athanatos Αθά νατος

A veces, el destino es impredecible. Tal vez comienzas desde lo más bajo. Tal vez comienzas desde lo más alto. Al final del día, el ganador puede ser un perdedor y el perdedor puede ser un ganador. Tal vez no es tan trágico todo sin ninguna razón. Tal vez tu futuro es brillante. Tal vez no eres quien crees. Eso lo verás cuando llegues a tu destino. Se recomienda leer Felicidad eterna antes de leer esta historia.


Fantaisie Épique Interdit aux moins de 21 ans.

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Capítulo 1

Notas de autor: Tanto en el universo A como en el universo B, el cual es el de esta historia, los piojos no existen. Por esa razón Adam e Eve jamás se han atado el pelo en la escuela primaria y en la escuela secundaria. La razón por la que Adam e Eve son como son físicamente es que usé la apariencia de dos personajes creados en el pasado como molde para crear su apariencia. El resto de mis personajes protagónicos son como son siempre porque ellos representan al hombre primigenio en el contexto de cada historia. Yo jamás he hecho fanservice y jamás lo haré. Lo he dicho de maneras más sutiles. Si debo ser directo, lo seré. No pretendo acomplejar a nadie ni decir que hay que ser como los protagonistas de las historias para ser feliz. Quiero hacer tres aclaraciones antes de cambiar de tema. Primera aclaración: Adam Joshua White e Eve Daisy White tuvieron su primera vez de la manera en la que la tuvieron en el universo A porque habían pasado por tantas situaciones dolorosas y las habían superado con tanto gozo siempre al final que se terminaron volvieron capaces de actuar de una manera muy determinada y muy explosiva sin importar su propio dolor, pero les importa el dolor del otro. Adam tiene en cuenta el dolor de Eve e Eve tiene en cuenta el dolor de Adam. El dolor al que me refiero es el dolor físico. Los personajes de Adam e Eve están forjados por un dolor emocional inmenso. Cuando Adam e Eve están en una situación en la que su dolor físico es un obstáculo para hacer algo que realmente quieren hacer, ellos consideran que su dolor físico no es importante en comparación con lo que desean hacer. Segunda aclaración: La postura en la que la mujer está encima del varón no debe hacerse de cualquier manera. Como siempre utilizo a los gemelos White como ejemplo a seguir en estos casos, los usaré ahora mismo como ejemplo a seguir. Cuando Eve está sobre su hermano, él le sujeta la cintura y la ayuda a subir y bajar para que no tenga que esforzarse tanto. Además, tanto el rubio como su otra mitad hacen gimnasia, lo cual ayuda a que las piernas de Eve no terminen doliendo tanto al cabo de unos pocos segundos de estar cabalgando sobre Adam. Si el varón no ayuda a la mujer, a ella le empieza a doler la zona de las piernas al cabo de unos pocos segundos. Tercera aclaración: Adam e Eve tuvieron su primera vez en la postura del misionero, ya que dicha postura minimiza el dolor sentido por ambas partes. Estando la mujer sobre el varón, esta sentiría un dolor aún más intenso durante su primera vez. Los “dioses” griegos no eran eternamente jóvenes por sí mismos y no eran inmortales. Lo único que los hacía eternamente jóvenes era comer ambrosía y/o beber néctar, alimentos que estaban reservados para los “dioses”. Si un “dios” no comía ambrosía y no bebía néctar durante mucho tiempo, se debilitaba y envejecía. Un “dios” que no consumía los alimentos que debían consumir los “dioses” para poder vivir para siempre terminaba falleciendo. Según la mitología helena, Zeus no tenía el poder de crear y controlar rayos, sino que las que serían las armas más características de Zeus provenían de los cíclopes, quienes habían forjado los rayos para él durante la Titanomaquia. Posteriormente, sería el “dios” olímpico Hefesto el encargado de forjar los rayos de Zeus. El universo B está basado en la cosmología de la mitología griega. Lo único que es igual que en los dos universos anteriores es que no existen los piojos y todo lo relacionado con las medidas de los cuerpos, con la simetría del pecho femenino, con la llegada de la plenitud biológica y psicológica del hombre, con la forma definitiva del cuerpo, con la libido y con la mente masculina y la mente femenina. Todo lo demás es diferente. Como la cosmología de la mitología griega es muy rica en detalles que la hacen única, las reglas del universo B son muy diferentes de las reglas del universo A. Yo voy a hacer cambios en la mitología griega para crear esta historia, ya que hay detalles que no me conviene dejar iguales. La historia inicia en el año 404 a.C.

Capítulo I

Aquel día, en la ciudad-Estado de Atenas, el cielo estaba soleado y despejado y hacía mucho calor. Aquel día, se había celebrado media hora antes una asamblea en la que había surgido un cargo, alguien que se encargaría de ejecutar las decisiones de los ciudadanos atenienses, quienes habían deliberado en la asamblea acerca de varias cuestiones legales muy importantes. El orden reinaba en la ciudad-Estado de Atenas, la cual era la ciudad más importante de Grecia.

Un joven rubio que usaba sandalias marrones claras y túnica blanca pura iba caminando hacia su casa, en la cual no vivían sus padres, ya que estos habían fallecido debido a trágicas circunstancias. La madre del joven ateniense había muerto de la pena después de enterarse de la noticia de que su marido había fallecido en la guerra de Atenas contra Esparta. Habiendo muerto sus padres, el joven rubio había tenido que tomar desde los 17 años las riendas de su vida y de la vida de alguien más. Al cabo de una hora, el joven de cabellos rubios llegó a estar a unos cinco metros de su vivienda, la cual era una enorme mansión. El joven aristócrata sabía lo que venía a continuación perfectamente. El joven de 1 metro y 70 centímetros de altura estaba sonriendo con una gran alegría por pensar en lo que estaba a punto de suceder.

