Mientras tanto... en el bus Suivre l’histoire

fzzio Fabricio Orrala

Les presento un grupo de historias contadas en primera persona. Historias inesperadas y extrañamente cotidianas. Si le sucedieron al narrador... quizás también te han sucedido a ti.


Récits de vie Tout public. © Fabricio Orrala Parrales

#urbano #chico #chica #bus #transporte #historia #romance
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Un perfume entre buses.

Casi todos los días y durante varios años mi rutina de transporte para ir desde casa hasta la universidad fue más o menos la misma. A las 06:40 aproximadamente tomaba un bus de la línea 118 en un trayecto bastante largo atravesando toda la Vía Perimetral. Luego me bajaba y tomaba el bus de la línea 121 que subía una colina y me dejaba muy cerca a la garita. El viaje se completaba cuando tomaba un tercer bus al que le llamábamos "el interno" ya que recorría todo el campus universitario.


Uno de esos tantos días (como era mi costumbre) salí apurado de casa porque ya iba tarde a clases (también era costumbre) me subí "al vuelo" en el primer carro. Fue el típico trayecto de bus matutino: mucha gente, tráfico pesado, música popular en el parlante del carro, brisa fresca aún y algunas de las personas que iban sentadas efectuando diferentes mutaciones en sus rostros al ir dormidos. En resumen, día normal.
Poco después de que me subí al bus, mientras intentaba acomodarme haciéndome espacio a la fuerza entre la funda enorme que llevaba una señora y la mochila llena de un adolescente se subió una de las chicas más hermosas que jamás había visto en mi vida. Obviamente en persona porque si fuese por la televisión o el internet le sigo ofreciendo el corazón a Jennifer Aniston.


Era de tez blanca, sus ojos negros y algo achinados, cabello muy negro y se notaba humedecido, pecas en las mejillas y un cuerpo con cada cosa en su lugar. Ni tanto que resaltara mucho, ni tan poco que se notara que falte. Ese día ella usaba labial de esos de brillos, una camiseta sin mangas de color morado, blue jeans, y creo que llevaba una mochila de tiritas.
Causó tal impresión en mí y en todos los que a la vimos que inmediatamente todo lo que estuvo alrededor se transformó en silencio. Era como contemplar una creación perfecta, ideal que podría decir que hasta era una aparición soñada. Estuvo todo su trayecto con una cara tranquila y seria sin denotar la amargura tradicional de las chicas que se hacen "las bonitas".


Llegamos a mi primera parada y empecé a lamentarme en mis pensamientos. Me tocaba bajar del bus resignado a no verla más y encima debía hacerlo rápido porque ya iba tarde. Cuando pasé cerca a ella se podría decir que me embrutecí en toda la extensión de la palabra. Pude oler su perfume de aroma dulce y fresco, ni tan leve ni tan intenso. No sé cómo explicarlo pero era mágico y combinaba perfectamente con ella, cerré los ojos para grabar ese recuerdo en mi mente. No sé qué cara habré puesto en ese instante ya que estaba a escasos centímetros de esta chica en el momento que hice eso. Debería haber sido una mueca súper rara porque cuando abrí los ojos ella me estaba viendo directamente. Lo interesante es que no me veía con cara de fastidio, regaño o algo así, sino más bien con una leve sonrisa cargada de ternura y me atrevería a decir que casi cómplice. Realmente estoy seguro que aquella fue una de las más hermosas sonrisas que veré en la vida.


El mundo para mí se detuvo un instante. No sólo quería quedarme a oler su perfume y verla cuan perfecta era. Yo quería quedarme a vivir ahí en esa fracción de espacio y tiempo para seguir disfrutando de ella siempre... pero... tenía que bajarme rápido porque mi clase empezaba a las 07:30 y carro seguiría su trayecto.
Aún con el bus en movimiento me bajé al son de "¡pie derecho! ¡pie derecho!" y después de mí se bajaban más pasajeros. Siempre he sido apurado para bajar de los buses por eso buscaba salir de ahí antes que el resto.


