tjtorres TJ Torres

Esta historia se centra en las vidas de 2 amigos de diferentes clases sociales que recorrerán senderos completamente distintos cuando por diversas circunstancias, estos se ven involucrados en el mundo de las drogas. . - La necesidad y la desesperación para uno. . - La soledad y la adicción para el otro. Sin importar que caminos recorrerán, a ambos les espera el mismo y oscuro destino que fue escrito hace cientos de años. Ambientada en el año 2009, la penuria, el narcotráfico, la drogadicción, el romance, y lo sobrenatural, forman parte de una serie de ingredientes mezclados y narrados con algunos segmentos de un peculiar humor. © Todos los derechos reservados Registrada en Safe Creative con código de registro: 2206251443735


Drame Interdit aux moins de 18 ans. © Todos los derechos

#erotico #narcotráfico #332 #301 #258 #drogadicción #pobreza #enfermedad #comedia #juvenil #adolescente #sobrenatural
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Introducción

En el año de 1095, después de cristo, en territorio de Oriente Próximo, se suscitaron una serie de batallas que fueron impregnadas en la historia y denominadas con el nombre de «Cruzadas». Se nos cuenta, pues, que estas cruzadas, son el inicio y desenlace de un conflicto que surgió cuando el catolicismo impulsado por el entonces Papa, Urbano II, en conjunto con todo un concilio de personalidades eclesiásticas, convocaron a las masas de occidente para recuperar el territorio que recibía el nombre de Tierra Santa (Países como: Israel, Turquía, Palestina, Siria, entre otros), del yugo y creencias impostoras por parte del islamismo que las gobernaba en esa época. Con la promesa de la indulgencia por sus pecados si luchaban por la causa cristiana, estos ejércitos conformados por: hombres, mujeres, niños y ancianos y que fueron denominados como «Cruzados», lucharon en contra de los musulmanes en ocho diferentes cruzadas (aunque existe una novena cruzada, pero ésta es considerada como una extensión de la octava) que se realizaron por un lapso de casi doscientos años, cuando en el año de 1291, la última cruzada finalizó con el triunfo musulmán, concluyendo así con esta fatídica guerra santa que lo único “bueno” que dejó, fue el intercambio de conocimientos en ambas culturas, tanto en la occidental como en la oriental (y que, según muchos historiadores, ésta última fue la menos beneficiada).

En el año de 1118, luego de llevarse a cabo la primera cruzada, un movimiento nació por parte del cristianismo. Nueve hombres fundaron la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo del Templo de Salomón, o mejor conocida como la Orden del Temple. Hugo de Payns, un monje que abandonó los hábitos luego de la muerte de su esposa, fue el líder y primer gran maestre de dicha orden. Los ocho miembros restantes fueron: Godofredo de Saint-Omer, Andrés de Montbard, Archembaud de Saint Aignant, Godofredo Bisol, Payén de Mont-Didier, Hugo de Rigaud, y otros dos de los cuales solo se sabe sus nombres, el primero: Gondemar, y el segundo y de quien menos información se tiene, es conocido como: Jacques, y otros lo llaman: Rolando.

Estos nueve guerreros franceses, quienes recibieron el título de «Caballeros Templarios», fueron los encargados de crear esta orden, y su propósito era el de salvaguardar las vidas de los cristianos que peregrinaban hacia Jerusalén luego de ser conquistada. Su misión era llevada con decoro, pero en el año de 1312, con la finalización de las cruzadas, el entonces ávido rey de Francia: Felipe IV, invadido por el miedo al notar que la Orden del Temple se acrecentaba en poder, se compaginó con el Papa Clemente V para darle fin a esta orden. Acusándolos de falsos cargos y con una fuerza militar implacable, apresaron y, posteriormente, quemaron en la hoguera, a más de cincuenta caballeros templarios (que representaban las últimas fuerzas), incluido el último gran maestre de la Orden: Jacques de Molay, dando así por terminado el movimiento templario en aquellas épocas…

Pues bien, dejemos de lado todo esto.

