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[Omegaverse] « Jeon Jungkook perteneció siempre al bosque. Park Jimin perteneció siempre a la vida en la ciudad. Un alfa y un omega que nunca supieron que estaban destinados el uno al otro. Dos jóvenes que unen su vida de manera inevitable y descubren un amor prohibido entre ambos. ¿La diosa Luna bendecirá su amor o los guiará por el mismo camino trágico que a sus vidas pasadas?» ➤ Historia Original. ➤ Jungkook Alfa / Jimin Omega. ➤ Género: Romance, fantasía. ➤ Prohibida la Copia/Adaptación. ➤ Publicado: 20/10/18



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#drama #reencarnaciones #vidaspasadas #taegi #omegaverse #namjin #kookmin
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00.

Las hojas iban quedando bajo sus pasos, el crujir de ramas y el sonido de sus pies presurosos eran los únicos ruidos existentes en el amplio bosque. Viendo más adelante, podían encontrar un pequeño río que separaba al bosque de las granjas y el límite entre los territorios vecinos.

El cansancio no se hallaba en el interior del más pelinegro, pero sí retrasaba el paso del rubio. Su vientre se hallaba crecido y eso imposibilitaba que pudiese recorrer el bosque con más velocidad.

Apenas les faltaban menos de dos kilómetros para llegar al claro y perderse en tierras desconocidas, ya ni siquiera observaban a sus perseguidores, estos se quedaron muy atrás cuando el mayor decidió llevar a su pareja en sus brazos. Sin embargo, no podrían tomar la misma acción, puesto que eso los retrasaba aún más.

A pesar de la fuerza del de cabellos negros, era imposible correr con su pareja en brazos y observar el camino, y no podía llevarlo en sus espaldas, pues aquello le haría más daño al bebé.


— Tienes que resistir un poco más —detuvo su caminar para limpiar las pequeñas lágrimas que escapaban de los ojos ámbar de su pareja— pronto llegaremos al límite del bosque y empezaremos una nueva vida. Tienes que resistir, por favor.

— Nuestro bebé no lo permitirá —apenas un susurro salió de sus labios— está dispuesto a nacer en este momento. Si seguimos a este ritmo...

— Ellos no van a detenerse, nos seguirán todo el camino, pero no podrán cruzar la frontera. Debemos llegar y tener a nuestro bebé en un lugar donde no puedan hacerle daño.

— ¡Chicos! —el llamado causó que el alfa protegiera a su pareja y lo colocara detrás suyo, no permitiría que alguien les hiciese daño, ni a su pareja, ni a su hijo.

— ¿Qué haces aquí, forastero? —un gruñido salió de lo más profundo de su garganta, pidiendo que retrocediera y no se acercara un centímetro más a su pareja.

— Quiero ayudarlos —mostró su cuello en forma de sumisión— el bebé nacerá pronto, si continúan a este paso, no sobrevivirán.


Un sonoro gemido de dolor salió de los labios del más bajo, retuvo el brazo de su compañero y lo presionó fuertemente para sostenerse a sí mismo. El alfa giró su cuerpo y abrazó a su pareja, sabía que el momento del parto había llegado, las contracciones eran cada vez más fuertes, el dolor no iba a calmarse, no sin antes tener al bebé en sus brazos.


— Puedo ayudarlos —se acercó un paso más, esperando que el más alto no hiciera nada en su contra— no quiero lastimarlos, Jeon.


El alfa observó nuevamente al muchacho, estaba muy claro que no era de su manada, era un humano más de la región este.


— ¿A qué precio quieres ayudarnos? —el grito ahogado del rubio lo alertó, pero no vaciló su mirada de cautela hacia el desconocido.

— La diosa Luna bendijo su amor —mostró su muñeca derecha, dejando ver una pequeña marca— y me eligió a mí para recibir a su heredero.


El alfa no desconfió más, la marca era clara señal de que la diosa Luna había enviado al forastero para que pudiese ayudar en el parto. Sacó el abrigo que llevaba puesto y lo tendió sobre el árbol más cercano, recostando a su pareja sobre la prenda y preparándose para el parto.


— ¿C-Cuál es tu nombre? —preguntó el de cabellos rubios, esperando saber quién iba a ser el salvador de su bebé.

— Kim Seokjin —mostró una débil sonrisa antes de colocarse de rodillas y abrir las piernas del hombre.


