chainedupgirl Chainnie

Tu obsesión me salvó. ¿Cómo puedo recompensarte? Una noche... dos noches... tres noches... muchas más. Te encontré de nuevo solo para volver a perderte. ¿Me buscarás? ¿Es acaso mi amor suficiente recompensa? ❥ Three Shots ❥ JinTae : soft and smut ❥ época : principios del siglo XX © Obra registrada en Safe Creative con el Código de registro: 2106108062297 - Queda prohibido cualquier adaptación o copia.


Fanfiction Groupes/Chanteurs Interdit aux moins de 18 ans. © © Todos los derechos reservados. Queda prohibido cualquier adaptación o copia.

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Primera parte




Diciembre 31, 1900



Es víspera de año nuevo y este año no celebramos solamente la llegada de un nuevo año, sino la llegada de todo un nuevo siglo. Ya es costumbre celebrar con todos los del equipo artístico del teatro la llegada de cada año, como también celebrábamos noche buena y muchas otras fiestas. Este año en específico cumplo diez años desde que me escapé de casa para cumplir mi sueño de volverme actor e intérprete de teatro. No fue fácil, tuve que dejar mi hogar, a mi familia... al amor de vida. Y todo por perseguir el sueño de mi niñez. No me arrepiento, aunque he tenido que pasar por mucho y todavía no he llegado hasta donde quiero llegar, me falta mucho camino por recorrer, pero se que muy pronto lo lograré. Estoy a nada de conseguir el éxito deseado y con el conseguiré también la libertad.


—Tae tae, ¿que harás para celebrar tu cumpleaños? — pregunta Jimin, mi mejor amigo y compañero de reparto. Se podría decir que él y yo somos las estrellas de cada una de las obras que se presentan en el teatro en el que trabajamos.


—Mi cumpleaños fue ayer Jiminie. Supongo que ya lo estoy celebrando hoy. —le digo encogiéndome de hombros sin darle mucha importancia.


—¡Hoy celebramos año nuevo, no tu cumpleaños Tae! Deberíamos hacer algo. —dice Jimin emocionado. Pero me toca desilusionarlo pues no creo que tengamos tiempo, estos días con costo y tenemos tiempo para respirar.


—No creo que tengamos tiempo Minie. Tenemos demasiadas funciones estos días. A penas tendremos tiempo para dormir.


—Bueno, eso es cierto pero igual debemos celebrar cuando tengamos más tiempo. No cumples todos los años veinticinco.


—¿Qué tiene de especial cumplir veinticinco? —preguntó confuso.


—Ni idea, pero nunca más los volverás a cumplir. Así que algo de especial debe tener. —dice encogiéndose de hombros mientras se acomoda su vestuario frente al espejo del camerino que compartimos. Se voltea a verme para preguntarme algo que parece recordar en ese momento. —¿Lograste averiguar algo sobre las flores que te dejaron ayer por tu cumpleaños?


—Nada. —niego sin dejar de acomodar mi cabello frente al espejo. —Supongo que se trata de algún admirador. —digo sin darle mucha importancia.


—Entonces crees que se trata de un hombre. —sugiere Jimin volviendo a concentrarse en su vestuario.


—No lo sé, puede ser cualquiera. No he tenido tiempo de pensar en eso, la verdad. —digo aplicando un poco de rubor en mis mejillas.


—Es compresible que tengamos admiradores hombres, sabes. Las máscaras que usamos cubren nuestros rostros por completo y eso puede confundirlos.


—Las máscaras nos cubren solamente los rostros Jimin. Nuestros cuerpos son perfectamente visibles. Y de no ser por nuestros prominentes culos, nuestros cuerpos siguen siendo de hombres. No hay forma de que alguien se confunda.


—¿Me estás llamando culo gordo? —pregunta volteándome a ver indignado.


—Dije tenemos. —le digo haciéndole ver que me incluí a mi también en la afirmación. —Pero si, tu culo es más gordo que el mío. —digo molestándolo y riendo por el gesto obsceno que me hace con su mano.


—Puede que tu no le des mucha importancia, Tae. Pero a mi si me asustó la nota que acompañaba el ramo. Era extraña, me provocó escalofríos. —dice volviendo al tema del admirador secreto. Enserio que no me preocupan las palabras de un loco obsesionado, ni siquiera conoce mi rostro así que básicamente estoy a salvo. Paradójicamente la ridícula obsesión de nuestro jefe de cubrir nuestro rostro me estaba salvando.


—No le des demasiada importancia, Jimin. No es como que fuera el primer presente que recibo. Me preocupa más el asunto que hablamos el otro día. —le digo viéndolo a través del espejo. Conectamos miradas y veo el miedo reflejado en sus pequeños ojos. —¿Estás completamente seguro de querer hacerlo?


—Ese jodido asunto no me deja dormir por las noches. —dice exhalando con fuerza y agachando la cabeza. Yo lo miro temeroso de que se haya arrepentido. Pero él vuelve a levantar la cabeza y me mira sonriente a través del espejo. —Pero sabes que te seguiré a donde vayas. No te vas a librar de mi tan fácilmente.


Dejo lo que estoy haciendo y me coloco a su espalda envolviéndolo en un abrazo de oso. Es la persona más importante que tengo en mi vida ahora mismo. No sabría que haría si no lo tuviera. Y se lo hago saber cada vez que puedo, pues sé que ama que le digan todas estas cosas.


—Te amo, Minnie. No sé que haría sin ti. —le digo enterrando mi rostro en su cuello. El sonríe con mirada brillante y acaricia mi cabello en respuesta.


—Te volverías loco, pero para tu suerte nunca vas a saberlo. Porque siempre voy a estar a tu lado.


Lo miro sonriendo verdaderamente feliz y entonces escuchamos cómo abren la puerta de nuestro camerino.


—¿Ya empezaron otra vez con las mariconadas? —pregunta molesto nuestro jefe. Nosotros nos separamos sin decir nada acostumbrados a su forma de ser grosera y déspota. Es un hombre amargado que toda su vida anheló volverse una estrella pero que nunca pudo serlo pues carecía del talento para lograrlo. Cuenta la gente que lo conoce que intentó incontables veces formar parte del elenco de alguna obra de teatro, fallando siempre en el intento. Sólo logrando papeles menores y de relleno sin ninguna importancia. Harto y herido decidió rebelarse contra la organización que tanto lo rechazo, fundando su propio teatro y volviéndose el dueño y señor de todo; el lugar, de las obras, del público e incluso de los mismos artistas.


» Además de amargando y déspota, es una persona llena de odio. Y como cereza del pastel está algo trastornado de la cabeza. Cada vez que algún artista amenaza con irse y dejar su teatro, él lo amenazaba con denunciarlo a las autoridades por «sodomía». La mayoría de sus artistas eran hombres pero ninguno se declaraba homosexual, algunos porque no lo eran y otros más que todo por miedo. En la época en la que vivimos esto podía significar motivo de muerte o como mínimo encarcelamiento. Los adjetivos como "maricas" "raros" o "afeminados" eran comunes para los hombres que se dedicaban a nuestra profesión. Volviendo amenazas como las de mi jefe, una realidad más que posible.


Este era uno de los tantos motivos por los que Jimin y yo estamos planeando largarnos de este lugar y buscar nuestra libertad y felicidad en otro. Pero librarse de nuestro jefe no sería tarea fácil y si queríamos librarnos de prisión o la horca debíamos planear muy bien nuestra huida.


Después de más insultos de parte de nuestro jefe, este nos hace salir para comenzar con la función de esta noche.


Mi vida no era para nada lo que había imaginado que sería hace diez años. A mis quince años soñé que todo iba ser color de rosa, yo sería un famoso actor respetado y reconocido, al que valorarían por su increíble talento. Pero la vida no era un cuanto de hadas y nada había salido como lo planeó mi cabeza soñadora y surrealista. No me arrepiento, pues gracias a mis decisiones conocí a mi mejor amigo y alma gemela, pero todavía guardo las esperanzas de realizar esa vida de ensueño que tanto soñé de pequeño.