—¡Adamas!—Exclamó muy feliz y muy emocionada una rubia de 1 metro y 70 centímetros de altura cuyos ojos eran de color verde brillante corriendo con su túnica blanca alrededor del vestido púrpura que cubría su delicado y frágil cuerpo.

Nada más verla, en aquel preciso instante, el sol comenzó a brillar más que nunca para el rubio de ojos verdes brillantes y túnica blanca pura. Acto seguido, comenzó a correr extremadamente emocionado hacia la fémina que parecía ser su otra mitad.

—¡Evelia!—Exclamó el rubio sintiéndose de la misma manera que la risueña fémina de 18 años.

La velocidad a la que avanzaba la joven rubia era un poco superior a la velocidad a la que avanzaba el joven rubio, ya que ella era más ligera que él, pero la diferencia no era muy grande.

Los dos gemelos deseaban abrazarse lo antes posible, como si no se hubieran visto en un millón de años. Ni Eros había mostrado un deseo tan intenso de estar junto a Psique después de ser descubierto por esta en aquella ocasión. Cuando los cuerpos de los gemelos se unieron tanto como tenían permitido hacerlo los cuerpos de dos hermanos no divinos, ninguno de los dos rubios quiso separarse. Las miradas verdosas de ambos se conectaron de inmediato y ni un rayo lanzado por el mismísimo Zeus habría tardado tan poco tiempo en alcanzar a su objetivo.

—¿Cómo fue todo, hermanito?—Le preguntó Evelia a Adamas con una sonrisa que mostraba calidez y ternura infinitas, las cuales sólo él recibía por parte de ella.

—Fue maravillosamente bien, mi bella dama—Respondió sonriendo con calidez y ternura infinitas Adamas. Acto seguido, mostró una expresión seria y de desagrado—Pero no me gustó el resultado del sorteo. Salió el idiota de Damianos.

La expresión alegre y llena de ternura de la joven rubia se transformó en un instante en una expresión de desagrado idéntica a la que había en el rostro del rubio de ojos verdes, el cual todavía no quería soltar a su hermana gemela.

—Ese idiota que vino a pedirme matrimonio diez veces. No importa el dinero que tenga. Ese idiota no es digno de mí. Sólo hay una persona digna de mí y es…—Enseguida, un gran sonrojo invadió el rostro de la rubia de ojos verdes, la cual miró hacia su izquierda y hacia el suelo para tratar de ocultarlo, pero no logró esconder nada.

—¿Quién es, mi bella dama?—Preguntó Adamas sintiéndose preocupado y celoso por el hecho de que hubiera alguien digno de su Evelia.

No iba a permitir que ningún varón se acercara a su Evelia. Ella no iba a casarse con otro varón. Si otro varón desposaba a su hermana, él iba a morirse de celos, unos celos ardientes y capaces de consumirlo todo. Sabía que tendría que dejar ir a su amada Evelia en algún momento, pero no iba a hacerlo con el corazón lleno de felicidad. Si ella elegía a otro varón, él aceptaría con dolor su decisión, aunque no dependiera de ella el casarse con un varón o con otro. Como él era el único varón de la familia a la que ambos pertenecían que quedaba con vida, era su persona la que debía decidir si concedía o no concedía a un varón la mano de su hermana.

—Dime, mi linda hermana, ¿quién es ese varón que ha logrado cautivar tu corazón? ¿Es rico o es pobre?—Las palabras de Adamas estaban cargadas de preocupación y de seriedad, las cuales la rubia no pudo evitar notar enseguida.

Ella no era tan inteligente como su hermano mayor, pero era muy inteligente. Su mirada se llenó de preocupación y su expresión era seria. Ambos hermanos estaban mirándose fijamente y el sonrojo había desaparecido del rostro de la rubia de ojos verdes.

—Si debiera decirte quién es la persona a la que amo, te lo diría, pero… no tengo permitido decírtelo…—Dijo Evelia con tristeza en su mirada—No debo decirte ni la razón por la que yo me sonrojé…

—Evelia, no te preocupes. Lo comprendo. Tampoco yo debo decirte la razón de mi deseo desesperado por saber quién es ese varón que ha logrado cautivar tu corazón…—Pensó Adamas sintiendo la misma tristeza que su hermana.

Ambos, en lugar de estar molestos con el otro, preferían no sentirse de esa manera, ya que sabían perfectamente que la otra persona no estaba evitando decirles todo porque deseaba hacerlo. Era triste no poder contarse todo. Ya no tenían la misma relación que cuando habían sido niños. Se habían empezado a guardar secretos. Hacía una semana, ambos habían jurado que, un día, se contarían todo lo que habían estado guardando durante casi dos años.

La sonrisa de Evelia y la sonrisa de Adamas surgieron al mismo tiempo y sus miradas se conectaron con la misma ternura y con la misma calidez que ellos se mostraban mutuamente siempre. Enseguida, los dos gemelos sonrieron llenos de alivio y, al cabo de unos pocos segundos, toda su tristeza desapareció completamente.

