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u16119565021611956502 Lizbeth Portieles Sánchez

Recopilacion de relatos cortos. Expresión matizada de mis sueños.


Fantaisie Épique Tout public.
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Diferendo con mi otro yo

¿Sabes por qué te odio más que a nadie en el mundo? Pues bien, te lo diré por lo claro. Por tu causa he engordado alrededor de cincuenta kilogramos. Sí, no me mires con cara de carnero degollado y cesa ya de voltear a los lados. Me marea ver tu cabeza girando como si fueras un ventilador prendido en una noche de verano. Me refiero a ti, a la patética gordinflona que lloriquea dentro del espejo, a la comilona sin fondo con una bocaza exagerada. Si no te aguantas las ganas, pronto rodaré cuesta abajo y llegaré al fin del mundo. Después no digas que no te lo he advertido. 


De perseverar en tu interior una pizca de duda, te repito que, te llames conciencia, la voz en mi cabeza, mi otro yo o de la manera que desees, estoy hablando contigo. No hemos sido formalmente presentadas, pero me persigues igual que la sombra al cuerpo. 


¿Recuerdas aquellos lejanos años en que ambas teníamos un idéntico sentir? Tus halagos y mimos me forzaban a engancharme las enaguas, las cintas y las medias antes de asomar mi nariz a la puerta. Por más que me apurase, tu vanidad me impedía llegar a tiempo a las fiestas, paseos, comidas familiares e incluso hasta al entierro de Anacleto. Pese a que estabas inconforme con el traje de luto y me obligaste a alisar el pelo durante tres horas; la que tuvo que dar la cara a su viuda y aguantar en silencio sus frases irónicas, fui yo. Por la misma razón me exigías dormir menos del tiempo considerado saludable. Empleaba diez minutos en preparar el desayuno y sesenta maquillándome y mudándome de ropas. Todo por obtener tu aprobación al ir a trabajar.


Cuando Pepe visitaba la casa, me incitabas a coquetear. Suspirábamos a coro al escuchar sus frases románticas y nos sonrojábamos al más leve roce de sus intrépidas manos. Ahora, si por casualidad me echan un piropo en la calle, le tiras al sujeto una ojeada incrédula y le tildas de retrasado mental o aprovechado. Hay una probabilidad en un millón de generar un interés genuino. No seas tan recelosa. A alguien le toca la lotería aunque las estadísticas estén en contra de la lógica.


Me duele ese gesto con que recibes a mis hijos. Bien es cierto que ellos tan solo acuden a casa una vez al mes. Ambos son adultos, pero a mis ojos lucen como un par de revoltosos. Ignoro el motivo de tu desamor. Sus logros solían sacarte la sonrisa. ¿Acaso la escondes porque no te gusta ser una desdentada? ¡Bastante que te destornillas a carcajadas al descubrirme hablando con las arañas! 


Piensas que a esta vieja le queda poco tiempo para ir de cabeza al psiquiátrico. Ya quisieras tú…o yo. Según tengo entendido en las instituciones mentales hay muy pocos espejos. Con tal de dejar de ver tu horrible cara, soy capaz de ofrecer mi cerebro voluntariamente con el objetivo de realizar experimentos. 


Lo más triste es que no tengo un sitio donde alejarme de ti. Me persigues a la acera y me asustas en los rincones. Cuando imagino que al fin he conseguido un rato a escondidas, emerges de la nada con tu amargura perenne. 


¡Entérate! Ya no deseo ser tu compinche. Se me antoja volar por mí misma, aunque apenas tenga fuerzas para caminar y haya de apoyarme en el insoportable bastón que, de vez en vez, se olvida de asistirme y se queda rezagado. ¡Maldito chinchoso! Estoy segura de que, en esta batalla campal, se ha puesto de tu parte. 


Enójate cuanto te dé la gana. Sácame la lengua. Oféndeme con todas las palabras conocidas y las que están por inventarse. Despiértame en las madrugadas al conciliar el sueño y poner mis numerosos problemas de salud en pausa. Ríe en los momentos destinados al llanto y llora delante de los programas humorísticos. Échame a perder con tus gritos mis segundos de tranquilidad. Haz lo que quieras con tal de no permanecer callada. Es este diferendo lo que genera mis ansias de vivir. Prefiero pelear contigo antes de hablar a solas. Seas aliada o enemiga, eres la única que se ha mantenido a mi lado. 


