missinhibition Lumina Nix

Antes de nuestros días los conocimiento se pasaba de generación en generación... En cada época hay un libro con contenidos que son tan beneficiosos como peligrosos.


Histoire courte Tout public.

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Histoire courte
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Portadora de Secretos

La tierra… es de ahí que provienen todas las verdades, todas las respuestas, todas las preguntas, todos los misterios y sus secretos. El agua que viene desde las vertientes de roca ocultas en las montañas, forma lagunas que alimentan la flora y la fauna, nos da la oportunidad de sobrevivir y de ser testigos; testigos de cómo la naturaleza sostiene, equilibra, brinda y quita; entramada como las redes, rara como piedras preciosas, única e irreemplazable, así es como es la vida, al menos cuando la brinda la naturaleza por sí misma.

Cuentan las leyendas que una vez, una joven dedicó cada día a estudiar los misterios de la naturaleza, encontrando los secretos de la misma, cómo las plantas y los animales brindaban de una manera u otra, medicinas, alivios, ayudaban a los humanos a prolongar su vida, el humano pertenece a la naturaleza, el humano está compuesto de la naturaleza, el humano nace, se reproduce, sangra y muere, al igual que todo en la naturaleza, todo es parte de un sistema, y ese sistema está compuesto de ciclos que son parte de otros ciclos; todos somos fragmentos de un gran ciclo infinito y eterno que representa la existencia de la vida y la posibilidad de ella. Si nunca se olvida aquello, entonces el intentar encontrar soluciones para los problemas cotidianos en nuestro entorno, no es más que la solución obvia; para protegerme de la lluvia debo construir un refugio, para protegerme del frío debo encender una fogata, para refrescarme puedo nadar en las aguas de la laguna…

Cada conexión, aquella joven la encontró, así como la sabiduría que plasmó en un gran libro, escrito con tinta de la tierra, aquel libro es la sabiduría de la tierra, la sangre de la vida, el misterio de la muerte; aquella joven creó un libro que sería capaz de ayudar a quienes lo poseyeran con conocimientos sobre el mundo terrenal y espiritual, el uso de lo que entrega la naturaleza, para alcanzar la máxima unión del humano con su matriz.

Aquel libro fue utilizado primeramente por jefes de clanes y tribus, la gente alrededor se benefició de los conocimientos plasmados en él, pero entonces comenzó la época de las guerras y aquel fue considerado como un objeto peligroso, que podía ser usado para causar mucho perjuicio, tal como podía sanar, podía causar daño, así que fue escondido y prohibido, ya no podía ser utilizado, la sabiduría quedó sepultada por la ambición una vez más, como a lo largo de la historia, otro de los ciclos oscuros.

Ese libro fue conocido como “El Compendio de Wakolda” y fue entregado al clan de sanadores, los únicos capaces de utilizar aquella sabiduría con imparcialidad; pasó de generación en generación hasta llegar a mis manos; soy Yvaine, la portadora de los secretos del Compendio de Wakolda.

No se suponía que fuese yo quién lo guardase, estaba siendo entrenada para ello, porque nací en el clan de sanadores, así que mí día a día era estudiar y aplicar mis estudios en mi entorno, con los aldeanos; en esta aldea que debería dejar algún día, porque los sanadores no se establecen en un solo lugar, van de una aldea a la otra, intentan ofrecer sus conocimientos como ayuda, luego, van al siguiente lugar.

Todo comenzaba al alba, cuando ahí en el horizonte, se alzaba la brillante estrella de la mañana, mi nombre provenía de ello, era en ese momento y antes de que se alzara el sol por sobre las montañas, que yo comenzaba con mis actividades usuales, ir a la vertiente más cercana para obtener agua, debía separar la que era para nuestro consumo y la que era para preparar medicinas, luego las llevaba a casa y más tarde luego del desayuno, salía con mi libro de estudio basado en el compendio de Wakolda. Debía tomar apuntes, revisar diversas plantas, dibujar sus partes y describir los procesos por los que debían pasar para obtener diferentes productos de ellas.

Mis momentos favoritos eran cuando debía recorrer las tierras de la aldea para estudiar otra planta o animal, aprovechaba de correr entre las plantaciones de trigo, saltar para alcanzar los volátiles dientes de león, dejar que el frío viento de las montañas me diera de lleno en el rostro, sentarme en el gran tronco de roble en medio del llano o entre las raíces en el pequeño bosque junto a la aldea; mis recuerdos favoritos, el ulular del viento mientras peinaba la hierba y los árboles, el cantar de las aves, los tonos del atardecer y la noche… cada noche observar la laguna y el reflejo de la luna sobre ella, alcanzar las luciérnagas, ver las flores que se abrían solamente bajo la luz lunar, nadar allí antes de ir a dormir nuevamente… Otras veces me gustaba correr a través de las fogatas durante la época de la cosecha, tierra de múltiples fuegos, múltiples enseñanzas, múltiples expresiones de la vida y la naturaleza.

