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alexrzcs Alex Ramirez

Si te digo que una relación no es lo mismo que un noviazgo, imagina que dos personas planeen lo que quieren hacer juntos. Alex es un chico gay, ordinario, introvertido y se toma la vida muy en serio, quien busca trabajar y estudiar al mismo tiempo. Normalmente tiene un aspecto de un adolescente, sin embargo, está cerca de concluir la universidad sin un plan de vida. Además, mantiene una postura introvertida y nerviosa por su aceptación o rechazo social respecto a su orientación, sin muchos amigos y únicamente dentro de su zona de confort. Un día reconoce estar enamorado por primera vez en su vida, por otro lado, le es difícil ser claro y directo con las personas. Alex quiere empezar a hacer su vida social como cualquier adulto.


LGBT+ Interdit aux moins de 18 ans.

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1. La mudanza

La vida de un universitario no fue tan fácil como yo creí desde un principio. Las únicas veces que llegué a visitar a mi familia fueron en tiempos de Navidad o en vacaciones de verano, y en esos tiempos, además de ser uno de los más molestos y agobiados, me fue imposible tirar la toalla. Tenía veinte años y vestía con ropa casual color oscuro, con cabello largo y anteojos, y sin dar una buena impresión física. Por otro lado, mi actitud y mis conocimientos eran lo único que me mantenían en pie durante mi estancia.

Mi familia celebró el Año Nuevo con fiesta, música, juegos y otras actividades en casa. Por otro lado, yo estaba en el rincón de mi habitación, mirando la hora en el teléfono y esperando a que la fiesta terminara luego que empezó desde Navidad.

Justo después de haber desbloqueado la pantalla inicial, revisaba las notificaciones de redes sociales. En ese momento, mi madre tocó la puerta de mi habitación.

—Hijo, por favor —dijo mi madre—. Te pido que te bajes.

—No me gustan las fiestas —interrumpí—, la verdad es que no estoy de humor para convivir.

—Es Año Nuevo —sostuvo—, no puedes quedarte arriba encerrado en tu habitación. Tienes que aprender a convivir en familia, te guste o no. ¿Cómo puedes decir que no estás de humor?

—Está bien —abrí la puerta de mi habitación—, pero no te prometo que las cosas terminen bien.

Salí de la habitación como aire, con los brazos cruzados y con ropa que había usado desde el día pasado. Estaban todos de la familia: mis abuelos, mis tíos, primos, sobrinos, mi padre y mis hermanos. En el momento que se dieron cuenta de que había bajado de mi zona de confort, me dirigí a la cocina a servirme un poco del recalentado que todavía quedaba desde Fin de Año.

Deslicé mi mano derecha para tomar un plato, ubicado en el mueble superior, tomé un tenedor que estaba en la mesa y me topé con la carne, bañada en salsa roja. Se veía deliciosa, así que me serví dos raciones en el plato de porcelana.

—Zopenco —dijo el chico, recargado en la pared—, ven un momento.

—Si vas a empezar con tus apodos, entonces me marcho —señalé.

—Es broma... necesito que me ayudes.

—Más te vale que sea importante —clavé el tenedor en la carne.

—Sí, descuida —dijo—. No puedo abrir esta lata de refresco, creo que se atascó y pensé si podrías ayudarme.

—A ver, espera...

El chico me dio la lata de refresco para abrir, me costó un poco de trabajo hasta que pude abrirlo. En ese momento que abrí la lata, se me desparramó el líquido interior encima de mi playera, mientras que el estúpido se empezó a reír como idiota.

—¿Te puedo pedir un favor? —arremetí contra él— ¡Lárgate de aquí!

—Oye, es broma —rio en mi cara—. Tú nunca aguantas nada, perdedor.

—¿A quién llamaste perdedor, imbécil? —lo empujé— ¡Repítemelo en la cara si tienes valor! —grité.

—¿Estás buscando problemas?

Estuve a punto de armar tremendo escándalo cerca de mi familia por el comentario absurdo de mi hermano, sin embargo, mi padre se interpuso en la pelea.