Jimin, los demás artistas que forma parte de la obra de esta semana y yo terminamos la función exitosamente. El público aplaude eufórico y complacido. Y esa es la mejor melodía que pueden escuchar nuestros oídos. Complacidos nos despedimos una y otra vez de nuestro ferviente público. El teatro se llena cada vez más y la gente que comienza a asistir a las diferentes funciones es cada vez más fina y elegante. Sin duda el maldito de nuestro jefe estaba haciendo un trabajo excelente explotándonos. Me pregunto que hará sin sus dos protagonistas estelares. Pagaría todo el dinero que no tengo por ver su cara cuando se entere que Jimin y yo logramos escapar de su asquerosas garras. Ese pensamiento era por lo que me despertaba cada mañana con ganas de seguir luchando.


Esa noche Jimin y yo nos vamos a nuestro hogar compartido, un diminuto piso en el que con costo alcanzamos los dos. Ubicado a unas calles del teatro. El gordinflón de nuestro jefe nos controlaba hasta el lugar en el que debíamos vivir. No podíamos irnos a vivir muy lejos porque eso haría que llegáramos tarde al teatro y retrasaríamos las prácticas por lo que se arruinarían las funciones. Si, nuestra vida era un monopolio manejado absolutamente por él. Esa noche al acostarnos ninguno de los dos imaginó que en público se había sembrado en los corazones de dos hombres completamente distintos; deseos y obsesiones que terminarían cambiando nuestras vidas radicalmente. Mi vida siendo más exactos.


«Las semanas siguientes dos hombres comienzan a frecuentar el teatro por distintas razones. Uno de ellos para fomentar su enfermiza obsesión, capricho y deseo por uno de los artistas principales. Y el otro por curiosidad y porque le era imposible dejar de pensar en el mismo artista de cabello oscuro que se presentaba cada noche cubriendo su rostro con una máscara de porcelana blanca. Se podría decir que ambos estaban completamente obsesionados, pero eran distintos tipos de obsesiones».




🌌



Desde hace varias semanas las notas, presentes y obsequios son algo común en nuestro camerino. Y todos van dirigidas hacia la misma persona. Hacía mi. A este punto ya había entendido que sea quien sea la persona que enviaba todo esto estaba enfermizamente obsesionada conmigo. Y me asustaba, por supuesto que me asustaba, jamás había sido el centro de tanta atención. Agradecía cómo nunca que el estúpido de nuestro jefe nos hiciera usar máscaras. Pero esto no garantizaba del todo mi seguridad, la persona obsesionada podía descubrir fácilmente mi identidad colándose en camerinos y distinguiendo mi vestuario. Estaba realmente asustado por lo que acudo a mi jefe para comentarle mi temor.


—Señor Choi, ¿puedo hablar con usted?


—¿Qué quieres ahora Kim? —pregunta fastidiado.


—Hay un asunto que me preocupa. Se trata de una persona que me envía notas y presentes desde hace semanas. Por los textos que escribe, puedo percibir que tiene una ligera obsesión conmigo y temo que esto ponga en peligro la obra y a todo el equipo. —le digo centrando el problema en algo más aparte de mi, algo que a él si le interesa. Para que así le de la importancia que quiero que tenga.


—Es otro admirador más. Ya deberías estar acostumbrado. ¿Querías ser artista no? Pues ahí lo tienes. No veo cuál es el problema.


—Señor, es que esta vez no percibo que sea como cualquier otra. Hay algo que no me permite estar tranquilo. —le digo siendo completamente sincero. Pero a él como siempre le vale mierda cualquier cosa que le diga.


—Déjate de estupideces y supersticiones absurdas Kim. —dice volviendo a comer el bocadillo que había dejado de lado por hablar conmigo, vaya honor el nunca deja de comer por nada ni por nadie. —Para que te quedes tranquilo y me dejes comer en paz de una maldita vez...—habla mientras mastica su comida abriendo la boca en el proceso, dejándome ver todo el contenido de esta.


«¡Que asco! ¡Cierra la boca maldito cerdo!» pienso asqueado.


—Lo que te puedo decir es que si hubo un tipo que se me acercó pidiéndome que lo dejara conocerte. —dice y se ríe a carcajadas grotescas al ver mi cara de pánico.


«¿¡Cómo que había un tipo que había pedido conocerme?!»


—Relájate, marica. Yo me negué y lo mandé a la mierda. ¡No por cuidarte, eh! —dice para aclarar algo que se perfectamente. —A mi tus mariconadas me valen mierda, pero no permitiré que embarres el nombre de mi teatro en ellas.


Concluye y tira el bocadillo que estaba comiendo a un lado, luciendo completamente asqueado. Se va y me deja ahí parado pensando en mi maldito acosador. Sacudo la cabeza con los tormentosos pensamientos que comienzan a llenarla y me dirijo a mi camerino. Jimin está ahí dentro y en cuanto entro me recibe con una noticia que termina por alarmarme.


—Te llegó otra nota Tae. La dejé sobre tu tocador. —dice mientras continúa cepillando su cabello rubio. Yo me acerco a la pequeña mesa y tomo el sobre crema con manos temblorosas. La nota pone:


~ɴᴏᴛᴀ ᴅᴇʟ ᴀᴅᴍɪʀᴀᴅᴏʀ~


No puedo dejar de repetir tu voz en mi cabeza una y otra vez. Muero por conocer tu rostro que estoy seguro es el más hermoso que pudieron tallar los Dioses. Anhelo el momento en el que pueda respirar tu perfume. No creo poder soportarlo más...
¿Me permitirías descubrir tu bello rostro?
Te espero este sábado después de la última función en el almacén debajo del escenario. Te estaré esperando, será mejor que asistas.

—Un ferviente admirador.


~ғɪɴ ᴅᴇ ʟᴀ ɴᴏᴛᴀ~


El papel se me cae de las manos y consigo sentarme en el taburete que está frente al tocador de milagro. Me tiembla todo el cuerpo y la respiración se me vuelve pesada. Tengo un mal presentimiento sobre esto. No se siente como cualquier nota de un simple admirador obsesionado. Y el miedo debe reflejarse en mi rostro porque Jimin se acerca asustado y toma el papel que se me cayó de las manos para leerlo.


—¡Ferviente admirador mi culo! —dice enojado. Lanza el papel al piso y me toma de las manos. —No te preocupes Tae. Esa noche le diré a uno de los chicos que nos acompañe hasta casa y nos iremos de inmediato, en cuanto termine el show. Tu no te preocupes por nada Tae tae. Yo te cuido. —dice abrazándome fuertemente. Se lo agradezco en el alma, sus abrazos siempre me reconfortan. Pero entonces una idea descabellada cruza por mi cabeza.


—¿Qué tal si voy y lo enfrento? —le pregunto en un susurro lo suficiente alto para que me escuche. Él me mira como si me hubiera salido una segunda cabeza.


—¡¿Pero estás idiota?! —prácticamente grita. Y se coloca frente a mi con los brazos en jarra. —¡Ni se te ocurra Taehyung! ¡Puede ser un loco enfermo! No vas a ir, me oyes. Te lo prohíbo.


—Pero, Jimin. Puede ser la única forma de ponerle un alto y que me deje en paz de una buena vez.


—¡Te digo que no! Te voy a estar vigilando Tae. Como te atrevas a ir. Te juro que me voy. Me largo de este maldito lugar sin importarme una mierda que te quedes aquí. —dice amenazándome con lo único que sabe que puede detenerme de hacer una estupidez.


—Bien. No lo haré. Ya tranquilízate.


—Es que te creo capaz. Eres lo suficiente idiota para hacerlo. Prométeme que no lo harás Tae.