—No me preocupa que Damianos haya sido convertido en cargo. Si no satisface al pueblo de Atenas, recibirá su castigo—Dijo serio Adamas esas palabras, pero una expresión de tristeza y preocupación surgió enseguida en su rostro—Lo matarán o lo condenarán al ostracismo…

La tristeza de Adamas también estaba siendo sentida por Evelia, quien se sentía más triste por el hecho de ver triste a su hermano que por el hecho de saber que iban a matar o a desterrar de la ciudad de Atenas al joven de cabellos negros y ojos marrones si no hacía lo que tenía que hacer. La tristeza de Evelia era lo que causaba mayormente la tristeza del joven ciudadano ateniense.

Unos minutos después, habiéndose puesto bien los dos hermanos griegos, ambos decidieron entrar en la gran vivienda. Como siempre sucedía, el primero en entrar de los dos hermanos fue Evelia, ya que Adamas le permitía siempre entrar antes que él en un lugar. Aunque el rubio siempre lo negaba, Evelia sabía que su hermano gemelo era todo un caballero. En aquella época, que un varón pusiera las necesidades de una mujer por encima de las suyas era algo extraño y tan poco común que las pocas personas que tenían ese comportamiento terminaban siendo ejecutadas por tratar de promover sus ideas revolucionarias.

Una vez sentados en la mesa los dos gemelos, el hermano mayor sonrió con mucha calidez y con mucha ternura y miró fijamente aquellos ojos que tanto amaba en el sentido romántico. Enseguida, su hermana gemela se dispuso a hablarle.

—No tenía muchas opciones, así que limpié la casa y cociné esta comida para los dos. ¿Qué te parece si la disfrutamos juntos?—Le preguntó a Adamas una estremecida Evelia, la cual se sentía muy feliz por la idea de que su hermano comiera la comida que ella había preparado con tanto amor, un amor que deseaba expresar con sus actos y con sus palabras, aunque no tuviera el valor necesario para hacerlo.

—Por supuesto que sí, mi bella dama—Le respondió Adamas sonriéndole aún con calidez y ternura infinitas mientras su mirada se mostraba llena de amor puro e incondicional, un amor que él deseaba expresar con sus actos y con sus palabras, aunque no tuviera el valor necesario para hacerlo.

Las dos mitades del reflejo heleno comenzaron a comer con mucho entusiasmo, pero quien más entusiasmo mostraba era la rubia, ya que ella era más emocional que su hermano mayor.

Para Adamas, degustar la comida preparada por su amada Evelia era un placer inmenso y que no cambiaría por nada del universo, ni siquiera por una vida llena de bendiciones eternas otorgadas por el mismísimo Zeus. El sabor de aquella comida era tan increíble y tan maravilloso para el joven Adamas que sólo había un sabor más tentador para su persona, y no se trataba precisamente del sabor de un alimento cocinado por su bella y adorable hermanita menor, sino que se trataba del sabor de la boca de dicha rubia.

Por su parte, Evelia deseaba ofrecerle a Adamas mucho más que deliciosas comidas preparadas con amor. Deseaba ofrecerle además de esas comidas que preparaba pensando en la expresión alegre que él mostraría mientras las estuviera degustando todo su ser para que lo degustara. Quería degustar la boca de su amado Adamas y quería que este degustase la boca de ella con mucho amor y con mucho deseo. Quería ser el plato favorito de su amado hermano mayor y concederle todo lo que él pidiera, ya que el joven rubio de ojos verdes brillantes era el dueño de su corazón, de su mente y de su cuerpo y tenía el privilegio de poder hacer con ella todo lo que quisiera mientras no la humillara, no fuera brusco con ella y no le hiciera algo peligroso. Adamas tenía derecho a besarla repentinamente si quería hacerlo y ella no iba a oponer resistencia, sino que iba a alegrarse como y cuanto nunca lo había hecho hasta el momento e iba a dejar que él disfrutara de su persona como desease hacerlo. Al fin y al cabo, su amado hermanito mayor se había ganado el derecho a ser el dueño incondicional y eterno de todo lo que la componía.

Adamas tenía los mismos deseos que su hermana Evelia, pero ambos pensaban que su sueño era imposible de alcanzar.

Una semana después, habitación de los gemelos, 15:30

Los dos hermanos se encontraban abrazados con delicadeza y ternura y la rubia sonreía con una gran felicidad en su rostro. La calidez y la ternura que le estaba obsequiando a su hermano mayor eran infinitas. Este le estaba obsequiando exactamente lo mismo a su dulce, hermosa y delicada hermana menor, la cual era toda su vida y su razón de existir.

—(Evelia, si sólo supieras que quedarme así contigo por toda la eternidad es mi mayor deseo, un deseo que jamás podrá hacerse realidad de la manera en la que yo deseo hacer que se cumpla…)—Pensó Adamas extremadamente feliz y sin dejar de sonreírle a su hermana gemela como siempre lo hacía. La tristeza invadió su rostro al final y su amada hermana menor se dio cuenta enseguida de ese detalle.

—Adamas, no estés triste. Sé que no me debes decir por qué lo estás, pero… no quiero verte triste. Eres mi maravilloso hermano mayor—Sólo su hermano y nada más. Adamas no podía llegar a ser nada más de ella. Le sonrió con calidez y ternura infinitas Evelia a su amado y enloquecedor Adamas con el propósito de hacer que él se sintiera aliviado.

—No debo decirte lo que me sucede, pero gracias, mi linda hermana—Le respondió el rubio a su otra mitad muy aliviado, estremeciéndola con sus últimas tres palabras inmensamente.

