A
Antonio Quiros


Un personaje llega hasta el planeta. ¿Qué es lo que quiere? Ayudarnos; este planeta, su evolución, está atascado; una civilización superior, bastante superior, quiere echar una mano. Los avances tecnológicos son ofrecidos a los habitantes del planeta. ¿nos dejaremos ayudar...?


Science fiction Dystopie Tout public.
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MÍSTER JOHN


Respondía a ese anuncio de trabajo a pesar de que no terminaba de entenderlo del todo; quiero decir, estaba bien redactado y todo eso, pero pedía un acompañante permanente, asistente en cuestiones relacionadas con la normativa actual del país, persona joven y que no tuviera enfermedades degenerativas, amplios conocimientos de todo tipo; y, a poder ser que no fuera nativo de la ciudad de nueva York, ni de este país. Aunque había alguna cuestión de estas que te podía despistar, todo apuntaba a que era un anuncio en el que se solicitan servicios sexuales.

Bueno, yo en un principio no estaba dispuestos a vender esos servicios sexuales; pero no perdía nada con mirar las posibilidades de este trabajo. Con decir que no se acababa el asunto. Y lo cierto es que ya iba a cumplir ocho años desde mi llegada a la ciudad de Nueva york desde mi Madrid natal y mi mejor trabajo había sido el de encargado en un Burger. Y de eso hace ya bastante tiempo. Mientras, un montón de trabajos eventuales, en la mayoría de los casos que no duraban más de dos meses y no muy bien pagados. Del último hacía ya cinco meses y, francamente, las reservas económicas, que nunca han sido muy grandes, estaban ya agotadas y bien agotadas. Por lo que si el tipo de favores sexuales que iban a solicitar entraban dentro de mis modestas posibilidades en ese campo; podría ser que hasta me planteara aceptar.

La cita era en un modesto hotel de la ciudad. Lo primero que pensé es que no daba la impresión de que una persona que se alojara en ese sitio estuviera en la necesidad de contratar un asistente personal. Por lo tanto, la hipótesis de los favores sexuales comenzaba a tomar cada vez más fuerza. Llegué unos cinco minutos antes y no estaba en el lugar en que me había citado, el tresillo que se encontraba justo delante de la recepción del hotel. Pensé que iba a tener que esperar un tiempo por que apareciera en el lugar de la cita. Me dio tiempo a pensar que, quizá, podía esperar con alivio que le hubiera detenido la policía y nunca llegara a nuestra cita.

Pero dos segundos antes de que el segundero del reloj del hotel se posara sobre las doce, un hombre de unos treinta tantos años, alto y delgado, de aproximadamente uno noventa de estatura, cabellos y piel clara, con ropa no excesivamente cara y unos ojos ciertamente penetrantes, se situó junto a mi, dedicándome una ligera sonrisa de bienvenida.

Se me presentó como John, nunca me llegó a mencionar su apellido en esa primera entrevista. Apenas me dejó hablar y ciertamente logró impresionarme por la gran cantidad de conocimientos que tenía sobre mi. En ese momento pensé que el tipo era realmente habilidoso realizando búsquedas y encontrando datos en internet. Al poco tiempo pude reflexionar y darme cuenta que muchos de los datos que John sabía de mi, nunca había estado en internet.

Otra cuestión que me llamó la atención era la tranquilidad y, a la vez, la seguridad con la que hablaba. Las palabras, las frases, parecían salir de su boca de una manera especial, como con mucha más energía y fuerza de lo que lo hacen normalmente en otras personas. Sus gestos, sus movimientos eran suaves, aunque muy enérgicos y desprendían, siempre lo hicieron en un futuro, seguridad y confianza.

No fue necesario que hablara mucho; parecía que desde el primer momento que me vio, tenía claro que me iba a contratar y que no necesitaba hacerme ninguna pregunta. Durante la primera semana en la que estuve trabajando para él, nunca llegué a descartar el que me fuera a realizar peticiones de tipo sexual. Y eso estaba fundamentado en que nunca supo explicarme del todo cuál iba a ser el carácter de mi trabajo para él.

Tampoco parecía tener claro que se suponía que debía pagarme un sueldo por mi trabajo, fuera el que fuera el trabajo que debía realizar. De hecho quedó notablemente consternado cuando le pregunté, pasados tres días, antes tenía tanta necesidad d e trabajar que nunca lo hice, cual sería el salario que me pagaría a cambio de mis servicios. Después de unos segundos de duda me preguntó que cuanto quería que me pagara. Yo, la verdad, no tenía idea de que cantidad le podría decir.

