1566617928 Francisco Rivera

Historia que aún hace eco en la memoria. Espero que la disfrute amable lector...


Histoire courte Tout public.

#-Destino #-Drama #-Eco
Histoire courte
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Ecos y otras historias...

1. Ecos

Hubo una vez, en que soñé que Horacio Quiroga me contaba sobre esa gallina degollada, un tipo de criatura en la que su mayor desgracia fue su drama de lo que hubo experimentado fuera del corral donde vivía.

Picando aquí, allá y acullá, dio con una cadena de plata y de manera inesperada se enredó esta en una de sus patas.

Así, anduvo y desanduvo sin lograr zafarla donde se había enredado; devino en nudo y quiso tal suerte que le presionara esa extremidad cual lazo de horca.

Sin saberlo a ciencia y paciencia ciertas, también ataba así su destino; y cumplió todo esto sin más atadura que la que ahora ya padecía.

Ahora, esa ave, sin saberse tampoco, bien a bien, ni cómo, pende de una rama de incierto árbol, salido uno no sabe de dónde.

Su siniestro fin nos recuerda que, en efecto:


"Las criaturas tienen casi siempre la desgracia que las grandes cosas no pasen en su casa".



2. Reverberaciones en tele versión

Al encender la modalidad de observar lo indecible, encuentro en la pantalla de cuarzo líquido un canal de salvoconductos de consumo alienado.

Las ofertas desfilan en secuencia laberíntica; me instalan de modo insospechado en la "Línea (A) Hogares de Armonía", y escucho, veo y me atiborro de novedades utilitarias de alta demanda.

Luego, una imagen de catálogo electrónico suma maquinaciones de primera vez, dentro de mí.

Así, mi predicado se anticipa a mi Yo en burdo sujeto que se desdice con trémula conciencia si cuánto observo de gangas es inherente o me pertenece, concluyendo lo siguiente:


" 'A', es línea de clóset; es inherente y/o debe pertenecerme, en tanto soy 'B', y así, asunto arreglado".


Ahora resuelvo, a las primeras de cambio, y paso a oprimir el botón de deseos de compra y se inicia la investigación de crédito en razón proporcional a lo que me es propio: ¡Y, tan se acabó...!

Además: ¿A quién le importa lo que adquiera y lo que pague en de su coste, no crees...?



3. En un ocio como cualquier otro ocio...

Leo un periódico encontrado en una banca de un parque urbano, mientras me dedico a esperar a la mujer que he conocido la semana pasada.

Me entero en un momento extraño de hechos que se conectan en mí estar de ocio y percibir los ocios ajenos de comensales del restaurante próximo al espacio de recorrido peatonal citadino en el que me encuentro.

La narración de un reportero gráfico que cubre un suceso del día, describe trazos indistintos de deducciones de escena del impacto de cierto automóvil que prensa a algunos clientes contra las vidrieras de ese establecimiento.


Esa interrupción de desayuno habitual, fuera de lo común, sobrepasa las acciones interpersonales de sólo beber café o fumar con despreocupación mañanera.

Luego, una boutique cercana al negocio afectado, hay consecuencias de interrupción de atención esmerada a clientes de transacciones en géneros diversos, producto de ofertas de novedades de temporada.

La colisión en sí, se aprovecha para sustraer varias prendas de mostradores a la mano; poco después, se hace irremediable recuento de pérdidas del día con valor nada desdeñable.


El reportero que investiga los hechos menciona crisis nerviosas de interesados en ropa de verano tras descubrir que sus hijos menores de edad corrían detrás de la mascota familiar, sin medir peligro alguno.

Esto marca una censura anónima posterior de algún circunspecto peatón, al señalar tal displicencia -aparente-, de progenitores que modelaban accesorios de género indistinto, dentro de ese negocio.

Las fotografías obtenidas del accidente alimentan la propagación de siguientes versiones sobre la causa del percance: que si la impericia del conductor al volante y el cruce intempestivo de un perro de raza fina; que si el viraje violento del automóvil sobre la acera baja del lado opuesto al sentido de circulación y su impacto directo sobre los turistas que departían alimentos tranquilamente; que si el estrés acumulado del dueño del vehículo y a su manía de conducir, mirando el teléfono móvil en segundos de ocio para atisbar cuerpos semidesnudos de mujeres jóvenes; o bien, que si eso o que lo otro…


En vista de una espera inútil tras los minutos acumulados, decido retirarme de esta porción de sociedad del ocio, y me dispongo a continuar mi vida pasiva ante el entorno urbano que nos masifica y vuelve consumistas; individualistas y faltos de conversaciones; renuentes a pasear cada vez menos y a dejar que los niños jueguen fuera de nuestra vista y atención.