Porque, realmente, este pequeñísimo resumen que se acaba de citar sobre las «Cruzadas», no es del todo relevante para lo que se viene a continuación. Solamente las fechas y los nombres de los «Caballeros Templarios» serán vitales en esta travesía, pues en esta historia, los eventos que se suscitaron en las «Cruzadas», se dieron de una forma un poco… “Distinta”.

Y para entrar en materia, tenemos que avanzar en el tiempo; no hasta llegar a la actualidad, pero sí hasta un punto cercano; en el año 2009 para ser más exactos. Aquel año en el que algunos acontecimientos destacados se hicieron presentes y no pasaron desapercibidos para muchos que logramos recordar ese año. El setenta aniversario del inicio de la Segunda Guerra Mundial, el surgimiento de la pandemia del virus H1N1; que fue mejor conocida como la Gripe o Influenza Porcina, o la noticia que sacudió al mundo de la música; con la inesperada muerte del Rey del Pop: Michael Jackson, fueron algunos de los acaecimientos que quedaron impregnados durante el transcurso de esos doce meses. Pues es en ese mismo año en el cual los eventos de esta historia comienzan a tener un verdadero desarrollo significativo.

Y para hablar de dichos eventos, nos trasladaremos al estado de Guanajuato, en México. Siendo aún más precisos, en la ciudad de León: conocida mundialmente como la capital del calzado. Son muchísimas las colonias que posee este municipio, pero por ahora nos centraremos en una de ellas. Esta colonia se llama: La Martinica.

Un sitio que bien podría denominársele de «clase media», con sus viviendas hechas de tabique, y portones en sus entradas que, además de resguardar autos y camionetas (que no sé por qué razón, la gente insiste en dejar sus vehículos a un costado de la acera); ofrecen grandiosas fachadas de varios estilos, tamaños y diversos colores que dan una apariencia amorfa a las calles; con casas blancas, naranjas, azules, etc. La mayoría de estos hogares suelen gozar de buenos pisos de cerámica, aunque las más afortunadas pueden presumir de pisos de piedra o hasta mármol. El amueblado consta de buena variedad de maderas, aunque la más utilizada, es la del tradicional: Pino, ese que se ve muy bonito cuando se encuentra recién barnizado. Son muy pocas y afortunadas las viviendas que gozan de jardines, debido a que estas se encuentran pegadas al pavimento. Comprar una casa en estos terrenos puede llegar a ser costoso, debido a que las viviendas se encuentran estratégicamente posicionadas para facilitar el estilo de vida. Prácticamente y a la vuelta de la esquina, se pueden encontrar: tiendas de ropa, calzado, mueblerías, restaurantes, parques y otros sitios más especiales. Esto y más es lo que se puede encontrar en La Martinica, eso sin contar con la amabilidad de la gente que son característicamente risueñas y que, con su algarabía, llenan de vida las calles de esta colonia.

