aladrada Ada

Bienvenido, usuario. Por favor, ingresa nombre de usuario. Por favor, introduce fecha de nacimiento. Por favor, autoriza geolocalización. Por favor, introduce contraseña. Repite contraseña. Un momento... Generando perfil... ¡Gracias por la espera! Ahora imagina que te queda poco tiempo de vida y responde: ¿cuál es tu último deseo? **************************** ▪︎Heterosexual. ▪︎Drama, romance, problemas de la vida. La historia aborda el tema del suicidio y contiene algunos conceptos de Psicología. ▪︎Portada y separador: ScaryPark Inicio Febrero 2022. Reescrita: Inicio 22.10.22 | En proceso Obra sujeta a derechos de autor. Prohibida su copia total o parcial y/o adaptación. ©️ Aladrada.


#97 in Fanfiction #95 in Groupes/Chanteurs Interdit aux moins de 18 ans. © Todos los derechos reservados. Código de registro: 2203260805950

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La aplicación

Vivimos en un mundo dominado por la tecnología. Para nuestros padres era impensable pagar por el móvil, estudiar a través del aula virtual o solucionar nuestros quehaceres dándole a un simple clip. Porque sí, este es nuestro mundo: el mundo del clip. Que se te rompe una tubería, clip a la web "Reparaciones y Averías" y listo. Que quieres comprar ropa, clip en tu app de moda favorita (eso sí, conviene cerciorarse primero de la talla y no jugar a las modelos, que luego vienen los disgustos). Que te urge salir con alguien, clip en alguna red de solteros, que no hay pocas, y a cruzar los dedos para no encontrarse con algún idiota que ha trucado la foto de su perfil. Y, si lo que necesitamos es hacer un regalo a un amigo, lo que hay que hacer es ir a esa aplicación nueva, la que con los datos que pongas te sugiere lo que le posiblemente le gustará, y asunto arreglado.

Sí, así funcionan las cosas ahora y es muy diferente de lo que mi madre cuenta sobre su adolescencia, cuando había cabinas telefónicas por las calles y solo un canal de televisión. En ese entonces la vida diaria transcurría a cara a cara, a través de relaciones humanas que poco a poco han ido siendo sustituidas por aplicaciones utilitarias y de entretenimiento. No es que sea malo, claro que no, pero quizás antes fuera un poco mejor y, con franqueza, en lo personal, a mi el exceso de ofertas que no sirven para nada en el dispositivo móvil me disgusta. Cualquier persona se llama a sí mismo "desarrollador" , siento que hay pocas cosas que realmente marquen la diferencia y, desde luego, aplicaciones como Último Deseo, creada para satisfacer los "teóricos últimos deseos que nos gustaría haber cumplido antes de morir", no contribuyen a mejorar mi perspectiva.

Literalmente me parece absurdo que exista algo así y, sin embargo, a la gente le encanta porque circula como la espuma por la Facultad de Psicología en la que estudio como si fuera la joya de la corona de la red móvil. De eso bien que se ha ocupado Lisa, la delegada de clase que, a parte de ser la cara publicitaria en los carteles de la Universidad, se está formando para ser modelo y se lo tiene un poco subido (aclaro que no tengo nada en contra de las modelos).

Bueno, por volver al asunto, el caso es que Lisa ha sido la responsable de que ahora todos mi alrededor planifiquen sus "deseos pre muerte" con la misma alegría con la que se prepara una fiesta de cumpleaños. Apareció una mañana, con su melena de mechones dorados y rosas perfectamente planchada, se plantó en la tarima del profesor, muy digna ella, y nos echó una charleta motivadora sobre lo que denominó "lo más top de las redes que debes tener sí o sí a menos que no desees ser llamada persona en este mundo". Y, obvio, con ese eslogan, ¿quién no se la iba a descargar?

—Verónica. —Mi amiga Soo Bin, sentada en la banca de atrás, me tiró de la chaqueta—. Eh, Verónica.

—¿Qué pasa? —mascullé, sin levantar la cabeza de los apuntes de Psicoterapias que estaba transcribiendo.

—¿Sigues sin instalante la aplicación?

Evidentemente. A duras penas tenía perfil de Instagram, y eso que lo de publicar fotos podía entenderlo (en parte, porque compartir la imagen de tu desayuno diario, ¿en serio es necesario?).

—Ya lo haré —le di largas.

