arikeldt Arikel DT

A Min Yoongi le dijeron mil veces que no eligiera como pareja a un mortal humano. Le recordaron siempre que las criaturas mortales eran débiles e incapaces de enfrentar "el beso" de un Alfa, mucho menos la forma eterna en la que estos amaban. No hacerles caso fue un error. Park Jimin se lo había pedido, le había suplicado que lo convirtiera en su Omega y, Yoongi, completamente enamorado, lo había marcado. Qué gran y terrible error. • • • [Historia ganadora del TERCER LUGAR en la categoría "Cuarta Estación" en el #FTBAwards2022 organizado por @Grupo_BE] • [Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son artistas surcoreanos, personas de carne y hueso, pero la historia sí es totalmente mía. No se admiten plagios ni republicaciones]


Fanfiction Groupes/Chanteurs Interdit aux moins de 18 ans.

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Capítulo único


«Estás en mi sangre, en mis venas, y en mi cabeza».

«Como la nicotina, la heroína y la morfina».

«Eres todo lo que necesito».

«Me encanta la forma en la que te mueves».

«Podría intentar huir, pero sería inútil».

«Eres el culpable».

«Solo un golpe tuyo, y sabrás que nunca seré lo mismo».

*Never be the same – Camila Cabello*



Debo confesar algo.

Cada vez que duermo, tú invades mis sueños.

Tu boca hermosa susurra mi nombre con tanto anhelo, mi corazón se derrite al escucharte y mi alma besa la tuya en un solo instante.

No lo entiendes, Park Jimin.

Nunca lo entenderías.

En los más profundos pensamientos de mi cabeza, tus ojos hermosos se abren suavemente, y la oscuridad en ellos se matiza con dulces destellos bajo la luz del día.

Hay estrellas, galaxias y universos, en tu mirada cálida y en cada una de tus pestañas.


«Me gustas…».


Susurras, sonriendo y observándome fijamente.

Un centenar de caballos se agolpan en mi pecho al oírte, y es que no sabes lo que dices.

De pronto, abro los ojos y huyo de aquel delirante sueño al que ya estoy tan acostumbrado.

Las blancas sábanas del departamento me reciben con frialdad, solitarias y vacías, indicándome, como siempre, que tú no estás.


«¿Cuánto tiempo ha pasado?».


Me pregunto a mí mismo.


«Aún pienso en lo dulces que son tus labios».

«En lo bella que es tu boca».

«En lo frágil que eres y lo cálidos que son tus abrazos».


Mil vidas separan la tuya de la mía, Jimin.

Hace tanto tiempo besé tus manos, tus labios y tu vida entera.

Hace tantos años vi cómo tu vibrante alma era consumida por la oscuridad venenosa que yo mismo había colocado en tu cuerpo.

Lo siento, cariño.

Fui mil veces advertido.


«No abraces a un humano, Min Yoongi».

«No le des “el beso del Alfa”».

«No lo conviertas en tu Omega».

«La inmortalidad es pesada, densa y complicada».

«Los humanos mortales no la soportan».

«Es imperdonable que elijas como tu pareja eterna a una criatura tan efímera y débil».

«Hay muchos Omegas en nuestra manada, elije de entre ellos».

«Lo que piensas hacer es aberrante».

«Nos insultas al colocar por encima de tu propia especie a ese niño mortal».


No importó lo mucho que intentaron impedirlo, no escuché una sola de sus palabras.

Tú y yo creíamos que el amor podía vencerlo todo.

Creíamos que tu mente, tu cuerpo y tu alma resistirían. Que el amor en tu corazón te fortalecería.

Fuimos tan ilusos.

Tan idiotas.

La oscuridad de la marca del Alfa, el dolor del beso, el descontrol de las feromonas, todo eso, nubló tu mente. Tus oídos dejaron de escuchar y tu vista se perdió en algo más allá de la realidad y de mí.

Perdóname, Jimin.

Me rogaste que te hiciera parte de la manada, que te hiciera semejante a mí, y yo accedí porque te amaba.

Pero nunca debí.

Tu corazón mortal era frágil, apenas resistió una sola noche agonizando, antes de empezar a agrietarse, secarse y astillarse.

Por la mañana, pronunciaste suavemente mi nombre y susurraste.


«Estás en mi sangre, en mis venas, y en mi cabeza».

«Amor…».

«Podría intentar huir, pero sería inútil».

