Histoire courte
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Primer episodio. Elliot.

1.1 Sawara. Japón. Hace cuatro mil cuatrocientos cuarenta y cuatro años. Medio día.


Hachikazuki apura el paso, su kimono tan solo le permite saltitos cortos, va lo más de prisa que puede. Atraviesa los sembradíos de sakamai (grano de arroz para producir el mejor sake) , empuja a los campesinos: -sumimasen...sumimasen...-. Dice por aquí y por allá a manera de disculpa. Los campesinos la miran molestos, más no dicen nada, saben que Hachihazuki pertence a la servidumbre del Shogun Akihiro Masako, el gran sensei y señor de la aldea.


Son exactamente trescientos guerreros, obedeciendo una sola voz: hai!...hai!...hai! A la primera, tocan y desenfundan sus katanas. A la segunda, la empuñan a dos manos, la elevan hasta dejar la empuñadura a la altura de su rostro, los brazos semiextendidos y la hoja de acero inoxidable refulgiendo ante los rayos del sol, mientras las piernas adoptan una tachikata llamada "neko ashi dachi". O pie de gato. Los músculos del cuerpo se contraen, la mirada fija, el oído atento.

Una pausa, un silencio que solo el aire que silba rompe.

A la tercera: hai! El grito de Akihiro rompe los nervios, la espera. Los trescientos (como son conocidos a lo largo y ancho del mundo entero), en una sincronía que solo viéndola se cree, asestan un golpe mortal, descendente, a la vara de bambú que tienen de frente. Las katanas rompen el aire, rajan el bambú, de pies a cabeza, con un trazo perfecto, abriéndolo por la mitad, hasta separarlo por completo. Envainan el arma, "naute". El Shogun empieza a caminar entre las filas, su mirada seria revisa los cortes realizados por los que se consideran los mejores samurais que jamás han existido.

- Señor mio, señor mio...-. Hachikazuki interrumpe con gritos estridentes. Antes de recibir la reprimenda, se tira a los pies de su señor, la mirada clavada en el piso.

- Seiza-. Le ordena a sus guerreros. Ellos obedecen, se arrodillan. - Más te vale tener una buena razón...-.

- Tú bebé viene en camino mi señor...-.

Akihiro Masako sonríe... por dentro. Jamás se ha visto sonrisa alguna en su rostro.

- Anata wa ozon shita-. Le dice en un susurro, mientras mira su Hatori Hanzo. Le pudo haber costado la vida esa interrupción.

Los trescientos permanecen hincados, hasta que su líder indique lo contrario.



El bebé llora, después del triunfo que significa el primer respiro. La comadrona corta el cordón umbilical. Sale de la habitación: -Es un niño-. Le anuncia al padre de la criatura - Elliot-. Contesta este en un susurro.


Elliot, soy yo.

Desde que nací mi padre tuvo la ilusión de verme algún día convertido en un samurai. -Serás un gran guerrero-. Son las palabras que me repetía todo el tiempo. Aquí entre nos, nunca me gustó la idea. Un samurai dedica su vida entera a la guerra: defendiendo a su señor feudal. No es que sea un cobarde, pero estoy convencido de que existen mejores cosas en esta vida. Oh!, y estos son mis hermanos: Kaori, Kai... y Lancelot (solo que el se fue mucho años antes de que yo naciera). Sé que no lo parece, pero mi familia es realmente un desastre. Kaori se pasa los días escapando de casa, le encanta explorar por su cuenta, es muy independiente. En cambio, a Kai parece que todo le da lo mismo. Se la pasa en su recamara, encerrado, tan solo mirando a los futuros samurais entrenando. Sarawa es una aldea llena de paz, de tranquilidad. Eso parecía ser cierto, cuando un día...


1.2 La invasión de Los Kurai.

A mis siete años pasaría algo que marcaría mi vida para siempre. Mis recuerdos no son tan claros como me gustaría. Eran personas enmascaradas, sus trajes eran de color gris: gritos y caos por todas partes. Los samurais peleando a muerte. Mi último que recuerdo, es ver a alguien que me jalaba, a Kaori y a mi, mi visión era borrosa. Nos recuestan en una carroza, que se aleja de la aldea que me vio nacer. Huele a humo, me imagino un incendio devastador.

Después despierto aquí, en este maldito Monasterio, ya han pasado seis años. Sigo sintiendo una mezcla de tristeza y odio, acaso no hubiera sido mejor morir aquel día? Nada es igual, y mis padres? viven? murieron? Maldita sea! Durante estos años lo único que se me ha exigido es entrenar, aquí también les encanta el arte de la guerra, más mi respuesta ha sido la de siempre: No! Prefiero escaparme, y refugiarme bajo la protección de la señora Katsumi: ella me alimenta, y juega conmigo mientras los demás entrenan, lo prefiero mil veces a estar cortando bambú con una estúpida espada, o katana, como sea. Me encanta jugar Karuta, me sé de memoria más de cincuenta poemas.









13 Octobre 2021 16:22:58 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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À suivre…

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