Lo primero que debería haber sabido para evaluar, era en que iba a consistir exactamente mi trabajo. Lo cierto es que como no sabía que cantidad decirle, le contesté en un tono que yo creía que dejaba claro la intención de ser y hacerle ver que era una respuesta a su pregunta claramente sarcástica: “Pues yo creo que unos tres mil dólares estaría bien”.

La respuesta fue inmediata y me dejó sorprendido: “Está bien, entonces te pagaré tres mil dólares al mes”. Aunque en la entrevista; corta entrevista por otro lado, nunca había surgido el tema, me reafirmaba en mis primeros temores de que la actividad que tendría que realizar tenía que ver con el sexo Aunque bien es cierto que por tres mil dólares al mes, podría disponer de mi cuerpo, de todo mi cuerpo, como le viniera en gana.

Me indicó que tenía todo ese día para arreglar mis asuntos en la ciudad, si es que tenía algún asunto pendiente que arreglar. Mi cometido comenzaría a las ocho de la mañana del día siguiente y posiblemente tendríamos que viajar a algún destino que no me desveló en ese momento. La verdad es que el tiempo que me había dado para “arreglar mis asuntos” me sobraba. Realmente yo no tenía ninguna obligación en ese momento y las poca cosas que tenía se podían quedar en el cuarto que estaba compartiendo con otros tres estudiantes españoles en la sur de Nueva York.

Y a las ocho menos diez de la mañana yo estaba en la puerta de la habitación en la que nos habíamos encontrado el día anterior. John tenía las mismas ropas que llevaba ayer. A pesar de usar las misma indumentaria, la limpieza era impecable y el olor a limpio de toda su ropa era realmente destacable. En ese momento comenzaba a ser coprotagonista de una historia alucinante, que nunca me había imaginado que podría llegar a vivir.

Me indicó que mi primer trabajo era acompañarle a visitar el Instituto Tecnológico de Massachusetts, lo que mucha gente conoce como el M.I.T.; el prestigioso Instituto estaba localizado en la ciudad de Cambridge, que es una ciudad ubicada en el Condado de Misslessex, en el estado de Massachusetts. Lo cierto es que no estaba muy lejos de la ciudad de Nueva York; pero era evidente que debíamos utilizar algún medio de transporte. Bien tren, autobús o un coche.

Cuando le realicé la pregunta de cual era el medio de transporte que utilizaríamos; míster John se quedó callado durante unos instantes. Pareció dudar cuando le planteé esa cuestión y es que parece que se traba de algo que no tenía previsto. De hecho me dijo que eligiera yo; y dado que parecía que no contaba con ningún vehículo a su disposición, le indiqué que quizá el método más cómodo y apropiado era el tren.

Tomamos un taxi desde el hotel y nos trasladamos a la estación del ferrocarril. Aproximadamente unos cuarenta minutos después de nuestra llegada partía un tren que nos dejaría en el mismo MIT. Durante el viaje me explicó que nos dirigíamos allí para ver al doctor Peter Nemos, un ingeniero de origen húngaro que era el principal especialista de la física cuántica en el M.I.T.

Le pregunté que si ese caballero nos estaba esperando, si había concertado una cita. Y nuevamente parecía estar desconcertado cuando le planteaba esta cuestión. Una vez que pareció entender lo que le estaba diciendo, me contestó que no; pero que no dudaba que en cuanto pudiera tenerle delante, querría hablar con él sin ninguna duda,

Durante esos primeros días me extrañó de manera considerable el que jamás utilizó una tarjeta de crédito para pagar, ni aun en el caso de que se tratara de una cantidad considerable; y que los billetes que utilizaba para realizar el pago estaban todos muy nuevos, casi brillantes; se diría que estaban recién fabricados en la Reserva Federal.

Una vez llegamos a nuestra estación de destino, un taxi nos llevó en apenas diez minutos hasta el edificio en donde se encontraba dando clase en ese momento el doctor Peter Nemos. Tuvimos que esperar unos cuarenta y cinco minutos aproximadamente. Míster John se presentó al profesor Nemos, nuevamente identificándose con el nombre y sin dar el apellido, y le requirió por una entrevista para hablar de temas relacionados con la física cuántica,

El profesor Nemos no parecía muy dispuesto a atendernos. El hecho de que le faltara por dar una clase de dos horas a sus alumnos, parecía una razón más que suficiente para que Peter Nemos no dispusiera de tiempo para nosotros en ese momentos. “Quizá el mes que viene”, llegó a decir; pero míster John siguió hablando y argumentando algunas cuestiones para poder captar su atención.

