estherfer8 Esther Ferreira

Año 2029. La humanidad se había visto envuelta en caos con la aparición de una invasión alienígena. Muchas personas murieron, muchas otras lograron construir campamentos, refugios. Otras, vagaban por el mundo sin mucho que hacer. El sentimiento de tristeza, soledad y depresión fue abundante en los primeros años, dejó secuelas en las personas. Nahomi era una de esas, sin embargo, al adentrarse en la guerra, podrá ver el apocalipsis con otros ojos. Al fin y al cabo, ella sabe que puede ser la llave para solucionar el caos.


Post-apocalyptique Déconseillé aux moins de 13 ans.

#romance #futuro #alien #sangre #117 #adolescente #daga #dislexia
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Despertar

Iba a morir.

Aquel monstruo-alienígena-mutante acabaría con ella y luego lo haría con casi cientos de seres que se encontraban allí.

No podía permitirlo, no debía.

El sudor bajaba por su frente, mientras trataba con toda su fuerza y concentración esquivar cada ataque de aquella criatura más grande y mucho más fuerte que ella.

¡Vamos! Solo era una joven caribeña torpe con un pequeño historial suicida, y cansada del que ahora era el nuevo mundo en el 2029. Debió morir hace meses o años, sin embargo, ahora, el momento en el que estaba siendo necesitada, era el momento en donde estaba a punto de morir. Bien hecho.

Él, Neho (como se hizo llamar), golpeó las piernas de la chica, haciéndola caer de espaldas, y él preparándose para lanzársele.

Ella lanzó una patada hacia su estómago, fallando en eso y siendo tomada del pie, recibiendo un apretón en el tobillo. Esto le sacó una sonrisa a la bestia, donde la chica pudo observar los afilados y grotescos dientes juntos con la gran y viscosa lengua morada de este.

En consecuencia, de aquello (y de ya todo lo acumulado en esos minutos) los ojos marrones de la chica se cristalizaron, su pequeña y sangrada nariz se tornó roja indicando el llanto que se aproximaba, y en su mente perturbada aparecieron imágenes y momentos de su corta y estúpida vida: nunca hizo algo sobresaliente o relevante, solo ser inservible.

Dios, iba a morir. Iba a morir como la basura que era.

—Seré delicado con tu piel; tus “amigos” morirán rápido.

¿La voz profunda un tanto nasal sería lo último que oiría? Debió tragar más pastillas.

Encima de ella, el ser sacó una daga de, bueno, quién demonios sabe: apuntó a la cabeza de la joven, elevando la daga por encima de él y subió su brazo por arriba de él para golpearla con fuerza.

«Debes sobrevivir, vamos. No seas una estúpida y sobrevive, Nahomi».

Actuó en reflejo.

Ahogó un grito al sentir la daga atravesar la palma de su mano izquierda, la punta a centímetros de su entrecejo. Sí que estaba profundo.

Quizás fue la adrenalina y el que Neho se haya sorprendido de esa defensa lo que hizo que la chica, con fuerzas sacadas de lo más profundo de su ser, tomara la daga aún enterrada en su mano, sacándola y, con una rapidez impensable en ella, la enterrara en el voluminoso cuello de aquel ser de piel morada. Lo sacó con temor de que este lo hiciera y volviera a atacarla. Empujo a Neo de encima de ella, haciendo un corte, una vez volvió a enterrar el cuchillo, en el cuello de este.

Estando, ahora ella encima de eso, apuñalo varias veces el cuerpo de este, con furia, con miedo y aun con mucho pánico, y sintiendo su cuerpo accionar en automático.

Sacó la daga para cortar un pedazo de tela de la vestimenta del cadáver, la cual amarró en su mano lastimada.