«Eres todo lo que necesito ahora».


Me sonreíste un segundo, muy débilmente. Tus dedos fríos tocaron mi mejilla, y mi alma derrotada observó impotente tu piel pálida y tu cabello oscuro hacerse polvo y ceniza justo frente a mis ojos.

Nunca lloré tanto como en aquel día, lo juro.

Nunca.

Nunca había sentido tanto amor como en aquella vida.

Tú… Jimin…


«Tú lo eras todo».


Eras luz, calor y vida.

Tu corazón latía en armonía con el mío, tus labios eran pétalos suaves y cremosos, tu piel era agua, refrescante y llena de vida, y tu voz… tu dulce voz…

Tus palabras eran imanes para mí. Yo escuchaba siempre, embelesado e hipnotizado, cada una de tus peticiones.

Tu voz era un hechizo imbatible y sublime.

Yo te amaba tanto…


«¡Tanto!».


Tanto que mi alma murió al verte partir.

Mi mente enloqueció.

Mi corazón se secó y mis sentidos se congelaron.

Vagué por el mundo, alejado de los sentimientos, sobreviviendo junto a la soledad de un lecho vacío, de un corazón roto.

Un amor perdido.

Muerto, melancólico y frío, así vagué, intentando olvidar y enterrar aquel hogar incinerado que yo había construido para ti, para mí, para la nueva manada que formaríamos, para nuestros eventuales hijos.

Me dejaste, esa es la verdad.

Dijiste que podrías con ello, pero mentiste.

Te fuiste y abandonaste todo cariño, toda pasión, todo futuro.

Me dejaste solo, deseando la muerte.

Pero ya.


«Ya está».

«Ya pasó».


Olvida eso. Olvídalo todo.

Esta no es la historia de cómo la vida se me hizo tormento tras tu partida.

Esta es una historia distinta.

De mi amor eterno y del tuyo.

De tu alma, unida a la mía. De tu corazón latiendo junto al mío.

De cómo, un día de invierno, al pasar por la calle, tu silueta hermosa escapó de mis recuerdos.

Tus labios de rosa, tu cabello oscuro y tu piel pálida, se hicieron más que solo una triste y melancólica fantasía.

Había sido un día agotador, como todos. Oscuro, matizado de rutina gris y azul frío.

La soledad de tu ausencia consumía cada latido en mi pecho, como siempre. Y, como siempre, yo solo quería verte de nuevo.

Tan solo una vez más.

Rezaba por ello.

Quería ver la luz de nuevo. Quería sonreír. Quería un amanecer lila, naranja, de sol dorado y cielo cálido. Quería verlo junto a ti, contigo entre mis brazos.

Pensaba en ello cuando, de pronto, apareciste así, sin cuidado y sin aviso.

Sonriendo como solo tú sabes sonreír.

Con esa boca dulce, rosa y deslumbrante. Con esa risa vibrante, esa hermosa figura y esa mirada tuya.

Mi agónica vida perdió el equilibrio por un instante. La monotonía y la melancolía perdieron todo dolor.

El peso de cada día, cada año, cada siglo, el peso de cada latido, se esfumó.

Los vibrantes latidos de mi corazón se hicieron tambores que silenciaron el mundo a mi alrededor. Mis pies, primero lentos y, al minuto, terriblemente presurosos, corrieron hacia ti a través de la gente en la calle.

Los últimos pasos, justo a tu lado, fueron tan rápidos, tan duros, que me vi obligado a frenarlos de golpe centímetros detrás de ti.

Entonces, tomé tu muñeca entre mis dedos, la apreté con fuerza solo para cerciorarme de que eras palpable, real y existente.

Tu sonrisa se perdió, tus amigos se inquietaron, giraste confundido a ver al vil, brusco y torpe intruso. Tus ojos confundidos estudiaron mi rostro cuidadosamente, quizá aterrados ante mi miedo y mi desesperación.


«Por favor».


Te susurré, y me miraste sin entender.


«No me dejes».


Te supliqué.


«Jimin…».

«No sabes… cuánto duele…».

«Duele muchísimo».


Te dije, justo antes de halarte hacia mí y envolverte entre mis brazos.

Eras tan real.

¡Dios!

¡Eras tan, tan, tan real!

¡Exquisitamente real!

No tengo idea de cuánto tiempo estuve así, cuando me di cuenta de lo que ocurría, entendí que ese no podías ser tú.