Concluido esto, regreso a mi realidad y emito el grito de costumbre para llamar a mis hijos y mascota, toda vez que la mujer fallecida en ese restaurante, perdía su tiempo de vida, mientras “chateaba” con su siguiente amante

Un supuesto me domina: al no encontrarme a la vista, decide fumar y beber café mientras el resto de mi familia “adquiere vestuario” de la manera en que lo siguen haciendo como hasta ahora.


No sé si ustedes, me han de disculpar, pero es un medio lobuno y rapaz para no soltar prenda una vez cogida en garras propias…

¿Cuán malo pueda parecerles ese desgaste de ocio, queridos lectores, ante tales circunstancias…?



4. Historias vernáculas

Sin acertar a conocer la causa de la enfermedad de sólo existir, recurre a su alma para buscar remedio a viejos malestares espirituales. Considera que cuenta con respuestas precisas sobre lo que conviene a su entendimiento. Reconoce su oficio y sabe que acumula faltas invariables donde se arremolinan borracheras, hurto y carnalidades sin tregua.

Con necesidad de purga, es indiferente a la etiqueta de hacerse pasar por un individuo de grandes necesidades de redención múltiple. Las faltas continuas de acusada idolatría y celebración de ritos henchidos de supersticiones, agüeros, abluciones y ceremonias oscuras, las dedica a dioses arcaicos, lo cual resulta un asunto impostergable e indeclinable.


La celebración festiva y empecinada de alabanzas, acompañada de sacrificios que aspiran a derramar sangre impropia, convierte en veneros que semejan aguas de holocaustos a quienes parecen estar sumergidos en sus fondos, los encarnados cautivos de guerra o quienes son esclavos cebados. En ofrecimiento propiciatorio, a pie del altar y desde el degüello preciso de testas, sólo existe una acción anticipada ejercida a tajo brutal desde la cual extrae corazones bullentes que dedica a todos los rumbos del universo.

En ese lapso, corre alterno el acto de revestir en momento dado, la piel del desollado elegido; un honor inestimable y una íntima oportunidad de rellenar con su propia alma y ser, a quien ahora baila de manera incesante, todo un día y hasta el amanecer siguiente. Esa oportunidad resarce la ganancia de un espacio cósmico que parte desde su propia permanencia en la tierra donde vive y comparte los ritos en comunión.


Ante tal ocasión, expresa devoción absoluta a cada uno de los cuadrantes del destino, el mismo que ata en su alegoría metafísica, a una rosa de los vientos con que sella pactos terribles en que se desenvuelve su persona: un sitial correcto para invocar antiguas deidades de creación de todo lo existente.

La suma de alegoría e introspección declara con sapiencia encontrarse rodeado de ignorantes profundos del sino de una fe que atemoriza a testigos presenciales, separados del resto de la población convocada, pasando a comprender que su simple respirar nervioso, los torna presa de un pánico que trasuda la señal de escasos y últimos halitos de vida, cual línea indivisa de segundos de muerte.


Los instantes del lento transcurrir de ese día propiciatorio, continúan invariables y la gente se apresta a presenciar cómo esas esperanzas ajenas habrán de concluir en un esfuerzo de hacer votos necesarios para iniciar el arranque de siguientes ciclos de vida. En su preciso momento, flota en el aire ceremonioso el suspenso de atestiguar la colocación de los cuerpos firmemente sujetos en brazos y piernas, de quienes habrán de ser colocados en la piedra de sacrificios.

Conciben, en secreto, el rojo teñir del liquido que conserva la presencia y ruta del señor sol, garante del diario vivir en una tierra lastrada por la amenaza de no volver a propiciar su recorrido: Pero ahora, alumbrando el día a día del calendario devoto con que se ofrecen hombres y mujeres, adolescentes y jóvenes e incluso, niños de ambos sexos, son observadores de ese desgaste humano que ha sido llevado a cabo a lo largo del tiempo.