A pesar de que Evelia trataba de hacer que Adamas se sintiera aliviado, la tristeza la invadió a ella repentinamente. Algo causó que ella se pusiera aún más triste. Su amado Adamas no pudo evitar percatarse enseguida de ello y se dispuso a averiguar qué estaba acaeciendo, aunque no supiera si iba a poder saberlo en aquel preciso instante.

—¿Qué hace que mi dulce y linda hermana se sienta tan triste?...—Le preguntó inmensamente preocupado Adamas a su hermana menor con una gran tristeza en sus ojos verdosos.

—Verás, Adamas. Hace una semana, te dije que amaba a alguien. Quiero decirte quién es ese alguien, pero debo darte una mala noticia primero…—Dijo Evelia con una tristeza increíble en su rostro—Hermano, hay un noble que quiere desposarme. Esta vez, no creo que puedas evitar que me case. El noble es Alexandros…

Aquellas últimas palabras fueron mucho más dolorosas que el impacto de cien rayos lanzados por el rey de los dioses contra el corazón del rubio. El joven rubio no lo podía creer. No lo quería creer. Su frágil princesa no tenía permitido negarse si un varón quería desposarla y Alexandros tenía tanta influencia en Atenas como para obligar a un varón a entregar la mano de una mujer que estuviera a su cargo. Si Alexandros le pedía la mano de Evelia a él, el joven no tendría una manera de decirle que no se la quería dar sin terminar teniendo problemas graves. Finalmente, el idiota pretencioso de Alexandros iba a contraer matrimonio con su frágil, dulce, bella, irresistible, perfecta, maravillosa, tierna y adorable hermanita. Alexandros le iba a quitar la virginidad a su Evelia y la iba a hacer infeliz durante el resto de su vida. Adamas sabía perfectamente que Evelia jamás se podría llegar a enamorar de alguien como Alexandros. No. No. No iba a permitirlo. Evelia no podía ser suya, pero tampoco iba a ser de aquel desgraciado. Iba a hacer lo que fuera necesario para alejarlo de ella, incluso si debía cometer una locura.

—Adamas, sé lo que estás pensando. No cometas una locura. No te opongas a Alexandros. Ese aristócrata no es como nosotros. Él tiene más poder económico que nosotros y casi todo el pueblo vería bien que yo me casara con él. Después de todo, nuestras familias son tan prestigiosas y tan ricas que, si formaran una alianza mediante el matrimonio, nacería el linaje más prestigioso y rico de toda Grecia…—Dijo Evelia a punto de ponerse a llorar—Adamas, déjalo ser. No te opongas o terminaremos mal los dos. Yo no quiero que tú acabes mal. Detente, hermanito. Hazlo por mí…

La mirada suplicante de la rubia mostraba un deseo inmenso de romper a llorar y sus ojos comenzaron a liberar agua salada, la cual comenzó a precipitarse hacia el almohadón de plumas de ave que ambos hermanos estaban utilizando. El corazón de Adamas comenzó a romperse en un billón de pedazos en aquel instante. Si algo no soportaba, ese algo era ver llorar a su amada, dulce e irresistible Evelia.

—Nunca has sido de resignarte de esta manera, mi dulce y linda hermana…—Le respondió a Evelia su príncipe de ojos verdes, el cual hacía que su corazón palpitara tan rápido que podía terminar estallando en cualquier instante—No llores. No lastimes mi corazón así, hermanita. No llores más, Evelia, mi dulce y tierna Evelia…

Las lágrimas brotaban de los ojos de Adamas también de manera incesante. Eran lágrimas transparentes, pero, al mismo tiempo, eran lágrimas de sangre. Tanto el varón heleno como la mujer helena estaban derramando lágrimas de sangre.

—Evelia, no importa si debo desafiar por ti a todo el monte Olimpo. Desafiaré a Zeus y a todo el que trate de hacer que te cases con alguien a quien no amas. Voy a enfrentarme por ti al mundo...—Las lágrimas de sangre brotaban desde los ojos verdes del ateniense rubio.

Los ojos de Evelia se abrieron como platos al escuchar esas palabras tan cargadas de valor y de calidez. Su corazón se sentía tan estremecido que palpitaba cada vez más y más rápidamente.

—¿P-Por qué harías algo así por tu hermana gemela, una simple mujer? Vale más el polvo que pisan las bestias de carga que yo. Tú vales mucho más que yo. ¿Por qué harías tanto sólo por tu hermana menor?...—La poca alegría que sentía por sentirse tan apreciada y la tristeza que mostraba en su mirada verdosa Evelia podían ser vistas por un triste y desesperado Adamas.

—Nos matarán en algún punto si continúo tratándote así, Evelia, así que te revelaré la razón por la que hago todo esto y por la que haría todo lo que he dicho que haría...—Dijo entre lágrimas y con miedo a perder lo que tenía Adamas.

Él sabía que su miedo a no volver a ver jamás a Evelia soltera y feliz era más grande. Si los iban a matar en algún punto, prefería ser visto como si fuera un pervertido por su hermana a vivir callando por más tiempo lo que sentía.

—(Si vamos a morir en algún punto, quiero decirle a mi amado Adamas lo que siento. Él es mi todo y debe saber que lo amo románticamente a él. Si piensa que soy una hermana sucia y pervertida, viviré hasta el último minuto aliviada sabiendo que le dije cómo lo amaba, aunque me mire con asco. Si sólo supiera todo lo que deseo vivir junto a él. Si sólo supiera lo mucho que deseo ser suya y sólo suya. Si sólo supiera lo mucho que deseo complacerlo en todo...)—Pensó Evelia decidida a decirle lo que sentía a su adorado protector rubio.