Y lo logró. En un momento de la conversación, de la cual yo no lograba entender gran cosa, mi nuevo jefe dijo algo que captó por completo la atención del profesor Peter Nemos. Yo apenas pude deducir que estaban hablando de física cuántica; pero más por ser esta la materia de la que era profesor el doctor Nemos que porque realmente entendieran algo de la conversación que habían iniciado hace unos instantes.

Pude captar, no obstante, que el doctor Nemos le hablaba de la teleportación de los estados cuánticos (que recuerdos me traía esto como gran seguidor de las series Star Trek y Enterprise); y de que eso era una de las aplicaciones más innovadoras sobre las que estaba investigando en estos momentos; que estas investigaciones tenían que ver con lo que el denominaba la probabilidad cuántica; si bien, el profesor le argumentaba a míster John, parecen existir limitaciones importantes a lo que se puede conseguir en principio con dichas técnicas.

Porque el doctor Nemos le argumentaba que eso que le estaba planteando mi jefe era imposible en estos momentos. Si bien, en 2001, un equipo suizo logró teleportar un fotón en una distancia de 2 km; posteriormente, uno austriaco logró hacerlo con un rayo de luz o conjunto de fotones a una distancia de 600 m. Y, lo último ha sido teleportar un átomo, que ya posee masa, a 5 micras de distancia… Pero nada más que este tipo de experiencias que no pasan de ser bastante experimentales y para nada aplicables a la actividad cotidiana.

Mi jefe escuchó lo que le estaba contando el profesor del M.I.T. con una paciencia exquisita y sin que sus ojos pestañearan ni por un solo instante. Cuando el doctor Nemos hubo terminado, comenzó a hablar de una manera pausada; pero, que dejaba traslucir una gran y verdadera convicción en lo que estaba diciendo.

.- Lo siento, doctor Nemos, pero el uso que están haciendo de la mecánica cuántica es todavía muy limitado. Quizá el primer uso sobre el que debían investigar es sobre la utilidad que pueden conseguir si logran realizar algunos trabajos básicos sobre la mecánica cuántica y su aplicación en el instrumento más universal y que todo el mundo tiene a su alcance, su propia mente.

.- .../...

.- Durante décadas, los poderes de la mente han sido cuestiones asociadas al mundo “esotérico”, cosas de locos. La mayor parte de la gente desconoce que la mecánica cuántica, es decir, el modelo teórico y práctico sobre el que usted enseña hoy día en el ámbito de la ciencia, va a demostrar en breve la interrelación entre el pensamiento y la realidad. Que cuando creemos que podemos, en realidad, podemos. Se van a realizar sorprendentes experimentos en los laboratorios más adelantados del mundo que terminarán por corroborar esta teoría.

.- ¡No diga insensateces! Por un momento, llegué a creer que estaba hablando con una persona que dominaba el tema de la mecánica cuántica...

.- En un pequeño órgano de su cerebro llamado hipotálamo, se fabrican las respuestas emocionales. Allí, en el cerebro, se encuentra la mayor farmacia que existe, donde se crean unas partículas llamadas “péptidos”, pequeñas secuencias de aminoácidos que, combinadas, crean las neurohormonas o neuropéptidos. Ellas son las responsables de las emociones que sentimos diariamente. En el momento en que sentimos una determinada emoción, el hipotálamo descarga esos péptidos, liberándolos a través de la glándula pituitaria hasta la sangre, que conectará con las células que tienen esos receptores en el exterior. El cerebro actúa como una tormenta que descarga los pensamientos a través de la fisura sináptica. Nadie ha visto nunca un pensamiento, ni siquiera en los más avanzados laboratorios, pero lo que sí se ve es la tormenta eléctrica que provoca cada mentalismo, conectando las neuronas a través de las “fisuras sinápticas”.

Su interlocutor miraba con los ojos bien abiertos. En muchas ocasiones asentía y en otras ocasiones simplemente miraba con ojos de sorpresa. No le interrumpió, dejó que continuara hablando.

El doctor Nemos parecía estar interesado en lo que mi jefe le estaba explicando, el planteamiento que le estaba haciendo. Por eso decidió que era tiempo de dejar de hablar de pie. Emplazó a míster John a continuar con la charla en la cafetería, una vez finalizado su clase de dos horas que veía a continuación. Para nosotros fue un paseo corto, puesto que la cafetería no se encontraba muy alejada del aula en donde nos encontrábamos en ese momento.