Luego entonces, en el aire enrarecido, hendido de acre olor, impone un sello distintivo al acto ritual de acometida de la selección de quienes, conservados por espacio de un año justo, recibieron agasajos de todo tipo en viandas, vestidos, atenciones, holganzas amorosas y un transcurrir sólo alterado por el recuerdo de llegar ser prueba posterior imaginada de sus estertores de agonía y muerte, en ese fatal momento donde el pesar y la confirmación de la continuidad de alumbramiento del astro rey, envuelve su sola e inaudita imposibilidad de dejar que se detenga esa luz que enceguece a la muchedumbre devota que clama desde su alma acongojada, y ante sus mirar desorbitado, la manera de congraciar con displacer el ofrecimiento de esa inmolación no padecida en carne propia.

Ante tales cuadros de usos, costumbres, creencias y confirmaciones de evidencias sobre lo ya comentado, queda una duda, brindada para cada lector:


¿Será verdad que, no todo pasado, es y ha sido mejor...?



5. Confianza

Cuando cierto hombre se da a desconfiar en Dios, Él, en su infinito obrar, siempre confía en aquél, sin importar cualquier ora condición humana esgrimida en semejantes y multiplicados seres humanos que deambulan por cualquier lugar del planeta entero.



6. Érase

Érase que se era, un hombre de regiones inmediatas que tenía por fronteras de ilusión y conveniencia la proximidad de los continentes europeo y asiático.

Sentía ante su vista notorio celo de ser de una y de otra parte; de saber llevar la tradición correspondiente en cada momento.

De preciarse del legado medieval de su persona como de ser, a un tiempo, paisano identificado con la veneración de costumbres del Viejo continente y ser un resuelto hombre del Oriente, pero al mismo tiempo, mostrarse indeciso para reconocer qué admiraba más de todos los pueblos situados más allá del Mediterráneo.


En ese dilema que se ahondaba día a día, un amigo de viajes por el mundo conocido, le entregó un pergamino que incluía un celoso trazo de la antigua ciudad griega que le reclamaba su origen megarense.

Reconoció en el acto el mensaje cifrado y decidió trasladarse a las orillas del Bósforo; una vez ahí, pronunció las palabras de ese tesoro, haciendo énfasis en cada palabra extraña que no entendía por completo.

Cuando fue escuchado por quienes transitaban en sus caravanas de especiería, lo aprendieron de manera presta; lo condujeron a la autoridad inmediata, quien lo juzgó a muerte: ser decapitado sin más, por la ofensa hecha a esas tierras que por entonces, le faltaba por recorrer.


Una vez concluida su vida, su cabeza queda en prueba de escarnio ante quien osara en lo sucesivo a maldecir desde tales palabras, que Constantinopla habría de caer como capital del Imperio de Oriente bajo poder turco y en un aciago año de 1453.

Zanjado el acto de justicia, los días y asuntos del emperador de Bizancio o de Oriente, el gran Teodosio I el Grande, decidió tomar cartas en el asunto y dividió para su causa y heredad, aquel vasto Imperio romano, dando a sus dos hijos: Honorio, la porción de occidente y a Arcadio, la correspondiente al oriente.

Quiso el destino que en parte se cumpliera lo que tales palabras sacrílegas había exclamado aquel hombre de presunciones vastas, pues la égida del emperador occidental sobrevivió hasta el año 476 y el de oriente, hasta ese año funesto.


La historia consigna lo que los libros y sus tratadistas han escrito: que si Justiniano intentó restaurar el antiguo Imperio romano en el siglo VI, después de Cristo; que si las luchas calamitosas enfrentaron a persas y a vándalos; a ostrogodos y a una consecución efímera de gran porción territorial.

Para los entendidos en esas realidades de enfrentamientos cruciales, siempre existen pueblos que, como aquel hombre sacrificado, promovieron que los sucesores reales que acabamos de mencionar perdieran posiciones en el Mediterráneo occidental y los persas terminaran apoderándose de toda la parte oriental del Imperio.

Visto así, el famoso "érase que se era", de un hombre de regiones inmediatas que tenía por fronteras de ilusión y conveniencia la proximidad de los continentes europeo y asiático, volvió a repetirse en la marcha de la posteridad e incluso, en el tiempo actual, las tensiones y las ambiciones no parecen cesar, quizá, debido a que aquel sacrificado nunca hubo de recibir honores fúnebres en forma y a fondo, pues el vaivén de su propio sentir desde esa vista notoria henchida de celo por sentirse de una y de otra parte, no parece avenirse con la tradición que corresponde a cualquiera de ambas partes, y no, precisamente, sólo a una...



7. Altura

En este momento preciso, me apresto a hacer un trazo primigenio que corresponde a la letra inicial del alfabeto griego.

