ragnar_iverkor Ragnar Iverkor

Una historia de amistad entre una niña y un ser monstruoso. Una historia de una sociedad que castigara dicha amistad. ¿Pero la sociedad puede ganar a la verdadera amistad?


Fantaisie Fantaisie sombre Tout public.

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Capítulo 1

El último día de invierno era el mejor y peor día del año para Lilian. Su padre llegaba siempre junto a la primera luz del día, y eso significaba sufrimiento, pero también muchos regalos provenientes de los lugares más exóticos del mundo.

Desde su niñez, había recibido constantemente tanto trabajos artesanales provenientes de las Islas Nubladas como piedras preciosas que sólo podían encontrarse en el interior del gran volcán de Canogar. Pasando por muchos otros objetos imposibles de conseguir para cualquier otro vecino de Reposo del Río, pues eran un pueblo de lo más humilde en el que con suerte lograban sobrevivir día a día con lo poco que tenían.

Halthor, su padre, a diferencia del resto de sus vecinos había amasado una gran fortuna la última década gracias a su capacidad excepcional para el comercio. Su falta de escrúpulos también ayudó en muchas ocasiones, aplastando a quien hiciera falta para lograr aumentar el beneficio. No importaba si ese aumento era insignificante, para el padre de Lilian una moneda extra era excusa suficiente para acabar con cualquier obstáculo. Aunque este fuera humano.

Aquella mañana el sol salió más tarde de lo habitual. Un carruaje acompañaba a los destellos del sol en el horizonte. Seis hombres ataviados con armaduras de cuero negro y un hombre regordete vestido con ropajes ostentosos y adornado con joyas que cubrían sus manos y cuello.

La cerradura de la habitación de Lilian se cerró por fuera. Su madrastra, como solía hacer ante la llegada de Halthor, le encerraba para acaparar toda la atención durante su llegada. Los celos que sentía por Lilian eran irracionales, pero no podía controlarlos y en ocasiones había llegado a agredir a la pequeña niña solo por abrazar a su propio padre. Evitando en todo momento que él se enterara, pues no aceptaría que nadie golpeara a su hija. Excepto el mismo como había hecho en el pasado, tantas veces que se había convertido algo natural para Lilian.

La niña se acercó a la ventana para observar la llegada de su padre. Siempre había disfrutado viendo la llegada de aquella comisión que llevaba su padre a todas partes

Su madrastra Alina corrió a los brazos de Halthor en cuanto llego este a la puerta de casa, le besó apasionadamente y comenzó una conversación entre ambos. Como era habitual, el comerciante ofreció joyas de gran valor a su mujer y la agasajó durante lo que fue una eternidad para Lilian.

Una vez se habían puesto al día mandó a Alina a buscar a su joven hija.

La puerta se abrió bruscamente y los ojos negros de Alina miraron con odio a Lilian. Se podía leer en su mirada un odio puro e infinito. La misma que tenía cuando encontraba ratas comiendo el grano del almacén. O cuando Helda, la hija del sacerdote de la aldea, paseaba por el pueblo y era adorada por todos, con más halagos y cariño del que ella había recibido nunca.

—Tu padre quiere verte, mocosa —dijo Alina.— Y empieza a vestirte como una mujer de una vez. Ya tienes trece inviernos, con suerte este año encuéntranos algún idiota dispuesto a casarse con una niña inútil y malcriada como tu.

Caminó hasta el armario y sacó un vestido azul digno de cualquier noble de alta cuna y lo lanzó a la cara de Lilian con brusquedad

—Ponte esto y baja a dar la bienvenida a tu padre—le lanzó una última mirada de desprecio.— Y rápido, tu padre es un hombre ocupado y no tiene tiempo para perderlo contigo.

Lilian agarró el vestido con sumo cuidado y asintió con lágrimas en los ojos. Aunque llevaba toda la vida soportando a su madrastra, aún seguía doliendo como el primer día cada palabra que le dedicaba.

Una sonrisa de satisfacción apareció en el rostro de Alina en cuanto vio las lágrimas en los ojos de la niña. Cerró la puerta y se marchó.