—Lo prometo. —le digo con una sonrisa tranquilizadora. Mientras que a mi espalda escondo mi mano con los dedos cruzados invalidando la promesa que recién acabo de hacer. No sé si vaya ir al encuentro o no. Pero no puedo prometer algo que no estoy seguro de cumplir.



🌌



El fin de semana llega demasiado pronto. Jimin y yo estamos particularmente nerviosos en todas las funciones de ese día. El jefe nos reclama y regaña incontables veces pero no podemos mejorar nuestra concentración debido a los nervios.


Jimin no me quita el ojo de encima todo el día. No me permite ni siquiera ir solo al baño. Hasta que por fin llega la última función de ese día. Yo estoy que me pueden los nervios, me siento más observado que nunca y sé que mi mente me está jugando una mala pasada cuando creo distinguir en el público un sujeto con una máscara negra cubriéndole todo el rostro. No sé ni como consigo terminar la última función decentemente. Pero lo hago y por fin salimos del escenario. Jimin me toma del brazo y nos dirige rápido a nuestro camerino. Comienza a guardar nuestras cosas en nuestros bolsos, pero la puerta del camerino se abre inesperadamente. Es el jefe que le pide que lo acompañe un momento a fuera para hablar de un asunto. Puedo ver cómo Jimin maldice internamente al jefe por llevárselo en este preciso momento. Pero no tiene más remedio que salir. Al salir me hecha una mirada suplicante y yo intento tranquilizarle pero tanto él como yo sabemos que terminaré yendo a la maldita cita. Le sonrío y él me suplica con la mirada que no lo haga.


Pero lo hago. Salgo del camerino todavía con el vestuario que usé en la última función. Y me dirijo hacia el almacén donde me citó mi acosador. La sensación de estar siento observado todavía me acompaña y a esta se le une otra de estar siendo perseguido.


«¡Genial! Lo que me faltaba».


Apresuro el paso y llego al almacén. El lugar está completamente vacío. La iluminación es escasa, solo alumbran el lugar unas pocas luces que se filtran del escenario. Recorro con la mirada todo el espacio sin alejarme mucho de la puerta, por si debo salir corriendo. Pero entonces escucho que unos pasos se acercan detrás de mi y me paralizo. No soy capaz de voltearme. Comienzo a respirar de forma agitada y aprieto mis manos en puños para que estas dejen de temblar. Hasta qué lo escucho.


—¿Te encuentras bien?— pregunta el que supongo es mi acosador. Y extrañamente esa voz me resulta inesperadamente conocida. Decidido a enfrentarlo de una buena vez me volteo y la poca luz que se filtra desde arriba ilumina mi rostro, pero el suyo permanece en las sombras. Entonces el dice con sorpresa: —¿Taehyung?


Mi corazón se acelera al distinguir su figura y parte de su rostro. Pero deja de latir cuando avanza y la luz le ilumina el rostro, dejándome ver por completo sus facciones.


—Seokjin... —digo sin aliento.




🌌



Nos miramos fijamente por largos minutos sin poder creer que otra vez estamos el uno frente al otro después de tanto tiempo. Jin avanza hacia mi y yo permanezco estancado en mi sitio. Él parece incrédulo y verdaderamente sorprendido. Se acerca más, y yo reacciono en ese momento alzando una mano para detener su avance y confuso le pregunto.


—¿Tú eres mi ferviente admirador? —el me mira confuso y parece pensárselo.


—Bueno, si te admiro mucho. Pero no se si soy la persona de la que hablas. —señala con el ceño levemente fruncido.


—¿No fuiste tú el que me citó en este lugar? —le pregunto más confuso aún.


—No sabía de este lugar. Te ví salir por casualidad de tu camerino y te seguí. Lo siento, pero me moría de ganas de conocer al artista que me había cautivado todas estas noches. —dice luciendo avergonzado pero también emocionado. —No puedo creer que seas tú. ¿Cómo estás pequeño?


Pregunta sonriendo. Y yo tampoco puedo creer que está aquí frente a mi otra vez. Tenemos más de diez años de no vernos. Desde que lo dejé junto con mi familia y junto a la vida que llevaba antes. Él me mira y me sonríe como si no me guardara rencor alguno por haberlo abandonado días después de que me confesara sus sentimientos por mi. No porque no le correspondiera, sino porque no quería sacrificar mi sueño por algo que sabía era imposible.


—Estoy muy bien. ¿Y tú?


—Estoy mucho mejor ahora que vuelvo a encontrarte. —dice con una mirada intensa. Y yo me avergüenzo al instante.


«¿Es posible que sus sentimientos sigan siendo los mismos de antes?» —pienso maravillado.


Porque en mi pecho puedo sentir como los míos no han cambiado, por el contrario, parecen ser más fuerte que antes. Mi corazón late acelerado con su mera presencia, lo siento desbocarse con cada palabra que dice y se detenerse con cada parpadeo de su penetrante mirada. Es como si todo este tiempo hubiera estado anestesiando el dolor que sentía por haberlo dejado y ahora todo volviera con fiereza con solo volver a verlo.


—¿Me has perdonado por abandonarte? —le pregunto con el dolor y la culpa que siento por dentro, atreviéndome a acercarme un poco más a él.


—Te lo reproché tantas veces. No te voy a mentir, intenté varias veces olvidarte. —dice con una sonrisa apesadumbrada acercándose un poco más a mí. —No podía perdonarte el que ni siquiera te hubieras despedido. —me dice todavía mirándome intensamente. Yo agacho la cabeza avergonzado, pero él me levanta el mentón con infinita delicadeza. —Pero no podía evitar recordar tu sonrisa con cariño. —dice acariciando mi barbilla inconscientemente. O tal vez no tan inconsciente. —Con los años madure y comprendí tus razones. Lo que nunca te perdone es que no me hayas permitido probar tus labios... si quiera una sola vez, así habría tenido si quiera un recuerdo al que aferrarme y no simples ensoñaciones.


Me reclama a la vez que va acercándose más a mí. Su olor me embriaga y me siento ligeramente mareado. Lo tomo por sus anchos hombros y me deleito en lo definidos que se sienten sus músculos en esa zona. Muerdo mi labio deseando explorar más de su cuerpo. Mi acción no le pasa desapercibida y lo siento posar sus manos sobre mis caderas acercándome más a su cuerpo. Nuestros rostros están a escasos centímetros, nuestras miradas se pierden en la del otro y de repente él roza nuestros labios en un beso breve. Ambos suspiramos y él me mira pidiendo permiso para continuar. Se lo doy. Y de inmediato lo siento pegarme por completo a su cuerpo y apoderarse posesivamente de mi boca, como siempre quise que lo hiciera. Nos besamos de forma apasionada por largos minutos hasta separarnos jadeantes y sonrientes. No puedo creer que lo que acaba de suceder sea real, lo soñé tantas veces, que me es imposible no creer que esté es otro de esos tantos sueños que me atormentan por las noches.


Pero no lo es. Él realmente está aquí, puedo sentir con mis manos su calidez y no quiero despegarme de él, no quiero volver a dejarlo, pero la realidad se impone y sé que debo irme, pero quizás esta vez no tenga que ser por tanto tiempo, quizás pueda volver a verlo, volver a sentir la increíble sensación que deja su boca sobre la mía, quizás sólo quizás... esta vez podamos intentarlo.


—Debo irme. —digo con pesar por tener que romper la magia del momento. Él asiente con la cabeza haciéndome ver que me escucha pero no suelta su agarre en mis caderas.


—¿Podemos volver a vernos? —pregunta en un susurro contra mi boca. Yo asiento y sonrió antes de separarme por completo de su cuerpo.


—¿Conoces el bar que está a cinco cuadras de aquí? ¿El Irlandés? —le pregunto y el asiente afirmativamente. —Te veo el próximo viernes por la noche, ahí.


