u15823518531582351853 Pablo Martínez

Bailando sobre la lluvia. No le importaba. Sabía que nadie le prestaba atención. Su sonrisa remarcaba paz y a su vez melancolía. En medio de todo ese paisaje gris, resaltaba por todos sus tonos blancos. Cómo un diente de león esparciéndose por todos lados a causa del viento. Así se veía ella, moviéndose de un lado a otro, danzando sin importar nada. Con su largo vestido que asemejaba a una flor blanca y sus pies descalzos, no había nada que la detuviera. Y así era porque tenía la certeza de que nadie podía admirar aquel escenario con ella por protagonista. Estaba a salvo de las miradas y comentarios. Aunque también se encontraba aislada de los cumplidos. Entre un cielo nublado y una multitud caminando a su alrededor, ahí se encontraba. Una fantasma bailarina.


Fiction adolescente Interdit aux moins de 18 ans.

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La fantasma que seguía viva


ENCUENTRO I


En la palidez que propina un día nublado. Me había comprometido a salir y disfrutar de lo que muchos dirían un mal día. Las nubes grises eran la advertencia para los demás sobre no salir de sus hogares. Y el suave soplido del viento anunciaba un diluvio que podría caer en cualquier momento. Para otros eran señales para no salir. Para mi era una clara oportunidad. lo cual no hacía muy a menudo por lo que siempre aprovechaba cuando los días se tornaban de esa manera.


El silencio de las calles sobresalía a tal punto que pareciese que nunca hubiera caminado nadie por ahí. Solamente el viento moviendo las copas de los arboles en las cercanías se alcanzaba a escuchar. Apreciaba lo tranquilo que se sentía todo. Con cada paso sobre las aceras vacías, mi mente se alejaba cada vez más. Siempre había sido muy imaginativo , recreando escenarios y situaciones en mi cabeza, lo suficientemente interesantes como para estar en un lugar sin siquiera estarlo. Así me encontraba. Con la mirada hacía el frente deambulando sin un rumbo en específico pero, con mi mente en otro lado explotando toda esa inspiración. De una manera sutil, todo a mi alrededor comenzaba a dejar de existir. Ya no estaba ahí.


ENCUENTRO II


Al pasar por un jardín por el que solía andar habitualmente. Mientras dejaba volar mi imaginación. Algo llamó mi atención, haciendo que abruptamente cayera contra el duro pavimento de la realidad. Lo que mis ojos habían captado era a una chica con una piel tan blanca que podría jurar que brillaba. Danzando y moviéndose de un lado para otro, no se había dado cuenta de mi presencia, o quizás, no le importaba. Sin embargo, aquel acontecimiento me había dejado de cierta manera intrigado por lo que me quedé observando. En sus pies descalzos se podía notar el tiempo que había pasado en aquel jardín. Dando un último giro que culminó en una pose, terminó la pieza que estaba interpretando y fue en ese punto que nuestros ojos se encontraron por primera vez. Mostrando un rostro con cierto asombro, comenzó a caminar hacía en mi dirección, al punto de ponerse enfrente de mi.


—¿Puedes verme?—Preguntó.


Un desencadenamiento de sucesos ocurrieron en tan poco tiempo y no tenía ni idea de como reaccionar a todo lo que estaba pensando. Inclusive, llegué a creer que podría estar soñando. Solamente para que pequeñas y frías gotas me recordaran que estaba completamente despierto. Al no dar respuesta, aquella chica comenzó a hacer movimientos con sus manos para ver si mostraba alguna reacción. A lo cual, simplemente asentí.


—¡Entonces puedes verme!


Aquella declaración, hizo que mi mente solo se confundiera todavía más. —¿A qué te refieres?—. Pregunté.


Sin pasar mucho tiempo, comenzó a postrarse sobre toda la ciudad un manto de finas gotas de agua. Las ropas comenzaban a tomar un color más oscuro entre más gotas caían. Tratando de buscar un lugar seco para evitar mojarme más. Me detuvo. Sosteniéndome la mano, con un rostro empapado y una sonrisa tan sincera que podría llegar a ser contagiosa—¡Soy Cala!—. Dijo entusiasmada.


ENCUENTRO III


Lo que parecía otro día común. Se había vuelto algo diferente a cualquier otra cosa que haya experimentado en la vida. Debajo de la lluvia, ahí yacíamos. Empapados, mientras ella me detenía de la mano y con su rostro feliz. Sus manos, pese a que hiciera frío, se sentían lo bastante cálidas. Recordándome a un contacto humano que había dejado de sentir hace ya un tiempo.


En algún punto en mi vida había dejado de lado muchas cosas. A veces simplemente sentía que solo existía. Pasando días enteros sin hacer absolutamente nada. Dejando juntar pendientes y responsabilidades. Viviendo sin estar realmente vivo. No recuerdo en qué momento fue. Las cosas sucedieron y ya está. Dejando de frecuentar lugares y personas, aislándome en el lugar más recóndito de mi casa. El estar en aquel momento y solamente por el pretexto de que había sido el día perfecto, fue que nos encontramos. Debajo de la lluvia. Empapados. Mientras ella sostenía mi mano, todos esos pensamientos sobre como había cambiado mi vida últimamente, llegaron a mi cabeza.


—Yo soy Tristán—. Contestando a lo que ahora la chica llamada Cala me había dicho.


Al terminar de decir mi nombre, Cala me comenzó a jalar de la mano, de manera que quería que la siguiera. Debajo de un frondoso árbol que sirvió de refugió, ahí fuimos a parar. La temperatura corporal descendía rápidamente y al no llevar más que una ropa ligera, había comenzado a temblar. Mientras que Cala no se inmutaba en lo absoluto —No tienes frío?—. Al solo llevar un vestido de una sola pieza, asumí que ella lo estaba pasando todavía peor. No obstante, aún con ese animo sobre su rostro, negó rotundamente—No siento frío. Tampoco calor—. No entendía del todo lo que sucedía con Cala, por lo que ya estando en ese punto pregunté sin más.


—¿por qué me has preguntado lo de hace un momento?.


Mi pregunta la había dejado visiblemente confundida. No sabía a a lo que me refería, por lo que fui más preciso en mi pregunta. Aún así, su cara de confusión persistía a tal punto que pareciese que no estábamos hablando el mismo idioma.