—¿Cuándo? —insistió ella—. Ya sabes que el decano dijo la semana pasada que Último Deseo se está utilizando para realizar un experimento social y que subirá la nota global de todos los estudiantes que participen.

Sí, recordaba perfectamente esa conferencia. Querían aprovechar el tirón de la aplicación para estudiar si su uso era capaz de aumentar la empatía social o por el contrario, al frivolizar sobre los anhelos ajenos, nos haría más inhumanos.

—A mi tener un poco más de nota no me importa. —Me giré y me encontré su cara redonda en forma de puchero. Bah—. Además, no creo que conocer los deseos ajenos sea positivo a largo plazo.

—Pues yo sí —me contradijo—. Saberlos despierta la necesidad de cumplirlos y, por lo tanto, contribuye a la felicidad general.

—Pero se pierde el factor genuino.

—¿Y eso que tiene de importante?

—Que no quiero que alguien me haga feliz porque lo diga una app.

—Sigo sin entenderlo.

El sonido de timbre, anunciando el comienzo del tiempo de sobremesa, cerró la conversación. Genial. Fin de la sesión matinal y fin de aquel intercambio de opiniones que no iría a ninguna parte, aunque mi compañera decidiera seguirme por el pasillo enganchada a la susodicha app con el único fin de husmear el ambiente a su alrededor.

—Oh... ¡Jajaja! —La escuché carcajearse a mi espalda—. ¡Alguien ha escrito que desea comer helado de menta antes de morir! —Me tragué el comentario al respecto y seguí caminando—. Si consigo averiguar quién es y cumplo el deseo me darán cien puntos.

Sacudí la cabeza. Helado. Costaba creer que algo tan absurdo fuera usarse para investigar la empatía social. Me parecía una tontería tan pero tan grande... En vez de Último Deseo debían haberlo llamado Última Estupidez. "Bienvenido, usuario" me inventé en mi fuero interior la vocecita de la computación. "¿Tienes una última estupidez que desees cumplir por si acaso te mueres inesperadamente?"

Atravesé las taquillas y pasé rozándole el hombro a un par de chicas de primero que cuchicheaban entre ellas con los ojos pegados a la pantalla del móvil de una de ellas.

—¡He desbloqueado la opción de agregar más deseos! —decía la que sostenía el aparato, con la felicidad tintineando en cada palabra—. Ahora puedo poner hasta tres.

—¿Cómo lo has conseguido? —preguntaba la otra—. A mi no me ha salido todavía.

Rodeé las peceras, llamadas así por tratarse aulas acristaladas destinadas a hacer trabajos en grupo, comer lo que uno traía de casa o simplemente charlar entre clases. Estaban hasta arriba y , por supuesto, todos parecía estar clavados con el mismo rollo de los deseos, intentando adivinarse los unos a los otros quien había escrito qué, entendía que porque eso daba puntos y los puntos te permitían ampliar el perfil (seguía sin comprender para qué).

Nos cruzamos con los del aula de informática, que salían a comer, con el conserje y su carrito de limpieza, y con Min Yoon Gi, uno de los sumbaes y el tipo serio y con cara de pocos amigos por el que Soo Bin bebía los vientos, y que, fiel a su estilo, andaba tan absorto en el libro que estaba leyendo que no nos respondió cuando le saludamos.

—¿Crees que ha sido él? —Mi amiga le siguió con la vista, embobada del todo—. El del helado, digo —aclaró—. Sería súper tierno imaginar que le gustan las cosas dulces y toda una suerte para mi. Si se lo compro puedo establecer contacto y lograr que me tenga en cuenta.

Le recordé una tarde del curso pasado en la cafetería, tomando café negro, más solo que la una, y sin tocar el plato de galletas que la chica del servicio le había dado a probar.

—No creo que a Min Yoon Gi le gusten el dulce —concluí.

El rostro se me oscureció al llegar a la salida. Vaya por Dios, ya estaban otra vez ahí los del equipo de atletismo, haciendo el tonto, husmeando en las máquinas expendedoras en busca de mierdas energéticas y cortando el paso, para variar. Me metí entre ellos, sorteándolos como pude. De verdad, no entendía por qué les gustaba perder el tiempo aquí cuando su sitio, la Facultad de Ciencias del Deporte, era más grande y bastante más moderna.

—¿Ya vas a corriendo a hincharte los carrillos a comida como los cavernícolas?

