Histoire courte
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El rescate de Helena.

- vive!, o muere?-. La pregunta hace eco en la habitación.


Veinticuatro horas antes.

Todo esta listo. M.O. es llamada a ser la líder del rescate. Cinco amazonas son las convocadas. Repasan el plan por última vez. Intercambian miradas, aprietan los puños, los músculos tensos. -En diez minutos partimos-. Rompe ese último silencio la líder dando esa orden. Todas asienten.

Se reúnen en la punta norte de la Isla, a los pies de Morrigan, diosa de la guerra. Una colosal escultura de bronce y mármol de carrara: veintitrés punto tres metros de altura, once mil trescientos veinte kilogramos de peso. M.O. al frente, las cuatro restantes a su espalda, dos de cada lado. Levantan la mirada, la clavan en los ojos de Morrigan. Con la palma de la mano derecha tocan la kashira de su katana, que descansa en su funda, del lado izquierdo de sus cinturas. Levantan el brazo, puño cerrado. Cierran los ojos, llenan de aire los pulmones, recitan al unísono:


- Hoy es un buen día para morir,

si así has lo haz decidido,

recíbeme en tus brazos.

Hoy es un buen día para hacer la guerra,

y traer de vuelta, a aquella que siempre nos ha pertenecido.

Si así lo haz decidido,

se la guía de mi katana, mi arco y mi flecha.

Que el hombre injusto con su mujer,

reciba el odio de mi raza,

mi daga degolle su cuello.

A tus pies mi corazón, para lanzarme al fragor de la batalla...

Morrigan!, Morrigan!, Morrigan!


Abren los ojos, el sol de la tarde penetra las pupilas, hierve la sangre. Son las tres en punto. Hora de partir. La vela crucero esta lista, meciéndose al compas de pequeñas olas. Siete horas de navegación quedan por delante. Sea pues. El viento arrecia, es favorable, refresca penetrando entre el cabello de las amazonas. Todas sonríen, buena señal.


10pm.

La vela crucero queda oculta detrás de un grupo de rocas. Expertas en apnea, pisan la orilla en un pestañeo. Sincronizan sus relojes. U.K. (Ursula Kuczynski) se adelanta. Experta en rastreo, su memoria fotográfica ha retenido los planos del lugar. Se internan, pisan tierra firme, la playa cubierta de piedras pequeñas, a sus espaldas.

Se dividen, la fecha escogida no pudo haber sido mejor, es halloween. Las calles llenas de gente, disfraces coloridos, fiesta, drogas... alcohol. Cinco amazonas vestidas de negro, katana en cintura, se mezclan sin mayor problema. Sus pechos mutilados les dan apariencia de ser hombres. El edificio es localizado. Es media noche.


Plage publique de l´ Opéra. Niza. Una Isla llamada Francia. (Cuando muchas Islas conformaban el mundo).

7 pm.


El regreso fue en medio de un silencio brutal. Helena con sus manos sobre su vientre, por fin esta embarazada. Recibe el auto el mozo del edificio, después de abrirle la puerta a la esposa de Monsieur Jean Baptist. Jean Baptist es un empresario reconocido en todas las Islas del mundo. Su cruda agudeza lo ha colocado en el mundo del hombre, por encima de la mayoría. La trata de personas, el negocio que aporta la mayoría de sus ganancias.

Casado con Helena de T. desde hace cinco años, se prometio a sí mismo, sentar cabeza, redirigir su rumbo: pudo más el poder, que ha de envolver y cegar el espíritu humano.

- Yo, Jean Baptist, prometo amarte y respetarte todos los días de mi vida... Etc, etc, etc.

Una boda como pocas se habían visto hasta entonces. Alrededor de veinte millones le francos se habían gastado, alrededor. Helena lucía espectacular. Vestida de blanco, con un tocado de flores que la coronaban y acrecentaban su belleza, de tan solo quince años.

Helena de T.

Nacida bajo el manto del catolicismo más radical que se puede imaginar. Educada bajo el principio fundamental de que existe un Dios que castiga las aberraciones, tales como el homosexualismo y el lesbianismo. - En el infierno han de arder los cuerpos que se atrevan a tales prácticas!-. Gritaba con las venas del cuello hinchadas el sacerdote los domingos de misa, agitando los brazos, desgarrando sus vestiduras, condenando con severidad gracias al derecho divino que le había sido otorgado desde las mismísimas alturas.