Yo te había visto morir.

Eras… tan parecido, tan idéntico, pero no eras tú.

No eras mi Park Jimin, eras otro, quizá una reencarnación, o solo alguien muy similar.

Me di cuenta, una vez más, de lo frágil, torpe y despedazado que me habías dejado.

Estaba tan enfermo, tan ansioso de calor, que había corrido hacia el primer extraño que tuviera tus ojos, tus labios y tu cuerpo.

Mira lo que me has hecho, amor.

Por su parte, el extraño entre mis brazos parecía no entender absolutamente nada.

Sus amigos preguntaban quién era yo, si me conocía, si le estaba molestando.

El extraño no sabía qué decir.

Yo temblaba, aferrándome demasiado fuerte a él, sin querer dejarlo ir y, él, piadoso y amable, posó sus manos sobre mi espalda.

Al principio, creí que me alejaría, pero tan solo percibí sus suaves caricias, intentando consolarme, calmarme y regresarme a la realidad, al presente.

Yo solo podía pensar en lo nublados que se sentían mis ojos, mis oídos y mi boca.

Todo parecía haberse venido abajo.

Durante tanto tiempo había querido sentir un poco de calidez entre mis manos frías y durante tanto tiempo te había necesitado más que al aire o a la vida; y si alguna vez, en algún lejano futuro, me atreví a pensar en la idea de volver a sonreír, había querido que fuera únicamente contigo.

Había suplicado diariamente al infinito que te traiga de entre las sombras conmigo.


«Que vuelva».

«Por favor, que vuelva».


Recé y recé. Pedí, oré y susurré, martirizando a mi corazón con recuerdos tuyos, imborrables e invaluables.

Recordaba que, una vez, hace siglos, me preguntaste qué sentía por ti.


«Me encanta la forma en la que te mueves».


Te dije, sonriéndote mientras descansabas acostado junto a mí.


«Solo un golpe tuyo, una mirada, una sonrisa, y sabrás que nunca seré el mismo».


Te aseguré.

Mis ojos te habían mirado con tanto amor, tanta devoción y tanto cariño. Había perdido mi corazón, tú lo habías robado y reposaba confiadamente entre tus manos.

Mi piel ya no era mía, era tuya.

Mis labios, mi vida, mi alma.

Todo de mí, te pertenecía.


«Yo te culpo».


Te había susurrado, justo antes de colocarme sobre ti y repartir besos sobre tu mejilla, tu cuello y tus clavículas, buscando a tientas con mi mano la entrada a tu mundo, a tu celestial, dulce y húmedo mundo.


«Es tu culpa».


Créeme, Jimin. No mentía.

Nunca volví a ser el mismo, y eso fue tu culpa.

Antes de ti no existía nada y, contigo…

Contigo lo tuve todo.

Hoy, siglos después, justo aquí, parado en medio de la suave nieve, en frente de toda la gente y fuertemente abrazado a un extraño, me doy cuenta de que el lobo en mí, el Alfa, te ama tanto como la primera vez.

El tiempo no menguó la fuerza de su anhelo, su lealtad y su pasión.

Y, al entender eso, mi mente comprende que no puedo hacer lo que me pediste cuando estabas con vida.

Cariño, no puedo amarte por completo, sin frenos, sin reparos.

No puedo tomarte sin miedo.

No puedo perder el control, liberar a la bestia y dejar que te pruebe de nuevo, que te marque y te devore.

Entiendo, al fin, que firmé mi sentencia de muerte el día en el que me enamoré de alguien que no debo tener. Pero esa muerte es hermosa.

Morir sabiendo que la palabra «amor» sí existe, y que sí es todo lo eterno, hermoso y magnifico que dicen. Morir así, es morir bien.

Lo siento, Jimin, no puedo tomarte, consumirte y exprimirte así sin más, así sin dudas.

Amar no es poseer, cariño.


«Es dar».


Amar no es obtener, mi cielo.


«Es ceder, proteger y procurar».


Así que, el día en el que este extraño al que abrazo se pregunte por qué un desconocido lo abrazó en la calle, le susurró murmullos devotos y dulces, y desapareció de su vida en un instante, tendrá que conformarse tan solo con la pregunta.

No sé cuándo me enamoré de ti, Jimin, ya casi no lo recuerdo, solo dios lo sabe.

