aragonz-escritora 𝓐𝓻𝓪 𝓖𝓸𝓷𝔃

Un edificio. Doce departamentos. Trece personalidades que conviven en una montaña rusa de situaciones. Diversidad cultural e historias de vida que te mantendrán en vilo. ¿Podrán estos humanos desahuciados encontrar las esperanzas que necesitan para volver a soñar? ¿Será la ciudad luz el lugar indicado? ¿Triunfará el amor? Todo puede suceder porque… porque el amor está en París.


#23 in Romance #4 in Contemporain Tout public. © Todos los derechos reservados. Safe creative ©2208251853064

#erotico
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1.

A Luz Adriana,

que amó a Alfonzo

incluso antes de convertirse en libro.

¡Disfrútalo!


Alfonzo


¡Aún no lo puedo creer! Caigo en el viejo sillón de pana negra y observo el minúsculo pero coqueto apartamento que me contiene. No tiene grandes detalles, excepto por los grandes ventanales que me muestran la ciudad y, aún así, lo amo.

Creo que este enamoramiento viene no solo por la libertad que siento sino que, además, se relaciona con la ciudad en la que me encuentro.

París.

Para muchos, la ciudad luz; para mí, la posibilidad de reiniciar mi vida. Esta vez, la realidad superó a la ficción y estoy feliz con ello.

Conseguí un pequeño espacio, cercano a la famosa plaza de la Contrescarpe y por lo que investigué, debe su nombre a la cercanía que tiene con la antigua «Rue de la Contrescarpe-Saint-Marcel», actualmente llamada Rue Blainville. ¿Se nota que soy un ratón de bibliotecas? Porque nadie —excepto que ames investigarlo todo—, retiene datos tan aleatorios como estos.

En fin, que es lo que soy: un ratón de biblioteca solitario.

J'habite à Paris, rue Blainville —murmuro y sonrío porque se siente tan bien decirlo.

Mi corazón salta emocionado pues aún no me lo creo.

No creo que esté en París.

No creo que pude seguir un sueño.

No creo que la vida me está dando algo de paz.

Este pequeño espacio es antiguo y refleja el espíritu romántico de París. Definitivamente, es más de lo que soñé para mí y quizás no lo merezco pero me importa una mierda. No me quejaré de mi suerte.

No hoy, al menos.

Deslizo la mirada desde los ventanales hasta frenar en ese par de cajas que contienen todo lo que necesito en mi vida. Suspiro y pienso en cómo el ser humano puede acumular tantas tonterías a lo largo de su existencia cuando, en realidad, solo necesitamos un par de cajas para sobrevivir. Llámenme soñador que no me molesta y puede que lo sea pero, cuando han visto a la muerte a la cara, se darán cuenta que lo material sobra… y estorba.

O, quizás, lo que molestan son los recuerdos que se envuelven en cada objeto y se burlan de nosotros con perversidad.

El recuerdo de lo que fuimos y ya no seremos.

El recuerdo de lo que tuvimos y perdimos.

El recuerdo de aquellos que nos abandonaron de modo cruel y egoísta.

El recuerdo de un corazón roto.

También el de un alma solitaria y muriendo…

Paso la mano derecha por mi rostro y suspiro. ¿Por qué? ¿Por qué todo se fue al infierno? ¿En qué momento la mierda nos cubrió y no nos dimos cuenta? ¿Por qué tuviste que…?

Me obligo a dejar de pensar en estas cosas y procurar avanzar. De nada vale los lamentos si el silencio será la única respuesta. A veces, hay que mirar hacia adelante y caminar aun con el alma rota.

Aunque siempre digo estas palabras, evitar pensarlas se torna casi imposible. Es una mierda tan recurrente que me consume por dentro y atasca la respiración en mi garganta. Respirar puede ser un evento casi doloroso.

Dicen que las personas como yo debemos sacar provecho de nuestras emociones pero ¡joder! No sé cómo hacerlo. No es sencillo cuando tu alma se desangra y el fantasma de quien amaste te persigue, noche a noche, en tus sueños.

Siento que todos esos consejos son puras falacias convertidas en frases típicas de sobres de azúcar. Una porquería sin sentido.

Suspiro, escondo el rostro entre mis manos y gruño. ¿Cómo puedo ser tan hipócrita? Yo hacía esas tontas frases hace no mucho tiempo.

Por cierto, mi nombre es Alfonzo y soy escritor de profesión… aunque los últimos cinco años me pasé trabajando en el diseño de frases estúpidas que terminaban dentro de una tarjeta de Wal-Mart o en los sobres de azúcar. ¿Ahora entienden el sin sentido?

Mi llegada a la ciudad luz tiene un objetivo y es el de pasar página; comenzar de nuevo para no caer en la depresión y el olvido. No sé si lo lograré pero, al menos, no me quedaré con la sensación de que pude hacerlo y no lo hice. No; la vida merece ser vivida.

Me levanto con decisión y camino hacia la cocina, dispuesto a preparar otra taza de café antes de iniciar mi nuevo proyecto: escribir una novela.

No tengo certeza de cómo saldrá esto pero existe una idea que me ronda hace meses y deseo convertirla en real. Por lo pronto, pongo la cápsula en la cafetera y me siento en el pequeño desayunador, observo mis notas mientras espero a que el café esté listo y sonrío al ver lo que escribí:

1- Armar una playlist.

2- Caminar sin rumbo por la ciudad.

3- Fotografiar todo aquello que me inspire.

4- Interactuar con los vecinos del edificio (nunca se sabe cuándo puedes necesitar su ayuda o se convertirán en fuente de inspiración).