—¿Te refieres a lo de si me podías ver?—. Asentí, con la expectativa de averiguar algo que podría ser muy importante. Quizás Cala se encontraba perdida o se había golpeado la cabeza y estaba en un estado de amnesia. Fue lo que pensé.


—¡Soy un fantasma!


EN TONOS BLANCOS I

Todo aquello me había parecido tan raro. Al haber pasado tantas cosas fuera de lo normal, me dispuse a regresar a casa, tratando así de olvidar todo lo que había visto. O eso era lo que pensaba. Pues Cala comenzó a seguirme durante todo el transcurso. Apresurando el paso, podía darme cuenta como ella también lo hacía. Lo que muy pronto se tornó en un juego de persecución. Pasamos de ser dos tontos empapándose debajo de la lluvia a dos tontos corriendo por las mojadas calles. Frené de golpe y con cierta frustración exclamé—¿POR QUÉ ME ESTÁS SIGUIENDO?—. Su respuesta fue concisa y a su vez absurda—¡Porque puedes verme!—.


No lo entendía. Por supuesto que no era un fantasma. Por supuesto que la podía ver. Quizás solo está loca. Mientras formulaba hipótesis en mi cabeza sobre Cala, no había entrado en cuenta que había llegado a mi departamento. Una vez más me detuve.


—Y bueno... Este es mi hogar. Me gustaría poder decir que fue un gusto en conocerte pero, la verdad es que no.


Cala se quedó mirándome, sin perder en ningún momento esa mirada de entusiasmo. Cómo cuando un niño descubre que lo que había pedido de Navidad yacía bajo el árbol. Podía mirar claramente el brillo en sus ojos que, al mirarlo con atención, podía concluir que llegaba al mismo tono de su piel, o quizás, era el tono de su piel el que imitaba el brillo de sus ojos. Al no obtener respuesta agregué—¿No tienes otro lado al que ir? O dicho de otra manera ¿No tienes que regresar a tu hogar?


Y así cómo una bombilla que va perdiendo luz al terminar su vida útil. Así se fue apagando aquel brillo.


—No... no... no... ¡¡No tengo un hogar!!


Había tocado una mina. Y una muy grande.


—No tengo a donde ir. No existe un hogar para mi. Llevo ya un tiempo solamente caminando por ahí. Quedándome en la calle. Para mi no es ningún problema porque, nadie puede verme, eso me reconfortaba pues no puedes estar en peligro cuando no existes para nadie. Y me siento segura. Tengo la certeza de que nadie me podrá hacer daño. Al mismo tiempo una tristeza me invade porque por ese mismo hecho, nadie puede ayudarme, nadie nota mi presencia. Las celebraciones no se sienten igual si no hay nadie que note tus logros. Simplemente se vuelve todo irrelevante. En un principio habría jurado que podría vivir de esta manera, estaba equivocada. Hasta la persona más solitaria tiene sus momentos de compañía.


Al escuchar lo que había dicho Cala. Todavía estaba un poco incrédulo ante tal declaración.


—¿De verdad nadie te puede ver?


Cala entrecerró los ojos en modo de enojo. Y sin más se dirigió a mitad de la calle para quedarse ahí parada—¿Qué estás haciendo?—. pregunté. Aunque sabía perfectamente la respuesta a ello.


La noche se comenzaba a pronunciar por el vasto cielo. Las luces comenzaban a cobrar vida de una en una. No tan lejos podíamos ver las farolas de un carro aproximándose. Atónito podía ver como Cala no se movía ni un centímetro. Comencé a dudar sobre si realmente se quedaría ahí estática o si en algún momento se movería. Mi sentimiento de culpa salió a flote. No quería cargar con la muerte de alguien que quiere comprobar algo que para cualquiera sonaría absurdo. Sin pensarlo más, me lancé hacía la calle y la saqué del camino, solamente para que segundos después aquel automóvil pasará a alta velocidad.


—¡Sí estás locaaaa!


Tirados en el suelo. Pasamos de estar empapados y cansados a estar empapados, cansados y ahora sucios.


—¿Ahora me crees?


Su enojo se había ido, pese a no haber demostrado nada. Al levantarnos del suelo me sacudí un poco—No es que no te crea, tampoco es que lo haga. Simplemente no todos los días alguien te dice que es un fantasma—. Cala se echó a reír a carcajadas. Al escuchar su risa reafirme lo que ya había estipulado. Si estaba loca.


EN TONOS BLANCOS II


Desde que me había mudado a aquel departamento, no había invitado a nadie. En parte, porque no tenía a nadie a quién invitar. Desesperado por salir de aquella vieja casa, emprendí mi búsqueda por encontrar un verdadero hogar. Mi vida como autor, estaba dando frutos y comenzaba a auto sustentarme por lo que no representaba algún problema el hecho de vivir solo. Entrando en cuenta que la mayor parte de mi vida así siempre había sido. No buscaba nada ostentoso, tan solo quería sentir esa comodidad y calidez que se siente al entrar a ese espacio, después de un día largo en la calle. Teniendo todo eso en cuenta, fui a parar en lo que a mi respecta, el mejor hogar de todos. Un departamento tranquilo, para una persona tranquila.


Después de lo que sería un día tan fuera de la común, el regresar a casa y presenciar esa aura de bienvenida en el aire, es una sensación indescriptible que va más allá de la definición de paz. Tan solo pensaba en tomar un baño caliente, relajarme y olvidarme de todo. De no ser otra vez por Cala que, sin siquiera consultarlo, ya estaba más que recostada sobre uno de los sillones de la sala—Esto no es un hotel—. balbucee. Ella solo lanzó una risita para después decirme que me lo compensaría después.


El vapor había invadido por completo mi baño. Tanto yo como mis pensamientos nos encontrábamos sumergidos en la tina. Uno creería que los fantasmas son esos seres que vemos en las películas, manifestándose solo para mover cosas y que su único propósito es atormentar a la persona con la que conviven y no una mujer que danza bajo la lluvia, descalza y con tendencias suicidas. Los fantasmas son aterradores y ella pues... es linda. Al pensar eso, pude sentir como mis mejillas se sonrojaban. Inmediatamente me sumergí más en un intento desesperado por que se ahogara eso que había pensado. Ciertamente ella se veía linda, no obstante, Su locura lo opacaba.


Al salir, encontré a Cala fisgoneando entre mis cosas. Al escuchar que me encontraba de regreso, para evitar que la descubriera, trató de disimular que no había estado curioseando entre mis cosas, lo cual hizo que se cayeran varias cosas de librero en el que se había puesto a investigar, delatándole. —Hmhh... Yo lo recojo, mientras, el baño se encuentra libre, aunque tengo duda de si un fantasma tiene la necesidad de ducharse—.