Ya esta acostumbrándome a que las preguntas más triviales no podía ser contestadas con facilidad por míster John. Cuando el doctor Nemos le preguntó por lo que quería tomar, mi jefe no pudo sino mirar a todos lados y pronunciar algunas palabras sin sentido. Yo le pedí agua al camarero para él y pareció agradecerme el que le sacara de ese atolladero. Mientras tanto, y cuando se trataba de hablar de física cuántica, su conversación era de lo más variada y fluida

.- Todos los hábitos y adicciones operan con la misma mecánica. Un miedo (a no dormir, a hablar en público, a enamorarse) puede hacer que recurramos a una pastilla, una droga o un tipo de pensamiento nocivo. El objetivo inconsciente es “engañar” a nuestras células con otra emoción diferente, generalmente, algo que nos excite, “distrayéndonos” del miedo. De esta manera, cada vez que volvamos a esa situación, el miedo nos conectará, inevitablemente, con la “solución”, es decir, con la adicción. Detrás de cada adicción (drogas, personas, bebida, juego, sexo, televisión) hay pues un miedo insertado en la memoria celular.

.- Pero, eso ya se sabe…

.- La buena noticia es que, en cuanto rompemos ese círculo vicioso, en cuanto quebramos esa conexión, el cerebro crea otro puente entre neuronas que es el “pasaje a la liberación”. Porque, como ha demostrado el Instituto Tecnológico de Massachussets en sus investigaciones con lamas budistas en estado de meditación, nuestro cerebro está permanentemente rehaciéndose, incluso, en la ancianidad. Por ello, se puede desaprender y reaprender nuevas formas de vivir las emociones.

.- …/…

.- Porque; ¿no se si usted conoce los experimentos en el campo de las partículas elementales que han llevado a los científicos a reconocer que la mente es capaz de crear. En palabras de un colega suyo, Amit Goswani, profesor de física en la universidad de Oregón, el comportamiento de las micropartículas cambia dependiendo de lo que hace el observador: “cuando el observador mira, se comporta como una onda, cuando no lo hace, como una partícula”. Ello quiere decir que las expectativas del observador influyen en la Realidad de los laboratorios… y cada uno de nosotros está compuestos de millones de átomos. Traducido al ámbito de la vida diaria, esto nos llevaría a que nuestra Realidad es, hasta cierto punto, producto de nuestras propias expectativas. Si una partícula (la mínima parte de materia que nos compone) puede comportarse como materia o como onda… Nosotros podemos hacer lo mismo.

Lo cierto es que su interlocutor parecía estar un poco sobrepasado por la interminable perorata de mister John. De hecho estábamos llegando a un punto en que no le estaba prestando la más mínima atención y se diría que incluso lo estaba violentando

Mi jefe parecía dispuesto a seguir hablando; pero la cara del profesor Nemos no daba la impresión de estar por la labor de seguir escuchando. Si por un breve instante las argumentaciones de mister John habían logrado captar su atención; eso ya no estaba pasado en estos momentos. De hecho ya había empezado a mirarme a mí, lanzado una especie de solicitud de auxilio que evidentemente yo no podía atender.

.- ¡Mire, señor, me está incomodando! Ya he conocido a algunos de su clase. Pretenden saberlo todo y realmente lo que quieren es exhibirse ante las notoriedades como yo. ¡Se acabó! Váyase ahora mismo o mandaré llamar a los de seguridad.

.- ¿Notoriedad? ¿Notoriedad? Usted no es más que un fraude que pretende enseñar física cuántica a sus alumnos, cuando realmente serían sus alumnos los que deberían enseñarle algo de mecánica cuántica a usted. No tiene ni idea y, consecuentemente, nunca va a ser capaz de enseñar algo que no sabe. ¡Me compadezco de sus alumnos!

El profesor Nemos agarró el teléfono de la barra del bar y, con su cara bastante congestionada, exigió a voces a los vigilantes de seguridad que fueran inmediatamente hasta allí. Una vez que hubieron llegado, no tardaron mucho tiempo, nos señaló con el dedo y pidió a los de seguridad que le libraran de los acosadores.

Aunque, en un principio no me estaba dando por aludido; resultaba que los acosadores éramos nosotros. No nos llegaron a tocar, cogí por el brazo a míster John y le obligué a salir del recinto a toda velocidad. Bueno, debía ir acostumbrándome a este tipo de cosas; era lo que me iba a esperar a partir de ahora.

16 Septembre 2022 12:48:06 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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