Tanto Adamas como Evelia dejaron de llorar y se mostraron serios y decididos. No había vuelta atrás. Ambos se tomaron delicada y tiernamente con toda su fuerza las manos al mismo tiempo.

—Evelia, desde los dieciséis años, comencé a mirarte de una manera diferente a la manera en la que hasta aquel entonces te había mirado. Yo comencé a tener deseos que creía que eran sucios. Mis pensamientos eran indecentes, aberrantes. Yo... pensaba en ti no como si fueras mi hermana, sino como si fueras una mujer. No es simple deseo lo que siento. Lo que siento... es amor verdadero—Dijo Adamas más y más sonrojado a cada segundo que transcurría mientras el sonrojo se apoderaba del rostro de Evelia, quien tenía los ojos abiertos como platos.

—A-Adamas, no digas nada más—Dijo la joven fémina rubia acercando sus labios a los labios del joven varón rubio, quien comenzó a estremecerse más y más a medida que transcurrían los segundos.

El aliento cálido y la respiración del joven rubio hacían que la rubia se sintiera más deseosa de besarlo aún y viceversa. Enseguida, los sonrojados gemelos unieron sus labios y se dieron el beso más dulce, tierno, delicado y lleno de amor que jamás un varón no divino le había llegado a dar a una mujer no divina. Los ojos de los gemelos se conectaron de tal forma que ni siquiera un rayo de Zeus podría romper semejante conexión. Tanto Adamas como Evelia se encontraban en un universo en el que no había una sociedad tiránica y patriarcal que les decía cómo comportarse y con quién debían contraer matrimonio. En aquel universo, ser hermanos sin ser dioses no era un impedimento para estar juntos como ellos deseaban hacerlo. En aquel cosmos, sólo ellos existían. Podían amarse libremente allí. En aquel instante, los gemelos griegos estaban dándose un apasionado y dulce beso en los labios. A ninguno le importaba si aquello era un sueño. Sólo deseaban consumar aquel beso. Si despertaban y todo había sido un sueño, al menos, habrían disfrutado ese sueño hasta el final todo lo posible.

Unos pocos segundos después, habiendo asumido que nada de lo que había sucedido había sido un sueño, los dos gemelos separaron sus labios y abrieron sus ojos sintiéndose más felices que nunca. Ambos habían por fin confesado sus sentimientos. La mano derecha de Adamas comenzó a acariciar la mejilla izquierda de Evelia y esta, que estaba tan sonrojada que ni los pimientos morrones demasiado maduros fusionados con los tomates demasiado maduros podían igualarla, sólo sonrió como una boba enamorada y continuó sujetando la mano izquierda de su hermano gemelo. Este ya estaba sonriendo como un bobo enamorado y su sonrojo era tan intenso como el de su hermana.

—Te adoro, mi bella dama. Hay mucho que contar hoy. ¿Quién empieza?—Le dijo Adamas con una sonrisa que mostraba calidez y ternura infinitas a Evelia mirando fijamente esos ojos de color verde brillante que tanto adoraba.

—Soy la bella dama de mi amado Adamas, quien me ama como a una mujer. Soy la mujer más feliz del cosmos entero—Dijo evitando gritar, ya que no debía ser oída por alguien que no fuera su hermano, Evelia—Empieza tú, dueño de mi vida y de todas mis fantasías.

—Como quieras, mi adorada princesa ardiente y dueña de todas mis fantasías—Adamas causó que Evelia se estremeciera hasta un punto aparentemente inalcanzable con aquellas palabras.

La joven rubia no sabía dónde meter la cabeza. Su hermano era tan dulce y tan atento con ella mientras le mostraba lo mucho que la amaba románticamente que la iba a derretir más de lo que lo podía llegar a hacer el propio Helio, quien era el titán del sol. Si el que causaba que ella se estremeciera y quisiera ser acariciada hasta enloquecer en el sentido romántico la trataba de aquella manera, ella iba a morir aquel día por causa de la ternura y del estremecimiento.

Adamas, por su parte, se sentía exactamente igual que su hermana teniendo en cuenta las diferencias relacionadas con la posición en la que él estaba en aquella situación. Evelia lo derretía solamente mirando sus ojos fijamente y el hecho de que estuviera tan ruborizada e indefensa junto a él no ayudaba en nada.

Cuatro días después, bosque sagrado de olivos, 16:00

La joven rubia y su hermano habían huido hacía tres horas de la parte de la ciudad de Atenas en la que se hallaba su vivienda y no se habían llevado nada más que dos bolsas de piel de oso, algunos cuchillos de caza y un poco de comida y bebida. Si llegaban a descubrirlos, no tendrían escapatoria. La naturaleza podía ser hostil. Podía ser una locura irse al bosque sagrado de los olivos, pero aquel lugar que había sido consagrado a la diosa Perséfone, hija de Deméter y Zeus, era más seguro que la ciudad-Estado de Atenas para dos hermanos enamorados en aquella época. Los gemelos sabían perfectamente que debían esforzarse para sobrevivir como nunca lo habían hecho. Habían pasado de ser aristócratas que vivían con todas las comodidades que un griego podía desear a ser aristócratas que habían huido de su propia vivienda para no ser descubiertos haciendo algo considerado pecaminoso y para no ser hallados por Alexandros, quien no tendría piedad de ellos si no obtenía lo que deseaba.