Vuelve a asentir y su boca le roba otro beso a la mía. Nos volvemos a besar esta vez no tan breve y más intenso que antes. Otra vez jadeante y sin aliento me alejo, sin ganas de irme en realidad, pero con el deber de volver o pronto tendríamos compañía. Camino por el pasillo que me llevará de regreso al centro del teatro y me volteo para verlo una última vez. Lleva puesto un traje oscuro con camisa blanca por dentro, su cabello negro azabache le cae despeinado sobre la frente. Está tan apuesto como antes e incluso más. Suspiro y retomo mi camino hacia el camerino.



~ᴇsᴛᴇ sᴇᴏᴋᴊɪɴ~
*~*


~ᴄᴏɴ ᴇsᴛᴇ ᴛᴀᴇʜʏᴜɴɢ~
O_o




Llego al camerino y lo primero que encuentro es un Jimin desesperado que continúa guardando cosas en los bolsos apresurado. Cuando me mira detiene su andar apresurado y corre a abrazarme. Puedo escuchar un sollozo ahogado salir desde su garganta y lo separo de mi para verle el rostro.


—Maldita sea Taehyung, vas a matarme del susto un día de estos. A veces siento que te odio. —dice sorbiéndose la nariz y limpiándose las lagrimas que le habían caído por las mejillas. Yo le ayudo a limpiárselas y me disculpo.


—Perdóname Minnie. Pero tenía que averiguar de que se trataba. Y no te imaginas con lo que me encontré. —le digo sonriendo de oreja a oreja.


—Después me cuentas idiota. Vámonos de una vez de este maldito lugar. —dice cogiendo nuestros bolsos y sacándonos de ahí. Una vez llegamos a nuestro piso acompañados por algunos de nuestros compañeros de reparto. Me dispongo a contarle el encuentro que tuve debajo del escenario.


—Entonces tu ferviente admirador es tu antiguo amor de la infancia. —dice intentando entender bien todo el asunto.


—No, él niega ser quien me citó en ese lugar. —le digo cayendo en cuenta que todavía no se quien es la persona que me envía las notas y me citó debajo del escenario.


—Pero entonces, ¿quien te envía todas esas notas? —pregunta Jimin haciendo la misma pregunta que me acabo de hacer yo.


—No lo sé, Minie. Cuando llegué el lugar estaba completamente vacío hasta que llego Jin justo después de mi. Puede que la persona que me citó ahí no había llegado todavía. —le digo pensando en voz alta. Pero Jimin niega con sospecha.


—O... puede que ya estuviera ahí dentro esperándote, pero la llegada de Seokjin no le permitió mostrarse. O sea que tú chico le frustro el plan a tu pobre acosador. —dice sonriendo levemente. Yo me avergüenzo por la forma en la que se refirió a Jin.


—No es mi chico, no digas tonterías. —le digo tapándome el rostro con vergüenza.


—Pero te encantaría que lo fuera. Te conozco Tae. Puedo ver ese brillo en tus ojos. Descríbemelo, ¿cómo es? ¿es guapo? —pregunta Jimin emocionado.


—Guapo es quedarse corto cuando se trata de Seokjin. —exclamo en un suspiro totalmente enamorado. Jimin grita más emocionado aún. Estamos sentados en nuestras camas personales, las cuales unimos en el centro de la habitación para formar una cama más grande. —Siempre fue guapo desde jóvenes. Pero ahora está... —pienso la palabra exacta para describirlo pero no la encuentro. —Está increíblemente apuesto. Los años lo han vuelto demoledor, Jimin. Tiene unos ojos oscuros profundos y grandes, su rostro es alargado perfectamente simétrico, su boca es rellena y sus labios son suaves. Sus hombros son increíblemente anchos y todo su porte es esbelto y es tan alto...—le describo embelesado la belleza del único hombre del que me he enamorado. Jimin está encantado y me mira con mirada traviesa e ilusionada.


—Creo que podría correrme con la sola imagen que se formó en mi cabeza. ¡Demonios Taehyung tanta perfección en un hombre es imposible! —dice mirando a la nada imaginándose al hermoso hombre. Me carcajeo por su primer comentario y lo empujo hasta que casi cae de la cama.


—¡Deja de decir esas cosas! ¡Eres un sinvergüenza, Jimin! —le digo abochornado.


—No seas mojigato, Tae. Me vas a negar que no has soñando en cómo sería que ese hermoso hombre te tomara entre sus brazos y te diera duro toda la noche. —dice sonriendo diabólicamente. Yo me rio a carcajadas y tapo mi cara con la almohada, por supuesto que me he imaginado mil veces cómo sería estar de esa forma con Jin. Pero no estoy dispuesto a admitirlo. Las pocas experiencias sexuales que he tenido han sido bastante desagradables. Me asusta ensuciar la imagen que tengo de Jin con ese tipo de pensamientos. No quiero que el vínculo que compartimos se rompa por un encuentro de una noche.


—Eres un degenerado Jimin. No tienes remedio. —le digo recuperando la compostura y mirándolo severamente como si yo no fuera igual o peor que él.


—No te hagas el santurrón que eres igual o peor que yo. ¿Me dejarás conocerlo? Necesito conocer el rostro de semejante hombre. —dice entusiasmado.


—Puedes acompañarme el día que nos encontremos en el bar Irlandés. Lo miras, te lo presento y te largas. Tenemos que hablar de muchas cosas con Jin.


—¿Así se le dice ahora a tener sexo «tenemos que hablar»? —dice volviendo a reír a carcajadas.


—¡Ya basta, Jimin! ¡No pienso acostarme con él en nuestro primer encuentro formal! —gritó incrédulo.


—En el segundo entonces. —dice risueño.


—Eres insoportable. Ya larguémonos a dormir. —digo acostándome en mi lado de la cama. Pero Jimin no ha terminado todavía y me pregunta.


—¿Tae? —le respondo con un sonido de afirmación para que sepa que lo estoy escuchando y continúa. —¿Crees que tu chico tenga un amigo al que pueda presentarme?


—No lo sé. Minnie. Tal vez. —le respondo medio dormido.


—Ojalá que si. Estoy harto de esta soledad. —dice tan bajo que apenas alcanzo a escucharlo. Se acomoda en su lado de la cama y lo acerco a mi para abrazarlo y dormir como siempre lo hacemos. Abrazados el uno al otro.


«Nadie se dio cuenta que en las sombras del almacén debajo del escenario. Se escondía, en efecto, el verdadero acosador quien frustrado vío como su presa le era robada y ultrajada por un desconocido al que sin conocerlo ya odiaba. Pero el criminal no estaba dispuesto a dejarse vencer por un recién llegado. Conseguiría el amor de su bello artista y sus labios serían los únicos que el chico besaría. No lo iba compartir con nadie. Ahora sabía su nombre y juraba por su condenada alma que Taehyung sería únicamente suyo.


—Serás mío osito. Mío y de nadie más. —dice escondido entre las sombras del callejón desde donde mira con una malévola sonrisa de roedor como son apagadas las luces del piso donde viven los dos artistas principales del The Magic Theater.»




🌌




El día había llegado, ya era viernes y eso significaba que mi encuentro con Seokjin ocurriría esta noche. Estaba nervioso para que negarlo. El fin de semana pasado nos habían ganado las emociones de volver a encontrarnos y nos habíamos dejado llevar. Pero la sorpresa inicial ya había pasado y ahora tocaba hablar y sincerarse. La sensación de ser observado no había desaparecido. Cada vez que me dirigía de regreso a nuestro piso por las noches y de regreso al teatro por las mañanas podía sentir una penetrante mirada que desaparecía cuando me detenía a observar a mi alrededor pero que continuaba fija a penas seguía mi camino. Atribuía la sensación de sentirme acosado y perseguido a los nervios y a la incertidumbre de no saber quién era mi «ferviente admirador». Agradecía que Jimin me acompañaría hasta el bar donde había quedado con Seokjin, eso me calmaba un poco los nervios.