—¡A ver! —dijo—, deja en paz a tu hermano, Alejandro. Si tantas ganas tienes de gritar, mejor ve a la tienda por el refresco.

—Yo no...

—¡Pero nada!, ahora vas por lo que te dije —advirtió.

—Tú me las vas a pagar, estúpido. —señalé al chico de peinadito ridículo.

A pesar de que recogí las monedas que estaban en la mesa, aproveché el momento de comprar algo para mí y no el mandado que mi padre me solicitó.

Mientras ellos celebraban toda la tarde, me di a la fuga un rato. Alcé la mirada y la cabeza comenzó a darme una terrible jaqueca por el alto volumen de la música, así que fui a dar un paseo por el vecindario mientras intentaba despejar mi mente. Había una vista maravillosa sin nadie a mi alrededor, con un cielo despejado y cálido, y un ambiente silencioso. Escuché a las golondrinas en los árboles, veía que la mamá alimentaba a sus crías mientras unos cachorritos jugaban en el pasto; la vista de las montañas era impresionante. Eso era justo lo que necesitaba, pasar un rato con el llamado de la naturaleza.

En ese momento, fui a la tienda y compré una paleta de chocolate. A pesar de que era para el refresco, opté por comprar algo sólo para mí. Así que volví al parque y disfruté de la intemperie, sentado en una banca como por casi dos horas.

Al momento de percatarme de esa luz anaranjada y brillante, supuse que se hacía tarde, así que corrí de regreso a mi casa. Corrí como nunca, imaginando que estaba en un maratón de obstáculos a punto de llegar a la meta final, y en ese momento que vi que alguien salía de la casa de al lado, traté de frenar mis pies; sin embargo, lo único que logré fue chocar con esa persona, y terminé tirado en el suelo con un golpe en la frente.

—Disculpa, no era mi intención —respondí, luego de tropezar con la persona y mirarlo fijamente.

—Oh, no hay problema —dijo él en un tono muy amable y comprensivo—, estoy bien.

No sabía qué responder en ese momento, además de que había sido mi culpa chocar con él, por lo que quedé completamente paralizado. Alcé la mirada y me topé con el chico, no parecía ser de aquí y me había preguntado quién era esa persona. Pude notar que había varias cajas y dos maletas dispersadas en el suelo.

—¡Qué tremendo golpe! —indagué—. T-Te juro que no fue intencional.

—No hay problema, fue mi culpa por tener mis cosas en la intemperie.

El muchacho, muy amable, tomó de mi mano y me ayudó a levantarme. Mientras no dejaba de quejarme del golpe que me di en la frente, el chico actuó como si nada hubiese sucedido. Me parecía completamente extraño al no haber mostrado frustración ni enojo, ya que se dio media vuelta en recoger sus cosas.

—E-Es cierto, déjame ayudarte con eso —dije.

—Yo...

—¡Por favor! —alcé la mirada— Luego de mi estupidez, quisiera compensarlo de una manera para estar a mano.

—Están un poco pesadas —dijo él—, ¿seguro que puedes?

—¡Sí! D-Digo, claro que puedo. Hago un poco de ejercicio, apenas empecé: para mí no es gran cosa.

No tenía una oración muy bien estructurada, pero aproveché el momento para conocer un poco al muchacho que recién se había mudado. Sin embargo, él mantenía su actitud neutra. Por otro lado, pude notar que era un chico amable y generoso, así que traté de romper el hielo para conocernos mejor mientras le ayudaba acomodar sus cosas.

—¿De dónde vienes? —le pregunté mientras le ayudaba a limpiar la repisa.

El chico tardó segundos en responder a mi pregunta.

—De Japón.

—¿En serio? —pregunté de emoción— Siempre quise...

Tajé mi oración cuando escuché su respuesta, me recargué contra la pared y me acordé de un pequeño detalle. Recordé que su cultura era completamente diferente a la del occidente. A diferencia de nosotros, que nos gustaba el ruido para conocer gente, los japoneses consideraban una falta de respeto irrumpir el espacio personal de los demás. Estuve a punto de titubear por los nervios que rosaron mis brazos y la cara, la comezón no me dejó pensar bien y casi me quería tirar por un borde.