Vuelo a intentar el ejemplo aquél que llevó a Aristóteles a la construcción señera de su silogismo primario.

No obstante, el parloteo de cierto vecino cercano me impide desenvolver un capítulo propio de vida, decidiendo dejar para mejor momento el siguiente intento de esa edificación filosófica.


Luego, sin reparo necesario, me doy cuenta que el Estagirita, mi vecino y yo, tomamos dictados del corazón para descubrir que nos encontramos, ni en avance, ni en retroceso de vida.

Nuestras existencias son desemejantes, y donde sólo el filósofo ha concluido lo que tenía qué aportar al resto de la humanidad, nosotros, simples mortales, nos dedicamos a sortear la vida en un respectivo azar que, para maldita la cosa, le tiene sin cuidado el orden perfecto del alfabeto, su origen y consecuencias vastas y no menos complicadas, mediante las cuales se permite entrar en comunicación, quienes vivimos en cualquier parte del Globo Terráqueo.



8. Segundo intento en Aristóteles

Decidido a no fustigarme en los vaivenes sentimentales, un silencio tácito me sorprende ante la ausencia de la intemperancia de mi vecino, proclive hasta el cansancio en lo que me incomoda de su ruido cotidiano.

Ahora me persiguen otros ruidos ajenos a mi realidad, a mi escandaloso vecino y al absurdo de vida que inhibe la oportunidad de entender lo que hay dentro del Ser y del No Ser.

Entonces, mi personalidad reverbera ante la falta del importunado silencio del vecino; así, el choque de personalidades cotidianas se torna ausente.


Asisto a un nivel de delaciones propias que me avergüenzan los pensamientos recién concebidos, cuando asocio a ese maldito congénere.

Por todos los diablos, confieso lo que me ronda por la mente: reconozco que me resulta más curioso que yo; que detracta mis actos, antes que yo; que considera mis pensamientos más comunes que corrientes; que se atribuye mejores tribulaciones que las mías, y así, cada cosa, hasta terminar enervando mi alma, mente, corazón y entrañas.

Para triste consuelo, dentro de esta distancia social con quienes logro congeniar, no siempre progresamos en las creencias que mostramos ante la pantalla virtual que nos reproduce desde esa comunicación interactiva.


Ese falso remedio de males pero de peores coles, intentan convencernos de encontrarnos en el mundo inmediato donde las hojuelas de las redes sociales, manan baños de hiel por doquier.

Y la docta ignorancia saca raja de dinero en depósito vía monedero electrónico para despersonalizar la colección masiva de gente que no conocemos; que ni nos conoce bien a bien y en la cual, todos, sin excepción, somos la excusa del logaritmo fino que invade nuestra privacidad permisiva, a efecto de no quedar a la deriva de lo que el mundo hace en el ciberespacio.

Por lo anterior, enlazo mi pregunta, del siguiente modo:


¿Podrá el Estagirita dar luz a mis retruécanos filosóficos durante este arranque del segundo vigésimo del siglo XXI?



9. Acotaciones 2

¡Hola! Me presento ante usted, amable lector y atenta lectora. Soy ese tipo de ser humano que hace de su vida una obra indispensable para facilitar las fatigas diarias, pero ajenas que se ciñen en cada momento del trabajo, de la estancia en el hogar e incluso en ese estilo de vida que ustedes llevan a cabo bajo la excusa social del retraimiento humano de los últimos dos años.


Soy -en primer lugar-, una cuarta edición reservada que calla y otorga respecto al concepto de lo que, por separado, suelen ustedes reducir a términos estrictos como "filosofía de la vida". Me llama la atención la manera en que ambos o por separado establecen sus niveles de lenguaje, sobre todo cuándo dedican sus raras reflexiones a la manera en cómo hablan. En segundo lugar, desde el propio lenguaje de género que emplean para comunicarlo ante sus semejantes, sean hombres o sean mujeres-.


Sin embargo, su lenguaje coloquial, mantenido hasta hoy día, resulta fluido cuando me introducen en sus respectivas atmósferas que flotan en una desconcertante vaguedad que no especifica, de manera concreta, lo que expresa cada cual o lo que, por cada parte, llega a sostener de uno a otra y de ésta hacia aquél; algo bastante extraño pero recurrente, pues no lo pueden evitar en presencia de extraños o de conocidos.


