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Alejandro Carrasco


Ambientada en una realidad alternativa, Puños Quebrados sigue la historia de Marcus, un hombre de acción retirado que se encuentra actualmente escapando de su pasado en un mundo de leyendas olvidadas, donde aún permanece. Desde la Torre del Vacío se oyen los gritos desesperados de la tortura, de ellos, un nombre hace eco.


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#accion #poderes #gore #superheroes #lenguaje-adulto
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Prólogo

“El día del choque, cuando el Inmortal bañado en acero y carmesí eleve sus puños, el cielo caerá, y con él a la vanguardia, Los Ocho, se levantarán de nuevo”

El látigo descendía con el peso del infierno sobre el encadenado trabajador. Con una capucha negra y un brazo descomunal, el verdugo desgarraba la espalda del pobre hombre que, con las mejillas ardiendo de dolor y lágrimas cayendo por sus carrillos, el temor dibujado en su rostro.

—¡Dime dónde está!

—¿Cómo iba a saberlo? —Escupió sangre, directamente sobre un reguero de luz.

La ínfima cárcel se encontraba en lo más alto de la Torre Del Vacío. El rascacielos se erguía sobre un antiguo cráter, con dos alargados pinchos negros que brotaban de sus laterales, con aspecto amenazador. Tiempo atrás el refugio de un caído rey, ahora funcionaba como palacio y cuartel general para el hombre más poderoso del mundo.

Una rendija en el techo colaba la poca luz que se permitía entrar. Pequeños trazos de nube hacían el ademán de inundar las celdas.

—Por última vez —El látigo cayó —Sabemos que has trabajado con él,

¡Dinos dónde está!

—Me matará —El hombre estaba encadenado, esforzándose sin éxito por mantenerse en pie.

—Entonces tendrás que vértelas con el jefe —El verdugo soltó el látigo, dejando correr la sangre por el rocoso suelo.

—¡No!... Por favor... todo menos el Quebrador —Intentó levantar una mano, pero ya no tenía fuerzas.

El verdugo salió de la celda dejando la puerta abierta, sabiendo que su lacayo nunca escaparía. El hombre sollozó pensando ya en su aciago destino.

Nadie quería conocer al Quebrador. Se decía que era un ser inmortal, que se había infiltrado en la sociedad a base de mentiras y argucias. Político, filántropo, todo lo que se decía sobre él era cierto. Asesino, secuestrador... Todo.

Solo en circunstancias extraordinarias hablaba el Quebrador con uno de los presos, y esta sin duda era una de ellas. Este hombre sabía sobre un viejo enemigo del pasado.

Un hombre enorme envuelto en un aura negra llegó hasta la puerta. Sus ojos negros miraban curiosos.

—Dom… ¿verdad? —La voz era regia e impertérrita, encarnaba las leyendas sobre su persona a la perfección.

El cautivo empezó a alzar la cabeza, pero cuando llegó a ver los pantalones que embarcaban su visión, encogió su cuerpo y con temor cerró los ojos.

—Bien, Dom… —el Quebrador se acercó, sin pisar la sangre—. Estoy seguro de que has escuchado algunas cosas sobre mí. Unas que quizás sean verdad, otras que quizá sean simples falacias. Si me dices dónde está, o simplemente el nombre que usa ahora, a lo mejor podrías ser el primer hombre que sale de esta torre por su propio pie. ¿Qué me dices?, ¿nos entendemos?

—Está bien… Dios, perdóname —Dom mascullaba unas súplicas de perdón.

—Me dijo… que, si me capturaban, intentara morir antes de hablar contigo… también me dijo que eras un mentiroso.

—Entonces, estuviste con él, ¿no?… ¿qué más salió de su sucia boca? —El hombre miró al suelo, arrepentido.

—¿Qué me has hecho?

—¿Habló también de los rumores acerca de la gente que entra en la torre?

—El Quebrador puso la palma de la mano sobre la frente del hombre, irradiando una energía oscura.

—Dijo…no…es… todos… todos lo saben, dicen que te comes a la gente. El Quebrador sonrió.

—No me los como, los consumo.

Una sombra alargada apareció detrás del hombre, el pobre sol que entraba en la celda desapareció. Con los ojos negros y brumas sobre él, el Quebrador se introdujo en la mente de su prisionero.

—Dime dónde lo viste y su nombre, ahora —El Quebrador se había hecho grande, enorme, mucho más que antes. Las lágrimas que soltaba ahora no eran por el dolor corporal.

—Es…me matará…

—Claro, y yo también —El dolor aumentó.

—Nueva York… Dios… ayúdame…

—¡Nombre!, ¡Ahora! —El Quebrador levantó al preso como si fuera una simple hoja.

—¡MARCUS!

El silencio inundo la celda. El aire se asentó mientras las brumas desaparecían y por un momento el hombre pudo recuperar el aliento. La sangre corría desde su espalda. Abatido, el hombre se dejó caer de nuevo colgando de sus ataduras.

—Gracias —El Quebrador partió las cadenas de acero —Ahora, roba un banco, viola a alguien, haz lo que quieras. Tienes mi permiso—. Colocó su mano sobre el destrozado vientre y desprendió una oscura energía, filtrándose por las heridas del hombre. Por primera vez el campesino alzó la cabeza y salió corriendo, perdiéndose en la torre.

El Quebrador llegó a la sala de guerra, donde las televisiones desvelaban datos del nuevo gobierno y mostraban estadísticas de Las Puertas. Allí su consejero y un miembro de su guardia personal, que poseía un “VII” en el peto de su armadura, esperaban nuevas órdenes.

Sacando una cabeza a sus súbditos el Quebrador avanzó hasta la terraza, abrió las puertas y salió, dejando que el suave aire y la brisa matutina le dieran de lleno. Sonreía.

—Marcus, así se llama —Miró hacia el guardia—. Por fin le hemos encontrado, id a por él, matadle. Y llamad a Priscilla, tengo algo que ofrecerle.

Se volvió hacia la ciudad, altos y esbeltos edificios de un tiempo futuro se presentaban ante él. Un enorme dirigible propulsado por motores eléctricos pasó sobre él. En las calles los coches voladores hacían sonar sus bocinas en protesta por el aumento desorbitado de impuestos.

El futuro nunca se había visto mejor, ahora que sabía su nombre, tenía la oportunidad de hacerlo de nuevo. De hacer lo correcto.

Como lo tendría que haber hecho entonces.

27 Avril 2021 18:59:24 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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