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jonysanchez_x Jonathan Sanchez lunanuevamcr Lunanueva mcr

El amar o ser amado puede llegar a ser muy objetivo, incluso cuando se trata de un romance establecido por un tercero. Nadie conoce a las personas que tiene a su alrededor, todos esconden un oscuro secreto. Cuando dos jóvenes deciden interponerse en un ajuste de cuenta romántico, pagarán aún si son inocentes. Este cuento ha sido creado para el reto de los Embajadores de Inkspired Español del mes de Junio de 2021.


Fiction adolescente Tout public.

#cabinaliteraria #embajadoresinkspired #RetoMensualEmbajadores
Histoire courte
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Condenados

La mañana parecía no tener final, era imposible determinar incluso cuando comenzó. De lo único que recuerdo, es que todos mis amigos llegaron a casa. De los cuales cada uno trajo consigo a más gente que ellos mismos conocían, mi hogar parecía una reunión social en plena pandemia. Era totalmente increíble el desorden que había, y ni hablar del que hay ahora mismo. Soy consciente de que vino mucha más gente de las que están aquí ahora mismo, algunos seguramente se fueron temprano y otros quien sabe a donde. Pero mientras yo esté bien no me preocuparia por ello, aunque sí es verdad, que una de las chicas que estuvo en la fiesta, desapareció sin más. Lo peor de todo es que se trata de...


—¿Sabes dónde está Camila? —me pregunta Santiago por décima vez, está desesperado y eso me hace sentir extraño. Camila es su novia, llevan poco saliendo pero sé que la quiere mucho, tanto como yo. No. Yo la quiero más pero de eso nadie tiene porque enterarse.


—No la he visto. Quizás se fue —respondí encogiéndome de hombros.


—No. Ella prometió esperarme. Estaba en el jardín hace un momento y luego... ¡puff! Solo desapareció.


—¡Ni que fuera maga! —digo tratando de quitarle importancia, pero empiezo a preocuparme—. ¡Oye! ¿Por qué no le preguntas a Daniel?


—Pues porque... —duda—, él tampoco está.


En ese momento, en lo único que pude pensar, es en los sentimientos de celos tanto mios como los de Santiago. Ambos queríamos intensamente a Camila, pero cada uno de una manera totalmente distinta. Jamás llegué a creer que ella sería capaz de engañarlo, e incluso a mi, aun si no soy su pareja. Ella no es capaz de hacer eso, pero al fin y al cabo no estaban. Tiene que haber una razón por la cual ambos desaparecieron, me niego rotundamente a creer que es una mujer sin códigos.


—¿Te vas a quedar ahí parado? —le reclamé a Santiago. —¡Vamos! No podemos dejarla a solas con ese imbécil, ¿quien sabe de que es capaz?


—Pero… ¿y la gente que está aquí? ¿en tu casa? —preguntó.


—Da igual, tenemos que ir a por Camila, ¿vienes o no? —aseguré mientras abría la puerta principal dirigiéndome al carro.


—Espera —se quedó parado en la puerta.


Lo miré exasperado. Si no iba a ir perfecto, pero yo tenía que encontrarlos. —Si no vas a ir, no me hagas perder más tiempo.


—Razona. No es posible que se hayan ido, alguien nos hubiese dicho. Y... ¿si siguen aquí?


—¿En dónde? Ya revisaste toda la casa.


—¿Seguro que no hay algún recoveco? ¿Un lugar secreto donde puedan esconderse?


Lo pienso un minuto. —¡Carajo! El sótano.


Irrumpí de nuevo en la casa y atravesé la sala inundada de gente, cada vez más furioso. Santiago me seguía a unos pasos de distancia tratando de esquivar a la horda. —¡Al menos tengan la decencia de ponerse un maldito cubrebocas! —grité desesperado cuando por fin alcancé la puerta al otro lado de la estancia. Giré la cerradura, que cedió ante el movimiento. No había duda, alguien había entrado. Normalmente estaba cerrada. Papá había clausurado el lugar cuando me encontró hace unos años con una amiga en una situación comprometedora. Esperaba que no fuera este el mismo caso. Me puse el índice en el labio para indicarle a Santiago que hiciera silencio y abrí la puerta. Descendimos a tientas por la vieja y desvencijada escalera. Cuando por fin alcanzamos tierra firme, busque con mi mano el interruptor para encender la luz. Y allí, en un rincón polvoriento se hallaba Camila, abrazada a sus rodillas, envuelta en lágrimas, cubierta de sangre y a sus pies, sobre un charco rojo un cuchillo. Ni rastro de Daniel.


—¿Qué demonios pasó aquí?


No podíamos creer lo que nuestros ojos estaban viendo, Camila había sido apuñalada. Pero, ¿realmente fue Daniel el que cometió esto? Digo, no cualquiera apuñala a alguien sin más, y si lo fuese, no habría maneras de acusarlo de algo, ya que él se presentaba como una persona común y corriente, sin ningún problema mental.


—¡No te quedes ahí parado, ayúdame a levantarla, tenemos que llevarla al hospital pronto! —gritó Sebastian mientras tomaba el brazo de Camila para ayudarla a ponerse de pie.


—¡Esperá, no seas tosco! ¡Esta herida, ten cuidado, tú que sabes si al levantarse haces que pierda más sangre de la que debería! —le reclamé intentando que tome conciencia. Tanto él como yo, no queríamos perder a alguien que queremos infinitamente.


—¿Y qué hago? ¿La dejo en suelo para que fallezca sin hacer nada? —pregunta desesperadamente.


—¡Ve al maldito comedor, toma el teléfono y llama a la policía! ¡No seas imbécil! —grité en completa cólera.


Ninguno de los dos estábamos listos para perderla, ni mucho menos estábamos preparados para atender una situación como esta. Aun así, no sabíamos absolutamente nada del supuesto delincuente. Sebastian se puso de pie, corrió en dirección a la puerta para ir tras el teléfono, cuando de la nada Daniel apareció del otro lado, dejándonos encerrados en el sótano.


—¿Qué vamos a hacer? —digo desesperado, mientras Santiago trata de forzar la puerta. No hay señal de celular. Me acerco a Camila y la abrazo—. Te sacaremos de aquí —juro y se me ocurre una idea—. ¡Santiago! —grito—, aquí, detrás del estante, hay un botón. Trata de encontrarlo. Está conectado al móvil de mis padres, eso les alertará.


Una vez lo oprime, todo sucede muy rápido. El sonido llena la casa, la puerta es derribada, somos rescatados y Camila es llevada al hospital en ambulancia. Santiago y yo nos sentamos en la acera a digerir lo sucedido.


De pronto mi móvil suena. Es un mensaje.


De Daniel: Esto era un asunto entre Camila y yo, ahora tendrán que pagar. Los mataré.


Volteo a mirar a Santiago quien tiene la mirada fija en mi pantalla. Esto aún no acaba.


Así que ahora estamos aquí, con las esperanzas rotas y en espera de poder tener siquiera un mañana.

20 Août 2021 03:04:39 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Jonathan Sanchez Creador de contenido literario especializado en géneros de terror, misterio, suspenso, prosa o poesía y drama e incluso a veces suelo fusionarlos. Me fascina crear microrrelatos, y más aún cuando puedo hacerlo en vivo y en directo por Instagram. Es increible las maravillosas ideas que me enviaron varios escritores y escritoras, ayudando a crear grandes mundos en pocas palabras. ¡Oye, ¿y si te unes?! Solo tienes que ingresar al link de abajo… ¡Saludos!

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