La lucha interna en la pequeña Helena le quemaba, un cerillo prendido, permanente. Por qué siento lo que siento? Le hubiera gustado preguntar. Más aprendió más temprano que tarde que el temor dura más que el amor. Fue así como el silencio obligo a la obediencia, para después desembocar en el odio, el odio a si misma, a sus inclinaciones. La batalla permanente, esa uña que rasca la herida, la cicatriz, volviéndolo círculo vicioso. Esa duda diaria de preguntarse si uno esta bien, o le falta algún tornillo. Seré normal? Mirar al cielo y culpar a Dios por mi deformidad.


Una Isla llamada México.

Fue a los trece años, cuando pareciendo haber dominado su "defecto", esa ola intempestiva y violenta llamada pasión, le arrebató las riendas. Fue precisamente en misa, un domingo, al medio día. Fue precisamente Dios, ó el Diablo, a saber.

Y entonces aparece el sacerdote Marcial Maciel Degollado, fundador de la congregación católica: Legión de Cristo. Un católico-cristiano en toda la extensión de la palabra. Eminencia en temas de teología, era obligación besar el dorso de su mano al saludarlo. Caminando con paso sereno, cual ángel enviado a compartir su paz y amor a los miserables que habitan la tierra. Entra a la Catedral, seguido por acólitos jóvenes, todos varones, todos atractivos, en fin, harina de otro costal. El turíbulo se mece lento, quemando incienso. Después de un tiempo parecido a la eternidad el sacerdote michoacano llega al altar, se hinca, la señal de la cruz persigna su frente, su pecho, su alma. Irradia una calma que ya quisiera el más sabio de los hombres. Inicia la misa: la celebración de la primera comunión de treinta niñas, todas presentes, todas de un blanco inmaculado, como sus almas, como sus cuerpos: virgenes, puros, intachables. Su ahijada, entre ellas.

Helena y Monserrat cruzan una mirada: furtiva, casual. Esa fracción de tiempo que contiene toda una vida. Ese momento que en su velocidad contiene toda la fuerza del universo: el amor. Acaso no se ha tratado de explicar el fenómeno a través de miles de años. Acaso no hay quien defiende que se reencarna para consumar amores pendientes? Fue esa primera mirada, el primer encuentro de aquello que en vez de festejarse y dejar fluir, acabó en tragedia.

A la hora de la comunión, como suele suceder, se asomo la maña. Helena espera el momento oportuno, para formarse justo detrás de la niña-mujer, que le ha robado ya varios suspiros. Monserrat, por su parte, entiende la situación, ha sentido que la misma flecha le ha atravesado el corazón. Se acercan, paso a paso, a comer el cuerpo y beber la sangre de Cristo. Un roce de mano, un sudor frío que recorre la espalda, lo prohibido arrojándote al atrevimiento, al precipicio. Como se desea que esa fila nunca camine, que se detenga el tiempo, y así permanecer, tu y yo, por los siglos de los siglos... Amén.

- El cuerpo de Cristo-. Monserrat siente un golpe de culpa. -Amén-. Contesta a manera de disculpa.

- El cuerpo de Cristo-. Helena siente un golpe de felicidad. - Amén-. Contesta a manera de agradecimiento.

Ahí, justo ahí, en el centro del corazón. Viva el amor! Festejaría cualquier fariseo.

El amor pasional encontró la llave: dos años de relación, visitas furtivas, cartas secretas, promesas que elevan la ilusión más allá del cielo, ese primer estallido que hace temblar todos los huesos, que hace desafiar todas las probabilidades.

El rumor ha de de ser el agua que se filtra por la grieta, cuando todo parece estar bien. Es la voz que te susurra al oido: si el río suena... El padre de Helena hierve de rabia, no esta dispuesto a ser el hazme reír de la Isla.