A pesar de estar viviendo en la naturaleza, Adamas y Evelia tenían claro que lo más peligroso no eran los animales salvajes. Tampoco las enfermedades que podían ser contraídas en aquel entorno eran el mayor peligro de todos. El mayor peligro era sin lugar a dudas las divinidades mayores y las divinidades menores. Había que tener extremo cuidado con los dioses del monte Olimpo, ya que varios de ellos eran violadores consumados que habían ultrajado a muchas féminas no divinas a lo largo de su vida. Zeus era el más conocido por actuar de esa manera, así que era el dios con el que debían tener más cuidado, ya que podía aparecer transformado en agua, en un ciervo, en viento, en lluvia o en lo que él hubiera elegido transformarse para pasar desapercibido. Para Adamas, Zeus era el mayor peligro a tener en cuenta, ya que dicho dios solía quedarse prendado de la belleza de las féminas que veía de vez en cuando, y, cuando Zeus deseaba tener relaciones sexuales con una persona, hacía lo que fuera necesario para lograr su objetivo. Lo peor no era eso, sino el hecho de que, después de haber sido violada por el rey de los dioses, su hermana tendría que afrontar la ira de Hera, la hermana mayor y esposa de Zeus. Hera era la cruel reina de los dioses. Cuando Zeus tenía una aventura con una mujer y esta tenía descendencia como resultado de dicha aventura, Hera no debía enterarse. Si Hera se enteraba, esta se ensañaba con la mujer en cuestión y también con toda su descendencia, pudiendo llegar a matar a la fémina y a sus hijos por lo que su marido había hecho. Por esa razón Adamas estaba más pendiente de que Zeus no estuviera cerca que de que cualquier otra potencial amenaza no estuviera cerca. Por su parte, Evelia estaba igual que su amado Adamas, pero ella se tomaba la preocupación como algo más personal, ya que la violada si el dios se interesaba en su persona iba a ser ella, y no su adorado Adamas. Zeus era conocido sobre todo por tener relaciones sexuales con mujeres, pero, entre sus numerosos “amantes”, había varones, así que Adamas tenía unas pocas probabilidades de ser violado por el rey de los dioses. Evelia no deseaba que su hermano fuera ultrajado por el dios más importante del monte Olimpo. Lo que le sucediera a ella era lo de menos para su persona.

—Adamas, estoy muy sudada. Necesito agua—Dijo Evelia muy seria mirando fijamente a su amado rubio a los ojos.

—No debemos acercarnos al agua ahora mismo. Podría haber algún dios transformado en agua ahí dentro esperando para atraparnos. No debemos olvidar que Poseidón fecundó a una fémina contra su voluntad transformado en agua—Le respondió Adamas muy serio y muy preocupado por ella.

—Es cierto, amado mío. Incluso con las palabras debemos tener cuidado. Hay deidades que podrían estarnos espiando en este instante. Tal vez hay algún sátiro escondido—Le dijo Evelia a Adamas manteniendo la seriedad y la calma mientras miraba hacia todas las direcciones.

Adamas decidió imitar a su hermana gemela, la cual era adorable, irresistible y perfecta para él y con la cual estaba teniendo una relación especial, ya que había decidido no contraer matrimonio con ella, a pesar de conocer una forma de hacerlo de manera no oficial, con el propósito de conocerla mejor y prepararse para ser un mejor marido para ella en el futuro. La idea le había encantado a la rubia de ojos verdes claros y ambos habían decidido iniciar una relación que era la antesala del matrimonio. Ni siquiera habían tenido intimidad sexual, ya que deseaban esperar a casarse. Era todo un tamiz que les permitiría tener un matrimonio mucho más feliz y mucho más maravilloso.

En unos arbustos cercanos a la parte del bosque que llevaba a aquel lugar con césped verdoso, agua cristalina y flores de varios colores, se oyó un ruido que puso a los gemelos helenos más alerta que nunca. Ambos sacaron un cuchillo de caza permaneciendo juntos y se dieron la mano para darse fuerza y sentirse conectados físicamente mientras se mantenían en posición de combate. Adamas había entrenado personalmente a Evelia en secreto en el arte de combatir cuerpo a cuerpo y en el arte de manejar cuchillos como armas desde los 17 años de edad. También le había enseñado él a ella cómo usar estrategias que permitieran ganar batallas difíciles. La joven rubia no era una dama desvalida.

—Prepárate, Evelia. Algo está acercándose, o tal vez alguien—Dijo Adamas muy serio y muy atento.

—Tú me preparaste, Adamas—Le respondió Evelia a su amado muy seria y muy atenta.

Del arbusto sólo salió un conejo blanco, el cual se fue dando saltitos hacia la derecha de inmediato. Los dos gemelos griegos sonrieron aliviados y suspiraron con alivio enseguida, pero unas pisadas muy veloces que eran similares al trote de un caballo comenzaron a oírse desde la misma dirección cada vez más cerca. Eso puso en estado de alerta nuevamente a los gemelos helenos de cabello rubio.

Las pisadas estaban cada vez más cerca y los gemelos se sorprendieron por un instante al ver que un centauro que tenía el torso desnudo y una barba larga de color negro que llegaba hasta su vientre se aproximaba a ellos a una gran velocidad. La expresión del ser mitad caballo y mitad hombre era arrogante y parecía que aquel ser no había recibido la bendición de tener la belleza de la mayoría de los dioses del Olimpo. No era feo según el canon de belleza mayoritario de aquella época, pero tampoco podía ser considerado extremadamente bello.