—¿Qué decías sobre querer algo? —interrogó el chico de cabello negro.

—¿Qué? —quedé boquiabierto— Oh, cierto... decía que algún día me gustaría visitar Japón. Fíjate que tengo planeado viajar a tu país, no estoy seguro si solamente para ir de vacaciones o buscar trabajo —seguí indagando—. Bueno, primero tengo que perfeccionar mi nivel de inglés, todavía me hace mucho vocabulario —solté una carcajada—, pero supongo que si me lo propongo lo voy a cumplir.

El chico alto se quedó callado por unos segundos en el momento que no dejaba de parlotear como perico. Seguía sacando todo lo que se encontraba en las cajas. Al parecer le molestaba escuchar el ruido que no dejaba de hacer, así que mantuve la boca cerrada por unos segundos para no molestarlo.

—O-Oye —dije—, perdón si de repente sigo hablando como idiota. Tengo por entendido de que estoy molestando tu espacio personal, y créeme que soy una persona que no abusa de la confianza de los demás. E-Es solo que... no soy bueno haciendo amigos, ni siquiera mantengo un lazo con las personas que me rodean, pero créeme que intento mantener el lazo, pero a veces siento que no hago lo suficiente para comunicarme —volteé a verlo—. Discúlpame por irrumpir tu espacio...

Quedé paralizado como tabla al haberme dado cuenta de que estaba hablando solo. El chico no estaba cerca de la puerta principal y me asusté por completo. Segundos después de haberme quedado como estatua, escuché una voz detrás de mí.

—Te serví agua, ¿gustas?

—¡Ah! —solté de un susto— D-Disculpa, no vi que estabas, —tajé mi oración y asentí— q-quiero decir, gracias.

Tomé el vaso de cristal con el líquido que se encontraba en él, bebí del vaso hasta dejarlo medio vacío con un trago rápido.

—Descansemos por un rato —dijo el chico de cabello lacio.

—Oh, claro —asentí con la cabeza.

Nos sentamos en el sillón de la sala, acolchonado como almohada. En ese momento que el silencio perpetraba el contexto, el muchacho siguió con el tema de conversación.

—Me llamo Aoki —se presentó.

—¿Eh? —volteé a un costado— Ah, claro... yo me llamo Alex.

Nos estrechamos la mano por unos segundos y volvimos a tomar del líquido que se encontraba en los vasos de cristal.

—E-Es verdad, ¿no deberías estar con tu familia? —interrogué al chico de al lado.

Aoki volvió a tardar en responder mi pregunta, a pesar de habernos presentado.

—Así debería ser —respondió, sin hacer contacto visual—, pero no. No he visto a familia por un largo tiempo.

Entré en pánico al darme cuenta de que Aoki se escuchaba molesto, sin embargo, seguimos con el tema de conversación lentamente, tratando de evitar temas que podían incomodarlo.

—¿A qué te dedicas exactamente? —interrogué al chico.

—Soy director de música clásica —respondió en un tono seco.

—¿En serio? —solté la emoción— Debe ser maravilloso dirigir a una orquesta, imagino que estás en el destino correcto.

—¿Destino? —cuestionó.

—Ya sabes —dije—, el camino hacia un futuro prometedor e inspirador. B-Bueno, al menos eso es lo que yo creo. Yo soy estudiante de universidad —respondí—, y me gradúo a mediados del próximo año.

Bebí el último líquido que quedaba en mi vaso de cristal.

—Felicidades —dijo—, a mí me hubiese gustado ir a la universidad.

—¿Eh? —alcé el entrecejo.

En ese momento que nos quedamos en silencio, escuché sonar mi celular. Había recibido un mensaje de texto, abrí la bandeja de entrada y me topé con el mensaje.