—¿Estás listo para encontrarte con tu hombre? —pregunta Jimin en cuanto entro al camerino después de la última función de ese día.


—Te he dicho que no lo llames de esa forma. —le digo viéndolo mal a través del espejo.


—Puedes decir lo que quieras. Pero estoy seguro de que hoy no regresaras a casa. —dice mientras guarda sus cosas.


—Te estás haciendo ilusiones peor que un jovencito inexperto. Vamos a hablar solamente Jimin. —le digo aunque en el fondo estaba rogando por que Jimin tuviera razón. Guardo mi última prenda en mi bolso y le digo. —¿Estás listo?


—Si, vámonos por tu hombre. —dice tomándome por un brazo y sacándonos de ese lugar. Yo salgo sin poder replicar si quiera. Es imposible lidiar con Jimin cuando algo se le mete entre ceja y ceja.



~ᴇʟ ʙᴀʀ ɪʀʟᴀɴᴅᴇs~


🍻


Llegamos al bar en menos de quince minutos. El lugar está algo vacío pues todavía es temprano. Jimin y yo nos sentamos en una mesa cerca de la puerta, la mesa que escogimos tiene una ventana por la que puedes ver la calle empedrada que asciende y llega hasta el teatro. El sector que rodea al bar es un lugar muy tranquilo por el que uno puede caminar libremente a cualquier hora sin que sea peligroso. Me quedo viendo fijamente por la ventana sin ver nada en específico. Hasta que algo capta mi atención, en uno de los callejones que están frente al bar oculto en las sombras veo a un tipo que mira en nuestra dirección, está viendo fijamente hacia la ventana, puedo sentir y ver su mirada a pesar de que una máscara oscura le cubre todo el rostro. El hombre se da cuenta que lo estoy observando y da un paso fuera de las sombras para que lo pueda ver más claramente. Va todo vestido de negro, sombrero, guantes de cuero, gabardina larga hasta los tobillos y botas también de cuero negro. Una de sus manos enguantadas se pierde dentro de los bolsillos de su traje y saca de este un sobre igual a los que he estado recibiendo las últimas semanas con las notas de mi «ferviente admirador». Me muestra la mano que sostiene el sobre y con su otra mano cubre su boca con un dedo, indicándome que debo hacer silencio. Siento un escalofrío recorrer toda mi columna vertebral. Es él, es el tipo de las notas, y el tipo que ví en el publico el fin de semana pasado. Si está en este lugar, justo ahora, quiere decir que me ha estado siguiendo todo este tiempo. Me tiembla todo, no puedo apartar mi mirada de la suya.


—Tae... ¿Tae?... ¡Taehyung! ¡No me estás escuchando! —grita Jimin que está sentado en la mesa frente a mi, sacándome repentinamente del embrujo en el que me tenía atrapado la mirada de ese hombre vestido completamente de negro.


—¿Qué decías? —le pregunto sin despegar la vista del hombre que está afuera de la ventana.


—Te digo que hay un tipo endemoniadamente apuesto que nos está observando. Y viene para acá, Tae. ¡Viene hacia nosotros!


—¿Tú también lo ves Jimin? Creo que se trata del hombre del teatro el que... —estoy diciendo pero Jimin me interrumpe.


—¿Qué haces viendo hacia la ventana? ¡El hombre que te digo está dentro del bar! —espeta Jimin agitado.


—De que hablas... —digo conforme volteo en dirección opuesta a la ventana y veo a lo que se refiere. Seokjin camina hacia nosotros con paso firme y porte elegante. Se me olvida lo que estaba haciendo y diciendo, olvido incluso cómo hablar, como pensar y hasta cómo se respira.


—¿Es él? Ese hombre malditamente hermoso, ¿es tu chico? —pregunta Jimin pero yo no soy capaz de hablar. El aire no llega a mis pulmones, se queda estancado en mi garganta y no pasa más allá. Si, es él. Es Kim Seokjin con su jodida apariencia fuera de este mundo. Este hombre no puede ser de este planeta. No podría negarme a nada que me pidiera y eso me asusta. Me asusta no tener control sobre mis acciones y decisiones cuando estoy cerca de él.


—Si, es él. Pero no formes un alboroto. Jimin... —digo muy tarde, Jimin ya esta aplaudiendo emocionado y zarandeándome de un lado a otro.


—¡No puede ser Taehyung! ¡Tienes una suerte de puta madre! ¡Te odio! —prácticamente grita. Yo lo ignoro completamente apenado. Y volteo hacia la ventana. El tipo de la mascara negra ya no está. Busco y barro el lugar con la mirada, pero es inútil no está.


«¿Dónde se habrá metido?»


—Hola. —dice el hermoso hombre de hombros anchos llegando por fin a la mesa. Yo aparto la vista de la ventana aun desconcertado. Miro a Seokjin sin poder emitir palabra alguna. Jimin me mira con ojos entornados para que reaccione y diga algo, pero no soy capaz de hablar. Jin frunce el ceño y me mira preocupado. —¿Te encuentras bien, pequeño?


—No me digas pequeño, Seokjin. Ya no soy un niño. —es lo primero que alcanzo a decir cuando recupero la capacidad de hablar. «¿Enserio le acabo de reclamar semejante estupidez?».


Él sonríe, parece divertirle mi extraña actitud, mientras que a Jimin parece molestarle pues me mira con una ceja enarcada.


—Bien. Señor Kim Taehyung permítame decirle que me alegro mucho de volver a verlo. Y se encuentra realmente hermoso el día de hoy. —dice con una sonrisa brillante. Se burla de mi y me encanta. También le sonrío, dejando mi estupida rabieta de lado. Por lo que su hermosa sonrisa se agranda. Y entonces repara en mi amigo que está sentado frente a mí.


—Él es Jimin. Park Jimin. Mi mejor amigo y compañero de reparto. —le digo a Jin señalando a Minie. —Él es Kim Seokjin, un amigo de la infancia. —le digo a Jimin señalando al más alto, presentándolos formalmente.


—Un gusto conocerte Jimin. —dice Jin estirando su mano para estrecharla con la de Jimin con una sonrisa encantadora en el rostro. Jimin me mira emocionado y le estrecha la mano embelesado con el gesto galante del mayor.


—El gusto es mío, Seokjin. Tae me ha hablado mucho de ti. —suelta Jimin como si nada. Yo lo miro con ojos entornados y lo pateo por debajo de la mesa. Él se ríe y soba su pantorrilla adolorida disimuladamente. —Por favor siéntate. —añade Jimin galante, invitándolo a sentarse en el único asiento que está libre, junto a mi. —Tae me contó del tiempo que pasaron juntos cuando eran unos niños.


Le dice Jimin sonriente. Yo con la mirada le suplico que se detenga. Jin se sienta en la silla que esta a la par mía. Y voltea a verme. Me intimida con su mirada y su cercanía.


—Espero te haya contado todas las tantas bellas experiencias que pasamos juntos. —le dice Jin a Jimin, pero sin apartar la mirada de mi.


—Ten por seguro que sí. —responde Jimin. Jin continua viéndome intensamente y yo aparto la mirada incómodo. En eso escuchamos como lo llaman de repente desde la entrada del bar, captando la atención de varios de los presentes.


—¡Jin! —grita un hombre más alto que él, de cabello castaño claro y mejillas rellenas. Rápidamente se acerca a nuestra mesa sin poder evitar chocar con algunas personas y otras mesas en el camino, por poco derrama el contenido de toda una mesa en su trayecto hasta la nuestra. Yo aprovecho el momento de distracción para fijarme de nuevo por la ventana para ver si de casualidad regresó el sujeto de la máscara negra. Pero el lugar donde antes estaba mi acosador esta completamente vacío. Me estoy preguntando donde pudo haber ido cuando escucho a Jimin llamarme.