—Estás bien, estás bien. —se dijo todavía en el suelo, controlando el violento temblor en todo su cuerpo y su agitada respiración— Levántate, Nahomi. —Tartamudeó, enderezando una pierna y apoyándose en ella— Tú no importas ahora. —Se puso de pie, tambaleando. Su vista estaba borrosa por lágrimas por dolor— Nunca importas, de hecho. —Dejó escapar una risilla nerviosa dando unos pasos. Aferró su mano herida en su pecho.

Su cuerpo ardía, las cortadas en su morena piel ardían. Cada paso era como caminar en vidrio... Quizás lo estaba, es decir, andaba descalza de todos modos.

Sus párpados caían constantemente, junto con su respiración, la cual se volvía más pesada y difícil.

El agarre a la daga (la cual cogió, le podría servir como trofeo o para defenderse más adelante) se hacía débil, de estar lo suficientemente cuerda para pensar, ya creería que se le había resbalado.

El golpe en sus rodillas fue lo que le hizo saber que había desplomado

—Por favor, no. —susurró cuando estaba en el suelo. Se esforzó en levantarse, usando su mano derecha: sin resultados.

Sentía frío, mucho frío. Su cuerpo era caliente, era una chica muy sudorosa, ¿Por qué estaba helada?

Ese era su fin, genial. Solo le quedaba llorar como la niña patética que siempre fue.

—No quiero morir.

Lo dijo, con verdadero terror. Como pudo, se abrazó, dejando que sus ojos se cerraran por el cansancio.

Estupendo: Nahomi, la chica que murió tras sobrevivir de algo fuerte. Se reirán de ella en su funeral.

—Lo siento.

Todo se detuvo. Su corazón, los sonidos al su alrededor (ratas chillando y el crujir de cucarachas). Las memorias que aparecieron se desvanecieron de su mente, dejando todo oscuro.

¿Dónde estaba la luz al final del túnel? Todo lo que veía era... Vacío, oscuridad: para nada negro. Era curioso como la oscuridad no era de color negro.

Abrió los ojos de golpe, tomando una fuerte bocanada de aire.

Miró en todas las direcciones, encontrándose aún en aquel sucio lugar donde había matado al Neho.

¿Estaba... viva? ¿Por qué su cuerpo no dolía?

Se levantó, de una manera eficiente, rápida y ágil. Miró sus manos, dejando que las preguntas la invadieran.

No tardó mucho en correr fuera de ese lugar, si estaba viva, su obligación era la de salvar a seres inocentes que serían emboscados con la intención de matar a todo lo que camine, la forma de ganar la batalla y acabar con unos de los centros de supervivencia humana más importante (o al menos más grande y conocida) que quedaba.

Su largo cabello (el cual quedó desatado por la lucha anterior) se balanceaba a los lados mientras subía las escaleras dando pequeños saltos y pasando por entre dos y tres escalones.

Tras subir cinco pisos, golpeó su hombro derecho con una puerta doble, llegando a un lugar parecido a una plaza, donde vio a todas las personas dobles que se habían refugiado y habían encontrado en lo largo de tres semanas, todos descansando antes de hacer el traslado al verdadero lugar seguro.

Sin perder tiempo, buscó a, como el Neho había dicho antes, sus «amigos» con la mirada.

—¡Jasper, Vega! — Llamó cuando se topó con ellos. Puede que gritar no haya sido la mejor opción para ella, su garganta estaba seca, lo que la hizo toser.

Los mencionados voltearon hacia ella: un chico joven de piel blanca dedicado a la medicina, y una chica morena de cabello negro. Ambos se acercaron a ella.

—Van a atacar... A nosotros. Nos van a atacar. —Tartamudeó, realizando algunos movimientos con sus manos— Hay que evacuar.

—¿Qué dices? Estás herida ¿Qué te pasó? —el hombre tomó un brazo de la chica.

Un estallido tras de ellos interrumpió el momento, haciendo presencia, en el origen del sonido, un grupo de seres parecidos a Neho, armados con espadas, uno que otro con arma de fuego.

«Eres una inútil, no pudiste siquiera llegar a tiempo».