El proceso estuvo lleno de gritos ahogados, manos entrelazadas y palabras de aliento por parte del alfa. Sabía que el tiempo que habían necesitado para que el bebé naciera iba a ser muy valioso para ellos, sus perseguidores aprovecharían cualquier circunstancia para darles muerte.

Cuando el llanto de un bebé se hizo presente, ambos padres pudieron sonreír regocijados por la alegría de ver a su tan esperado hijo. Sus frentes se juntaron y un pequeño roce de labios selló su felicidad. Sacándose su propia camisa, el hombre que se hacía llamar Seokjin, cobijó al pequeño ser y lo cubrió del frío.


— Están cerca —el alfa escuchó las pisadas unos metros de ellos— debemos irnos.

— A-Aún... aún estoy débil.


El menor apenas si podía moverse, no creía tener el tiempo y la fuerza suficiente para correr y escapar. Estaba colocando en un aprieto a su pareja y lo sabía.


— Toma a nuestro hijo y huye con él —tomó sus manos, las cuales se hallaban manchadas de sangre, y lo observó con tristeza— yo no podré llegar, pero si vas con nuestro hijo... podrás hacerlo.

— No... —negó rotundamente— no podría vivir si no estás conmigo.

— Nuestro pequeño te necesitará... por favor.... vete.


Escuchó el crujir de las ramas, el paso rápido que llevaba su manada hacia ellos. No quería dejar a su pareja, pero tampoco quería que los asesinasen junto a su hijo. Ese pequeño niño no tenía culpa de nada.

La luna se hallaba en lo más alto del firmamento, observando todo lo que pasaba bajo ella.

El alfa observó a su pareja y, seguidamente, a su hijo. Éste había cesado de llorar, manteniendo sus ojitos cerrados, ajeno a lo que pasaba con sus padres.


— Kim Seokjin —el nombrado observó a la pareja— debes llevarte a nuestro pequeño y cuidarlo. Has sido escogido para recibir a nuestro heredero, pero también para protegerlo.

— Y-Yo... no podría hacerlo.

— Mi pareja no puede moverse y yo no pienso dejarlo aquí. Si he de morir será a su lado —besó la cabellera rubia y volvió a tomar la palabra— nuestro hijo no tiene la culpa de nuestros errores, ni las disputas entre nuestras familias. Él traerá paz y armonía a estas tierras, estoy seguro de ello. Por esa razón, te pido que cuides de él... cuida de nuestro pequeño tesoro.


El chico desconocido comenzó a derramar algunas lágrimas mientras asentía fervientemente. Él se encargaría de cuidar muy bien a ese pequeño ser que estaba comenzando a vivir. Ambos hombres, cuyas lágrimas no cesaban por tener que despedirse del pequeño fruto de su amor, bendijeron el camino del muchacho y lo vieron partir hacia el arroyo.

La manada del alfa llegó unos minutos después, seguidos de la familia del pelirrubio. Su túnica se hallaba manchada de sangre por el parto, la brisa congelaba su piel y debilitaba más su cuerpo. El azabache alzó a su pareja y trataron de enfrentar a sus enemigos.


— ¡Un pecado como éste es inadmisible! —gritó el rey— enredarte con un demonio es un maldito sacrilegio.


El fuerte rugido de los lobos acompañó sus palabras. Aunque hubiesen considerado una ofensa la palabra "demonio" debían seguir unidos para acabar con los amantes.


— La diosa Luna no lo considera así —objetó el más bajo— encontré a mi alma gemela en un lobo y por ese amor, ahora lo ven como un hombre de carne y hueso.


El gran alfa de la manada gruñó fuertemente. Su hijo se había enamorado de un humano, aquello no podía ser aceptado por su manada.


— La diosa Luna no avala esta clase de unión —volvió a decir el rey— fuiste mi hijo preferido, pero solo me has llenado de vergüenza. Nunca aceptaré a ese demonio en nuestra familia.


El alfa tomó la mano de su pareja, ambos sintiendo el amor uniendo sus almas, acallando la prohibición que sus propias familias imponían. Estaban tranquilos, pues sabían que aquel joven había llevado a su hijo a un lugar seguro.


— Pagarán por sus acciones —el rey alzó uno de sus brazos y las armas de sus soldados se elevaron. Su caballo relinchó con fuerza, anticipando lo que vendría— merecen la muerte.