Es precisamente en La Martinica en donde vive o vivió, Reginald Rossal: un hombre de procedencia estadounidense. En el año de 1956, el joven Reginald, de diecisiete años, viajó de su natal, Edmonson, en Kentucky; hacia México, luego del asesinato de sus hermanos y padres (hecho que quedó impune y que le dejó de consuelo el haber heredado una cuantiosa cantidad de dinero). Arribó a la ciudad de México y se encontró con un amigo procedente de Kentucky, que fue quien lo llevó a establecerse en la ciudad de León. En aquellas épocas, la ciudad no gozaba de muchas de las amenidades que se han descrito y que existen ahora. Era más que nada, terracería en gran parte y la urbanización era bastante limitada, aunque progresaba de manera gradual. Reginald compró provisionalmente una pequeña casa dentro de una colonia llamada San juan de Abajo. Aprendió el idioma español de manera ipso facta y en el año de 1959, se mudó a La Martinica, comprando lo que en aquel momento fue la casa más grande de la colonia y se casó con una mujer mexicana de nombre Beatriz del Castillo, quien le dio su primer hijo ese mismo año y a quien dieron por nombre, Owen. Reginald, quien ya tenía estudios de U.S.A., tuvo que aprender las leyes mexicanas, y, luego de algunos años y de algunos trámites, comenzó a ejercer la carrera de abogado en el país. Desde que se tituló, su carrera resultó en un desglose de éxitos; sin un solo caso perdido en sus estándares desde sus inicios en una firma de abogados. Esto le permitió ganarse el prestigio y el respeto de la ciudad, lo que le valió que en el año de 1971 y a la edad de treinta y dos años, tuviese festejo por partida doble, con la inauguración de su propia firma de abogados, a la cual llamó: «Bufete Rossal», y el nacimiento de su segundo hijo, a quien llamaron, Joseph. Con el tiempo, el bufete fue ganando reconocimiento e integrando abogados; logrando, a su vez, expandir sus áreas en el Derecho, que van desde el Derecho Civil, Mercantil, Penal y Laboral, por mencionar algunos ejemplos. Ya para el año de 1990, se asestaron dos duros golpes en la vida de Reginald. Beatriz, su esposa y madre de Owen y Joseph, murió debido a un paro cardiaco fulminante. No solo eso, sino que, tan solo unos días después de la muerte de su esposa, su hijo, Joseph, le reveló que él no tenía planeado seguir sus pasos en la abogacía y se marchó del país rumbo a Inglaterra, para forjarse una carrera de Arqueólogo. A pesar del duro golpe de la muerte de su esposa y la decepción por la deserción de su hijo Joseph, Reginald nunca se dejó caer y luego de una basta carrera llena de triunfos y éxitos, se jubiló en el año 2004 a la edad de sesenta y cinco años, dejando su bufete a cargo únicamente a su hijo, Owen, quien sí siguió sus pasos como abogado y adaptó varios de sus ideales.

En el año 2006, ya contando con sesenta y siete años y disfrutando de unas buenas vacaciones, Reginald recibió una extraña llamada de aquel amigo que lo invitó a establecerse en León y que ahora residía nuevamente en Kentucky. Ese amigo le suplicó que se trasladara a Edmonson porque tenía un asunto muy importante que revelarle. Reginald, quien no se encontraba muy seguro de embarcarse en esa diligencia, decidió realizar el viaje, y, luego de cincuenta largos años, regresó al condado de Edmonson, en Kentucky; el lugar que lo vio nacer. Lo que la familia Rossal no se esperó, fue que el mismo día en que el viejo patriarca decidió viajar de regreso a su país de origen, resultó ser el último en que se le vio con vida, puesto que ya no regresó de ese viaje y hasta esta fecha, en pleno 2009, se encuentra desaparecido.

Como ya se ha dicho, Reginald dejó a su hijo Owen a cargo del «Bufete Rossal», y este se ha convertido en al abogado penalista más famoso de la ciudad. Owen se ha encargado de mantener el bufete en un alto prestigio, no solo en León, sino en todo el estado de Guanajuato. Él tiene un hijo llamado Robert, que está estudiando leyes y se está preparando para convertirse en un prestigioso abogado, al igual que él y que su abuelo Reginald (o al menos eso es lo que Robert se lo ha hecho creer casi a todos sus conocidos).