En la disputa de ayer, por ejemplo, no acertaron a contestar de modo satisfactorio y con exactitud matemática, la pregunta toral del Dueño del Jardín del Edén. Cómo ustedes saben, y dadas las consecuencias últimas, maldigo la hora en que se comieron esa manzana de la advertencia. Por supuesto que surgieron sus respectivas versiones. Sin dar ni aceptar validez a sus argumentos, hubo necesidad -o excesiva necedad- para presentar al respetable quórum que reunió a su Comité de Tal Sitio, para dirimir en favor de uno o de otra e incluso en ninguno.


Pues bien, esa manera de proceder enemistó tanto a los gramáticos y a los lingüistas, pero también a los lexicógrafos más afamados que establecen juicios de valor en todo momento. En la Orden del Día se estableció la aclaración pertinente de las confusiones externadas por la pareja del Creador. Ahí retumbaron las evidencias que separaron lo semejante con su analogía. Se hicieron de palabras y de nieblas envolventes que oscurecieron la luz del camino dentro del horario establecido para dirimir diferencias.


En momentos determinados pude presenciar cuánto dejó de iluminarse en ese maravilloso lugar, donde nunca creí que habría de sentar sus reales la más absoluta indiferencia que, para mayores retruécanos, condujo a la expulsión de esa pareja respecto de tan bello lugar, el cual, desde mi pobre razón, pudo ser de todos nosotros para la eternidad.


Ante el desenvolvimiento del interrogatorio y de las respuestas forzadas hechas a cada cuestión, la suerte de Adán, al consentir comer lo que no debía, se sumó al sino o karma de Eva, al haberse ganado el parir con dolor a su progenie; pero la cosa no paró ahí, pues por mi parte, y sin objeción de por medio, hasta mi personita quedó atada a las confusiones establecidas, señaladas y registradas en el Libro de la Justicia Divina, sin poder evitar que la posteridad alcance a dudar de lo que cada personaje expuso, mostrando, por lo demás, una actitud de poca estimación sobre cómo y qué dijeron y, a su vez. sin reparo de los significados alcanzados en sus declaraciones hechas en nombre de cada uno.


Ahora que reflexiono esto, me doy cuenta de lo que atraen los matices y los balbuceos de ideas personales que sólo se ostentan como "provocativas", descuidando las asociaciones que semejan acrobacias o gimnasias mentales ante los saltos de la vida; pero por igual, descuidándose de la colocación de redes de salvación que les eviten estrellarse en la realidad que los circunda, por ejemplo, la concreta e idílica del Jardín del Edén, esa zona de confort donde nada pasa pero todo ocurre; donde todo prosigue pero sin tiempo que se gaste; donde hay maná en abundancia y ninguna preocupación de por medio.


En fin, sin dejar en claro lo que cada palabra dicha o por decirse enhebra o no, en lo escuchado, me entristece reconocer que dentro de los respectivos lenguajes, la centralidad de las circunstancias descentran los motivos -siempre inciertos- de lo que es capaz de provocar el alma y no la mente ni el corazón, para obrar con diferencias. El ser hombre o ser mujer, actuando como ser lo que cada uno es, quedó expuesta desde ese hecho enjuicia torio, estableciendo, aún más que, a partir de entonces, todo hombre o toda mujer habrán de conducirse así hasta el fin de los tiempos.


Con esas olas de falsas presunciones, el naufragio es seguro al no lograr establecer mejor comunicación y comunión entre una y otro, pues no bastará para lo sucesivo que se viva, donde la tregua anhelada no se cumpla por establecerse un no entendimiento posible entre él y ella. Y, por añadidura, en todas y cada una de sus descendencias se habrá de seguir así, a cómo continúa ocurriendo hasta hoy día: siguen y se persiguen, plegadas a lo ya dicho, sin reparar ni por asomo, lo que mal recuerdan -uno y otra, pero también juntos-, pues tienen ausencia presente de lo que ese Jardín representaba entonces... pero ahora, ni la menor yerma de esa área idílica asocian a lo extraviado, nunca reflexionado; nunca planteado en su momento; nunca haber puesto su atención y observancia a la Recomendación de lo Que No Debía de Hacerse, pero ya es tarde para lamentarlo y, hasta considero que si no se llora de más en este Valle Lacrimoso, cómo que la Vida a Vivirse no Tiene Sentido... ¿O, qué opinan de eso, lectoras y lectores...?

19 Décembre 2021 16:02:20 1 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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M M M M
¡Increíble! ¡Me encantó!😃
December 19, 2021, 20:52
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