablar del problema hasta que la muerte tocó a sus puertas.

Una guerra implica la lucha de ambas partes, definición que no sería adecuada para el caso que nos trajo hasta aquí. No hubo combate, no hubo defensa que pudiesen ofrecer ante el horror personalizado. Sus armas, aunque en principio útiles, de nada sirvieron contra aquello que se les vino encima.

La última luz fue el final de todo. El mundo brilló como jamás lo había hecho, y quienes no cayeron acabaron enceguecidos por esta. El horizonte se tiñó de naranja, y figuras gigantescas se alzó sobre las tierras prospera. El rugir de su ira resonó a través de todo el planeta, y el calor de su presencia carbonizó cuando tuvo a su paso. Mas no fue rabia lo que se oyó, sino un alarido; el gemido de su gente.

Cuando el último de sus guerreros fue por fin derrotado, y cuando la última alma inocente acabó de marchitarse, ellos se alzaron. En medio del silencio, frente al cadáver putrefacto y mohoso de nuestros más poderosos aliados, ellos prevalecieron. La tierra fue suya para habitar y cosechar cuanto quisiesen.

Ese fue el final de los tiempos, aquel del que tanto se hablaba a lo largo de su historia. Mas lo que muchos no sabían, o más bien, lo que no deseaban, era vivir para habitar aquello que quedase del mundo.

Pobre aquellos que vieron lo inevitable y no fueron capaces de conocer más allá; ignorantes por no conocer la mayor fuerza de la humanidad. Persistimos a pesar de todo. Marchamos con tranquilidad en la oscuridad de la noche y nos enfrentamos a la adversidad. Luchamos contra el dios que nos abandonó, contra la muerte que nos persigue y las bestias que se aliaron con ellos.

Ante todo, prevalecemos en su mundo, firmes más allá del final.

5 Novembre 2022 23:03:02 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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