Ejercito de Guadañas Suivre l’histoire

comicsteria Oscar Hernandez

Una antigua orden al servicio de la muerte se encarga de recolectar las almas de los pecadores, pero los tiempos cambian y los dioses pueden ser caprichosos.


Fantaisie Déconseillé aux moins de 13 ans.

#fantasia #aventura #Muerte
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Prologo.

El humo se elevaba al cielo y oscurecía la poca luz que emanaban las estrellas, pero el fuego que aún quedaba seguía ardiendo, los restos de lo que antes fuera un pueblo ahora solo eran escombros y cenizas, un olor a humo mezclado con carne quemada predominaba en el ambiente tan nauseabundo como lo que acababa de pasar.

Unos hombres se movían por entre los restos, buscaban lo que fuera que hubiera sobrevivido al incendio, baratijas, cosas de valor, objetos para saquear, vidas humanas, su intención no era ayudar, pues ellos mismos fueron quienes provocaron el desastre. Reían, se insultaban entre ellos, reñían por lo que encontraban y quien se lo quedaba. No eran soldados, solo rufianes y esa era su vida día tras días, comer, dormir, saquear, beber, emborracharse, pelear y si se da la ocasión violar a las mujeres. Este día no fue la excepción, sus suministros y dinero se agotaban, necesitaban un trabajo rápido y el pequeño pueblo de Freido estaba en su camino.

Decir que Freido es un pueblo seria mucho decir, algnas casas de madera hechas a mano amotinadas en un pequeño valle cerca de un rio, sus pocos habitantes se dedicaban a la agricultura y cría de animales. Gente sencilla con un destino inmerecido.

— ¿Pero que tenemos aquí? — Dijo Barg, sacando de entre los escombros a un anciano. — Oye jefe, tenemos a uno vivo.

El viejo estaba ensangrentado, lleno de ceniza y un brazo quemado, la ropa hecha girones. Barg lo dejo caer en el suelo. Se acercó al lugar Gero el líder de aquella banda, quien elige que lugares atacar y como repartir las ganancias.

—Un viejo no nos sirve de nada. Mátalo y sigue buscando oro.

—Podríamos tenerlo de esclavo Gero, que lleve nuestras cosas, limpie las armas y esas cosas.

—No servirá, es viejo y está casi muerto, solo sería un estorbo. Así que mátalo de una vez. — Gero se da la vuelta y comienza a alearse cuando una risa casi insonora comienza a escucharse.

— ¿De qué te ríes viejo?— dijo Barg al percatarse que el viejo comenzó a reír de pronto, primero un susurro y después una clara risa, con voz cansada y rasposa, pero una risa constante.

—vendrán por ustedes je je je— dijo el anciano mirando hacia los dos hombres, su mirada no expresaba miedo o confusión.

— ¿Vendrán? ¿Quiénes vendrán?

Gero voltea y mira a Barg y al anciano, no le gusta la actitud del viejo, ha pasado por esto muchas veces, sobrevivientes que creen que pueden asustarlos para que los dejen vivir, la solución es muy sencilla, clavarle hacha y asunto resuelto.

—Mira viejo— comenta Gero. —Vas a morir aquí mismo, y no vas a impedirlo, así como murieron todos los demás, pero como soy generoso te daré una sola oportunidad de hablar. Así que ¿Quiénes vendrán a este lugar en medio de la nada?— Los dos rufianes ríen al saber que el viejo no tiene ninguna esperanza.

—La muerte misma je je je— sus ojos los miran muy atentos, una sonrisa ensancha su boca dejando ver sus pocos dientes. —Yo moriré hoy de eso no tengo ninguna duda, pero…

— ¿Pero qué?— Dijo Barg burlándose.

— Pero solo quiero tener la oportunidad de ver como ustedes sufren.

—Suficiente con esto. — Gero prepara su hacha, la hace tomar impulso preparado para asestarle un golpe y terminarlo de una vez.

De pronto los restos de fuego se extinguieron por completo, la temperatura bajo de golpe y todos los ruidos cesaron. Unas formas de humo negro avanzaron por el suelo, se retorcían se deformaban y volvían a moverse con una velocidad imposible. Los bandidos comenzaron a asustarse, se movían incomodos y miraban para todos lados, el humo negro cubría el suelo casi por completo. Sacaban sus armas, no es que sirvieran de algo pero les daba más confianza, y se preparaban por lo que pudiera pasar. Unos soltaron lo recaudado con la impresión y la mayoría comenzó a agruparse.