5- No olvidar comprar más café y queso brie.

6- No olvidar de regar las plantas DESPUÉS de sacarlas del escritorio; no ANTES, Alfonzo.

Sí, sí. ya lo aprendí. No es lindo tener que perder todo lo escrito por no pensar que el agua puede salir de los maceteros.

En fin, que estoy aprendiendo a ser un polín más cuidadoso para no terminar siendo víctima de mi propia insensatez.


📌


Con las bolsas que pesan en mis manos y la libreta que peligra debajo de mi axila izquierda, procuro abrir la puerta del edificio. Muerdo mis labios y realizo un nuevo intento.

―Así no llegarás muy lejos ―dice una voz a mis espaldas y sonrío al reconocer a mi interlocutor.

―Buenas noches, Jean Baptiste.

―Déjame que salve tu pellejo, escritor.

Las llaves tintinean cuando salen de su bolsillo y las introduce en la cerradura.

―Gracias.

―Un placer ―inclina la cabeza y hace un ademán con la mano derecha. Sonrío porque es todo un personaje; además, es el vecino que más predispuesto ha sido conmigo―. Déjame que te ayude, escritor ―estira el brazo y se apodera de dos de mis bolsas; de nuevo, agradezco y él sonríe.

―Sabe, Jean Baptiste, que no es necesario que toooodo el tiempo me llame escritor, ¿verdad?

―Sí, escritor.

Carcajeo y agito la cabeza mientras nos dirigimos al viejo ascensor. Nuestros pasos retumban en el inmenso palier y las luces dicroicas me confirman que la chaqueta de pana de Jean Baptiste es azul profundo y no negra como creí.

―¿En verdad no dejará de llamarme de esa manera? ―insisto.

―Lo que sucede ―descorre las rejas del viejo ascensor―, es simple ―Suspira mientras ingresamos al elevador―: es mucho más interesante decir que tengo un amigo escritor a decir que mi vecino es… ¿jubilado? ―arruga la nariz―. Jamás digo que soy jubilado, ¿comprendes?

―¿Por qué? ―la curiosidad me puede.

―Porque las chicas no se enloquecen con eso ―me guiña un ojo―. Prefiero decir que soy un trotamundos y ya. Entonces, tener un amigo escritor también ayuda a sumar puntos.

Elevo una ceja y él encuadra los hombros.

―Me recuerdas a esos galanes de cine que ya no abundan ―él carcajea, tirando la cabeza hacia atrás y su risa se expande por todo el habitáculo.

―¿Y a quién me parezco, según tú? ¿Clark Gable? ¡Clint Eastwood? ¿Gregory Peck?

―Más bien, Jack Nicholson.

―¡Vaya! Nunca me dijeron eso pero, por supuesto, nadie es tan intuitivo como un escritor.

Esta vez, el que ríe soy yo.

―Debes tener muchas admiradoras ―comenta cuando el ascensor se detiene.

Inspiro profundo y salgo del habitáculo. Ha tocado una fibra sensible en mí y no puedo culparlo por ello; sin embargo, me jode.

―No ―fuerzo una sonrisa, al tiempo que agito la cabeza―. No hay mujeres en mi vida ―sentencio.

―¡Ah! El escritor resultó todo un Casanovas.

―No es eso ―murmuro y camino hacia mi apartamento.

―Bueno, sé leer las señales implícitas, hombre. Lamento si metí el dedo en alguna llaga; no era mi intención.

―Todo está bien.

―Ya, ya ―me palmea el hombro―. Fue un placer conversar contigo, escritor.

―Igualmente.

―Me voy ―me entrega las bolsas y le agradezco con un movimiento de cabeza―. Hasta luego, muchacho.

―Hasta luego, Jean Baptiste.

―¡Ah! ―giro el cuello y lo veo apoyado contra el marco del ascensor― Sabes que puedes acudir a mí cuando necesites; aunque sea para un café o una caminata por la ciudad.

―Lo tendré en cuenta. Gracias.

Hace una reverencia como si tocara el ala de un sombrero inexistente y se pierde en el pequeño cajón de metal que lo lleva hasta su casa.

¡Es todo un personaje!

25 Août 2022 00:49:19 6 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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RA Rusari Arias
Me encanta! Alfonzo es lo más 🤭 Gracias por animarte a contarnos un poquito más de LIIP ❤️
August 30, 2022, 09:56
luz Adriana luz Adriana
Mil gracias por la dedicatoria 😍😍😍me encantó este primer capítulo disculpa la demora en contestar y agradecer por tu excelente trabajo felicidades por el inicio de una hermosa historia 😘 y nos mostrarás a Jean Baptiste 🤭🤭
August 30, 2022, 02:27

  • 𝓐𝓻𝓪 𝓖𝓸𝓷𝔃 𝓐𝓻𝓪 𝓖𝓸𝓷𝔃
    Nada que agradecer, mujer. ¡Te lo merces! La relacionista pública de Alfonzo merecía ese reconocimiento 🤣🤣🤣 August 30, 2022, 02:56
Vanessa Polanco Vanessa Polanco
Love is in Paris?? Mi amorcito Alfonso esta aquí!!🤗
August 25, 2022, 03:39
Nesly Carrasquilla Nesly Carrasquilla
Uhhhh que emocionante tener a Alfonzo por estos lados, me encantará saber más sobre él
August 25, 2022, 02:51
Lucia Mendez Lucia Mendez
Alfonzo estoy segura que vas a tener tanto que contarnos Estoy encantada de leer ese primer capítulo ❤❤❤
August 25, 2022, 02:06
~

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