Sabe desde cuándo estás en mi corazón y desde hace cuánto te he querido.

—Perdóname… —le digo al extraño, soltándolo al fin y separándome de él—. No sé qué estaba pensando… te confundí con alguien más…

Sus ojos, idénticos a los tuyos, me observan en silencio sin decir nada.

El animal en mí, el Alfa, araña mi alma intentando escapar, sostener su hermosa garganta entre sus garras y morder su tierna piel para dejar una vez más su venenosa y letal marca.

—Perdóname… —repito, inclinando mi cabeza y haciéndole al desconocido una reverencia rápida.

Mis pies giran y se alejan de él.

No pude protegerte de mí, cariño. Pero aún puedo proteger a este extraño idéntico a ti, aun puedo apartarlo del Alfa.

Los amigos del extraño ríen nerviosos, intentando entender, intentando olvidar, aún confundidos y aún temerosos.

El Alfa aúlla.

Gruñe y lastima, vibra feroz en su jaula, increpando mi control sobre sus salvajes instintos rebosantes de obsesión y lujuria, completamente deseoso de fecundar pronto a su futuro Omega, y odiándome por impedírselo.

Es mejor alejarse pronto.

La mordida en ti fue venenosa la primera vez, cariño.

Tú, frágil, inocente y mortal humano, no pudiste resistir el veneno de la marca de un Alfa, mucho menos la oscuridad de su inmortalidad compartida.

Moriste en mis brazos una vez, pero no más, lo juro. Cuidaré el cuerpo que se parece tanto al tuyo, aunque tenga que morder mi propia mano, o arrancar mis propios dientes.


«¡Min Yoongi!».


¿Es esa tu voz, Jimin?


«¡Min Yoongi!».


Ahí está otra vez, se escucha claramente justo detrás de mí junto a unos pasos acercándose a toda velocidad.


«¿Vas a dejar solo a tu Omega?».


Me pregunta tu voz, y al girarme, observo al muchacho, hermoso y cálido, que hasta hace unos segundos me cobijaba entre sus brazos.

Sus labios no se mueven en lo absoluto, pero su voz, que es la tuya, sigue sonando.


«¿Es que ya lo olvidaste?».


Me pregunta, sonriéndome y corriendo hacia mí.


«Estás en mi sangre, Yoongi».

«En mis venas, y en mi cabeza».

«Me gustas, y te pertenezco».


No reaccioné hasta que estuvo justo frente a mí, envolviendo sus brazos en mi cintura y descansando su mejilla sobre mi hombro.

—¿Dónde estabas? Creí que eras tan solo un sueño... —afirma el bello muchacho, ahora ya moviendo los labios al hablar alto. Su voz rota y adolorida me hace abrazarlo de inmediato, olvidando toda confusión—. Te he estado esperando tanto, Yoongi, desde hace tanto tiempo. Solo dios sabe desde cuándo.

Enlazarse a un humano mortal estaba prohibido.

Nadie lo había hecho antes.

Era casi un pecado.

Sin embargo, ahora, después de tanto tiempo, me di cuenta que era todo, menos imposible.

No tengo idea de cuánto te abracé, te besé y lloré contigo.

Cuando pude reaccionar, ambos nos encontrábamos en mi departamento, y yo me encontraba sobre ti, cubriéndote con mi cuerpo, reconociendo mi borrosa y tenue marca en tu cuello. Mi aroma era apenas perceptible en ti, así que me dediqué arduamente a esparcir mis feromonas sobre cada centímetro de tu piel para remediar aquello.

El Alfa en mí parecía complacido. Claro que, aún quería fecundarte, pero se lo impedí. Yo no quería asustarte. Quería hacer las cosas con calma, teníamos todo el tiempo del mundo para hacer lo que en tanto tiempo no habíamos podido.

Fue así como transcurrió nuestro primer mes juntos después de nuestro reencuentro.

La fresca primavera había arribado ya y había adornado con su aroma y sus colores las calles, las plazas y los balcones.

En el departamento que compartíamos, a través de las cortinas a medio cerrar, ambos observamos desde nuestra cómoda cama el cielo nublado, perfecto para quedarse todo el día acostados, amándonos.

Afuera, las macetas en el balcón se nutren de la suave llovizna. La vida y el verdor han vuelto a mi mundo y, a mis ojos, nunca hubo una primavera más bella que esta.

