akirin Akirin Rinrin

Cuando piensa en felicidad en los oídos de Ayumi resuena el riff de una guitarra. Una sonrisa, eso consiguió esbozar su voz rasgada. Tras ser rechazada Ayumi, una joven aspirante a estrella del punk-rock, decide abandonar su querido hogar y sueño para convertirse en una adulta, con la intención de un día volver y mostrarle una nueva versión de si misma a su primer y único amor. Ilusa, cree que podrá reírse, no sabe que tras una puerta su nuevo compañero de piso, Miyazaki Kazuhiro, la aguarda. Como banda sonora de amores ajenos, se aferra a su camisa y pregunta entre gritos qué es el amor correspondido, qué significa el brillo en los ojos de otra persona o por qué un escalofrío puede ser tan cálido. Y de vez en cuando en la bahía de Tokyo se escucha a la risueña Ayumi jugar con la arena recordando una puesta de sol. Pero se ríe, sí, se ríe. WLN es una novela ligera, por lo que se publica en "volúmenes" e incluye ilustraciones, dichas ilustraciones me pertenecen por lo que está prohibido su plagio. Ahora sí, ¡disfruta!


Romance Romance jeune adulte Tout public.

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Preludio: Cuestión del primer amor

Es difícil explicar lo que una persona siente cuando se enamora. Tantas emociones indescriptibles arrinconan tu corazón y en el momento más inesperado explotan.

Y después de tanto tiempo confluyendo en un mismo plano, como dos líneas paralelas, de un instante a otro, se tocan. Se acarician, se besan, se quieren.

Cómo olvidar el momento en el que el plano desapareció y, en su lugar, el vacío me acogió. En su rostro, una sonrisa incómoda.

—Ayumi—pronunció mi nombre al terminar de leer mi carta. —No sé cómo decirte esto...—suspiró, se frotó la nuca con una de sus manos y me extendió el trozo de papel. —Estoy prometido.

Reí. Una pequeña risa se escapó de entre mis labios. —¿Qué? No, imposible—. Retrocedí cabizbaja.

La brisa nocturna me pellizcaba la piel, pero el calor que desprendía mi cuerpo me hacía inmune a aquella fría sensación.

Alcé la mirada, su rostro, el que por tantos años había extrañado, estaba cambiado, pero su tono de voz no. Seguía igual, la recordaba igual.



La voz que, frente a la puesta de sol de la bahía, me desgarró el corazón en un cerrar y abrir de ojos.

—Me iré a finales de este mes.

Y aunque recuerdo que desde mis adentros me intenté obligar a mantener la calma, después de horas tratando de sonsacarle aquel horrible secreto, no pude controlarme. —¿Te vas?

No llorar por la única persona que había amado durante 12 largos años era imposible.

Makoto me había acompañado desde la primera vez que le hablé, había sido la única persona con la que había soñado casarme un día. Desde aquella primera sonrisa que conseguí vislumbrar, había creído que tarde o temprano nuestros sentimientos finalmente se corresponderían, sin importar nuestras diferencias.

—¿Por qué ahora?—pregunté, luchando por evitar que el sollozo sonara, —¿a caso no vas a luchar por quedarte?

Le oí chasquear la lengua. —Es algo que me vendrá bien, Ayumi.

A pesar de que estaba acostumbrada a su frialdad, aquella respuesta impactó con más fuerza en mis oídos. ¿Estaba siendo egoísta? Ni siquiera me había aferrado a su camisa, ni me había lanzado a sus brazos. Aunque quería hacerlo.

—Pero—noté mi voz quebrarse lentamente —te voy a echar tanto de menos—. Avergonzada, me tapé la cara con las manos y dejé que el llanto fluyera libre.

—Y yo a ti, Ayumin—susurró, acariciándome el pelo.

Conseguí ver su sonrisa de soslayo mientras me secaba los ojos. Su actitud era tan injusta. Él, era tan injusto.

—Pero volveré, a por ti y a por todos.

—¿Eh?—tragué saliva. —¿De verdad?

—De verdad—, extendió su dedo meñique, —es una promesa.

La calidez de la puesta de sol se mezcló con su sonrisa, tibia, acogedora, familiar, y sintiéndome un poco mejor, sellé la promesa entrelazando nuestros meñiques.

