svamr SVA MR

Estaba huyendo, aterrada, en una noche siniestra. Aunque le habían dicho que no entrara a esa casa, prefirió hacerlo antes que quedarse a averiguar qué querían esos hombres de ella.


Thriller/Mystère Déconseillé aux moins de 13 ans.

#horror #terror #casa-embrujada #íncubo
Histoire courte
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Demonio

Siempre había escuchado que no tenía que entrar a esa casa. Que era peligroso y que extrañas cosas sucedían allí. Por eso, a la hora de esconderse, pensó que nadie la buscaría allí. Pasar cerca del lugar fue una fortuita casualidad.

Salía de una fiesta sola. Sus amigas no querían marcharse aún, y ella no iba a quedarse más tiempo soportante el calor, la música que no le gustaba, y estar sola, rodeada de gente borracha que no conocía, sobre todo de un trío de pesados que durante la primera hora de su llegada se la pasaron acosándola con los ojos y luego dieron paso a la acción: acercarse con sucesivas invitaciones cada tanto, como si esperasen que en cada vez ella estuviera más ebria… entiéndase, más vulnerable. ¿Por qué a ella? Estaba ya tan harta a eso de las tres de la mañana que, tirando la sororidad por la borda, solo deseaba que fueran por una de esas muchachas que se tambaleaban y “bailaban” en la pista.

Cuando creyó perderlos de vista por fin, fue a buscar a sus amigas, quienes la habían abandonado pese a prometer que amigas antes de chicos y que no se iban a separar…pero apenas se dio cuenta, ya se fueron cada una por su lado, con sus conquistas. Ella se quedó sola. Lo malo de ser la única soltera, o la que no había considerado que podía invitar a ese muchacho con el que quedó en veremos porque creyó en la promesa de que en verdad sería cosa solo de mujeres. Grave error.

En estos momentos, mientras cerraba la puerta de uno de los cuartos de la casa abandonada en la que decidió esconderse, se juró que, si se libraba de la situación, jamás les creería, ni saldría con ella por más que le rogaran. No cedería ni se ofendería si usaban contra ella la palabra amargada o aburrida para calificarla. Prefería serlo antes que estar dentro de un lugar tan aterrador, perseguida por un verdadero trío de psicópatas, que la habían seguido cuando abandonó la fiesta. Que nunca la perdieron de vista, y que, mientras ella corría para que no pudieran alcanzarla, le gritaban que le darían una lección por ser una calienta vergas. Y lo harían entre los tres.

Cuando no escuchó otros pasos en la casa, se sintió más tranquila. Tampoco había más voces. Quizás al fin no la siguieron, o no se atrevieron a entrar en la casa “maldita”. Ella, en su estado de temor y desesperación, lo había hecho…

Escuchó durante años que en esa casa pasaban cosas extrañas, que había sombras que se movían, que se sentía una presencia, que los antiguos habitantes no soportaban mucho tiempo allí hasta que por fin se marchaban. Y, hacía ya cincuenta años, nadie puso un pie en ese lugar, pero que, vista desde afuera, notaban que algunas sombras se proyectaban desde el interior.

Para ella, esos eran solo rumores. La atemorizaban, pero, desde un rincón de su mente, creía que no podía ser tan grave y que quienes venían esos fenómenos, estaban sugestionados por las habladurías. En este momento, la casa maldita le ofrecía protección contra un monstruo mucho más peligroso… el mismo ser humano.

Había tres de ellos allí afuera, esperando por ella, como fieras bestias aguardando a que la presa se descuidara para saltar en equipo y consumir su vida y su carne hasta saciarse.

Pasados unos minutos, se sintió a salvo, y decidió aguardar un poco más antes de salir. Sacó el teléfono de su bota y encendió la pantalla, alegrándose una vez más de sacarle el sonido y dejarlo en vibración. Desbloqueó la pantalla y vio que tenía mensajes y llamadas perdidas de sus amigas… sí, ahora notaron su ausencia. Por el momento, iba a ignorarlas. Que la pasaran mal como lo había pasado ella, tal vez eso les enseñaría a no volver a dejarla sola… Ah, cierto que dijo que no aceptaría otra invitación en plan Girls Night nunca más. Si llegaba a haber próxima vez, invitaría a alguien más, alguien que no la dejara tirada y la hiciera sentir acompañada.

Justo un minuto antes de que pasaran esos cinco que puso de plazo, escuchó el crujido de unos pasos en el piso. Y pertenecían a más de una persona. Maldita sea... nunca se fueron. Estaban esperando a que bajara la guardia, a que tal vez saliera para al fin marcharse y así poder atraparla… ¿Qué demonios les pasaba? ¿Estuvieron acosándola por horas, dentro de la fiesta y fuera de ella, empujándola a entrar en una casa abandonada y supuestamente maldita? ¿Es que, acaso estaban locos, la conocían y odiaban de antes, o eran un trío de psicópatas?

Se agachó hasta quedar en cuclillas, temblando y cubriendo su boca para no emitir ningún sonido involuntario. Tenía tanto miedo que sudaba frío y sentía que le apretaban el estómago.

“Qué alguien me ayude…” suplicó en un susurro casi inaudible. “Haría lo que sea… pero necesito ayuda. Por favor…”

Un viento repentino golpeó la ventana, y las nubes cubrieron a luna, cuya luz era lo único que iluminaba esa habitación. Casi todo quedó a oscuras, lo que le causó aún más miedo.