El ser mitad caballo se detuvo ante los gemelos nacidos en Atenas con una sonrisa arrogante en su rostro y se cruzó de brazos. Su melena desaliñada de color negro llegaba hasta la mitad de su espalda y le daba un toque rebelde junto a una cicatriz que había en su ojo izquierdo. El centauro estaba seguro de que había encontrado lo que buscaba. Ahora sólo le quedaba obtenerlo.

—Vaya, vaya. ¿Qué es lo que tenemos aquí? Dos hombres. Uno es un tipo que usa cuchillo y el otro es una tipa que usa cuchillo. La mujer es aún más débil—Dijo arrogantemente y con mucho interés al mismo tiempo el centauro echándose a reír justo después de decir lo último.

Rio durante dos segundos y dejó de hacerlo justo después. Los gemelos rubios lo miraban con enojo, seriedad y calma a los ojos fijamente.

—¿Cómo se atreve a burlarse de mi hermana/Cómo osa burlarse de mi hermano?—Preguntaron al unísono con mucha hostilidad los gemelos enamorados.

—Es cierto—Dijo serio el centauro enseguida—Las mujeres son inútiles para la batalla, pero...—La expresión lasciva del centauro surgió enseguida y este miró fijamente los pechos de Evelia por encima de la ropa—Sirven para dar placer a uno cuando lo necesita.

—Hey, pervertido. No me mires los pechos. Tengo derecho a ser respetada—Le dijo completamente ruborizada e inmensamente molesta la rubia tapándose los pechos todo lo que podía con los brazos—Además, las mujeres servimos para mucho más. No somos simples objetos sexuales. No me subestimes.

—Sucio centauro, aléjate de mi hermana o me conocerás—Le dijo Adamas con muchos celos, muy indignado y muy serio y calmado mientras se mantenía en posición de combate—(Quieres robarme y faltas al respeto a mi dulce y bella Evelia. No dejaré que salgas ileso si continúas).

—Las mujeres sólo sirven para dar placer e hijos. No tienen derechos y no los necesitan. El polvo de la tierra que pisa una bestia de carga vale más. Jamás he visto entre los vuestros a una mujer guerrera. Son todas unas inútiles en el combate. Un varón sin espada o sin lanza no podrá hacerme nada. Soy superior y ganaré, y tú, mujer, serás mía en este día—Dijo con arrogancia y desprecio el centauro echándose a reír a carcajadas fuertes tras decir la última palabra.

—Eres un desgraciado. No dejaré que pongas tus sucias manos sobre mi hermanita. No le tocarás ni un pelo—Dijo Adamas completamente decidido a proteger a Evelia al mismo tiempo que sentía arder su interior debido al enojo que sentía y debido a los celos que lo llenaban.

—(¡Adamas es tan romántico! Lo adoro tanto. Yo soy suya y sólo suya. No voy a dejar que ese desgraciado de patas de caballo me toque. No es digno de mí. Sólo mi dulce y maravilloso Adamas es digno de tocarme como, cuando y donde él quiera)—Pensó estremeciéndose, enterneciéndose y mostrándose seria y decidida justo después la joven Evelia al mismo tiempo que se mantenía en una posición de combate empuñando el cuchillo de caza, el cual jamás había soltado desde que lo había comenzado a empuñar, con su mano izquierda.

Adamas empuñaba su cuchillo de caza con la mano derecha y no lo había soltado en ningún momento tampoco.

—Los hermanos protectores suelen ser oponentes patéticos, ya que están más centrados en proteger a sus hermanitas que en derrotar a sus oponentes—Dijo el centauro con un tono serio y, luego, sonrió con arrogancia—Demuéstrame de qué estás hecho, hermano protector e inútil.

—(A mí ni siquiera me ha desafiado. Este será mi primer combate real. Debo aplicar todo lo que Adamas me ha enseñado hasta ahora. Si no hubiera sido por él, sería una fémina indefensa en este instante. Adamas me entrenó para que jamás estuviera indefensa ante alguien que supiera combatir)—Pensó Evelia seria y decidida a luchar hasta el final.

El centauro comenzó a correr hacia los dos gemelos para embestirlos con su musculoso cuerpo, ya que los centauros poseían una gran fuerza física que los hombres no tenían. Sin embargo, los gemelos no se alteraron, sino que corrieron a toda velocidad hacia el ser mitad caballo con el propósito de atacar sus patas delanteras.

—¿Eso es lo mejor que tenéis?—Preguntó el centauro sonriendo arrogantemente mientras lograba dar un pisotón con la pata de caballo izquierda de delante cerca de donde estaba Evelia.

La rubia fue aparentemente desestabilizada y, entonces, el centauro se echó a reír a carcajadas. El varón rubio lo trató de atacar cortando con toda su fuerza su pata de caballo derecha de delante por la parte de la rodilla, pero el ser mitad caballo y mitad hombre esquivó el ataque saltando hacia arriba y avanzó hacia el frente para aterrizar y comenzar a correr tan rápido como podía hacerlo un centauro promedio, lo cual no era poco. A los pocos minutos, el centauro arrogante estaba corriendo hacia la rubia para dañarla con dos pisotones en los brazos. No debía dejarle muchos moratones. De lo contrario, no podría disfrutar de su bello rostro completamente libre de heridas cuando tuviera la oportunidad de mirar su cara de muchacha inocente mientras la violaba brutalmente.

Adamas atacó al centauro por el lado izquierdo y logró hacerle un corte en la pata izquierda de caballo de delante que resultó ser muy profundo. El centauro perdió la estabilidad enseguida y miró con furia al joven rubio, el cual sonreía de forma triunfal.