—Tae... Oye, si tú no lo quieres. Déjamelo a mí, prometo cuidarlo bien. —dice mi amigo viendo como Jin saluda al hombre que recién acaba de llegar. Yo lo miro mal pero no le puedo replicar nada porque en ese momento Jin habla presentándonos a su amigo.


—Señores, él es Kim Namjoon. Agente de policía y uno de mis amigos mas cercanos. —dice con sonrisa brillante sosteniendo a su amigo por los hombros.


—Encantado de conocer a artistas tan talentos. —exclama el recién llegado, haciéndonos sonreír a ambos. El hombre es encantador, al sonreír en sus mejillas se marcan unos hoyuelos realmente hermosos que contrastan radicalmente con su apariencia imponente. Jimin y yo nos presentamos con cortesía y todos iniciamos una conversación amena. Después de estar un tiempo conversando y bebiendo la mejor cerveza del lugar. Namjoon anuncia que debe irse. Todos nos levantamos para despedirlo, pero entonces me sorprendo porque Jimin también anuncia que se va. Recuerdo que yo sé lo pedí cuando le conté sobre mi encuentro con Seokjin, pero nunca creí que me hiciera caso.


—¿Regresas a casa? —le pregunto cuando nos estamos despidiendo.


—Si, pero primero debo ir a otro sitio antes. Tendrás el apartamento libre por unas horas, aprovéchalo. —dice lo último en mi oído para que solo yo pueda escucharlo.


«¡¿Él realmente cree que voy a llevar a Jin hasta nuestro apartamento para acostarme con él!? Pero ¿quién se cree que soy? ¡Está loco!».


—Deja eso Jimin. —le advierto entre dientes.


—¿De casualidad vas al centro? —pregunta Namjoon. Jimin asiente. —Yo también voy para allá, mi oficina queda por ahí. Podemos ir juntos, si te parece bien.


—Claro. No hay problema. —le responde Jimin. Y ambos chicos salen del bar con grandes sonrisas en sus rostros de abultadas mejillas.


—Quedamos tú y yo solamente, pequeño. —murmura Jin mientras nos acomodamos de regreso en nuestros lugares. —Perdón, es la costumbre de llamarte de esa manera. ¿Enserio te desagrada? —pregunta con pesar.


—Creo que lo que me desagrada es que me sigas viendo cómo un niño. Soy un hombre y quiero que estés completamente consciente de ello. —le digo mirándolo fijo a los ojos. Él sonríe con una sonrisa arrebatadora y mira hacia enfrente cómo asegurándose de que seguimos solos y que nadie repara en nosotros. Y de repente su semblante cambia a uno más intenso y oscuro. Se acerca más a mi y coloca una mano en el respaldar de mi silla y la otra sobre mi rodilla sorprendiéndome.


—Soy plenamente consiente de que ya eres todo un hombre. Ten por seguro que no se me ha escapado ningún detalle de tu hermoso cuerpo. —susurra cerca de mi oído. Haciendo que una descarga eléctrica recorra todo mi cuerpo. Estoy viendo hacia el frente asegurándome de que nadie nos observa. Y entonces me permito desviar mi mirada hasta su rostro. Lo veo relamerse los labios y me concentro en tragar el nudo que se forma en mi garganta, de repente me siento sediento y copio su gesto de relamerse los labios. Siento como una especie de magnetismo jala mi boca a la suya. Quiero besarlo, y creo que él también quiere lo mismo. Pero no podemos permitírnoslo cuando estamos en público.


Nos separamos rompiendo el hechizo. Y comenzamos a hablar sobre varias cosas. Le cuento sobre mi trabajo en el teatro. Me pregunta si soy feliz con lo que hago. Le miento diciéndole que si. Me cuenta que estudió historia y que ahora es docente de universidad. Me entero que el motivo de su viaje es por unos congresos y conferencias del grupo de docentes de la universidad en la que trabaja y que las charlas se están dando en varios países. En esta ciudad se quedará por tres meses y luego se irá a otra ciudad bastante lejos de aquí. Estamos charlando amenamente cuando fuera del bar se escucha un estruendo. En el callejón desde donde me observaba el tipo de la máscara negra está un grupo de borrachos armando un escándalo. Yo me asusto y me fijo rápidamente por la ventana. Él nota mi sorpresa y pregunta.


—¿Te encuentras bien? Desde que llegué te noto bastante nervioso y distraído. ¿Qué ocurre, pequeño? Sabes que puedes confiar en mi, ¿cierto?


Lo miro y se que le confiaría mi vida misma. Entonces decido contarle los sucesos que han estado sucediendo desde hace semanas. Se sorprende y me mira con el ceño fruncido.


—¿Le dijiste a tu jefe lo que está pasando? Ese hombre está muy cerca de ti. Tiene acceso hasta tu camerino, incluso. —dice pensativo. Yo le aseguro que hablé con mi jefe pero que este no cree que sea nada peligroso. Él frunce aún más el ceño. Consiguiendo verse más apuesto si es que es eso posible. —¿Quieres que le diga a Namjoon que investigue? Podría ponerte una escolta también. No sabemos cuáles son las intenciones que tiene este tipo contigo.


Me lo pienso pero me imagino el escándalo que se armaría en el teatro si se inicia una investigación. Mi jefe pondría el grito en el cielo, se la agarraría contra Jimin y contra mi, y nuestra vida se volvería un infierno. Y si resulta ser una simple sospecha, todo habrá sido por nada.


—Me mantendré alerta, no te preocupes. Espero que se trate de otro admirador más.


—Tienes una lista larga de admiradores. Me incluyo en ella. —dice pensativo volviendo a usar esa sonrisa demoledora. —Incluso sin saber que se trataba de ti, volví a caer ante tu hermosa voz y tu talento. Tienes una presencia increíble en el escenario Taehyung. Eres un chiquillo con mucho talento.


—Ya basta, Jinnie. Estás haciendo que me sonroje. —le sigo sin darme cuenta que lo llame de esa forma cariñosa con la que solía llamarlo cuando éramos niños.


—Adoro cuando me llamas de esa forma. Me hace querer... —está diciendo pero se detiene cuando alguien pasa demasiado cerca de nosotros. La persona pasa y volvemos a estar solos.


—Te hace querer hacer ¿Qué cosa? —le digo viendo su rostro embelesado. Él mira el mío de igual forma y puedo ver que se vuelve a relamer los labios cuando ve los míos. Traga con dificultad y se recompone.


—Se está haciendo tarde. Creo que deberíamos irnos. Te acompañaré hasta tu casa. —dice levantándose de la mesa y dejando unos billetes sobre esta, la cantidad suficiente para pagar las bebidas que prácticamente dejamos intactas. Salimos del bar y caminamos hasta mi piso hablando de nuestras vidas y del tiempo que no estuvimos en la del otro. Poniéndonos al día. Me entero que todos sus hermanos se casaron y el único que está soltero es él. También me cuenta sobre mi familia, mis hermanos también están casados e incluso algunos tienen hijos. No permito que la nostalgia me embargue y continúo con la conversación. Cuando menos lo esperamos ya estamos en el portón de mi edificio. Es un lugar oscuro, un andén sin salida, iluminado únicamente por la luz tenue de un único faro.



~ᴘɪsᴏ ᴅᴇ ᴛᴀᴇ ʏ ᴊɪᴍɪɴ~


🏠



Nos ubicamos en el portal del edificio dispuestos a despedirnos. Ambos estamos un poco incómodos pues no sabemos cómo actuar el uno con el otro. Nos quedamos viendo y en un impulso nos abrazamos. Es un abrazo cálido que ambos necesitábamos. Suspiro pegado a su e inhalo su exquisito aroma. Pasados unos minutos nos separamos y en un acto meramente de reflejo busco su mejilla para depositar un beso ahí, pero sin querer y sin intención rozo la comisura de sus labios. Nos miramos sorprendidos y eso se vuelve el desencadenante para lo que sucede después.


