Histoire courte
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La llamada

Una señora pegó el grito al cielo al ver volar la primera piedra. Le dio a un policía entre los ojos. Acabó el pacto no escrito de “no violencia”. Empezaron a darnos macanazos y empujones.

No queríamos pelea, pero estábamos dispuestos. Hace unos días se había corrido la voz de que un funcionario público había robado mucho dinero. Antes apareció en televisión diciendo que habría despidos, cero obras, que no se recogería la basura de la calle y que no parará la delincuencia. Fue el colmo. Mi novia y yo pintamos un mural. Hicimos al funcionario con una gran cabeza, símbolos de dólar en lugar de ojos, la lengua afuera, vistiendo un traje de proxeneta, contando billetes mientras a lo lejos los policías, los jueces y los diputados atendían, cual prostitutas, a las personas en el filo de la vereda.

Se molestaron, no les pareció suficiente repintar, sino que tumbaron el edificio. Nos reunimos pintores, periodistas, escritores, locutores, músicos, estudiantes, profesores y demás en una manifestación. Rodeamos el ayuntamiento por los cuatro puntos cardinales. Yo lideraba el norte, mi novia el sur, y dos amigos el este y oeste.

Cuando lanzaron las bombas lacrimógenas no quedó otra alternativa que correr. Todos intentamos ir a nuestras casas. Algunos se ahogaron con el gas o los mataron a palos. Escapé, corrí al teléfono y llamé a mi novia. Ella también se salvó con lo justo:

—¿Cómo estás? —le pregunto.

—Bien. Más me preocupan los otros. Han llevado presos a un montón. Al menos sé que de los que lograron escapar, se olvidarán de la mayoría. Los ancianos murieron.

—¿Quién tiró la primera piedra?

—¿Por qué preguntas eso? De ley fue algún infiltrado.

—¿Saben dónde vivimos?

—Sí.

—Debimos quedarnos en la calle, así al menos todo el mundo nos vería morir.

—Hagámoslo así la próxima vez.

—Ja, ¿por si hay injusticias en la próxima vida?

—Exacto.

—Al menos ya no tendré que preocuparme de mi enfermedad, querida.

—Y yo no pagaré el arriendo pasado mañana.

—¿Crees que caven fosas?

—No lo creo, son demasiado vagos.

—¡Oh!, han empezado a alterarse mis vecinas, como si nunca hubieran visto esto antes. Ocurre cada año, como desfile de carnaval o fin de año. No hay nada que hacer.

—Por mi ventana todavía no se ve mucho movimiento, no sé si es bueno o malo, linda.

—…

—Ellos mismos nos mandan a pintar paredes mostrando gente siendo explotada: pescadores o ganaderos, les parece que está bien, pero si los pintas a ellos haciendo lo que mejor saben hacer, se vuelven sensibles por arte de magia. ¡Qué hijos de puta!

—…

—¡¿Qué se creen ellos?! Nos hacen comer mierda y, ¿qué? ¿quieren que les agradezcamos y les aplaudamos?

Me doy vuelta y la puerta se abre de golpe.



Es texto apareció en la Revista Literaria Pluma de Argentina.

8 Juillet 2022 14:46:05 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Gabriel Martínez Barre Soy un ingeniero al que le gusta mucho escribir. Fui uno de los ganadores del IV Certamen Literario “Orellana lee” organizado por MACCO-EP del Ecuador. Fui uno de los ganadores del Concurso “Derivas Urbanas” organizado por el Festival de Narrativa de Bahía Blanca de Argentina. Mi trabajo ha aparecido en distintas antologías y revistas de Estados Unidos, Sudamérica y Europa.

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