—Todo salió como estaba planeado, centauro estúpido. Si algo tiene tu especie, ese algo es que son casi todos unos brutos que jamás usan el cerebro. No sólo sois lascivos y violentos, sino que, además, sois idiotas—Dijo Adamas con expresión de triunfo mientras corría hacia la pata de caballo derecha de atrás del centauro para cortarla como había hecho con la pata delantera izquierda.

—¡Aaaaaaaaaaaaarg!—Exclamó debido al dolor el ser mitad caballo al sentir su rodilla ser cortada por la hoja del cuchillo de caza del joven rubio y otro corte hizo que perdiera el equilibrio de frente—¡No puede ser! Ese bastardo está detrás de mí. ¿Quién ha podido… No. No es posible. No puede haber sido ella.

El centauro no podía creerlo. Miró hacia su derecha y vio sonriendo de forma triunfal a la rubia a la que había avergonzado. Ella corrió hacia su pata derecha trasera de caballo y la cortó con su cuchillo de caza con el propósito de causar una cuarta hemorragia. El ser mitad hombre y mitad caballo cayó derrotado sobre el suelo y miró a los gemelos, quienes se acababan de poner de pie frente a él, con unos ojos que estaban llenos de terror y de incredulidad al mismo tiempo.

—N-No puede ser. No pueden haberme derrotado unos bastardos inútiles como vosotros. ¡Sois una maldita zorra y un hermano protector e inútil!

—Yo no diría que somos inútiles. Cállate de una vez, jactanciosa y brutal bestia. Nos subestimaste—Le dijo con muchísima hostilidad y muy serio y calmado el rubio agarrando con su mano izquierda la mano derecha de Evelia, quien tenía la misma expresión en su rostro que su otra mitad.

—Subestimaste a mi hermano por ser un hombre que no usaba una gran arma física. A mí me subestimaste por ser mujer. Has experimentado las consecuencias de ser arrogante ante oponentes que, en realidad, eran superiores a ti en algo que podía causar tu derrota: Inteligencia. El hombre no destaca por su gran fuerza o por poseer poderes sobrenaturales, sino por tener una gran inteligencia. Tú, bestia perversa, no tuviste eso en cuenta. Tu arrogancia y tu soberbia terminaron causando tu derrota. Yo nunca fallé. Tampoco lo hizo mi hermano. Ambos fingimos fallar para que te confiaras y terminaras así. No podíamos derrotarte en un combate con armas ni podíamos hacerlo en un combate con los puños, pero podíamos usar tus debilidades a nuestro favor, bestia inmunda—Le explicó la inteligente y determinada Evelia con una determinación muchísimo más ardiente que el fuego del propio Tártaro.

La misma determinación podía verse en los ojos del rubio de piel clara, el cual sólo le dio la espalda al centauro sin mostrar intenciones de poner fin a su vida.

—Eres débil, varón. Si me eligieras matar, serías fuerte, pero has elegido perdonar mi vida. Eres una basura patética. Insulté a tu hermana. Mátame y demuestra que eres un varón de verdad—Dijo el centauro con furia contenida mientras trataba de comprobar lo masculino que era Adamas.

—Un verdadero varón respeta a una mujer. El único aquí que no es un verdadero varón eres tú, centauro—Le dijo Adamas sin mirarlo y se giró justo después para mirar fijamente sus ojos azules celestes con mucha hostilidad—Si vuelves a amenazar la vida de mi hermana o a insultarla como hoy lo has hecho, lo lamentarás durante el resto de tu vacía y triste existencia.

El enojo que contenía la miraba del joven rubio se notaba enseguida. El aterrado centauro estaba sin palabras ante aquel poderoso joven que lo había derrotado solamente con estrategia.

—Eres una criatura patética. Crees que te hace ser un varón de verdad violar mujeres indefensas, insultar a los demás y matar a todos tus oponentes a sangre fría sólo porque te da la gana, pero déjame decirte algo, bestia indecente—Le dijo Evelia con la misma mirada que tenía Adamas en su rostro—Un varón de verdad es sensible, amable, cariñoso, valiente y responsable. Un auténtico varón protege lo que ama y usa la violencia como medio para proteger a los que ama cuando estos están en peligro. Un auténtico varón cree que varones y mujeres son iguales en derechos. Un varón de verdad no es un ser bruto, cruel y despiadado. Tú no eres más que un repugnante monstruo que se dice a sí mismo varón de verdad, pero no lo eres. Vive con la vergüenza de saber que subestimaste a una mujer que terminaría hiriéndote.

El centauro no sabía qué decir. Una mujer y un varón que no usaba una espada o una lanza lo habían derrotado muy fácilmente. El ser que era mitad hombre y mitad caballo agachó la cabeza y se quedó mirando con impotencia y furia el suelo. Acto seguido, soltó un gran grito para liberar toda su furia.

Los gemelos helenos le dieron la espalda al centauro y se dieron una mano de nuevo. Ambos habían guardado ya los cuchillos que habían usado en su bolsa de piel de oso y estaban sonriendo con calidez y ternura infinitas mientras se miraban con todo el amor que sentían en lo más profundo de su corazón mientras ocultaban sus reacciones, ya que podía haber alguien más cerca. No debían dejar de tener presente que el centauro seguía con vida y estaba consciente.

Un águila voló por el cielo hasta donde estaban los gemelos y aterrizó a menos de un metro de distancia de ellos.

CONTINUARÁ…

3 Février 2021 20:30:33 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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