christina48 Cristina Blanco

Una situación que casi todos hemos vivido aunque no todos de la misma forma ni con la misma intensidad. Cuando ya te han hecho la maleta y nada puedes decir o hacer que evite ese hecho y sientes que es...el fin.


Histoire courte Tout public.
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La última reunión

Amanecía y de pronto el cielo estaba azul pálido. La luz iba abriéndose paso entre las sombras y Madrid era esa ciudad que todos amaron alguna vez. Se abrían las cafeterías, los kioscos, los centros de salud y todas las oficinas. María se había levantado dejando atrás un hermoso sueño de príncipes y princesas. Se miró al espejo y como siempre no se gustó nada. Pero no le dio importancia.

Se vistió y salió por la puerta como lo hacía siempre que iba a trabajar con mucha ilusión y respeto hacia aquel mundo frío y antipático pero que era lo que le permitía su relativa holgada situación económica. En el autobús estaba ensimismada y casi tropezó dos veces con dos ejecutivos que estaban absortos en las noticias del día.

-María, ¿podrías venir un momento?-le preguntó su responsable.

Pensó pues sí que estamos bien reunión a primera hora de la mañana. Y se dirigió con firmeza a su despacho.

-Buenos días, María. Me mostró una sonrisa de profident que me hizo desconfiar de antemano.

-Bueno, verás, eh, ésto, en fin que estamos muy contentos contigo pero por una decisión de Arriba se ha determinado que dejes de trabajar para la empresa,-yo, como es natural, pienso que estás muy cualificada…

Ya no la oía. Se sentía montada en una montaña rusa sin control y las lágrimas asomaban a sus ojos sin poder evitarlo, sin querer evitarlo. Su vida se venía abajo como las figuritas de esos gigantescos mecanos y ni siquiera podía vislumbrar cuando iban a dejar de moverse.

Era increíble. Impactante. Era el fin. Una pesadilla que estaba viviendo en su carne pero no se resignaba a reconocer. ¿Por qué?‘ se repetía una y otra vez-“Yo había cumplido con mi trabajo y no había dado que hablar”. ¿qué se les había pasado por la cabeza para tomar esa decisión? pensó en la plenitud de un shock que jamás habría querido sentir.

Se sentía hundida, frustrada, abatida hasta el límite y lo único que tenía frente a ella era una farsante que repetía como un loro lo que le habían dicho que le tenía que decir.

-¿Está claro? Dijo como para preguntarme si la había escuchado. La verdad es que no lo hizo.

-Aquí tienes todos los documentos que necesites para solicitar el paro pero vamos, con tu Curriculum estamos convencidos de que muy pronto estarás colocada en otra gran compañía.

¿Dónde? -pensaba hacia sus adentros- con 42 años y la grave crisis económica que estaba convirtiendo España en un país necesitado de un rescate europeo…

Firmó los documentos sin mirarle a los ojos. Lo único que quería era salir de allí y no volver nunca más.-Necesitaba sentirse querida o admirada por alguien ya que su autoestima estaba lejos de existir en su interior.

-¿Ya me puedo ir?

-Sí, claro. Y además te rogamos lo hagas cuanto antes. Tus compañeros están trabajando(y sobre todo no convenía que se acercara tampoco al ordenador por si por rencor era capaz de destruir datos de la compañía). Katya, Alonso y Manuela le miraban como si fuera un apestado de la edad media pero éso ya era lo de menos. Ninguno se acercó a María a pesar de que estaba destrozada y tenía el rostro desencajado como si se le hubiera muerto un familiar. Esquivaban su mirada y naturalmente sólo estaban velando por su propio futuro. El futuro de ese mundo que ya no le pertenecía. No lo haría nunca más.

Salió por la puerta sintiendo el rostro inundado por las lágrimas, el corazón acelerado y un dolor de cabeza que no le permitía pensar con claridad. Echó a correr. La multitud era la misma de antes de entrar pero ella ya no veía ningún signo optimista.

Lo que deseaba era que pasaran las horas, sentir que aquello no había pasado, que su vida no se había quedado rota por la brutalidad del ser humano. Que su universo no era un agujero negro perdido en la inmensidad de la galaxia.

Llegó a casa. Allí soltó la bomba y se quedaron estupefactos a pesar de que no era la primera vez que le había ocurrido. Recibió su consuelo y apoyo incondicional. No podían entender qué había ocurrido pero ella tampoco lo entendía.

Otra vez el paro, las entrevistas y eso cuando las había y el renunciar a muchos planes que ya no se iban a realizar. Se sentía impotente y estúpida por pensar que por un vez la suerte iba a estar de su lado.

A la mañana siguiente tenía la cabeza como si se hubiera sentado en un altavoz toda la noche. No había conseguido aliviarse con nada. No le salía ni media sonrisa pero era evidente que tenía que recomponer su existencia aunque sólo fuera para demostrar que podía salir de ésta a aquellos seres maquiavélicos que se habían propuesto acabar con ella una vez más.

Abrió la ventana y notó cómo la brisa de la mañana le acariciaba la cara e iluminaba su esencia. Quizá la realidad no era tan horrible, quizá es porque le esperaba una oportunidad o no , pero al menos podría intentarlo y podría amanecer un nuevo día sin errores como decía su personaje literario favorito. Suspiró y emprendió la tarea de buscar trabajo.

Quizá a lo largo de los días al otro lado de la puerta se hallaba la esperanza. ¿Qué podría perder?

11 Mars 2021 18:21:39 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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La fin

A propos de l’auteur

Cristina Blanco Licenciada en Historia del Arte en 1996.Con vocación literaria desde niña, he publicado en diversos medios especializados. Me gustan los retos y en breve comenzaré la escritura de una novela con una trama interesante y original. Me gusta escribir pero me gusta aún más que me lean. ¿Os animáis?

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