Me pregunto a dónde fueron las amigas, aquellas que acompañaban mis noches alegres. Supongo que muchas de ellas me abrazarán al cruzar la frontera de esta vida. Como yo, algunas estarán empleando los últimos soplos de su existencia en una extensa plática consigo misma. ¿Habrá al menos una rodeada de sus seres queridos? El peor destino de un anciano es demasiado común. Con gran frecuencia quien da amor en sus mejores años, recoge aire, viento, arena y agua en el momento de debilidad física y espiritual. ¡Cuánto me agradaría convivir con mis amados hijos y nietos! Espero que su vejez sea mejor que la mía. Es mi anhelo que, en sus últimos alientos, o desalientos, no se vean obligados a discutir con su otro yo a falta de contar con un oído real presto a escuchar. 


¿En qué sitio estarán mis antiguos enamorados? Puedo responder en nombre de Pepe. El día en que se le acabaron las frases románticas destinadas a su esposa, comenzó a tirarlas al aire. Cuando sus manos intrépidas se alejaron de mis carnes ajadas por el paso de las décadas, procuraron toquetear unas más jóvenes y sonrosadas, carnes lisas que no llevaban tatuadas las grietas producidas por los embarazos. A él le regalé el mejor don que puede recibir un hombre, dos pequeñines de inmensa sonrisa. Bien sé cuál fue el rumbo de mi querido cónyuge, aquel que retorció mi corazón entre sus dedos. Cambió un modelo de mujer quejicosa y deslucida, por moderna y brillante carrocería. Del resto de los chicos que se cruzaron en mi camino, solo subsisten las memorias.


Estás muy callada. Por una vez coincidimos. No creas que soy tan tonta. Tengo dos ojos en la cara y me doy cuenta de muchas cosas. Los años no pasan en vano. 


Percibo que quienes halagan mi belleza necesitan sufragar sus gastos. Traen consigo una pequeña jaba parar dar y un saco enorme para llevar. Casualmente se asemejan a mis hijos. Sus visitas son realizadas en los días cercanos al cobro de mi jubilación. Tras su partida, la despensa queda medio vacía y también mi joyero. Algunas cosas las entrego a voluntad, otras desaparecen por arte de magia. Comprendo que unas sombras

deben extender sus manos con el propósito de tomarlas y los dueños de esas manos, por desgracia, tienen un nombre conocido. 


¿Y qué si me satisface tapar el sol con un dedo? He decidido  flotar

en una burbuja de jabón. No me la explotes. Los objetos materiales no los puedo llevar conmigo a mi destino final, en cambio, una palabra de cariño, verdadera o no, la disfrazo de un sentimiento puro y la albergo dentro del alma.


Hubo un momento en que éramos solo tú y yo. Mientras nadaba en el vientre de mi madre, me ilusionabas con los bonitos logros que disfrutaría luego de nacer. Ahora, después de haber sobrepasado la esperanza de vida media, desvías la conversación si me pongo un poco histórica y te reclamo histérica. 


La familia de la que hablabas se esfumó como el viento. Los que me dieron vida, ya murieron, y los que cargué en el interior, se apartaron de mí. Los logros académicos con los que me tentabas, tras mi jubilación, nadie los recordó. La hermosa casa con la que soñábamos, se me hizo demasiado grande. Detesto subir y bajar las interminables escaleras. De la limpieza ni hablar, empiezo hacerla un lunes y la concluyo el sábado en la noche. En serio estoy valorando permutar con el perro del vecino y habitar en la caseta de su jardín.


En un aspecto sí no mentiste. Antes de que existiese, estabas tú, mis mejor épocas las compartí contigo, y hoy, acompañas mi soledad. Siempre has estado ahí, en las buenas y malas. Recién ahora comienzo a valorarlo y reconozco que, en honor a tu incondicionalidad, he comprado tu helado preferido. Engordemos otro par de kilogramos. 


24 Mars 2021 22:42:28 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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