Pensé que todos aquellos sentimientos, el anhelo de querer ser monopolizada, quedarían enterrados en la arena de esa tarde de agosto, pero en su lugar, la esperanza de poder recuperar a mi persona más preciada invadió toda la playa.

Durante dos largos años cada semana de Agosto, en los fines de semana volví a esa playa y, sentada en la arena, recordé esa promesa. Pero Makoto no volvió.

Makoto no volvió hasta pasados 7 años desde su promesa.



Tras dos semanas en las que nos habíamos vuelto de nuevo inseparables, temiendo que volviera a desaparecer de mi vida sin poder compartir con él todo lo que mi corazón escondía, había decidido que sería una buena idea escribir una canción en la que poder expresarme.

Fue un error, no sabía lo que hacía.

—Pensaba que ya lo sabías, todos lo saben.

No sabía que mi amor nunca fue correspondido.

—Pero, ¿de verdad creías que aceptaría salir contigo?—riendo entre dientes me acarició el pelo, descolocándolo. —Si sigues siendo una niña.

Seguramente para él aquellas palabras eran inocentes juicios de un amigo. Para mí, eran estacas que se clavaban una detrás de otra.

—Deberías pensar en madurar, dejar esos sueños de ser una estrella del rock, y empezar a pensar en el futuro—se apartó, suspiró y se dio la vuelta. —Lo siento—fueron sus últimas palabras antes de cerrar la puerta.

Detrás del bar de mi tía, acababa de ser rechazada por primera vez en mi vida. En mis manos, la carta de amor que me había costado la amistad con mi mejor amigo se burlaba de mí.

Cabreada arrugué la hoja en un puño y la tiré a la carretera.

Y aunque las luces de los semáforos y los carteles de la ciudad me cegaban, en mis ojos permanecía intacta la sonrisa de Makoto al prometerme volver.

—Si ibas a volver así...—saboreé la primera lágrima salada, —¡mejor que nunca hubieras vuelto!—gritando desconsolada, me senté en el suelo, escondí mi rostro entre mis rodillas y permanecí allí durante horas.

Al volver al bar, todos se habían ido y mi tía limpiaba las últimas mesas junto a su amiga Mai. Entre las tres, aquella noche, sentadas en la barra llegamos a la misma conclusión: Makoto tenía razón, debía madurar.

Durante años había estado mendigando atención de representantes y discográficas con la intención de triunfar sin éxito. No dejaba de ser rechazada, y todo por un sueño infantil.



Pero lo hice, maduré. Busqué trabajo hasta encontrar uno como periodista en una revista del corazón y a los meses me mudé a Osaka, donde conseguí convertirme en una persona seria, responsable y, lo más importante, madura.

Y dos años después regresaba a Tokyo, a mi ciudad, donde todo comenzó y donde todo debía acabar.

Sin embargo, al abrir la puerta de mi piso había algo raro. Un fuerte y seductor aroma a colonia masculina, «habrá sido mi tía» pensé inocente.

El recibidor tenía muebles nuevos, «habrá sido mi tía» seguí repitiendo.

Pero al entrar en el salón, un rastro de prendas me recibía. Un sujetador, una falda, un pantalón, unos calzoncillos. Por el sofá, por el suelo, la alfombra, la mesa. «¿Habrá sido mi tía?».

A lo lejos, desde el pasillo, oí el agua de la ducha correr, hasta que, repentinamente, el sonido de pisadas lo encubrió.

«¿Qué?».

Su figura, únicamente tapada por una toalla atada a la cintura, caminó firme hacia mí. Pelo descolocado, el brillo de sus piercings me advirtió.

—¿Quién eres tú?—preguntó.

Paralizada, traté de asimilar la situación. ¿Me acababan de robar mi hogar?

«Nuestro encuentro no fue el idóneo.

La explosión no fue la planeada» .

—No, quién eres tú.

Es difícil explicar lo que una persona siente cuando se enamora. Tantas emociones indescriptibles acorralan tu corazón, y finalmente, cuando menos te lo esperas, explotan.


📷

CONTINUARÁ

15 Juillet 2022 10:23:06 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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