Todo aquello terminó abruptamente, la guerra encontró esta aldea y la bestialidad que puede poseer a los humanos, se catalizó a través de sus armas; sí está en la naturaleza del humano quitar vida, pero sólo cuando es para su subsistencia, no por la ambición, eso es algo que debe ser castigado, el método de vida en conjunto dicta que así sea, por la supervivencia, por la prevalencia del legado.

La aldea fue arrasada, remecida desde los cimientos, peleamos pero fuimos mermados, así como muchos perdieron su vida, tiñendo los verdes campos al color de la sangre, entre ellos, al clan de sanadores… “Huye, escóndete, y lleva el libro contigo, que no sea alcanzado por nadie, jamás, sólo debe portarlo alguien del clan de sanadores, sólo podría verlo aquel que registra lo que no debe ser registrado”, me advirtieron cuando en medio del caos me escabullí hacia un escondite en las montañas, abrazando aquel libro, recordando las palabras del sabio del clan “No olvidéis temer al libro, porque su poder es más peligroso de lo que creéis, aquel libro siempre llamará a la ambición y su caos”. Las pisadas sobre la tierra eran como una representación de aquel caos, miles, en todas direcciones, sólo para causar un mal, sólo para conseguir algo por la fuerza.

Dos días más tarde bajé a la aldea y ayudé a los sobrevivientes a darles un entierro de acuerdo a nuestras costumbres a todos los caídos; escondí el libro y nadie más me preguntó por él; en silencio, seguí con mi misión, lo único que tenía y lo único que sabía hacer.

Los días y sus noches avanzaron, siguieron su ciclo, así como la tierra siguió el suyo; ya faltaba poco tiempo para que fuera la celebración del solsticio de verano, el cuál marcaría mi último día en la aldea, al otro día de la celebración, debería partir a otro lugar con aquel libro. Fue uno de aquellos días cuando supe lo que era alguien que registra lo que no debe ser registrado, alguien que determina lo que existe y lo que no existe como tal en la historia de un lugar; esa persona buscaba el libro, quería registrar los secretos que poseía. Recordé que si bien, podía mostrárselo a aquellos que registran lo que no debe ser registrado, yo aún no tenía el permiso de utilizar el libro para fines que fueran distintos al de mi estudio personal, para ello debía cumplir cierta edad y aquella estaba aún lejana.

Pese a que le prometí a aquel que registra que algún día se lo mostraría, no se mostró muy a gusto con mi negativa, aunque también prometió regresar a pedirlo nuevamente, adonde fuera que yo estuviera, cualquier día, volvería para registrar los conocimientos del Compendio de Wakolda. Una vez se hubo marchado el mundo lució diferente para mí… sabiduría peligrosa, registros de lo que no debe registrarse, decidir qué existe y qué no… eran cosas tan lejanas y tan personales ahora, un mundo lleno de ciclos, portadora de los secretos del mundo y sus ciclos, eso me transformaba en alguien que quedaría fuera de los registros, porque lo importante en verdad es el libro, no quién cuida de él, antes de mí hubieron cientos, después de mí habrían cientos más, mi vida no era de relevancia en el mundo, mi valor recaía en aquel libro cargado de peligrosa sabiduría, mi importancia era la de proteger. Wakolda y su Compendio eran el registro, Wakolda y su Compendio eran la historia, eran el legado; Yvaine es sólo la primera estrella de la mañana, la efímera visión del firmamento al despuntar el alba.

6 Novembre 2021 00:56:41 3 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Lumina Nix Caminando entre palabras no escritas.

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Francisco Rivera Francisco Rivera
No estará de más hacer una revisión puntual y ponderar los recursos que se encuentran en este mundo que tanto gusta a los amantes de lo que propones. Creo que vale la pena establecer el cambio entre la segunda y/o tercera persona respecto de la primera. Los elementos vertidos en la historia, bien valen la pena ser atendidos, cuidando de no alterar el sentido de la misma. Recibe un saludo cordial.
November 14, 2021, 16:46

Lumina Nix Lumina Nix
Lumina aquí. Este escrito nació hace años como un fanfic, lo escribí para alguien con quién compartía esta maravillosa actividad de escribir historias; a esa persona no le gustó y lo dejé ahí olvidado entre carpetas y archivos viejos. Hoy recordé su existencia y decidí darle una oportunidad como escrito original. Como siempre, muchas gracias por leer.
November 06, 2021, 01:00
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