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01

No recuerda cuánto tiempo lleva allí metido. Aun es incapaz de asimilar completamente el enorme trabajo que le cuesta respirar. Sus pulmones duelen conforme suelta cada exhalación. ¿Eso es normal?

Intenta no pensar en ello, mirando el bonito candelabro de cristales del techo; sin embargo, no funciona en absoluto, pues es capaz de ver su propia silueta distorsionada en los vidrios; esto le recuerda en dónde está y que el cuerpo delgado, lleno de moretones, de piel blanca reflejado ahí es suyo.

Le resulta casi increíble encontrarse en esa situación. Nunca imaginaba formar parte de las cifras de chicos perdidos; pero allí está, asustado, golpeado y a punto de volver a llorar. Había pasado de ser una estrella de televisión a convertirse en el prisionero de un tipo raro, pervertido y enfermo que le provoca mucho terror.

Todos los días el sujeto baja a verle. Cada vez que lo hace no puede evitar temblar. Su cuerpo se tensa y un nudo se forma en su garganta.

Nunca sabe con cuales motivos va a visitarlo. Siempre lo humilla, toquetea y él acaba llorando, a veces hace preguntas muy personales y le obliga a responderlas. Se siente analizado.

Tiene mucho miedo, ya que, a pesar de lucir tan normal, su mente es bastante retorcida y él es su única distracción... o tal vez su experimento.

No puede evitar desesperarse al escuchar sus pasos en el piso superior, acercándose cada vez un poco más, uno tras otro. Es extraño que conozco como suena exactamente la suela de sus zapatos al caminar, pero ya conoce ese sonido de memoria y nunca significa nada bueno.

La puerta que lo conecta con el resto de la casa se abre, no puede evitar mirar a la derecha, si no estuviera amordazado comenzaría a gritar al ver sus piernas bajando por la escalera de madera que queda a menos de diez metros.

Conforme pasaban los segundos se revela más su cuerpo, hasta que puede ver su rostro, sonríe, como siempre, una sonrisa amable pero que a él le da miedo porque sabe lo que sigue.

El hombre se acerca hasta la cama, con su caminar lento y confiado y estira una mano para tocar su mejilla. Él cierra los ojos al sentir el tacto frío de su piel.

—Mírame —pide con voz rasposa.

Es alguien que se ha ganado su respeto a la fuerza. Ya no se atreve a desobedecerle, porque cuando lo hace se gana un castigo y eso siempre duele.

Se obliga a mirarle, sus ojos castaños viendo los otros del mismo tono. Está temblando.

—¿Por qué me tienes tanto miedo? —pregunta en voz suave, tomándole el rostro con las dos manos, su aliento a menos de cinco centímetros de su propia nariz.

Se mueve rápido para desatar el juguete que metió en su boca la noche anterior, era como una pelota en un collar. No sabe su nombre porque nunca los había visto antes de llegar ahí. La mayoría de las cosas que está viviendo son demasiado nuevas para él.

—Te hice una pregunta —presiona el hombre, mirándolo severo.

—No lo sé —dice con un hilo de voz, bajando la mirada.

—¿No lo sabes?

—No.

El hombre ríe, incluso se le forman unos pequeños hoyuelos en sus mejillas, son horribles.

—¿Ya no dirás que no me tienes miedo? ¿Que me puedo ir al demonio?

Al escuchar eso, niega rápidamente con un movimiento de cabeza. La última vez que lo dijo le golpeó tanto que no pudo caminar por tres días.

—Aprendes rápido —Le mira sorprendido, sus hoyuelos continuando en el mismo sitio—. Niño listo.

Le da un suave golpe en la frente, él no puede evitar cerrar los ojos creyendo que va a golpearlo. Ve al hombre reír ante eso mientras se acerca a la cabecera de la cama, donde está ese medio aro metálico ensamblado del que sale la cadena que aprisiona sus muñecas. Saca una llave de su bolsillo. Pasa la vista de ésta a Jimin en un instante.

—No intentarás escapar otra vez, ¿cierto? —Ahora le mira con seriedad, esperando que haga algo mal.

Él se apresura a negar con un movimiento de cabeza, mirando el suelo.

Introduce la llave al candado y lo abre. Esto libera sus muñecas y permita que deje de estar en esa incómoda posición casi arrodillado sobre la cama.

—Quiero proponerte un trato, cariño.

Habla después de pasar varios minutos mirándolo, luego de que él se haya hecho bolita en el centro de la cama.

—¿Qué?

—Quiero tratarte bien, en serio, ya estoy cansado de golpearte —Se sienta en la orilla de su cama, muy cerca de él, colocándole una mano en la rodilla—. Es solo que tú no cooperas. Justo ahora podrías estar en un lugar mucho mejor que éste, pero debes portarte bien.

Se ve bastante sincero, sin embargo, lucía igual cuando dijo que lo llevaría a dar un paseo hace cinco días y solamente lo fueron a uno de los múltiples jardines de la casa, lo colgó de un árbol y comenzó a golpearlo, luego le dejó ahí sangrando toda la noche. Ya no es capaz de confiar en la existencia de los “Buenos tratos”.

—Debes portarte bien, ¿sabes? —repite el hombre—. Puedes cambiar de habitación, estar en otro lugar mejor, quizá incluso tener amigos allá arriba —su dedo índice señala el techo, él no entiende a qué se refiere—, pero debes portarte mejor. ¿Vas a ser un niño bueno?

Le mira, nota en sus ojos que quiere que acepte, así que lo hace. Solo porque no sabe decirle que no, sus torturas le enseñaron que está mal decir no.

13 Janvier 2021 22:36:43 1 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Andrea Hernandez Andrea Hernandez
Soy nueva leyéndolo
March 12, 2021, 07:02
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