No había forma de que el viento entrara a la habitación, solo provocaba que las persianas se sacudieran… así que la suave brisa que le acarició el pelo y la ropa no tenía razón de ser. Apretó más las manos que cubrían su boca cuando, sin lugar a dudas… sintió que algo similar a un par de dedos rozando su cuero cabelludo. Podría pasar por un toque tranquilizador si no fuese porque venía de la nada misma.

Liberó una de sus manos e intentó palpar a su alrededor, encontrando solo la pared y el aire. Nada más. No había nadie allí, en esa habitación, además de ella.

El sonido de un portazo cercano la volvió a la realidad. Esa brisa, esa caricia en la cabeza, de seguro se trataba de sugestión, de su mente tratando de distraerla para que olvidara su situación. Otro portazo, en el cuarto de al lado. Su cuerpo convulsionó y estuvo a punto de caer al piso, presa del terror, cuando lo que parecía ser un brazo invisible le rodeó el torso y la mantuvo en su lugar.

Shh” escuchó, en medio del silencio.

Intentó tocar el brazo que la sujetaba, pero… no había nada. Ella sentía que estaba allí, sentía los dedos pegándose a sus costillas, pero cuando intentaba ponerle las manos encima… solo tocaba la tela de la ropa. ¿Cómo era esto posible?

La puerta de ese cuarto se abrió. Los tres sujetos siniestros ingresaron, causando un chillido a la muchacha, que ni su mano pudo evitar que saliera de su boca. Ellos la escucharon y miraron en su dirección.

—¿Escucharon eso? —dijo uno. No podía verlos bien por la oscuridad del lugar— Parece que está acá.

—Pero no veo a nadie… —comentó otro.

­—Yo escuché algo, pero no se ve nada —agregó el último.

¿Ellos no la veían? ¿Tan oscuro estaba todo?

Qué alguien me ayude… Haría lo que sea… pero necesito ayuda. Por favor…” escuchó su voz en su oído, como si ella misma las susurrara.

Haría lo que sea… pero necesito ayuda…

Haría lo que sea…

lo que sea…

¿Lo que sea?

Esto último lo escuchó de su voz, pero no fue ella. Era como si algo, esa presencia incorpórea de la casa que la sujetaba para que no cayera y que oscureció el cuarto para hacerla invisible a los ojos de los demás, ahora usaba su voz para recordarle lo que había… ¿dicho? ¿Fue que lo dijo?

Lo que sea…” susurró ella, como respuesta.

Los rumores no mentían. La casa estaba maldita.

Cuando sintió otra vez esos dedos acariciar su cabeza, emitió un chillido que alentó a los tres psicópatas. Uno de ellos sacó un cuchillo de algún lugar de su pantalón, y entonces la vio claramente: la sombra de una mano grande le agarró una pierna y tiró de ella, provocando que el idiota cayera al piso, dando un fuerte golpe, y soltara el cuchillo. Uno de sus cómplices intentó ayudarlo, pero fue arrojado contra la pared, al igual que el otro que no se había movido. Ella no los vio, pero escuchó los quejidos y los golpes.

No entendía qué estaba pasando, pero al fin se sintió un poco a salvo. Un poco. Les temía más a esos tres psicópatas mal intencionados que a la presencia de escasa que, hasta el momento, la estaba ayudando… ¿pero a cambio de qué?

Una seguidilla de golpes la despertó de su breve ensimismamiento. Desde la oscuridad, unas manos de sombras estaban jalando y torturando a sus acosadores…

Basta” suplicó en un susurro, y las manos se detuvieron. “Deja que se vayan. Solo necesito que se vayan…

Los tres, al saberse libres, se recogieron un poco y huyeron con dificultad, emitiendo reiterados quejidos. Ella solo los vio irse, aliviada, liberada, hasta que esa mano incorpórea volvió a masajear su cuero cabelludo, provocando que su voz suplicante de escuche en su cabeza, repitiendo “Lo que sea…”.

“Lo que sea…”

“Lo que sea…”

Vio como las sombras retrocedía, acercándose a ella, mientras los dedos que acariciaban su cabeza poco a poco se iban sintiendo como garras. No la estaban lastimando, era más bien una amenaza. O así lo sintió ella.

Después de esa noche, no la vieron en al menos un par de días con sus noches, aunque ella no creía que hubiesen pasado más que unas horas. No habló nunca de lo que pasó en la casa maldita, de hecho, no habló más con nadie. Siquiera gritaba cuando, en oscuridad nocturna de su habitación, veía esas manos sombra acercarse lentamente y trepar por su cama mientras las garras acariciaban su cabeza una vez más…

6 Février 2022 00:23:14 1 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
8
La fin

A propos de l’auteur

SVA MR No vivo en una burbuja. Creo que, de hecho, soy demasiado consciente de la realidad. Al menos de la mía. Soy profesora de japonés, escritora por vocación, futura Licenciada en Letras, blogger eventual, petmadre por siempre, jlover (amante de la música del país del sol naciente), tejedora, lectora y conversadora compulsiva.

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Jancev Jancev
Me gustó leerte en este genero *_*
February 07, 2022, 01:16
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