Ambos se observaron mutuamente, el ámbar chocando con el celeste del cielo, palabras sin decirse que se atascaban en su garganta. Se observaron como la primera vez, con aquel brillo en la mirada y la certeza de que ambos habían sido destinados el uno al otro.

La manada Jeon gruñó en unísono antes de retroceder el paso y quedar tras los humanos, quienes se hallaban listos para asesinar a uno de los príncipes de su reino.


— ¡Fuego! —el grito del rey resonó por todo el bosque, las balas fueron disparadas y corrieron en cámara lenta.

¿Puedes sostenerme en tus brazos? —la pregunta del más bajo salió casi innecesaria, pues el alfa ya había corrido sus brazos alrededor del cuerpo de su pareja.

— Te amo, mi bello príncipe — murmuró el alfa.

— Te amo igual, mi alfa.


Las balas impactaron en ambos cuerpos, apagando sus vidas en instantes. Las sonrisas en sus rostros no se borraron en ningún segundo, sus brazos no se alejaron ni temblaron, se mantenían unidos aun después de la muerte, sobre un charco de sangre que quedaría como recordatorio en aquel inmenso bosque.

Lobos y humanos se sintieron miserables después de su muerte, no sentían ninguna satisfacción, se sentían totalmente vacíos por lo que acababa de pasar.

Un pequeño tornado apareció en sus cuerpos, cubriéndolos con túnicas claras de seda y elevándolos del suelo. Una mujer de cabellos de plata apareció en medio de ambos, observando a los seres que se hallaban atónitos por su presencia.


— Asesinaron un amor verdadero y puro, el cual se hallaba bendecido por el firmamento y mi voluntad —todos terminaron arrodillándose ante su presencia— esto es algo que pagarán muy caro.


Una gélida y fuerte ventisca recorrió todo el bosque, todos sentían la furia de la naturaleza castigándolos por sus actos.


— Sus reinos serán maldecidos por haber asesinado a mis dos hijos favoritos — sentenció la mujer— sentirán la hambruna, la ansiedad y el dolor que ellos sintieron cuando les obligaron a separarse. Los humanos morirán por enfermedades y pestes, los lobos verán decaer su descendencia poco a poco. Se formará una tregua entre ambos para sobrevivir, pero las balas, la traición y la sangre terminarán con todo lo que queda de ustedes.


Sus ojos grises observaron con detenimiento el bosque.


— La descendencia del heredero recién nacido traerá paz al mundo, unirá a lobos y humanos y los dejará vivir en armonía. Alfas y omegas de sangre lobuna y humana salvarán ambas razas y les otorgarán la paz que necesiten —el viento se detuvo, la imagen de aquella mujer resplandeció en el bosque—. Pero, solo un descendiente de la dinastía Park y un descendiente de la manada Jeon lograrán terminar con este castigo. Solo si ellos se unen, estas tierras dejaran de estar malditas.

— ¿C-Cuánto llevará eso? — preguntó uno de los soldados.

— Jeon Jungkook y Park Jimin se unirán por el amor y concebirán un pequeño que traerá la paz a estas tierras, un hijo que solo servirá para traer felicidad a las manadas.

— ¿Y si uno de ellos muere antes de tiempo?

— El que sobreviva bendecirá a su manada y lo librará de cualquier maldición. El descendiente fallecido, atraerá más maldiciones a su clan, pues no llegará otro salvador.


Una vez dicho aquello, la dama de blanco desapareció, llevándose consigo el cadáver de ambos amantes. Kim Seokjin se hallaba demasiado lejos para cuando todo aquello ocurrió. Cubrió al bebé como pudo y se resignó a encontrar una nueva vida en nuevas tierras.



Los amantes habían encontrado la muerte en aquel extenso bosque, sin saber, que siglos más tarde, sus reencarnaciones volverían a encontrarse y enamorarse en el mismo lugar.




17 Mars 2021 02:40:44 2 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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DP Daniela Preciado
Amo que sigas buscando formas para publicar tus historias. Eres muy buena escritora gracias por seguir
March 18, 2021, 18:30
Jeon Jungkook Jeon Jungkook
AMO ESTA HISTORIA, TE APOYARÉ TANTO EN WATTPAD Y EN ESTA PLATAFORMA!!! ♥
March 17, 2021, 03:33
~

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