u15715377901571537790 Gláucio Imada Tamura

Cuando la casi tragedia de un hecho inesperado acaba transformando la relación de un padre y un hijo que no se llevaban bien.


Récits de vie Tout public.

#padres-e-hijos #reecuentro #relación #familia #amor #drama #cuento #viaje
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Capítulo uno

Con cincuenta años ya abarrotados en mi espalda, casi no tengo memoria de las experiencias ocurridas en mi infancia, salvo aquellos recuerdos que, por un motivo u otro, quedaron grabados en mi memoria.

Recuerdo que mi padre siempre fue un hombre ligado a la agricultura, y para él, cultivar la tierra y esperar el resultado de lo que pasó gran parte del año haciendo era su mayor pasión.

Al principio no teníamos una buena relación. Y creo que esa distancia entre nosotros acabó cooperando en la construcción de un sentimiento de infelicidad cada vez mayor en el seno familiar.

Debido al arduo trabajo, raramente mi padre disfrutaba de momentos conmigo, pues estaba siempre ocupado en la chacra con la preparación del suelo, la siembra y con la cosecha que vendría.

Sufrí mucho su ausencia, principalmente en la preadolescencia, cuando un torbellino de dudas relacionadas al mundo comenzó a brotar de mi mente para castigarme. Con eso, una hora nos peleábamos; otras veces yo me hacía la víctima y me aislaba en la habitación, a veces me quedaba sin hablar con él por días seguidos.

***

Para mí, papi vivía más en la chacra que en la ciudad. Pero cuando surgía una oportunidad de estar junto a él, yo bien que me esforzaba por salir de mi rutina cansadora de tener que levantarme todas las mañanas para ir a la escuela.

Una vez, mientras guardaba un cajón de madera en la carrocería de la D-10/86, papi me preguntó:

— Hijo, tú quieres ir a la chacra con papi?

— Cuándo vas papi? — pregunté.

— Estoy yendo hoy. Papi tiene que llevar esta pieza para que nuestro tractor vuelva a funcionar...

Como eran vacaciones, acepté, claro!

Horas después el viaje de Goiania hasta la ciudad de Santa Silva en el Mato Grosso, por lo que recuerdo, ya duraba bastante tiempo. Y como a veces quedaba con las nalgas cansadas de tanto estar sentado, inmediatamente papi paraba en la banquina para que hiciéramos pis, o para que él recogiera frutas que caían de los árboles al borde de la carretera.

Aquellas paradas eran sólo alegría para mí! Al final, lo que yo más quería era la oportunidad de probar la cometa de papel que yo mismo había confeccionado con los restos de los materiales que sobraron de la última fiesta junina. Pero recuerdo que sucedió una cosa:

— Papi! Papi! Mi cometa quedó atrapada en el poste! — exclamé incrédulo — Puedes sacarla de allá?

Como luego de mucho intentar papi no logró rescatarla, después que partimos sólo me quedó mirar por la ventana trasera de la D-10/86 hasta que la imagen de la cometa desapareciera por completo en el paisaje nostálgico que de a poco fue quedando atrás.

Un tiempo después, al notar mi tristeza, papi intentó alegrarme:

— Ey, hijo, no debes quedarte con esa cara. Te prometo que te compraré otra cometa igualita en la próxima ciudad.

***

En la chacra, el cobertizo estaba construido en la parte más baja del terreno, a unos cincuenta metros de distancia de los tanques que alojaban a los peces. Con troncos de madera puestos lado a lado, el tejado del cobertizo era todo forrado con hojas secas de cocotero.

No había vecinos por allí, y la ciudad más próxima — llamada Rondolandia — se ubicaba a treinta kilómetros de donde estábamos.

En un ambiente totalmente opuesto a las cosas de la gran ciudad, rápidamente mi alma quedó tranquila, más pacífica, y sucedió que poco a poco me fui purificando de las intoxicaciones tecnológicas que gran parte de los niños de la actualidad, desde temprano, aprenden a adorar.

Lo primero que hice cuando llegué fue elevar la cometa nueva que papi había comprado, pues los vientos aún eran favorables.

— Papi, quieres jugar conmigo?

— Claro, hijo mío! — dijo él muy entusiasmado al ver mi cometa allá a lo alto — Ahora déjalo a papi mostrarte cómo hace una pirueta... — Luego papi tomó el carretel de mi mano y, en cuanto la cometa fue envuelta por un viento más fuerte, él comenzó a dar toques hacia la derecha, y cuando ella se desplomó de golpe hacia abajo, él fue recogiendo la línea con ambas manos.

— Mira la cometa cómo hace una pirueta! — dijo él.

En la inmensidad del pasto no había ningún obstáculo que me pudiera molestar, de forma que, en cuanto papi me entregó el carretel de nuevo en mi mano, fui liberando mucho más hilo que antes, hasta que la cometa quedara cerquita de las nubes.

— Dónde está la cometa?! — Papi se sorprendió. Después él me acarició el cabello y me elogió a continuación — Tú lograste levantar la cometa tan alto que ahora ella es sólo un puntito negro en el cielo, no?

***

En cuanto anocheció, comenzamos a apreciar la sinfonía de los sapos, los escarabajos y de algunos grillos cantantes entonando un conjunto de melodías ...


Continuará...


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17 Juin 2022 19:04:18 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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À suivre…

A propos de l’auteur

Gláucio Imada Tamura Eu sou um contista nipo-brasileiro que se dedica a escrever sobre temas relacionados ao drama, horror, terror, suspense, mistério, às vezes somando tudo isso com boas doses de humor. *** Ebooks a venda no Google Play***

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