—¿Qué hiciste después? —me preguntas en un suave susurro, llamando mi atención y mirándome fijamente.

Yo observo tu espalda desnuda y la forma en la que la sábana cubre apenas tu desnudez, tentando a mi lascivia y a mi hambre de ti.

—Arrojé tus cenizas al lago junto a la cabaña… —te digo, en un susurro seco, queriendo olvidar por completo aquel tiempo—. Lo quemé todo, no quería nada que me recordara a ti y me fui para siempre de allí.

—Eso explica por qué no encontré nuestra cabaña cuando el lago me devolvió a la orilla, entero, despierto y ya convertido.

—No entiendo cómo pasó… —te digo, acariciando tu piel y acercándome más a ti—. Y no quiero entender… —te aseguro—. Creí que la unión de nuestros cuerpos, nuestras almas y nuestras mentes no se había completado. Creí que era por eso que yo no había muerto al perderte, tal como los Alfas hacen al perder a su Omega.

—Yo creí que todo había sido un sueño… —me dices, sonriendo optimista al sentirte ya a salvo de toda la vieja agonía del pasado—. No recordaba muchas cosas de mi antigua vida como humano mortal, pero sí recordaba tu rostro y, al no encontrarte, creí que eras imaginación mía. Poco a poco, te hiciste como una bruma intangible y lejana y, al final, aprendí a vivir ocultando mi naturaleza como Omega recién nacido entre humanos mortales.

—Basta, Jimin… —te digo, dándote un beso en la frente—. No quiero hablar de eso, no quiero que hables de eso. Olvidémoslo.

—Yoongi, el pasado, que para ti es doloroso, para mí es una prueba innegable de que siempre dijimos la verdad. Siempre fue amor y siempre fue eterno.

—¿Lo dudabas? —te pregunto, empujando tu espalda sobre la cama, tomando tu rostro con una de mis manos y mirándote fijamente, exigiendo una respuesta.

Mi marca adorna tu cuello, ahora visible y fuerte, y mis feromonas bailan en tu piel.

Mi hijo crece en tus entrañas y mi alma vive completamente en tu pecho.

—Había una marca… —susurras, esquivando un poco mi mirada—. Había pensamientos repletos de amor, cariño y dulzura que me visitaban a toda hora de todos los días, y había un rostro, algo opaco y poco tangible. No lo sé… mi antiguo lado humano me decía que ese amor era irreal, que el hombre en mis sueños era el prototipo del amor ideal. Que no estaba cerca e, ilusamente, mi mundana forma de amar, me dijo que, si no lo podía tocar, no lo debía amar.

—Ya estoy aquí… —te digo, acercándome a tu boca y besando tus labios—. Te besaré mil veces y más, así, tu alma, tu corazón y toda tu antigua mortal humanidad sabrán que soy real. Que tu amor lo es. Que soy tu Alfa, y que tú eres mi Omega.

Tú me miras y sonríes.

Tus piernas se abren y me invitan a visitar una vez más tu humedad, me pides que cumpla cada una de mis palabras al pie de la letra.

Tu boca recibe la mía justo en el instante en el que mi amor duro, erecto y caliente, se adentra en tu paraíso.

Tu corazón se agita y yo sonrío.

—Te amo… —te susurro, y cierras los ojos, conteniendo un jadeo, aferrándote a mis brazos, perdido en el placer exquisito de mi pelvis, mi boca y mis feromonas—. Quiero devorar cada parte de ti.

Tú asientes.

Tu mente perdida, concentrada en su propia búsqueda de placer, enloquece con mi goteante y caliente amor, te hace decir «sí» a todo.

Nunca te dejaré ir, cariño. Lo juro.

Que el cielo me perdone, si es que puede.

Te vi un día, te deseé para mí, te tomé y te hice mío.

Te arrebaté toda mortalidad, y te convertí en mi compañero de eternidad.

Compartí contigo mi alma, como Alfa y Omega, y te escogí para ser fecundado por mí y ser el padre de mis hijos.

Que el cielo me perdone.

Pero es tu culpa, Jimin.

Te metiste en mi piel, en mis pensamientos y en mi vida entera, como una droga asfixiante y excitante.

Te fundiste en mi alma y, sin aviso alguno, me miraste con esos ojos, sonreíste con esa boca, y me encadenaste a ti.

La culpa es tuya.