—¡Claro que si! También nos ensuciamos, eso es obvio. Ahora con tu permiso...


A un paso acarrerado, entró al baño. Para minutos después asomar la cabeza. —¡Y NADA DE ESPIAR HEEE!—.


—¡¿Por qué clase de persona me tomas?!— dije refunfuñando, mientras recogía lo que Cala había tirado. No sabía como actuar, aunque fuese mi hogar, me sentía como si tan solo fuera un huésped en su primera vez en la casa de alguien más. No quería incomodarla, aunque en mi ironía, el que se encontraba un poco incómodo era yo. Un rugido proveniente de mi estómago fue la pista que necesitaba para saber que hacer. Por todo lo que había sucedido, había olvidado que solamente había desayunado. En mi cocineta me preparé un emparedado y de nuevo otra cuestión en mi mente surgió. ¿Los fantasmas comen? Al no tener ni idea sobre la respuesta, me encontraba confundido sobre si solo tenía que hacer para mi o si también para ella. Y ahí me encontraba, con un estómago gruñendo cada vez más, y confundido. En mi confusión pude escuchar como se acercaban unas pisadas. Cala había terminado de ducharse y fue en ese momento que obtuve mi respuesta.


—!!OHHHH¡¡ ¿Emparedado de Jamón? ¡Yo quiero!


La situación era algo incómoda. Dos personas que se conocieron apenas en la mañana, comiendo, sin ningún tema de conversación. Podría jurar que, aunque tenía mucha hambre, aquel emparedado no supo tan bien debido a la atmósfera del momento—Y bien... No pareces muy fantasma que digamos. ¿Me dirás realmente lo que está pasando? Cala, al estar comiendo, solo podía ver los movimientos que hacía al masticar. Al pasarse su bocado, sonrió melancólicamente.


—No lo sé... En algún momento así lo creí. Mis recuerdos se volvieron difusos. En un principio al notar que las demás personas no me veían, entré en pánico. Hacía de todo para que alguien pudiera notar mi presencia pero, era como si todo lo que hiciera, todo lo que moviera jamás hubiera pasado. No sé si estoy muerta, un día solo desperté en mitad de un callejón. Mis ojos se encontraban llorosos pero no logro recordar porque lloraba. No puedo recordar más allá de ese punto, todo se vuelve borroso cuando intento recordar, al punto de que me duela la cabeza.


Cala hizo una pausa. Jugando con unas migajas de pan que tenía cerca, se mostraba como una persona totalmente diferente.


—Cuando tu me viste, me llené de emoción, quizás todo estaba regresando a la normalidad. Fue lo que pensé. Al mirar a mi alrededor pude darme cuenta que todo seguía siendo lo mismo, con la excepción de que ahora una persona sabía de mi existencia. A veces solo basta con que una persona te mire para darte cuenta que sigues importando.


EN TONOS BLANCOS III


La noche se alzaba cada vez más. Los sonidos urbanos de a poco se iban apagando, haciendo que el silencio prevaleciera por las húmedas calles. Alguna que otra sirena se podía escuchar a lo lejos, dejando un eco detrás. Me parecía de lo más insólito todo lo que había ocurrido en un lapso corto de tiempo. Cala se había escuchado muy segura sobre todo lo que dijo. Para mi, es algo bastante difícil de digerir. Me paré de mi cama y me dirigí a la cocina para servirme un vaso de agua. Al salir de mi habitación, postrada frente a mi ventana con una mirada fija que daba a entender que se encontraba perdida en sus pensamientos. Iluminada por las luces de la calle, solo hacía resaltar más la palidez de su piel. Llegué a pensar que realmente se trataba de un espíritu. Al recordar el calor de sus manos, supe que no se trataba de eso pues, ningún muerto tendría esa calidez que solo alguien vivo posee.


Me quedé apreciando aquella imagen de ella por unos segundos. Después de todo, no quería interrumpir su momento que pasaba con ella misma, al caminar hacía mi cocina, Cala notó mi presencia y con un gesto sutil de sus manos, solamente me saludo, sin decir una sola palabra. La luz de a fuera, al entrar en contacto con la piel de Cala, la hacía resplandecer, y sumando aquella sonrisa que... la única palabra que se me viene a la mente para describirla es: Única; la hacía resplandecer más. Jamás había conocido a alguien así, entrando en cuenta que, tampoco había sido tan abierto como lo había sido con ella, sobre todo cuando justamente por la mañana nos habíamos conocido y ahora se quedaría en mi casa. Al admirar el brillo de Cala, me miró con extrañeza, quizás se preguntaba el porqué yo había sido el único que podía verla. En ese encuentro ninguno mencionó algo en voz alta, no hacía falta. Cómo si de una conexión que está más allá del terreno físico, pudimos entendernos meramente con nuestras expresiones.


EN TONOS BLANCOS IV


Al día siguiente, los tonos grises se habían ido, para dar lugar a un cielo azul y unos resplandecientes rayos dorados. Merodee por la casa en busca de Cala. No se miraba por ningún lado. Se había ido... Nuevamente en un breve momento se cruzó por mi mente el que todo pudo haber sido un sueño. Si así lo era, fue uno que se sintió muy real.


Al no encontrar ningún rastro de ella, comenzaba a creer que efectivamente así lo era. No lo quería creer del todo pues podía jurar, aunque ella dijera que es un fantasma. La sensación de su mano se sintió lo bastante real como para no creer que es un fantasma y que no se trató de un sueño. De entre tantos pensamientos, solamente me veía envuelto en un abismo de confusión del cual, si seguía tratando de buscar una respuesta, solamente caería más profundo dentro de ese abismo. Al no querer darle más vueltas al asunto, me rendí y opté por aceptar que todo el asunto de Cala había sido meramente un sueño. Dentro de mi sentía cierta desilusión. Mi vida la había tornado de lo más aburrida posible, mi encuentro con Cala le dio un giro inesperado que, aunque al principio me frustró, haber salido de lo que siempre era mi rutina, se sintió diferente y podría llegar a decir que me gustó haber experimentado algo diferente después de muchos años viviendo de la misma manera.