Los hombres de la guardia de su padre siempre habían intimidado a Lilian. A pesar de haber compartido tiempo con ellos desde que era pequeña, aún seguía evitando mirarles a la cara. Eran raras, distintas a las de cualquier otro habitante de Reposo del río. Estaban llenas de tatuajes con runas, lo que para la joven no eran más que letras y garabatos sin ningún sentido pero que a su vez creaban un aura siniestra alrededor de aquellos hombres.

Sabía que era algo tradicional en los pueblos del norte, lugar del que provenían todos los miembros del pequeño regimiento reclutado por Halthor hacía ya más de 15 años y que aún seguían a su lado. En las tierras de origen de aquellos hombres, los guerreros solían llenarse el rostro y el cuerpo de símbolos para asustar más a sus enemigos, como una estrategia para que nadie se atreviera a atacarles.

Al menos, eso es lo que siempre había pensado Lilian. Incluso conocía a alguien que usaba una técnica similar, Dorian, un chico dos años mayor que ella que solía pintarse el rostro con sangre para asustar al resto de niños de la aldea y así lograr que obedecieran cualquier capricho que tuviera. A ojos de Lilian, aquel rostro sangriento no causaba otra cosa que risa.

En cuanto Lilian bajó a la planta baja de la casa con el hermoso vestido azul, Halthor le abrazó con demasiada fuerza.

—¡Cuánto has crecido este año, Lilian! —exclamó feliz mientras la observaba de arriba a abajo.— Si sigues a este ritmo en menos de un año podremos casarte con algún joven distinguido para mejorar el renombre de nuestra familia.

Se hizo un nudo en el estómago de la chica. Empezaba a ser consciente de lo implicaba hacerse adulta y cuál sería su papel en la vida le gustase o no. Solo un milagro podría cambiar su destino.

Agachó la cabeza y mantuvo un silencio sepulcral.

Su padre supuso rápidamente lo que la niña estaba pensando. Con un movimiento de cabeza indicó a uno de sus hombres traer una cajita de madera con decorados de oro.— No estés triste, hija mía. Encontraré un buen pretendiente para ti y la vida te tratará bien, yo me encargaré de ello.

Aquellas palabras no tranquilizaron a la pequeña pero la curiosidad ante la pequeña caja hizo desaparecer todos los pensamientos negativos en un instante.

Abrió su regalo con alegría y sacó de allí un colgante de lo más extraño. La cadena era de un metal negro como la noche, y en su interior había una mano esculpida en oro con precisión milimétrica, casi parecía real. Agarraba una piedra que pocas personas en el mundo habían llegado a ver. Era azul y brillaba con una intensidad similar a la de una luciérnaga.

Halthor agarró aquel colgante y lo colocó suavemente alrededor del cuello de Lilian.

—Quien me vendió este colgante me contó su historia. Ha pasado por el cuello de muchas reinas a lo largo de los siglos —le miró a los ojos con una sonrisa.— Incluso Relia, la emperatriz más famosa de Drazia, se hizo con el y lo llevó durante toda su vida. ¿Ella era tu gran ídolo desde pequeña, no?

Lilian asintió enérgica. No podía creer que aquel colgante hubiera tocado el cuello de la mujer que cambió el mundo, llegando a gobernar el mayor imperio nunca conocido. Siempre había soñado con llegar a conseguir algo similar e incluso jugaba imaginándose siendo ella y viviendo sus aventuras.

—¿De verdad este colgante le perteneció, papá? —preguntó emocionada.

—Si. Y ahora es todo tuyo, protégelo y demuestra al mundo que eres y serás tan grande como lo fue ella.

—Lo haré. Prometo protegerlo y llegar a ser tan grande como Relia—exclamó Lilian mientras hinchaba el pecho y alzaba la cabeza con orgullo.

Halthor revolvió el pelo de Lilian sonriendo, y ella le devolvió la sonrisa para justo después abrazarle con fuerza. Agradeciéndole el mejor regalo del mundo.

6 Avril 2022 10:14:27 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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