Están desnudas, por primera vez. Se acarician, los besos se entierran en lo más profundo, echan raíz. Las manos entrelazadas, los sexos se rozan, urgentes. La inexperiencia se cae al piso, junto a lo que piensen los demás. El corazón desbocado, la sangre ruge, galopa cual estampida de potros salvajes, dandole asiento a todo lugar común escrito por el hombre. La magia de acoplar dos sexos idénticos para que encuentren esa fuente bendita de placer carnal, mental... espiritual...

Helena se queja, se viene de placer. Monserrat la observa, se menea con mayor rapidez. El punto más alto de placer, la cima, donde el frío es ola tibia, y el calor ha de provocar escalofrío. "Kumbala", la canción que acompaña a bajo volumen este momento.


Un golpe sordo es el principio del fin. La puerta se abre violentamente tras una segunda patada. El padre de Helena parado en el umbral de la habitación. Con rabia difícil de calcular se lanza sobre las pecadoras, una bofetada alcanza a una, el reverso de la mano a la otra. Grita fúrico, amenaza, condena. Ambas lloran, el instinto de sobrevivir las obliga a arrodillarse, a pedir perdón, por algo de lo que no son culpables. Es en vano, el hombre esta herido de muerte, y en consecuencia ha de actuar.


Marcial Maciel Degollado.

Se sirven otro trago, un Jack Daniel's en las rocas. Jean Baptist esta de paso, y de paso, pasó a saludar a un viejo cliente... y amigo. Platican por platicar, llenando el tiempo como lo llenan los hipócritas, mientras el alcohol los arma de valor, cobardes. El departamento del sacerdote no tiene nada de humilde, los lienzos "donados", harían vomitar de vergüenza al arquitecto del universo. Sentados en salones de piel, brindan por el poder y la prosperidad.

-Entonces qué, mi Marcial, no se te antoja un "beau jeune homme", directito de Francia?...-. Avienta el anzuelo el francés.

Un silencio.

Maciel siente un cosquilleo entre las piernas, que solo un pederasta de su talla comprendería. Varios de sus acólitos, han sido "proporcionados"por Jean Baptist, y su negocio de trata de personas. Niños y jóvenes que ven en la prostitución el camino a seguir. -Ven, me duele la pierna, necesito un masaje-. Les dice cuando la urgencia de satisfacer su locura lo envuelve. Y así comienza la agresión, con un masaje, para después pasar al sexo oral, la sodomización, y demás actos dignos de la letra del Marques de Sade.

-Algún candidato?-. Contesta con una sonrisa descarada.

Pico el anzuelo.

-Oui mon ami, tan virgen que sentiras que te arranca el tronco entero!-.

Rien a carcajadas.

-Cuánto?-.

-No quiero dinero esta vez mon ami... me gustaría... me gustaría... una virgen de esta isla, que me llene de hijos la casa, puros hombres claro esta... sentar cabeza, ya sabes, ya tengo cincuenta años...

Maciel lo piensa, suena bien, le pide a Dios ayuda.

Beep, beep, beep... Suena el interfón.

El padre de Helena irrumpe la velada, con rabia en sus lágrimas, les cuenta su desgracia. Maciel sonríe por dentro.

-Es urgente casar a Helena-. Recomienda con esa paz infinita que emana de su corazón. -Solo así, podremos sacarle al demonio de la lujuria que consume su alma entera-. Jean asiente. Entiende de que va la cosa.

-Helena es joven, en una semana cumplirá quince-. Explica.

-Lo que sea necesario padre-.

-No te preocupes compadre, que yo he de cargar con el tormento de los preparativos, y pasarme noches en vela y entregado a la oración para que Dios nuestro señor mire con ojos de bondad a mi querida ahijada, y le otorgue el perdón de su pecado, que ni siquiera me atrevo mencionar...-.

Maciel lo tiene resuelto, Dios lo escuchó, ó el Diablo, a saber.


Al día siguiente, todo listo: Jean Baptist y Helena de T., comprometidos y listos para volar a Francia, donde se ha de celebrar una boda, alrededor de veinte millones de francos se calculan, alrededor.


Mientras Monserrat amanece colgada, en su recámara. "Kumbala", suena sin sonar, bajito... bajito...






5 Novembre 2021 22:10:37 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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