Gabriel (en línea)
¿Dónde carajos estás? Te estamos esperando con el refresco que mi padre te encargó. 😡😡
Enviado hoy a las 19:07


Presioné el botón de al lado del teléfono y deslicé la opción pintada de rojo para apagar el dispositivo móvil. En ese momento, alcé la mirada y seguí con la conversación.

—Así que... eres de Japón —cambié de tema repentinamente.

—Es correcto —asintió el muchacho—. Tal vez esto no lo sepas, pero nosotros no solemos interactuar como tú o como los de tu país. Es muy común con la sociedad de mi país, principalmente por respeto y educación. No sé si aquí sea algo similar.

—¡Jajaja! —solté una tremenda carcajada por lo que dijo—, no —devolví la mirada con una actitud neutra—. Seré honesto, nuestra cultura es completamente lo opuesto, a diferencia de mí. Yo no socializo por dos motivos: el segundo porque prefiero el silencio, y en primero porque no me interesan las fiestas, y menos si mi familia está en la mera cruda.

—¿Qué es cruda? —preguntó con mucha curiosidad.

—Es un término que se dice a menudo en el país, cuando la gente está borracha por haber ingerido bebidas alcohólicas.

—No entiendo —dijo.

—B-Bueno, deja te explico —comencé a soltarme poco a poco—. En México, cuando se trata de fiestas, no hay fuerza que los detenga para celebrar cualquier cosa. La gente suele pasar el rato en familia y a veces con amigos, escuchando música y también bebiendo alcohol. Normalmente se la pasan festejando en Navidad hasta Año Nuevo, ya que esa es la manera de convivir. Pero no es una familia de cuatro o cinco integrantes, pueden ser hasta veinte en total contando a los padres, los abuelos, los primos, los hijos de los primos o hermanos, y los tíos —dije—. Los familiares beben más de una botella de alcohol, a veces hasta cinco o seis, y normalmente la gente suele decir que la cruda les pegó, porque al día siguiente terminan con dolores de cabeza y deshidratación. En mi caso, yo no paso el tiempo en familia, ya que se acostumbran a tener la música en alto volumen y no dejan de hablar, y la verdad es lo único que no tolero en mi comunidad.

—¿Estás con tu familia celebrando el Año Nuevo?

—En teoría —asentí, torciendo los ojos de canica—, pero me salí a dar una vuelta porque la música me aturdió el tímpano. De hecho, no hay vecinos afuera por lo mismo.

—Ya veo, no te gustan las fiestas —dijo.

—Así es —crucé los brazos—, las fiestas son lo peor que me ha pasado.

En ese momento, los dos nos quedamos callados por unos segundos. Nos levantamos del sillón y volví a ayudarlo a acomodar sus cosas en la sala principal de la casa.

Dieron las 20:00 horas del día y el cielo se tornaba de un azul oscuro. La fiesta seguía en mi casa, sin embargo, era tiempo de volver. Así que me despedí de Aoki.

—Sabes, si gustas mañana podría mostrarte el vecindario —señalé—. Por el momento, los vecinos no van a dejar de festejar hasta después de medianoche.

—Oh, muchas gracias —respondió—. También te quiero agradecer por haberme ayudado; creí que me iba a tomar una eternidad.

Nos volvimos a estrechar la mano.

Volví a la casa y el baboso de hace rato se puso violento por haber llegado como si nada hubiese pasado.

—¡¿Dónde estabas, Alejandro?! —reclamó— ¡¿Qué pasó con el refresco que te pedimos?!

—Es verdad —me burlé—, aquí está.

Saqué de mi bolsillo la envoltura y el palo de paleta que había guardado después de devorar ese exquisito helado con chocolate y su cobertura de vainilla. El sujeto quedó perplejo por lo que le di, sin embargo, me dio gusto haber visto su cara al darse cuenta de que les tomé el pelo a él y a mi padre.

Me dirigí a la cocina y me topé con mi platillo que había dejado en la tarde, así subí a mi habitación para comer lo que me había servido. Terminé de comer y, a pesar de que la fiesta no había terminado, me acurruqué entre las cobijas, con la esperanza de que el año fuese completamente diferente.

30 Juillet 2021 16:34:48 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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