Este muchacho llamado: Robert Rossal Sánchez, hijo de Owen Rossal y Verónica Sánchez y nieto de Reginald, nació en el año de 1989 y lo hizo con la bendición del dios Apolo, dotado con belleza y talento para la música. De piel blanca como la crema, de cuerpo grácil, cabellos rubios, nariz respingada y brillantes ojos azules que parecen zafiros, este chico es un completo adonis y un Don Juan entre las féminas. Robert fue consentido y mimado desde muy pequeño, tal vez por el hecho de ser hijo único. Crecer en medio de la opulencia brindada por parte de su abuelo y sus padres, lo han convertido en una persona que no tiene la más mínima idea de lo que significa esforzarse por conseguir algo en la vida, mismos hechos que lo han impulsado a desarrollar una personalidad engreída y en ocasiones pedante (aunque él no se dé cuenta de ello). Todos estos comportamientos se vieron agravados desde el momento en que, Verónica, su madre, murió de cáncer hepático cuando él tenía 16 años. A pesar de que su madre le dejó una cuantiosa herencia, la falta que ella le ha hecho los últimos años, lo ha afectado de manera dura y emocionalmente, y, para suplantar esta dolorosa ausencia, se refugió en el basto catálogo que ofrece el mundo de las drogas, y todo esto lo hace a espaldas de su padre; sin que este se entere o sospeche al menos. A raíz de la pérdida de su madre, las fiestas y ser el centro de atención se convirtieron en su prioridad, creyéndose un tipo agradable y divertido a ojos de los demás, cuando realmente es un tipo en extremo jocoso, impertinente y molesto (por no decir algo peor). Gusta de varios tipos de sustancias alucinógenas, y, su favorita, sin duda alguna, es la cocaína; la cual consume ocasionalmente.

A la edad de dieciocho años, Robert pudo ingresar y estudiar Derecho en la universidad Estrellas de León (que es la universidad más prestigiosa de la ciudad de León), gracias a que aprobó el examen de admisión con lo mínimo (y con uno que otro soborno). Actualmente, es estudiante de cuarto semestre de la Facultad de Derecho y es un estudiante promedio. Únicamente estudia para satisfacer los deseos de su padre. Lo que en verdad le gusta a Robert, y que se ha convertido en su verdadera pasión: es la música, y sueña con algún día ser dueño de su propia banda de rock; pues, a decir verdad, posee enorme talento con la guitarra eléctrica.

Ese chico nació con suerte, aunque durante toda su vida no ha sabido tomar en serio casi nada, provocando a su vez el no tomar buenas decisiones. Y, como él, existen muchos casos en la ciudad de León, solamente es necesario abrir bien los ojos para encontrarlos. Y, hablando de abrir los ojos; siempre y cuando sean dirigidos en la dirección correcta, éstos serán capaces de encontrar algo que admirar, algo que maravillar o simplemente algo bonito que ver en León… No obstante, si estos ojos son fijados en la dirección incorrecta, también serán capaces de avistar lo negativo de la ciudad. Pero esto no es tanto por culpa de la ciudad, sino que es casi como una regla u obligación de la naturaleza que indica que, si existe algo bueno, este debe contar con su contraparte. Es por eso que ahora tenemos que dejar un poco de lado estos agraciados detalles que se han descrito hasta ahora, para concentrarnos en el otro lado de la moneda; ese lado que cualquier ciudad del mundo posee y que, en este caso, exponer algunos puntos de este departamento es vital para entender de que va todo esto.

Hablar de la penuria y la pobreza de algunas zonas rurales no agraciadas, es algo cotidiano, y la ciudad de León no está desembarazada de estos problemas. Es fácil afirmar que las pequeñas casas hechas de ladrillo o adobe de algunas comunidades no tan afortunadas, superan por mucho el número de inmuebles bien constituidos que se encuentran en las zonas residenciales o fraccionamientos. La mayoría de estas viviendas son carentes de buena estética y, peor aún, muchas son carentes de estabilidad y seguridad, con sus puertas de lámina, de plástico, o que decir de sus techos que también están hechos de lámina, plástico o de teja vieja que están repletas de agujeros y que resultan terribles en épocas de lluvia y frío. El amueblado no suele ser muy bueno, las sillas y mesas, en su mayoría, son metálicas o de madera vieja. Generalmente, los pisos están hechos de cemento. Los cuartos son pequeños, hecho que crea un gran problema cuando las familias están estiladas a ser numerosas. En estas casas no hay jardines, el decorado principalmente se encuentra constituido por plantas y árboles que la propia naturaleza brinda, como: Huizaches, Pirules, Cedrelas o distintos tipos de Pinos. «Las tiendas abarroteras» predominan principalmente estas zonas, y encontrar una que cuente con «maquinitas», es una suerte y un lujo para los niños que se pasan horas y horas de diversión. Las calles se encuentran sin pavimentar; encontrándose en plena terracería que levanta mucho polvo, y más con el transitar de vehículos. Tampoco se puede pasar por alto la lamentable delincuencia, y esta no respeta clases sociales. Los robos, los asaltos y el vandalismo, están presentes, aunque no en gran medida. Ya, por último, citar el pan de cada día de la delincuencia organizada… «El Narcotráfico», que es prácticamente una obligación en cada colonia, sin importar si se vive en la clase baja, media o alta. Todos estos son algunos ejemplos que desgraciadamente refugian estos desafortunados distritos de la ciudad.