Al dar por sentado todo, me dirigí a mi escritorio con el propósito de continuar con mi trabajo, del cual ya me encontraba atrasado. Mi motivación se hallaba agotada y mi imaginación tenía tiempo que se había extinto. Al no tener esas ganas por continuar escribiendo, comencé a posponer mi trabajo. Comenzaba a recordar que eso había sido otro factor por el cual había decidido salir a dar un paseo. Las fechas limites se acercaban para la siguiente entrega y necesitaba embarcarme en el vasto océano de edificios para encontrarme con algo que iluminara mi mente y me diera esa motivación para poder finalizar mi libro. Era una rutina que hacía desde que había comenzado a escribir y que hasta la fecha me había funcionado bastante bien. Dentro de mi habitación, el tiempo se detiene. Nada cambia, solamente el polvo se junta y lo material comienza a notarse su tiempo. Allá a fuera todo cambia y se encuentra en constante cambio. Las fachadas cambian de color, la gente que transita por las calles, aromas, sensaciones, experiencias, todo simplemente cambia. Dónde una pareja se sentó a llorar para terminar su relación, al día siguiente en ese mismo lugar se está formando un nuevo amor. Hasta las nubes que vimos ayer, no son las mismas que estamos viendo hoy. Todo cambia. Necesitaba esos cambios en mi vida para volver a sentir aquello por lo que originalmente comencé a escribir, sin embargo, existía un factor que determinaría el hecho del porque aún con todo eso no soy parte de ese cambio constante que está allá a fuera. Y es que detesto los cambios. Como en cualquier foto, el tiempo ahí se queda congelado. Así me gustaría que fueran las cosas. Que perduraran infinitamente. Aunque eso es meramente una utopía personal pues en la realidad todo siempre va a cambiar y yo no estoy exento de eso. La persona que soy ahora, no era la persona que era hace unos años, hace unos días e inclusive el día de ayer era una persona completamente diferente a como soy ahora en este preciso momento.


Frente a mi se encontraba la pantalla esperando a que tecleara algo. No contaba con que me hallaba absorto en mis pensamientos. Y así estaba... con una mirada fija sobre la pantalla pero que realmente estaba viendo con detalle todo aquello que salía de mi mente. No fue si no hasta que pequeños toquidos retumbaron en la puerta de la entrada a mi departamento. En cuestión de segundos había vuelto en mi e inmediatamente atendí a quien sea que estuviera tocando mi puerta.


Al abrir la puerta, después de dejar pasar esos segundos de ceguera causados por el cambio de luz de a fuera, vi su silueta y mi primera reacción fue de asombro. Cala estaba al pie de mi entrada con una enorme bolsa del supermercado—Q...que...¿Qué está pasando? —Titubee. Aquello que había creído que solo había pasado en mis sueños, realmente había sucedido.


—Pues te dije que lo iba a compensar ¿oh no? Me levanté temprano para ir por unas cosas al super para hacer el desayuno, como agradecimiento por lo que has hecho por mi.


Inmediatamente imágenes de un fantasma haciendo las compras se vinieron a mi mente, con lo cual, una ligera risa se me escapó. Y casi inmediatamente pensé el cómo le hizo para pagar todo aquello que tenía en la bolsa por lo que le pregunté. Sus ojos se desviaron por completo e hizo como que no me escuchaba—¡¡¡El hecho de que nadie pueda verte, no significa que puedas hacer todo lo que tu quieras!!!—


Lo hecho, hecho estaba. Con cierta culpabilidad Cala comenzó a hacer el desayuno, me había ofrecido para ayudarle, aunque fui inmediatamente rechazado pues Cala reiteró el que me estaba compensando por lo demás. Aunque para mi no era la gran cosa, acepté su propuesta. Grave error, Cala no tenía ni la más mínima noción sobre la cocina. Todo parecía incomible. Más que abrirme el apetito, se me hizo un nudo en el estómago como garantía de que si tomaba un solo bocado este no pasaría más allá del esófago.


EN TONOS BLANCOS V


Habría querido avanzarle a mi trabajo lo más que se pudiera. Comenzaba a sentir la presión de las fechas limites. Entonces no entendía bien el porqué me encontraba a fuera en un día super soleado. Cala me había traído casi a la fuerza a un lugar demasiado poblado, con el único fin de demostrarme que para los demás, ella no existía. Volvió hacer lo mismo que con el auto de ayer, con la diferencia de que esta vez no había cabida de que saliera atropellada. Me quedé observándola, la zona se encontraba lo bastante concurrida con lo cual la gente no podría pasar por alto a Cala. La prueba comenzó, Cala se encontraba parada justamente en medio de la vereda por donde transitaban las demás personas. En un principio no estaba mirando con detenimiento, solamente veía a Cala estar parada ahí y multitudes de personas caminando a su lado. Al darme cuenta de esto último, lo entendí, entrecerré los ojos un poco para ver si mi vista no estaba fallando y fue ahí cuando todo estaba claro. En el punto donde Cala se encontraba, nadie se encontraba pasando, los que caminaban en dirección de Cala, repentinamente cambiaban de dirección o solamente se movían ligeramente. Era como si trataran de evitar un objeto que se encontraba ahí, sin siquiera estarlo. Y nadie se daba cuenta de eso. Todo lo que me decía comenzaba a cobrar sentido. Con gestos sutiles, le hice señas para que regresara. Mientras Cala se acercaba cada vez a mi, las personas que se encontraban en su cercanía comenzaban a hacer lo mismo, se desviaban o caminaban para otro lado, a simple vista parecía que seguían caminando como si nada. Al mirar con detenimiento se podía ver el momento en que se acercaban a Cala y como en cuestión de milésimas de segundo evitaban seguir caminando por ahí—¿Y bien?— Dijo Cala mientras ponía sus manos sobre su cintura.


CALLES CON RECUERDOS I


Estaba convencido de lo que Cala me había dicho, si bien, no creía que fuera un fantasma, si era cierto que nadie podía notarla o reconocer su existencia cuando menos. El camino de regreso a casa se torno relativamente largo. Los silencios marcaban una clara decepción por un experimento que resultó salir exitoso pero que el resultado no era el deseado. Cala mostraba una mirada seria. Al saber que yo podía verla, sus expectativas y su esperanza se elevaron para que las cosas regresaran a un estado de normalidad, lo cual, en ningún momento sucedió.


Al pasar por una de la tantas calles. Cala se quedó mirando hacía una en particular —¿Sucede algo?—. pregunté con cierto temor pues no quería hacer que Cala se sintiera peor.