Jung Kook, cómo no, se me atravesó cuando ya tenía un pie fuera, con su porte de atleta todoterreno y esa pinta de malote que remarcaba adrede con sus piecings en la cara y el labio, el brazo tatuado y esa mirada soberbia que tanto me repateaba.

Jeon Jung Kook. Le conocía a la perfección porque, por desgracia, su madre era amiga de la mía y decir que le tenía manía era decir poco. Siempre me tenía que soltar alguna de sus "gracias sin gracia" y a mi siempre se me subía la bilis a la garganta.

—Al menos yo como como las personas normales — repliqué—. No mido cada gramo de grasa por si afecta un milímetro a la perfecta plancha de mi ombligo.

—Por lo que veo te conoces bien la plancha de mi ombligo, ¿eh? —Se inclinó ligeramente sobre mi y sentí como si me dieran una especie de bofetada en la cara. No le soportaba—. Ya sé que te pongo pero al menos trata de disimularlo, que te está mirando mucha gente y vas a quedar como una pervertida.

Kim Tae Hyung, su inseparable amigo que no era más que otro estúpido de mucho cuidado que se creía poco más que el rey de la belleza de Corea, rompió a reír y el resto no tardó en seguirle. Idiotas.

—Sí, te vi la tripa. —Me esforcé por permanecer altiva pese a la incomodidad de la situación—. Fue el día en el que te caíste en el entrenamiento de vallas y te pusiste a lloriquear como un bebé porque te habías rasguñado la rodilla.

El orgullo por mi comentario se esfumó en cuanto se le iluminaron los ojos.

—Ah, sí, yo también te vi a ti —contestó—. Te morías por tirarte sobre mi y soplarme en la herida bien pero bien cerquita pero, como vas de tímida, te reprimiste y te tuviste que conformar con mirar.

Me sentí arder por dentro (de rabia, aclaro). Se merecía un empujón, como mínimo, pero, como no podía golpearle y tampoco se me ocurría ninguna genialidad con la que contrarrestar la suya, hice de tripas corazón y opté por esquivarle y simplemente salir.

—¿Vas a ir luego al restaurante? —Le escuché por detrás, aludiendo al negocio de mis padres—. ¿Les puedes decir a tu padre que hoy no voy a poder ir a ayudarle con el almacén?

—Tienes boca. Díselo tu.

En ese momento fue cuando Soo Bin me tiró de la manga. Fue entonces cuando me mostró el móvil, con los cientos de mensajes anónimos de Último Deseo apareciendo a medida que caminábamos. Y fue entonces cuando me señaló uno. Uno de los de abajo. Uno que, por alguna razón, activó en mi un sentimiento de alarma.

"Deseo que cuando ponga fin a mi vida, alguien haya sido capaz de conocerme y me recuerde por cómo soy". —Leí, en voz alta—. "Mi último deseo es suicidarme cuanto antes con esa tranquilidad".

Madre mía. Eso tenía que ser una broma. ¿No?


N/A: 26/10/22 He dedicido corregir y reescribir esta historia desde el principio. Hay detalles que quiero mejorar y personajes que creo que que me estaban quedando un poco planos así que me he puesto a revisar.

26 Octobre 2022 11:51:04 8 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Ery Warudo Ery Warudo
Ohhhh me encanta, por fin pude empezarla Otra de tus genialidades mujer
November 24, 2022, 05:41

  • Ada  Ada
    Muuuuchas gracias. Me hace mucha ilusión que le hayas podido echar una miradita. Genialidad no sé si sea tanto pero yo estoy disfrutando mucho de escribirla. November 25, 2022, 07:12
Cl Caeli lali
El final :o
July 27, 2022, 22:27
DoubleMoNiEe_ DoubleMoNiEe_
Me quedé tipo así 😨con lo último, ahhh
April 02, 2022, 13:48

  • Ada  Ada
    Habemus enigma April 02, 2022, 15:16
amanda jeon amanda jeon
Desde el inicio interesante , tus historias son atrapantes desde el comienzo
February 16, 2022, 21:22

  • amanda jeon amanda jeon
    Siiiiiii♥️ February 16, 2022, 23:07
  • Ada  Ada
    ¡Amanda! Muchas gracias por venir tan rápido. Estate atenta a No More Dreams. February 16, 2022, 22:40
~

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