¡Sí!, la ciudad de León no está a expensas de estos desdichados tópicos. Pero, siendo honestos, ¿qué ciudad, estado o país en el mundo no están a expensas de estas desventuras?

Es así que, en el año de 1962, dentro de una comunidad de esta índole, llamada: Los Ramírez, fue donde nació Antonio Cortés. Antonio creció en el seno de una familia de carácter muy humilde, trabajadora y honesta. Ser el último de tres hermanos, lo relevó prácticamente a heredar siempre la ropa de sus hermanos mayores y no contar con ropa nueva como tal. En el año de 1968, su madre, cansada de la vida de limitaciones que llevaba, tomó la decisión de abandonar a su esposo y a sus hijos para irse con su amante. El padre de Antonio, Miguel Cortés, mecánico de profesión, sufrió un gran impacto emocional por el abandono de su esposa que lo hizo adoptar el vicio del alcohol, lo que provocó que descuidara mucho a sus hijos. Miguel era el único en la casa que podía trabajar; sus hijos eran muy pequeños cuando su esposa los abandonó; dejando a Jaime con ocho años, Cesar con siete y Antonio con seis años. Esto no significaba ningún impedimento para que estos chiquillos tratasen de conseguir algo que llevar a la mesa. Siempre se la pasaban en las calles, ya sea juntando latas de plástico o aluminio para venderlas por kilo, trepándose a los autobuses para llegar al mercado y trabajar de “cerillos” (cargando el mandado de las personas para ganar una propina), o hacer uso de las malas mañas para robar un trozo de pan o cualquier otro alimento que se viera exento de la vigilia de los dependientes de las tiendas. Toda esta situación provocó que, a pesar de ser muy inteligente, Antonio solamente pudiera estudiar hasta el primer grado de primaria, debido a la falta de recursos de su familia. Con el pasar de los años, Antonio se acercó con su padre y éste fue enseñándole el oficio de mecánico, al cual le fue tomando el gusto y le naciera un amor por los vehículos. Con la muerte de su hermano Jaime al ser atropellado, y la deserción de su hermano Cesar semanas después (y a quien ya nunca se le volvió a ver), un Antonio de quince años se quedó solo en casa; puesto que poco después de estos trágicos eventos, su padre, Miguel, murió aplastado por un auto al que le estaba realizando reparaciones mientras él se encontraba debajo del vehículo y bajo los efectos del alcohol. Solo en el mundo y contando con sus pocos ahorros, Antonio tomó la decisión de dejar su casa y mudarse a una colonia retirada de ese sitio que le traía tan malos recuerdos.