Gero y Barg se detuvieron al instante y miraron al anciano quien su expresión de felicidad estaba a su máximo esplendor.

— ¡Están aquí! ¡La muerte llego a Freído y soy testigo de ello!

El humo comenzó a agruparse en cinco pilares, moviéndose, deformándose, agrupándose, pero dándole forma definitivamente a algo. Los bandidos se preparaban, rodeaban las formas no sin sentir miedo, pues nunca habían experimentado nada igual, hasta que al final el humo se detuvo.

Dio forma a cinco seres cubiertos por una túnica negra como la oscuridad misma que cubría desde sus cabezas hasta el suelo, no se podía ver su rostro, solo negrura infinita y cada uno con una guadaña en su mano derecha.

Los bandidos temblaban de miedo, sudaban frio y los ojos desorbitados miraban a aquellos espectros unos cuantos dieron pasos hacia atrás. A Barg se le cayó su espada y el ruido que hizo al caer hizo que uno de los bandidos diera un pequeño grito.

Uno de los espectros se movió hacia delante, se acercó a uno de los hombres quien estaba petrificado y de un rápido movimiento con la guadaña partió al hombre en dos, separando la cabeza y un brazo en una pieza y el resto del cuerpo en otra. Una luz blanquecina casi transparente salió desprendida del cuerpo, como una voluta de vapor la cual fue a parar hacia la hoja de la guadaña y donde desapareció.

Varios gritaron y corrieron despavoridos, dejando atrás armas, botín y compañeros, unos pocos se armaron de valor dispuestos a enfrentarse. Uno de ellos lanzo un espadazo a uno de los espectros, la espada se hundió en el pecho hasta el fondo pero no salió sangre, de hecho no se sintió nada como si hubiera atacado al aire. El bandido sorprendido soltó la espada la cual cayó al suelo, la criatura solo lo miro y al igual que su compañero de un tajo lo dividió en dos soltando una voluta de luz blanquecina.

Ahora si todos los bandidos comenzaron a correr, incluyendo a Gero y Barg quienes ignoraron por completo al anciano el cual miraba feliz lo que estaba presenciando.

Los cinco espectros comenzaron su cacería, se desvanecieron en humo negro y de forma casi instantánea aparecían enfrente de sus víctimas quienes gritaban mientras corrían, uno por uno fueron cayendo, desmembrados y pintando de rojo el suelo del lugar. Las volutas de luz salían y eran absorbidas por las guadañas entre los rápidos movimientos. Los bandidos no tenían escapatoria alguna.

El viejo no se movió de su lugar, todo fue muy rápido, solo unos segundos desde que llegaron aquellos seres hasta que todo hubo concluido. No quedo ninguno con vida y el silencio volvió. Estaba extasiado por lo que presencio y de pronto comenzó a llorar, lloro profundamente, solo basto una noche para que todo lo que conocía y amaba ya no existiera.

Uno de los espectros se acercó al anciano camino despacio y se arrodillo junto a él, se quitó la capucha que cubría su rostro, era un hombre, joven y de cabello castaño.

—Lo siento— dijo. — siento todo lo que te ha pasado y lo que tengo que hacer.

El anciano lo miro y no sintió miedo, solo el dolor de perderlo todo.

—Haz lo que tengas que hacer, perdí a mi hija y a mis amigos esta noche, no me queda nada por lo que vivir, llévame junto a ellos.

El joven miro al anciano comprendiendo su decisión, se puso de pie, cerró los ojos y de un solo tajo el anciano cayó al suelo, la voluta de luz apareció pero no se dirigió a la guadaña, si no que subió al cielo y desapareció.

—Misión cumplida, vámonos— dijo el joven a los demás espectros y juntos se convirtieron de nuevo en humo y desparecieron.

28 Novembre 2017 16:35:36 0 Rapport Incorporer 1
À suivre… Nouveau chapitre Tous les mardis.

A propos de l’auteur

Oscar Hernandez Vivimos día a día en el mismo mundo haciendo las mismas cosas. ¿Por qué no escribir sobre algún otro?

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