Y bueno... de ahí volví a mi vida normal: caminar hasta donde se esperan los otros buses, esperar (o correr a alcanzar) la 121 o cualquier bus que me lleve para arriba para tomar el bus interno. Apenas llegó el otro bus me apresuré a subirme "al vuelo" porque quería alcanzar asientos antes que se suba el resto de personas que estaban en el paradero.
Me senté e inmediatamente cerré los ojos para recordar a aquella chica en la foto mental que le saqué, Me asombré de mi capacidad de recordar a detalle la experiencia previa al punto que hasta podía percibir el aroma de su perfume, aroma que ¡cada vez era más y más intenso! ¡Tenía que estar loco o soñando¡ ¿Será posible que...? Abrí los ojos y lo descubrí: ¡ERA ELLA! ¡Y estaba subiendo a la universidad en el mismo bus... conmigo!
Todo sucedía tan rápido que mi cerebro no procesaba a la misma velocidad que iban llegando las cosas. Llegamos a la garita y yo había perdido toda conexión con mi entorno por fijarme solamente en ella. Hicimos la fila para esperar el bus interno y ella quedó delante de mi. Ahí me di cuenta que era un poco más alta que yo (que de hecho soy de baja estatura). La contemplaba mientras se recogía el cabello en una coleta y hasta me daba la impresión de que a ratos me veía de reojo. Definitivamente estaba mucho más que bruto... Estaba con cara de tarado.


Apareció el bus interno y con una angustia propia de novelas sentía que ya todo se me estaba yendo de las manos. ¡La ilusión se me estaba yendo de las manos! ¡Ella se me estaba yendo de las manos!
Tenía que hablarle ya sea sobre su aroma o su sonrisa. Sentía que era mi oportunidad e intentar cualquier cosa por más tonta que sea. Por primera vez ya no me importaba arriesgarme a la bofetada inminente... Me armé de todo el valor posible y extendí mi dedo índice para tocar su hombro para poder llamar su atención. Sin embargo, justo en ese momento... en ese preciso instante... sonó mi teléfono interrumpiendo mi cruzada.
Miré mi teléfono, me conmoví, sonreí y aquel impulso que tanto me había invadido se disipó de la manera más linda posible. Era un mensaje de texto de mi enamorada diciéndome "Amor ¿ya llegaste a la universidad? Te extraño". Le respondí "Si mi amor. Ya estaba por subirme al bus interno. También te extraño mucho. Ya quiero que sea la hora del almuerzo para vernos". Así es mis estimados lectores en aquel tiempo tenía enamorada y ella también estudiaba en la misma universidad. Me subí al bus y no intenté hacer nada más. ¡No me miren mal eh que yo amaba a mi chica.


Luego de eso, coincidí muchas veces durante varios años en los buses matutinos con esta chica casi perfecta y durante el trayecto disfrutaba todo de ella. Aún puedo recuerdo su el su aroma. Un par de veces inclusive coincidimos uno junto al otro en unos taxis informales que solían hacer el recorrido hasta la garita. Ahí se activaban mis impulsos de hablarle pero siempre terminaba recordando aquel mensaje de texto de mi enamorada y todo se calmaba.


Ha pasado mucho tiempo de esto. Me gradué de la universidad, ya no vivo por la autopista donde tomaba esos buses, ya no sigo con la enamorada del mensaje de texto (seguimos siendo amigos) y aunque sigo bajándome al apuro de los buses siempre voy a llevar en la mente el recuerdo de esta chica casi perfecta a la que nunca le hablé por la única razón de que estaba enamorado de otra persona.
Un par de veces me ha pasado mientras voy caminando por las calles de la ciudad que me llega un aroma de perfume muy similar al que usaba la chica de esta historia e inmediatamente la recuerdo. Ojalá algún día pueda tener la oportunidad de verla y contarle este capítulo de mi libro de anécdotas.


Querida chica del bus, probablemente nunca te percataste de mi presencia y quizás lo único que recordarás a éstas alturas de la vida será de toda la gente que hacía silencio cada que te subías al bus. Pero ahí entre toda esa gente estaba yo disfrutando tu presencia y me alegro de que por mucho tiempo haya sido así. Podría confesar que ciertos días mi único motivo de madrugar a tomar esos buses fuiste tú.
27 Octobre 2017 02:03:45 0 Rapport Incorporer 0
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A propos de l’auteur

Fabricio Orrala Ingeniero / Emprendedor / Runner / Escritor a ratos

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