Se albergó en la comunidad: Los López, y esta se encargó de hacerlo olvidar de sus malhadados orígenes. Aunque no se trata de una colonia como en la que vivió Reginald Rossal, al menos esta contaba con todos los servicios indispensables para llevar una vida decente. Con sus conocimientos, el joven Antonio rápidamente consiguió un trabajo de “ayudante general” en un taller mecánico en donde conoció a Jorge, quien se convertiría en su mejor amigo, y a un amigo más, llamado Omar. Con dedicación y esfuerzo, Antonio logró hacerse de una pequeña casa con un jardín y un garaje a la cual consideró su “mansión”; y como no sentirla de esa manera, cuando después de haber transitado por aquellas lúgubres vivencias, por fin se había hecho de un patrimonio forjado de una forma honesta y con el sudor de su frente. Para aumentar su satisfacción y demostrar su valía, Antonio decidió utilizar su garaje como taller y así obtener más ingresos al recibir coches directamente en su casa. En cuanto a las mujeres, el ya no tan joven mecánico, casi no se entusiasmaba con las fiestas y ninguna de las mujeres que conocía lo convencían. Eso lo llevó a ganar el apodo de “cotorro”, pues había llegado a una edad en la que prácticamente todos los hombres de la comunidad ya se encontraban casados y con hijos. A sus veintiocho años, él era el hombre soltero más longevo del barrio (cosa incomprensible porque no era para nada feo), aunque siempre mantenía la esperanza de encontrar a la mujer ideal. Todo iba viento en popa en su vida, era feliz, joven y tenía un buen trabajo.

Su vida dio un giro inesperado en el año de 1992, cuando contaba con 30 años. En una linda tarde, luego de que Antonio hiciera unas compras en un establecimiento, se encontró con un taxi proveniente de otra ciudad, varado a la orilla de la calle y con el taxista revisando el motor. Por curiosidad, Antonio se acercó a él y de manera afable, se presentó como un mecánico y le ofreció echarle una mano; a lo que el taxista accedió. Con sus habilidades, Antonio no tardó mucho en identificar el problema y, luego de ir a dejar las cosas que había comprado a su casa, regresó al sitio donde se encontraba el taxi con su caja de herramientas. Se puso manos a la obra y, pasados unos minutos, una hermosa mujer de alrededor de veinte años; con un niño pequeño en brazos, se acercó a él mientras seguía trabajando. Resultó ser, que esa mujer, era la pasajera que venía en los asientos traseros del taxi. Mientras trabajaba en el motor, la mujer (que parecía venir de fueras), que se notaba un poco azorada e inquieta, le hacía preguntas al mecánico sobre la ciudad y pidió información sobre alguna pensión, vecindad o departamento cercano; que fuese barato, para poder rentar. Afortunadamente, el mecánico conocía a alguien que podría rentarle un cuarto.

La mujer se instaló en una pensión que Antonio le recomendó. Los días transcurrieron y las visitas que aquel mecánico le hacía a aquella hermosa mujer de nombre: María, hicieron que se fueran conociendo más, y más luego de que Antonio la empleara en la limpieza de su taller (no era mucho, era más como pretexto para tenerla cercas a ella y al niño).

Al cabo de un par de meses, Antonio le confesó a María el amor que había nacido dentro de sí, desde el día en que la conoció y le propuso que se casara con él. Ella aceptó gustosa, devolviendo los sentimientos que él sentía por ella. Todo aquello terminó en un matrimonio y con María viviendo con Antonio en su casa.

El hijo de María, quien creció con el concepto de que Antonio era su padre biológico, se llama: Eric Cortés López, y ni María ni el propio Antonio le revelaron la verdad de sus orígenes, puesto que, en el verdadero padre de Eric, se esconde un enigma muy delicado y prefirieron guardar el secreto. El niño creció muy feliz y era amado por sus padres, y, para aumentar más su felicidad, a la edad de catorce años, Eric recibió la noticia de que se convertiría en hermano mayor de una niña, y el año siguiente, nuevamente sería hermano de un niño. Con la llegada de esos dos angelitos, la felicidad reinó en la vida de Eric y, por si fuera poco, él es poseedor de una tez blanca, de una nariz romana, su figura es esbelta, su cabello tiene un color castaño y sus ojos son verdes como la amazonita. No es el mayor de los galanes, pero tampoco es alguien mal parecido. Eric era feliz…, pero, desgraciadamente, esa felicidad le duró muy poco.