—Hay algo aquí...No sé como decirlo.... Siento que conozco este lugar, me refiero a que lo conozco desde hace mucho tiempo.


Al querer divagar más en su pasado pude notar una visible frustración por parte de Cala. por más que pensaba en ello, menos encontraba una respuesta a aquella extraña familiaridad con el lugar — Deberíamos de adentrarnos en esta calle, quizás, de esa manera puedas recordar algo más—. Había propuesto aquella idea para evitar que Cala se frustrara más de lo que ya estaba.


Aquella calle no parecía tener nada en especial. No la diferenciaba de las miles otras que se encuentran en esta ciudad por todos lados '¿En qué se habrá fijado Cala?'. Mirando por el lugar, trataba de encontrar alguna pista que pudiera estar relacionada con Cala. Mientras tanto ella hacía lo mismo, con la diferencia que ella estaba buscando desentrañar su borroso pasado. La puesta de sol comenzaba a vislumbrar en nuestras miradas, habíamos caminado más allá de la mitad y aún no encontrábamos algo por lo que Cala se sintiera atraída por este específico lugar. Al acercarnos al final de la calle, de una de las casas iba saliendo una figura. Era un hombre. Cabizbajo, podía notarse en lo poco que se podía ver de su rostro, que había pasado por mucho. Una mirada que solo un muerto tendría. Inexpresiva. Al percatarse de mi presencia me miró fijamente como si estuviera buscando reconocerme de algún lado y al no lograr asociarme con alguien conocido simplemente pasó de lado, no sin antes poner una mirada hostil. No lo conocía tampoco de nada y aún así podía saber claramente que no le había agradado mi presencia en lo absoluto a aquel sujeto. Pasó de largo, sus pasos comenzaban a escucharse distantes hasta que se perdieron en la nada. Aquella hostilidad estaba desapareciendo, mientas mi calma volvía a mi —Vaya sujeto más raro ¿No lo crees Cala? Ja ja j—. Voltee a ver a Cala mientras le decía sobre la persona que habíamos visto, para mi sorpresa Cala estaba paralizada.


CALLES CON RECUERDOS II


Sus ojos estaban completamente abiertos de un asombro el cual no me había enterado. Era como si me hubiera quedado dormido toda la película y me hubiera perdido del final. Sin ninguna advertencia, dos lagrimas comenzaron a desplazarse por las mejillas de Cala. Algo había sucedido en ese pequeño lapso cuando nos encontramos con aquel señor del cual en ningún momento me percaté. Al no querer dar rodeos simplemente pregunté—¿Estás bien? ¿Lo conocías?— Dentro de mi sentía una incomodidad por mirar a Cala de esa manera.


—No... o, no lo sé. Siento que lo he visto en algún lado pero por más que intento recordar no me llega nada a mis pensamientos. Ni siquiera sé porque estoy llorando—. Cala hizo una pausa para secarse las lagrimas con sus brazos. Un color rosa comenzaba a aparecer en todo ese blanco, concretamente alrededor del área de los ojos. Si la tristeza tuviera un color, sería como ese rosa que siempre aparece después de haber derramado todo aquello que llevamos guardado. —No pude reconocer quien era. No sé si antes de volverme un fantasma era un conocido o inclusive alguien de mi propia familia. No lo sé. No lo sé. ¡¡No lo sé!! Necesito saber quien era yo antes de dejar de existir—. Todo lo que había secado de sus mejillas, había vuelto a brotar.


—Pero sigues existiendo ¡Estás aquí! Yo puedo verte... Sé como luces y estoy seguro que podría reconocerte desde lejos—. Exclamé, en un intento desesperado por mejorar el animo de Cala. No era suficiente, a pesar de que Cala no respondió a lo que había dicho, no era suficiente para contrarrestar la crisis por la que estaba pasando. Podía jurar que ni siquiera mis palabras llegaron a sus oídos. Cala se sentó al pie de las escaleras de una casa a la espera de tranquilizar su memoria. Estando sentados en silencio, con una puesta de sol en la lejanía, sin darnos cuenta, habíamos encontrado una pieza clave del pasado de Cala.


LAGUNAS MENTALES I


Rodeada de estanques vacíos donde el agua de sus memorias se había secado. Sucumbida a la desesperación de haber perdido momentos claves ligados a la esencia de quien era ella. Cala se hallaba perdida en su propia mente tratando de buscar en uno de esos tantos cuencos un fragmento de ella misma.


Ambos habíamos regresado a mi departamento. Rodeados de silencio, no encontraba una manera para cambiar el ambiente. Cala se había postrado sobre uno de mis sofás. Se veía cansada— ¿Has dormido algo en estos días? ¿Los fantasmas duermen? —. Al escuchar, Cala no pudo contener una pequeña risa debido a lo tonta que fue mi pregunta.


—Me alegra saber que ahora crees en mi.


De alguna manera, sus palabras sonaban demasiado sinceras pese a no tener ninguna prueba. Una Corazonada, nada más—Si bueno... Aún creo que estás un poco loca. Sólo un poquito—.


A Cala se le escapó una entrecortada risa. De esa manera había logrado romper nuestro silencio. Ahora su humor había mejorado. Y de cierta manera me alegraba. No había entrado en cuenta que por haber estado bajo el sol por un tiempo prolongado, había sudado demasiado. Al percatarme de ello, olfatee un poco sobre mi axila. Mis mejillas se sonrojaron y sin decir nada más, me dirigí a mi ducha lo más rápido posible. Cala no lo pasó por alto por lo que su risa solo se intensificó más.


Al estar sumergido sobre la cálida agua de mi bañera, ahora era yo el que se encontraba consternado por Cala. ¿Podía considerarla ya una amiga? ¿Sería demasiado pronto? ¿Ella me considera a mi de esa misma manera? Pregunta tras pregunta, solamente me confundía más y más, después de todo solo habían pasado dos días desde nuestro primer encuentro. ¿En qué momento se le puede considerar a alguien un amigo? Al hacerme esa pregunta, otra inmediatamente me invadió... ¿Cuándo fue la última vez que hice un amigo? Ahora era yo el que no podía recordar. Al ver que no iba a dar a ningún lugar, opté por salir de la bañera y enfocarme en ayudar a Cala. Seamos amigos o no, me sentía con el deber de ayudar.