—Me desmayé por mucho tiempo. —su quebradiza voz alarmó a Jasper y Vega— De-debemos salir de aquí, ahora. —Tomó los hombros del doctor, mirándolo.

—Uh... —pensó— Buscaré refuerzos, defiendan y salven a quienes puedan. —Se agachó, consiguiendo una pistola de su bota, dándosela a la pelinegra— Nai, tú... Tu cabello... Creo que deberías alejarte de aquí.

—Jas, vete. —Dijo antes de tomar un cuchillo y correr hacia alguien.

—Ya la oíste. —Dijo la chica alejándose— ¡Salgan, todos! —Su voz sonó aun por encima de todos los gritos.

No sé sentía débil, siquiera con las consecuencias de su última batalla. Era ágil, precisa, y sin miedo. Por un momento en medio de toda esa situación, se sintió segura de sí.

Junto a Vega, lograron sacar a una parte de los indefensos de allí. La ayuda llegó rápido.

De todos modos, estaban jodidos. Más de la mitad de los que estaban allí no sabía luchar o defenderse, no podría si quiera hacerle frente al más débil de esas criaturas.

Los gritos no ayudaban. Las inocentes almas daban su último aliento antes de que su cuerpo cayera al suelo, sin vida o desmayados.

¿Recuerdan ese momento atrás donde Nahomi se reclamaba por ser pésima en el combate cuerpo a cuerpo? Claro, tenía experiencia, y contra un humano común podría dar batalla. El caso es que, hasta ese momento, no fue tocada ni una vez, alejando uno que otro de esos seres de los civiles, guiando a estos a la salida de emergencia por donde estaban evacuando.

Se interpuso entre un niño y el ataque en espada de una de esa criatura, empujando al niño y golpeando (nada efectivo) al oponente.

—Sal de aquí. — dijo ayudando a levantarse al niño, para luego darle la espalda para enfrentarse, solo para recibir una espada atravesar su hombro derecho.

Fue un dolor corto, pero no evitaba hacerla sentir al borde de la muerte, una vez más, sin embargo, igual de rápido como sintió el dolor, este desapareció, haciéndola sentir bien.

—Patético humano— oyó decir, creyendo que el daño a la chica fue grave, es un ser sensible y frágil, un humano femenino, se supone que era aún más débil, ¿no?

Grande fue su sorpresa, cuando el patético humano sacó, por su cuenta, la espada, dándose la vuelta, y, esta vez, siendo eso quien recibió la apuñalada en su cuello, con la suficiente fuerza para herirlo gravemente.

Lo posterior a eso fue una locura, difícil de creer, es probable que sea considerado como un power up o plot armor, pero fue lo que pasó.

Comenzó cuando, tras casi decapitar a la bestia, algo en ella despertó, apareciendo, en su mano derecha, la daga con la que había sido atacada antes, unas enormes ganas de matar fluyeron en ella.

Y así lo hizo: creando una pequeña masacre con los pocos «soldados mutantes» que arribaron al lugar. Quince de ellos eran suficiente para acabar con ellos, o eso parecía.

La masacre sucedió en breves minutos, con pura agresividad, algo que la chica no generaba ni en sus peores días.

¿Cómo se detuvo? Al finalizar la acción, la chica rozó sus dedos por una de las heridas hechas en batalla, justo en el momento en el que sintió que esta iniciaba a sanar. Luego de eso, llevo los dedos que habían recolectado su sangre, viéndolos.

—¿Qué?

El cansancio y el dolor físico la golpearon, cayendo al suelo sin fuerzas. Era como estar reviviendo la escena de atrás en la que estaba en peligro, solo que, en esta ocasión, no sucedía el que era derrotada o el que estaba asustada.

En esta ocasión, se sentía hambrienta, con algo sucediendo dentro de ella, con ganas de pelear.

Oh, genial, estaba jodida.

20 Septembre 2022 23:51:45 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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