Jin no permite que me aleje de su pecho y se hace con mi boca. Toma mis labios de una forma que hace que me fallen las rodillas, él intenta mantenerme en pie con su firme agarre en mi cintura pero mis piernas no responden por lo que me termina levantando del suelo y se enrolla mis piernas en su estrecha cintura. Avanza conmigo encima como si no pesara nada y me recuesta contra la pared cubierta de hiedra. Ocultos por la escasa luz y la cortina de hojas damos rienda suelta a nuestros deseos. Me permito recorrer la fornida y ancha espalda con manos temblorosas. Y las de él recorren de forma errática mis muslos, piernas y cintura. Separamos nuestras bocas por la falta de aire pero Jin no pierde oportunidad y se sumerge en el espacio entre mi cuello y hombro. Besa y marca esa zona de mi cuello haciéndome soltar suspiros. Me estremezco cuando lo siento morder mi mentón y descender por la línea de mi barbilla hasta mi oreja izquierda.


—Moría de ganas por hacer esto desde que llegue al maldito bar. —dice sin aliento. Junta nuestras frentes y jadeante posa sus manos en mi cintura. Renuente lo hago bajarme de su cuerpo. Y me separo un poco de él para ser capaz de respirar bien.


—Gracias por acompañarme. —le digo de repente tímido. Él me toma de las manos antes de que me escape dentro del edificio y vuelve a unir nuestros labios. Nos separamos después de unos minutos y estoy apunto de entrar cuando veo que Jimin nos observa desde la puerta de nuestro edifico. Siento morir de vergüenza y agradezco que sea él quien nos encontró y no otro inquilino o peor la dueña loca del edificio. Jin también mira a mi amigo y sonríe sin rastro alguno de vergüenza.


—Me voy, por favor cuídate mucho. Intenta no andar solo en ningún momento. Te veo el próximo fin de semana después de tu última función. —dice volviendo a centrar su atención en mi.


—¿Iras a ver otra vez la obra? —le pregunto sorprendido.


—No me la perdería por nada del mundo. Soy tu más grande admirador, pequeño. No lo olvides. —dice inclinándose a besar mi mejilla. Yo sonrío como estúpido y veo cómo se aleja dispuesto a irse. —Hasta luego, Jimin. Cuídense.


—Adiós. —digo antes de que se aleje y no pueda escucharme.


—Maldición, casi te roba el alma con esos besos. ¿Te encuentras bien, Tae?. —pregunta Jimin burlón mientras entramos al edificio.


—Perfectamente bien. Siento que vuelvo. —le digo todavía perdido en la sensación que me dejaron sus besos. Ambos comenzamos a reír a carcajadas y fantaseamos que podemos volar libres como el viento.



🌌



La semana pasa relativamente normal, nuestras funciones siguen siendo un éxito, el idiota de nuestro jefe sigue siendo un imbécil. Y continuó recibiendo presentes y ramos de flores que me esperan en mi tocador después de cada función, con la diferencia que esta vez son de cierto hombre de belleza incomparable y anchos hombros. Quién me recuerda que no deja de pensar en mi durante toda la semana. Yo tampoco puedo sacarlo de mi cabeza y espero ansioso por cada presente que me envía. Hoy viernes por ejemplo, a penas termina la función, corro a camerinos y me interno en el nuestro para encontrar el obsequio que como siempre reposa sobre la larga mesa. Pero esta vez es diferente; el ramo de flores es de rosas negras y junto a estas está uno de esos sobres que hace semanas no recibía. La sonrisa se me borra al instante y tomo el sobre con manos temblorosas.


~ɴᴏᴛᴀ ᴅᴇʟ ᴀᴅᴍɪʀᴀᴅᴏʀ~


No te escribo desde hace días porque un dolor profundo ataca mi corazón.
Mi corazón sangra al recordar cómo eran besados tus labios por otro. Me carcomen los celos al imaginar sus manos sobre ti. Ese día fuera de tu casa quise arrancarlo de encima de ti y llevarte conmigo de una vez por todas. Tu lugar es conmigo y no pienso dejar que te arrebate de mi lado. No me voy a dar por vencido, espera por mi Taehyung.

—Un ferviente admirador.


~ғɪɴ ᴅᴇ ʟᴀ ɴᴏᴛᴀ~


Siento la sangre abandonar mi rostro. Comienzo a transpirar frío y me tiembla todo el cuerpo. Leo el contenido de la nota una y otra vez asustándome cada vez más. Tomo el ramo de rosas negras entre mis manos y lo observo buscando algún rastro del enfermo tipo que las envío. Estoy temblando y apunto de sufrir un ataque cuando escucho cómo abren la puerta del camerino y entran varias personas. No soy capaz de distinguir quiénes son. Mi mente está ida y no logro procesar nada más que no sean las palabras de mi acosador. Escucho voces a lo lejos y siento brazos rodearme, de repente me encuentro con que estoy sentado en el piso con las piernas flexionadas contra mi pecho y sosteniendo con fuerza la nota entre mis manos temblorosas.


—Tae...


—Taehyung...


—Reacciona pequeño. —logro reconocer la última voz que me susurra suavemente al oído. Unos fuertes brazos me envuelven y un fuerte olor a madera fresca combinado con el olor de las rosas llega hasta mis sentidos aturdidos. Y entonces me encuentro con el apuesto pero preocupado rostro de Seokjin. Quién me envuelve entre sus brazos mientras estamos sentados en el suelo. Poco a poco vuelvo en si. Y nos levantamos del suelo. Cuando estamos otra vez de pie siento como soy abrazado fuertemente y el aroma a vainilla del perfume de mi mejor amigo me envuelve. Jimin me mira con ojos llorosos y pregunta.


—¿Qué ocurrió, Tae tae? ¿Es ese maldito otra vez, cierto? —dice viéndome con rostro afligido. Yo asiento extendiéndole la nota que todavía apresó en mi mano, para que la lea. Él lo hace rápidamente y pega un grito de frustración al terminar de leerla. Me asusto y él vuelve a abrazarme. —¡No te va hacer nada! ¿Me escuchas? ¡No voy a permitir que te haga nada!


Yo lo miro y asiento con la cabeza ido. Seokjin toma la nota de las manos de Jimin y me pregunta si puede leerla. Yo vuelvo a asentir. La lee y su rostro se vuelve cada vez más sombrío. Veo que en el camerino se encuentra también su amigo de la otra vez quien trae consigo un ramo de rosas igual al que trae Jin. Este se acerca y lee también la nota. Ellos intercambian unas cuantas preguntas que no alcanzo a escuchar y Namjoon se dirige a mi con la nota aún en su mano.


—Voy a investigar esto Taehyung, y necesito de tu ayuda. ¿Crees poder hacerlo? —me pregunta cauteloso. Yo me lo pienso y sé que es lo mejor. Así que asiento con la cabeza. —¿Tienes las otras notas que te ha enviado? —vuelvo a sentir y él también lo hace. —Bien, ¿puedes entregármelas?


Me separo del abrazo de Jimin y me dirijo hacia el tocador a rebuscar entre mis cosas hasta que doy con los sobres y se los entrego al más alto. Él los recibe y guarda junto con el actual en el bolsillo dentro de su abrigo.


—Si tienes cualquier otra cosa, por más insignificante que sea, créeme que puede ser de ayuda. —dice el de cabello castaño. Yo me lo pienso y de inmediato recuerdo la vez que vi al sujeto fuera del bar.