A comparación de otros días, el cielo podía mirarse completamente despejado, solamente para ser adornado por unas cuantas estrellas y una luna que aún con toda la luz artificial, resplandecía. Mientras secaba mi cabello, me quedé mirando hacia la luna. podía sentir su blanca luz tenue sobre mi, me recordaba a Cala en cierta manera. A pesar de que estaba pasando por una situación única, no dejaba de resplandecer. En mi habitación, hipnotizado por su sutil brillo, escuché como llamaban a mi puerta, era Cala.


—Llevas ya un tiempo ahí adentro ¿Todo bien? ¿Estás en tu momento "especial"? ji ji.


Al escucharla del otro lado de la puerta, mi concentración se perdió mientras podía sentir como se ponía roja mi cara.—¡TE EQUIVOCAS!—. Respondí en voz alta. Me puse mi ropa con la que duermo en movimientos rápidos y para evitar que Cala dijera más cosas inapropiadas, abrí la puerta. Ahí seguía de pie, con una mirada jocosa.


—¿Puedo pasar?—.


No esperaba que dijera algo así. Nunca había pasado a una persona a mi cuarto. Es mi santuario, donde solo yo puedo estar, donde converjo con mis pensamientos. Donde soy yo.


—¿Y bien...?


Hice una seña con mi mano mientras me hacía a un lado para que ella pudiera entrar. Me sentía nervioso, no por lo que pudiera o no encontrar, si no porque mi santuario se hallaba siendo invadido y nada más y nada menos que por un fantasma —Ehh... si... bueno... ¿Qué te trae a mi habitación?—. Se podía notar el nerviosismo en mi voz. Cala Se limitó a sentarse al borde de mi cama quedándose en silencio por un momento.


—Gracias... supongo. Había hablado en un tono anormalmente bajo que no pude percibir lo que había dicho—Uh... Disculpa, ¿Qué? No pude escuchar lo que dijiste—. expliqué con algo de confusión.


Cala puso su mano sobre su boca, mientras esbozaba una risa que claramente podía ser más ruidosa de no ser porque se estaba conteniendo.


—¡No es nada!


Mi confusión solamente se acrecentaba con todo lo que estaba sucediendo, no obstante, no indagué más en el asunto. Cala se puso a ver con detenimiento todo lo que se hayaba en mi habitación. Desde el librero con algunas de mis obras y obras de otros autores los cuales consideraba mis favoritos. Pequeños adornos, mi taza favorita donde siempre me sirvo mi café, todo, absolutamente todo. Lo cual hizo que me hiciera sentir incomodo a mi. Todo aquello era lo que me gustaba y que de cierta manera formaba parte de mi. Era como si me estuviera mirando. Y yo nunca me sentí agusto cuando las miradas se postraban sobre mi, por lo que siempre trataba de pasar desapercibido, ni si quiera en mis libros publicados mostraba a mi verdadero yo. La razón por la cual me publicaba con un pseudonimo. Nunca pude mantener el contacto visual con ninguna persona. Prefería bajar la mirada. No podía lidiar con los ojos de las demás personas.


Mientras Cala Exploraba mi habitación con su mirada, intervine, para evitar sentirme más incomodo. Recordé aquello que pensé mientras estaba en la bañera— Cala... Creo... Creo que deberíamos afrontar a ese señor que hemos visto, quizás el sepa algo que nos lleve a saber algo más de ti ¿No lo crees?—. Había funcionado, su exploración se vio interrumpida por aquello que había dicho tan repentinamente. Su mirada se devolvió hacia a mi.


—Pero no podrá verme ¿De qué serviría?


Tenía razón. Aún si lo encontrábamos el no podría mirarla y no sabríamos si realmente se conocían de algo. Al pensarlo un poco más. Me ofrecí como una especie de entrevistador. De esa manera sería yo el que haría las preguntas y con suerte nos diría algo clave para descubrir el pasado de Cala. Al proponerle la idea a Cala, pude ver como el brillo de sus ojos regresaba. Entrando en cuenta que también, era la primera persona a la que miraba a los ojos. Al estar consiente sobre ese hecho, a pesar de que ese brillo me hacía sentir algo que difícilmente puedo describir con palabras, tuve que desviar mi mirada.


Cala estaba de acuerdo con mi propuesta, yo preguntaría, mientras ella estaría presente escuchando las respuestas para así poder descubrir lo que pasó con ella.


LAGUNAS MENTALES II


Un nuevo día, con desagradables tonos anaranjados en el horizonte. El cielo azul volvía a nacer y con ello terminaba mi sueño. Habíamos planeado estar checando la calle donde nos encontramos con el sujeto extraño de la otra vez. Por lo que decidimos abarcar un horario extenso para que de esa manera no se nos pasara por alto. Teniendo en mente nuestro plan, me había planteado el hacer todo más rápido para llevar a cabo el plan lo más pronto posible. Mi productividad se esfumo al ver a Cala aún durmiendo plenamente sobre mi sofá, que incluso podía ver como se le salía la baba de una de las comisuras de sus labios. Llené en un vaso un poco de agua fría y la lancé sobre la fantasma durmiente. Cala se sobresaltó, su sueño había sido interrumpido. Y yo solo pude tirarme a carcajadas, para inmediatamente ser castigado con una almohada sobre mi cara. 'Al parecer Cala era de esas personas que se despiertan de malhumor', pensé.


Después de nuestra infantil riña matutina y un desayuno exprés, pusimos en marcha nuestro plan. Nos encaminamos a la calle de la nostalgia con la esperanza de volvernos a topar con el sujeto clave. Al llegar al lugar, Cala puso una expresión que denotaba tanto nerviosismo como entusiasmo, quizás, podría recuperar sus recuerdos e inclusive podría volver a "existir".


Podía darme cuenta de que ya había pasado las horas, pues el sol se intensificaba más. A Cala no parecía importarle, por otro lado yo estaba comenzando a sentir insolación. Estuvimos esperando un buen tiempo y no hubo ninguna señal de nuestro objetivo. Para evitar que se nos pudiera pasar inadvertidamente. Cada uno se puso en una esquina de la calle y si alguno lo llegara a ver avisaría al otro mediante señas. Un plan sencillamente fácil, de no ser por un calor infernal que lo volvía mil veces más pesado de lo que era. Solamente los delgados arboles que se encontraban decorando el lugar, servían como protección ante un sol demasiado intenso.