Estás en mi sangre, en mis venas, y en mi cabeza.

Definitivamente, yo te culpo por intoxicarme así. Por meterte tan en mí.

Antes, ahora, por siempre, tú eres todo lo que necesito.

Al conocerte, mi mundo dejó de girar, te perteneció solo a ti.

Nunca volví a ser el mismo después de ti.




Fin.



* * * * * * * * * *

Nota del autor:

Hola~

Gracias por leer~ 💕

+ Este es el primer fanfic que escribo de esta pareja ¡estoy muy feliz de al fin haberlo hecho! 😍

+ La idea era crear un shot (de uno o dos capítulos) a partir de una canción preestablecida, es decir, un Song-Shot. Me tocó una artista que no conocía y que nunca había escuchado, "Camila Cabello" con la canción "Never be the same", en cuanto me la dieron fui corriendo a escucharla y amarla y ¡me encantó! 💕

+ Hubieron muchas ideas tratando de colarse para la canción y, al principio, pensaba escribir algo de mi Otp (KookV), pero mi mente estaba empezando a ver todas las ideas con un YoonMin así que… 💛

+ Confieso que sufrí con Yoongi, incluso al final, con todo el tiempo perdido que, de alguna manera, sentí que fue algún tipo de castigo por el "pecado" que cometió al haber robado la mortalidad de Jimin, pero a pesar de la sensación de "es un precio que pagar", igual se me partió el corazón junto al suyo al inicio 😢

+ Aunque es cierto que tenía otro final planeado, el "juntos al fin" me conquistó y me venció aquí 💕

+ La primera idea que tuve fue que Yoongi se sacrificara y acabara con su propia existencia para no lastimar a Jimin otra vez, ya que él creía firmemente que Jimin había muerto al no soportar la marca del alfa y, bueno, también mi primera idea fue que el actual Jimin sí fuera una reencarnación humana y mortal 😭 me encanta la tragedia romántica así que ya estaba planeando irme por ese rumbo, pero al final todo resultó como resultó y, a decir verdad, me dejó muy satisfecha el rumbo del "final feliz" actual.

+ Y... creo que eso es todo, no hay más qué decir respecto a la historia, es cortita, sencillita y con su buena dosis de fluff y romance 💛

¡Muchas gracias por llegar hasta aquí!

Gracias por leer~ muchas gracias por votar y muchísimas gracias por comentar~ 💕

Espero de todo corazón que hayan podido disfrutar la historia tanto como yo disfruté escribirla 💕

Bye bye~

Pd: Fanfic escrito para la Cuarta Estación del "Festbang Awards 2022" creado por @Grupo_BE, la canción inspiracional fue “Never be the same” de Camila Cabello (¡me encantó! 💕)

* * * * * * * * * *



16 Août 2022 18:26:49 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Arikel DT °・:*:・༅。.•̩̩͙✼•̩̩͙.。༅・:*:・°༺•༻°・:*:・༅。.•̩̩͙✼•̩̩͙.。༅・:*:・° •★• ❝𝑨𝒎𝒂𝒏𝒕𝒆 𝒅𝒆𝒍 𝒔𝒖𝒔𝒑𝒆𝒏𝒔𝒐, 𝒍𝒂𝒔 𝒆𝒎𝒐𝒄𝒊𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒂 𝒇𝒍𝒐𝒓 𝒅𝒆 𝒑𝒊𝒆𝒍 𝒚 𝒍𝒂𝒔 𝒎𝒆𝒎𝒐𝒓𝒂𝒃𝒍𝒆𝒔 𝒕𝒓𝒂𝒈𝒆𝒅𝒊𝒂𝒔 𝒓𝒐𝒎𝒂𝒏𝒕𝒊𝒄𝒂𝒔❞ ❝𝑬𝒏𝒂𝒎𝒐𝒓𝒂𝒅𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒂𝒓𝒕𝒆, 𝒍𝒂 𝒎𝒖𝒔𝒊𝒄𝒂 𝒚 𝒍𝒐𝒔 𝒗𝒆𝒓𝒔𝒐𝒔❞ •★• https://archiveofourown.org/users/Arikel •★• https://www.facebook.com/Arikel.VDA/ •★• °・:*:・༅。.•̩̩͙✼•̩̩͙.。༅・:*:・°༺•༻°・:*:・༅。.•̩̩͙✼•̩̩͙.。༅・:*:・°

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