—Creo... —digo pero la voz me sale ronca por lo que me aclaro la garganta y vuelvo a intentar. —Creo que lo vi... al tipo que envía las notas. —Puedo ver como todos me miran sorprendidos por lo que continúo. —La vez que nos encontramos en el bar. Un tipo me observaba desde afuera de la ventana oculto en un callejón. Iba todo de negro y usaba una máscara negra también, que le cubría todo el rostro.


—¿Cómo sabes que se trata de él? —pregunta Jin con el ceño fruncido.


—Porque hicimos contacto visual por un momento y me mostró un sobre igual a los que envía con las notas y me hizo un gesto para que no hablara.


—¿Por qué no dijiste nada en ese momento Tae? —pregunta Jimin frustrado.


—Porque desapareció de un momento a otro. Y después olvidé mencionarlo.


—¿Crees que podrías describirlo para que hagan un retrato hablado de él o de lo que lograste ver de él? —pregunta Namjoon. Y yo asiento sin dudar. Tengo la imagen del sujeto grabada a fuego en mi mente. —Perfecto eso ayudaría mucho a la investigación. Tienes que andar con mucho cuidado de ahora en adelante, te pondré una escolta y unos hombres vigilarán tu casa. ¿Podrías realizar la descripción para el retrato mañana mismo?


—Si, no tengo ningún problema.


—Bien, por hoy es mejor que no se queden en su casa. Puede ir hacia ahí, no sabemos que trama. No es seguro que estén en su casa sin vigilancia. Y mis hombres podrían llegar hasta mañana. ¿Tienen un otro lugar donde pasar la noche?


—Podríamos decirle a George que nos de un espacio, pero su apartamento es igual de pequeño que el nuestro... —dice Jimin pensando en otras opciones. A mi no se me ocurre ninguna otra.


—Puedes quedarte conmigo. —dice Jin volviendo a hablar. —Ambos pueden hacerlo. Podemos conseguir uno de los cuatros libres en el hospedaje en el que nos estamos quedando Namjoon y yo. —aclara pero el más alto niega con pesar.


—En el hospedaje en el que estamos no hay más espacio. Recuerda que nuestros cuartos fueron los últimos en ser ocupados. Hoy en la mañana escuché decir a la señora Rosa que seguían llenos. —escucho a Jin maldecir y me sorprendo. Pues él no es de usar ese tipo de expresiones o por lo menos no no que yo recuerde. Luce molesto y decepcionado. —Aunque hay otra opción...


—¿De que se trata?— pregunta Jimin.


—Tu te podrías quedar conmigo y Taehyung con Seokjin. —dice el más alto con gesto de disculpa como si se avergonzara por sugerir tal idea. Todos nos miramos incómodos por un segundo pero para nada escandalizados. Es una situación especial, casi de riesgo no hay nada de malo en compartir habitación por una noche, ¿no? Somos amigos al fin y al cabo.


—Por mi está bien ¿Tú que opinas Tae? —pregunta Jimin sonriendo por primera vez en la noche. A mi tampoco me parece mala idea y veo cómo Jin me mira expectante por saber mi respuesta.


—No me gustaría causar molestia. —digo directamente a Jin. Él se acerca hasta donde estoy y me toma por los hombros. Su mirada se suaviza y habla con ternura.


—No causas ninguna molestia. Te lo aseguro. —dice acariciando mis hombros con la yema de sus dedos en un intento por destensarlos.


—Está bien, pero sólo por esta noche. —acepto no muy convencido.


—Las noches que sean necesarias. —dice Jin con una pequeña sonrisa.


Jimin y yo tomamos nuestros bolsos en los que por suerte siempre andamos una que otra mudada extra. Y todos salimos del teatro rumbo al hospedaje donde se están quedando los mayores. El lugar está ubicado en una calle pequeña pero céntrica de la ciudad. Hay muchos comercios alrededor y el bullicio de la gente es constante por lo menos durante el día. Todo lo contrario ocurre por las noches. Aunque no deja de transitar gente, la iluminación es más leve y el ruido también aminora por las noches.



~ʜᴏsᴘᴇᴅᴀᴊᴇ ᴅᴇ ᴊɪɴ ʏ ɴᴀᴍ~


🌇



El lugar donde se hospedan los dos amigos es un lugar bonito y acogedor. La señora dueña y administradora del lugar luce tranquila y amigable. No se inmuta cuando sus inquilinos llegan con compañía extra y nos saluda con cortesía, dándonos la bienvenida. Los dos hombres más altos rentan los últimos apartamentos del segundo piso, los cuales quedan uno frente al otro. Los cuatro llegamos hasta donde las puertas de los dos apartamentos se enfrentan. Y nos despedimos adentrándonos en los respectivos apartamentos. El lugar es amplio y consta de una sala pequeña, pero en esta se ubica en una esquina una especie de encimera con alimentos, recipientes y distintos utensilios de cocina, un comedor para cuatro personas está ubicado después de la sala. Frente al comedor están dos puertas que supongo deben de tratarse del baño y la habitación.


Miro a Seokjin sin saber muy bien que hacer, pasado el susto de lo ocurrido con la nota de mi acosador. Ahora no me parece tan buena idea quedarme a dormir con él. Los nervios me amenazan y siento como las manos me comienzan a sudar. Pero intento disimularlo.


—Gracias por permitir que me quede contigo. —le digo sonriendo agradecido y luego añado bromeando un poco. —Ese sofá luce mucho más cómodo que mi cama.


—Lo es, pero tú no dormirás ahí. —dice con una sonrisa de labios cerrados. Me toma de la mano y me guía hasta una de las puertas que están frente al comedor. Su habitación supongo. El lugar está completamente bañado en ese olor a madera fresca.


«Es exquisito».


La cama es amplia y está ubicada en el centro de la habitación. En la pared del costado frente a la puerta del cuarto está ubicado un escritorio que rebosa de papeles y libros. Un mueble de varias gavetas y un librero completan la decoración del lugar. Frente a la cama hay un sillón de lectura y contiguo a este una ventana de piso que da un balcón. Es una habitación muy bonita y espaciosa.


—¿Dormiré en el sillón de lectura? —le pregunto seriamente. Preferiría el de la sala por más que disfrute mucho de su olor, dormiría mucho más cómodo en el otro sofá. El rueda lo ojos y yo me sorprendo. No recuerdo haberlo visto hacer ese gesto alguna vez, si es que nunca.


—No, dormirás en mi cama. —dice como si fuera la cosa más normal del mundo. Como si hubiera dicho que dos más dos es cuatro. Yo lo miro con ojos entornados y cejas enarcadas. Y él se apresura a aclarar. —Yo dormiré en el sofá si te incomoda compartir cama conmigo. No tengo ningún problema con ello.


Dice con un encogimiento de hombros sin perder la sonrisa. Está a punto de darse la vuelta para salir pero lo detengo tomándolo por su brazo.


—Espera Jin. No voy a sacarte de tu cama. Enserio que no hay ningún problema en que yo duerma en el sofá. Soy más bajo y quepo mejor... —estoy diciendo pero él me interrumpe colocando su dedo índice sobre mis labios.


—Hay dos opciones Tae. Duermes conmigo en mi cama o duermes sin mi pero igual en mi cama. Te quiero si o si en mi cama, ¿ok? —dice autoritario pero con una cálida sonrisa en su apuesto rostro. Me toma del mentón sacudiendo mi cabeza un poco, en una caricia tierna. Y vuelve a hablar. —Te dejo para que te cambies. Esa puerta de ahí es el baño por si te apetece ducharte. Pediré algo para comer.


Dice y sale sin más. Mi corazón martillea como loco, tanto que lo siento retumbar hasta mis oídos. Su última afirmación antes de que me indicara lo del baño me deja pensando y sin poder accionar por unos minutos hasta que salgo de mi estupor y me dirijo al baño como me indicó. Un baño me relajará sin dudas.




🌌



Continuará... 1/3

~𝕱𝖊𝖗

2 Février 2021 16:07 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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