La desgracia cayó en la vida de ese muchacho de ojos verdes, cuando a la edad de dieciséis años, recibió la noticia de que el auto en el que viajaba su padre, acompañado de su mejor amigo, Jorge, perdiera el control en carretera y ambos muriesen en un choque. Las cosas no pararon ahí. La muerte de Antonio fue tan inesperada, que el dinero que él había invertido en un negocio de taller mecánico automotriz junto con su amigo Jorge, se perdió, dejando a María en números rojos; pues ella se quedó con muy poco dinero que pudo ahorrar y en esas fechas del accidente no estaba trabajando. Solamente los ahorros le ayudaban a María a poder subsistir mientras buscaba un trabajo para así poder solventar los gastos y los servicios básicos. Eric se encontraba en preparatoria en ese entonces, y estaba dispuesto a abandonarla para ayudar a su madre, pero ella se lo impidió (él gozaba de una beca; no podía perderla). Por fortuna, María encontró trabajo de lavaloza en un restaurante y se las arregló para salir el día a día.

A la edad de dieciocho años y, en cuanto pudo sacar su credencial que lo acreditaba como una persona adulta, Eric fue contratado como mesero en el mismo restaurante en donde labora su madre; quien también ganó el puesto de mesera; aunque para hacerlo, tuvo que tomar el turno vespertino. No solo eso. Gracias a su talento e inteligencia, Eric consiguió una mejor beca y logró ser aceptado en la Facultad de Derecho de la universidad Estrellas de León, al aprobar el examen de admisión de manera categórica. A decir verdad, ese muchacho posee las capacidades para estudiar cualquier carrera que se hubiera propuesto, sin embargo, el debate y el litigio le llamaron mucho la atención, por eso se decantó por estudiar leyes y adoptó el sueño de convertirse en un abogado penalista. Antonio estaría muy orgulloso de él, puesto que estudia en las mañanas y trabaja por las tardes para ayudar a su madre con los gastos. No ha sido una tarea fácil adaptar este esquema, debido a que, tanto él como su madre, salen de trabajar por las noches. Esto provocó que María tuviera que dejar por las tardes a sus hijos pequeños al cuidado de una amiga suya, debido a que no logró que el gerente del restaurante le diera el turno matutino, manteniendo el puesto de mesera (en el cual se gana mejor que en el puesto de lavaloza). Estos niños: Sofía y Benjamín, asisten por las mañanas a la escuela primaria. Ellos ven como un héroe a su hermano mayor y, para él, ellos son su adoración y la mayor motivación que tiene para seguir adelante.

En la actualidad, Eric cursa el cuarto semestre en la Facultad de Derecho de Estrellas. Él desea poder convertirse en un gran abogado con un importante sueldo que le permita ofrecerles un buen futuro a sus hermanos y sacar de trabajar a su madre. Ese es su sueño; su deseo más anhelado, pero teme no poder conseguirlo debido a su actual situación económica, que es penosa realmente; tanto, que en ocasiones ha reflexionado sobre la idea de abandonar los estudios para poder trabajar más tiempo, a pesar del enojo de su madre.

Entonces, en 2007, cuando Eric Cortés y Robert Rossal contaban con dieciocho años cada uno, coincidieron por primera vez en la Facultad de Derecho de Estrellas. Durante los primeros días del primer semestre en la Facultad; durante una de las clases, Robert se dio cuenta de que Eric era un genio en clases con problemas económicos. Siendo alguien habilidoso con la labia, el joven Rossal le propuso al joven Cortés que le hiciera algunas tareas (las más trabajosas y las de los fines de semana) a cambio de dinero. Considerando su economía, Eric decidió aceptar dicho trato (ocultándoselo a su madre), y, con el transcurrir del tiempo, ambos se hicieron amigos.

Ahora es el año 2009, Robert cuenta con veinte años y Eric con diecinueve (y está en vísperas de su cumpleaños número veinte). A estas alturas, solo faltan algunas semanas para el inicio de las vacaciones de verano y el término del cuarto semestre de la carrera de Derecho, que dura cinco años.



18 Septembre 2021 00:34:10 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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