No estaba funcionando, abandoné mi posición para acercarme a Cala—Tenemos que cambiar la estrategia, de lo contrario voy a desfallecer en este lugar—. con una voz jadeante y una respiración entrecortada , expresé. —¿Re... recuerdas de... de que casa salió esa vez?— Con cada palabra sentía que mi boca se secaba más y más.


—Hmmm... creo ¿Por?—. Cala respondió con extrañeza.


Le pedí a Cala que me indicara el lugar. Todas las casas se parecían y aún así Cala sabía perfectamente cual era. —Voy a averiguar si hay alguien en casa—. Cala, se sorprendió de mi comentario.


—¿No crees que se verá raro? Que tal si piensan que eres un loco o algo por el estilo.


—Mira quien lo dice—. dije entre dientes. Al subir dos pequeños escalones de madera me postré sobre la entrada, y toque gentilmente la puerta. Esperando que las personas nos dejaran pasar para evitar seguirme cocinando bajo el sol. Nadie respondía. Mis toquidos se volvieron más y más fuertes. Tenía la extraña sensación de que si había alguien dentro. Y así fue. La puerta comenzó a abrirse lentamente y por el cambio de luz tarde un poco en distinguir a la figura que había abierto la puerta. No pude evitar sorprenderme al ver a la persona que estaba frente a mi. Al girar para mirar a Cala, ella estaba en shock con las manos sobre su boca. Una mujer con una piel tan blanca que podría jurar que brillaba. No entendía lo que estaba pasando. En su rostro se podía ver una tristeza inmensa y al observarla con más detenimiento, sobre su piel se hallaban manchas en diferentes tonos morados que por más que lo viera , sabía perfectamente que se trataban de golpes.


—¿Qué pasa?—. Dijo aquella señora que, aunque podía notarse su edad a simple vista, eso no le hacía menos a su belleza.


No pude formular ninguna pregunta pues ante mi se encontraba por muchas obvias razones la que muy probablemente era la madre de Cala. Estupefacto, de mi boca solo salían balbuceos y tartamudeos que no llegaban a nada en concreto. La señora hizo un gesto de molestia y sin pensarlo comenzó a cerrar lentamente a la puerta. A lo que mis reflejos respondieron deteniendo de que se cerrara—Usted... Usted conoce a Cala ¡¿verdad?! ¡Usted debe de conocerla!


La cara de la mujer se tornó más triste al punto de que comenzó a sollozar.


—Y tú qui...—. Al momento de responder otra voz se escuchó detrás—¿Quién diablos es Mary?—. Se trataba de nuestro principal sospechoso. Unos pasos se aproximaban al punto de llegar a la entrada de la casa también, empujando bruscamente a la señora que se encontraba en lagrimas.


—¡¿Eh?! ¿Y tu quién eres? ¡Largo de aquí!


La situación comenzaba a ponerse tensa y antes de quedarme sin una respuesta, hablé sin más.


—¡Señor! Disculpe la molestia solamente quería preguntar si ustedes conocen a Cala, nada más. El rostro del hombre se lleno de rabia, era evidente que mi pregunta lo molestó. Un volcán entro en erupción y yo sin saberlo, me acercaba más a él. Me tomó de mi camisa y me arrojó hacía atrás.


—¡Lárgate de aquí y no vuelvas a mencionar ese nombre ¡LARGO! ¡LARGO!


Estando en el suelo, podía sentir como los rayos golpeaban mi cara. Entre la confusión de lo que había pasado y la desorientación por mi caída, había dejado de checar a Cala. Al recuperarme, inmediatamente la busqué con mi mirada. Estando de rodillas, aún con las manos en la boca y con lagrimas por montones, pude alcanzar a escuchar que estaba murmurando algo. Una y otra vez, no lo alcanzaba a percibir —¿Cala?—. Pregunté, confundido, mientras me acercaba a ella.


Al acercarme a aquellos murmullos, quedé atónito.


—Ahora recuerdo. Decía.


La FLOR QUE SE DESVANECIÓ I


Dicen que las personas con las que siempre contarás es tu familia. No era mi situación. Con cada grito escuchado, se veía interrumpida mi paz. Solo las paredes eran testigos de las atrocidades con las que tenía que lidiar. Al vivir continuamente en ese ambiente, desde que tenía uso de razón me cuestioné el propósito de mi existencia. Si así era la vida que me deparaba, hubiera preferido no existir si se me hubiese consultado.


Mi padre carente de toda humanidad, siempre se la pasaba intimidándome, con amenazas que al escucharlas sabía que mi vida corría peligro. Si mi madre se oponía en algo también terminaba lastimada físicamente. Aunque fuese todavía una niña, sabía perfectamente que todo a mi alrededor no era una vida digna. Constantemente ese abuso verbal dejaba heridas de esas que no se ven pero que muchas veces duelen más. Al no poder decir nada al respecto, un dolor sobre mi pecho se formó. Y con el pasar de los años fue creciendo. Solo yo sabía como me sentía y al no poder hacer nada por temor, solamente me limitaba a llorar en las pequeñas oportunidades cuando ese demonio se largaba.


Eran esos los momentos donde me sentía realmente libre. Y la mejor forma de expresar mi libertad era danzando. Atribuido a unas bailarinas que miré en una de esas contadas veces que llegué a salir a la calle. Frente a un teatro, un par de bailarinas se encontraban ensayando. Al mirarlas sonrientes y con sus hermosos atuendos pude descifrar en un primer plano lo que es ser feliz. Y observando sus movimientos que no se limitaban a un pequeño espacio, supe lo que era ser libre. Un sentimiento nació de mi coraje y mi determinación. Sería igual que ellas a como de lugar. Algún día estaría ahí también.


El calendario siguió corriendo. Los insultos a comparación de mi sueño, eran insignificantes, en los ratos que no tenía clases y que no se encontraba ese hombre desquiciado, me ponía a practicar. Había dejado la niñez. Mi cuerpo comenzó a cambiar lo cual causó algo nuevo. No podía confirmarlo pues no tenía las pruebas contundentes de ese asqueroso hecho. Algo en la mirada de mi padre cambió, concretamente en la forma en la que me veía a mi. Podía sentir un escalofrío cuando postraba su mirada sobre mi, sin embargo, al querer cerciorarme de ese hecho, no podía encontrar ningún indicio de que así fuera. Creyendo de esa manera que eran cosas solamente mías. Las palabras hirientes se mantuvieron, todo seguía siendo lo mismo, salvo por ese factor que hacía sentir más repulsión sobre mi padre. Al contarle sobre lo que estaba pasando a mi madre, no me creyó. Su rostro solo me decía que desde ya un tiempo atrás nada le importaba.


