criandomalvas Tinta Roja

Cuídate hermano de aquellos que por los celos se guían, pues dónde antaño había cariño, hoy solo ven traición y perfidia. No hay enemigo mayor que un corazón despechado, abocado a devolver en dolor un amor que imagina prestado. (Ocho relatos cortos sobre amor y otras penalidades.)


Histoire courte Tout public.
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Náufrago en tierra hostil.

Sabed que, en un tiempo muy lejano, tanto, que las ahora viejas encinas apenas eran un pequeño brote que asomaba tímidamente de la tierra, había un rey y que este rey, como todos los reyes de los cuentos, tenía tres hijas.

La mayor fue fruto de la pasión, del verano impetuoso y tórrido. Sus cabellos eran de oro y los ojos cristales de singular belleza. Ella fue poesía, su voz, versos, su emisario el viento.

Semilla en primavera fue la segunda, concebida en tiempos en el que el amor se torna sosiego. Ella fue valor y transmitió el coraje necesario para afrontar el invierno.

Nacida en el frío, la menor trasmitió calor con su inocencia, contagiando de alegría a todos aquellos con los que se cruzaba. Ella fue música, sus cabellos fuego y el palpitar de su corazón el ritmo con el que bailaban en el castillo de aquel rey de un reino muy, muy lejano. Tanto que ni los pájaros más osados imaginaron poder alcanzarlo volando.

Transcurrieron felices los siglos y la Poesía, el Valor y la Música se hicieron mujer.

Todo fue bien hasta que el amor que las inspiró abandonó al rey, que, sumido en la desesperación, empezó a languidecer.

La Poesía pretendió animarlo. Escribió el rey sonetos que el viento intentó en vano hacer llegar a oídos de su amada.

Fue entonces el Valor quien quiso inspirarlo. Salió el rey en busca de su amor, recorrió el mundo entero, pero no la encontró.

Nada pudo tampoco la Música por evitar se hiciera la noche eterna en aquel cuento muy, muy triste. Tanto, que todas las flores se marchitaron por la ausencia de luz.

Perdida toda esperanza, el rey se tornó huraño y descuidado. No atendía como debía las obligaciones del reino y también sus súbditos se fueron, poco a poco, abandonando a la desidia. La oscuridad lo cubría todo y nada pudieron ni la Poesía, ni la Música, ni el Valor, por remediarlo. Asistían impotentes al triste espectáculo del declive de aquel reino, otrora paraíso y ahora desierto, tan, tan frío, que hasta los carámbanos tiritaban.

Y cuando el rey por fin se volvió malvado, cuando el dolor y la pena se tornaron gusanos que le corroyeron el alma, tuvieron sus tres hijas que escapar para no ser víctimas de su locura.

Como un castillo de naipes se derrumbó su reino, un reino tan, tan podrido, que ni las moscas gustaban de atiborrarse en su inmundicia.

Así, escondidas en el otro confín del mundo, esperaron las tres hijas durante mil años. Esperaron que el tiempo cicatrizara las heridas, que su padre olvidara. Entonces, y solo entonces, regresarían a su lado.

—¿Olvidó el rey? — Os preguntareis.

Tanto olvidó, que se encontró solo y perdido como un náufrago en tierra hostil. Ya no era rey, pues sin un reino nadie lo es y él había destruido el suyo ya hacía mucho, mucho tiempo. Tanto, que el polvo cubrió las ruinas y nunca nadie volvió a encontrarlas.

Vagó sin rumbo, sin saberlo continuaba buscándola. Pero si no sabes lo que buscas, solo encuentras preguntas.

—¿Qué se preguntaba el rey? ¿Os he dejar en ascuas sin saber el final de la historia?

Los cuentos nunca tienen un final, crecen como los niños hasta hacerse adultos. Cada generación aporta algo al relato cuando lo cuentan a sus hijos y estos a los suyos.

Os dejo a vosotros decidir cómo proseguir la historia.

Quizás alguno piense no ser capaz, no tener la capacidad ni la imaginación.

No os subestiméis, de las bellotas que arrojan a los cerdos crecen las poderosas encinas.

Ahora he de marchar con mi música a otra parte y continuar mi propia historia, pues todos tenemos una y de nosotros depende que, al final, nos zampemos o no las perdices.

19 Février 2021 18:03:57 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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