LA FLOR QUE SE DESVANECIÓ II


Las cosas permanecieron de la misma manera por mucho tiempo. Mi cumpleaños número 18 se encontraba próximo y aunque no tenía a nadie con quien celebrarlo, eso no iba a impedir de pasármela bien. No tenía amigos y aunque los tuviera no podía invitarlos a este infierno de casa. De esa manera aprendí a amar mi compañía. Mi perseverancia me llevó a no rendirme con la danza. Sentía que mi sueño estaba al alcance de mi mano. Me las había arreglado para encontrar las audiciones de danza artística. En las bases cumplía todos los requisitos que pedían salvo por el único que mencionaba que era para edades de 18 en adelante. Para mi suerte, podía cumplir con ese último requisito en cuestión de días. Por fin sentía que iba a dar un paso para poder irme lejos de este lugar. Había hecho tantas cosas a escondidas del señor demonio que gobernaba esta casa, desde hacer mi vestido que usaría para las audiciones hasta conseguir un pastel pequeñito para celebrar mi cumpleaños. Si me descubría sería mi fin,


Mi cumpleaños lo celebré en mi habitación. Con las luces apagadas y solamente con una velita para aclarar un poco. Cerré mis ojos por un momento y pedí mi deseo —Que todo salga bien—. Susurré. Y con un suave soplido apagué la velita, dando así por terminado mi festejo. El resto de la noche me la pasé ensayando y repasando mi coreografía una y otra vez.


El día había llegado. Mis manos se encontraban temblorosas, mi respiración estaba agitada y mi corazón latía cada vez más fuerte. Sin despegar la vista del reloj, solo estaba a unas horas de poder hacer realidad mi sueño. Había planeado todo con demasiada antelación para evitar hacer algo mal en este día tan importante. Alrededor de las 6:00 P.M mi padre se saldría de la casa para reunirse con sus amigos como era algo habitual, para siempre regresar por eso de las 10:00 P.M. Mi audición comenzaba a las 7:30 y terminaría a las 9:30 según lo estipulado, por lo que tenía tiempo de sobra para regresar a casa y que no me descubriera.


Esperé hasta que todo estuviera completamente oscuro. Prestando atención al sonido de la puerta cerrándose. Esa era mi señal, rápidamente me cambié de ropa. De mi madre ni me preocupaba pues al oscurecer se encerraba en su habitación y ya no salía. Bajé las escaleras con cierta prisa y comencé a sabotear aquella puerta minuciosamente con una técnica que había aprendido tiempo atrás. Al lograr abrirla, no pude más que expresar una cara de puro terror. Mi padre se hallaba de regreso hacía la casa. Me había visto. Todo se había perdido. Me miró frunciendo el ceño. No dijo nada en palabras, bastó con su mirada para saberlo —¿A dónde ibas?—. Mencionó en un tono tan neutro que por un momento pensé que no era mi padre, si no alguien más.


—Eh...Yo... Pues... Ah...


No sabía que contestarle. Levantó su mano y esperé lo peor, solamente cerré mis ojos y esperé a que todo sucediera. Una mano me acariciaba la cabeza gentilmente—No te preocupes hija, no te haré daño—. El momento hizo que abriera inmediatamente los ojos y lo primero que vi fue su brazo extendido. En verdad se encontraba acariciándome. —Se que no he sido un buen padre pero mira ,creo que este es un buen momento para hablar ¿no lo crees?—. Dijo, en ese mismo tono neutro al mismo tiempo que hacía una señal para que nos sentáramos en el sofá de la sala, a lo cual simplemente asentí.


—Sé que no confías en mi, pero siempre te he querido hija, lo sabes ¿verdad Cala?


Era la primera vez que me llamaba por mi nombre, en cuanto a su respuesta no sabía que contestar, a mi mente solo llegaban imágenes horribles de la persona que era mi padre. Solamente me quedé en silencio.


—Yo te quiero hija y me preocupo por ti


Al decir eso, me acercó más a él. Siguió acariciándome la cabeza. De cierta manera, me sentía más tranquila pues creía que todo resultaría mucho peor que como estaba sucediendo. Fueron instantes en los que sentí un gran alivio y a su vez fueron unos pequeños instantes que el infierno se desató.


—Eres mi hija preciada y te quiero para mi je je je


Al decir eso, con su otra mano comenzó a tocarme, esta vez en el área del pecho. Al percatarme de ello, inmediatamente me alejé de él.


—Oh... ¿Qué pasa? ¿No quieres jugar con Papá? ¡JA! ¡JA! ¡JA!


Por fin había salido su verdadero ser. Me levanté y quise correr, con lo cual ese ser desagradable me tomo de la mano y me impidió hacerlo. Me tomo del vestido y me arrojó de nuevo hacía el sofá, rasgando el vestido en el proceso. Me sujetó con fuerza y pude sentir como sus dedos entraban en mi, haciéndome daño mientras lo hacía. Mi espíritu había sido roto, así como mis sueños, no paraba de llorar y de gritar. Aquel ser ya no era mi padre, o mejor dicho, nunca lo fue. Quería dejar de existir.


Por el ruido que estaba causando, mi madre salió de su cuarto. Al mirar horrorizada lo que estaba ocurriendo, no dudó en ayudarme. Le llegó por la espalda a mi padre y le encestó un golpe con una pequeña maceta de arcilla que se encontraba en la cercanía. Liberándome así de él. Hice lo que mi instinto me decía. Corrí sin detenerme, aunque me faltara el aliento, aunque mis rodillas temblasen, por nada dejé de correr. Como si de un depredador se tratase, ese demonio fue tras de mi. Jamás miré hacía atrás, solamente seguí corriendo. Metiéndome entre callejones y calles para hacer más difícil que me encontrara. Mis pies se dieron por vencidos y caí rendida en el frío pavimento. Al mirar a mi alrededor no había rastro de mi depredador. Solo estaba yo derrumbada en un callejón.


—Ya no quiero esto. Ya no quiero esta vida. Quiero dejar de existir... ¡QUIERO DEJAR DE EXISTIR! ¡POR FAVOR! ¡YA NO QUIERO! Ya no... no...

Grité hasta desplomarme en el suelo, perdiendo de esta manera la conciencia.




25 Mars 2021 20:09:58 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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