Update now! We have a NEW Android app! Download it now in the Google Play Store. En savoir plus.
vania016 Vania Niobe

Luego de que su padre anuncia su segundo matrimonio, Aurelia decide irse a vivir junto a su madre a el pueblo en el que creció. Todo va bien hasta que llega el momento de volver a ver a su amor de la infancia. Pero al repentino cambio en la personalidad de Elowen la llena de curiosidad. ¿Acaso unos años bastaron para terminar la atracción? ¿Será que la olvidó?


Romance Suspense romantique Tout public.

#amor #258 #teenwolf
0
1.8k VUES
En cours
temps de lecture
AA Partager

Intro-

Mi padre conducía camino al aeropuerto Internacional Libertad de Newark. Nueva York es bastante frío en enero, por lo que llevaba mi abrigo rojo y un pantalón demás. Mi cabeza estaba apoyada en la ventana desde donde se veían blancos paisajes y gente corriendo de una calle a otra con más cuidado de lo usual. Me giré hacía los asientos traseros del coche para asegurarme de traer todo mi equipaje. Mi padre me miró en silencio. No estaba muy convencido con mi decisión de vivir en Riesenholz con mi madre. Es cierto, que llevo más de 5 años viviendo con él en una gran ciudad; pero me atraía más la idea de ir a vivir con mi madre a un pueblo en Maine, que la de mudarnos con su nueva prometida, por no mencionar al inmaduro de su hijo.


–¿Llevas todo en la maleta?–preguntó mi papá sin apartar su mirada del frente. Sabía que ese tono lo usaba cuando me iba a pedir algo–. No me molestaría volver. Tal vez sea mejor que lo pienses un poco más,¿no crees? Fue una decisión muy repentina y...


–No fue repentina, enserio quiero ir papá. Extraño a mi familia y a mi madre. Además soy demasiada carga ahora que tienes que cuidar de Blake.– se giró hacia mí.


–No eres una carga linda, además si lo que quieres es ver a tu madre, puedo hablar con Olivia acerca de invitarla a la boda.– hice una mueca cuando mencionó la boda–. Oh...ya veo...podría posponer la boda si te molesta...–dijo con voz melancólica. Negué rápidamente con mi cabeza.


–Papá, ya está decido, en serio quiero irme, no es justo que pospongas tu vida por la mía. Además,¿qué le diríamos a mi madre si no voy ahora? Se volvería loca.– parecía darse por vencido–. Volveré de visita en 6 meses. Y te prometo que hablaré contigo 2 veces a la semana.


–Mejor que sean tres.–dijo sonriendo. Asentí y recargué mi cabeza en su hombro–. Te voy a extrañar Auri.


–Y yo a ti papá.


El resto del viaje transcurrió en silencio. Al llegar me ayudó a bajar mis maletas y a encontrar la terminal de mi vuelo.


–Mándale saludos a Leannor de mi parte.– pidió mientras me abrazaba.


–Por supuesto. Te marcaré en cuanto aterrice.– dije. Su expresión se veía más tranquila que esa mañana–. Bueno, es momento de irme.– le recordé. Me acerqué y besé su mejilla. Empecé a caminar en dirección a la terminal.


–Y, Auri.–gritó. Me giré un segundo–. No cambies mucho.– le sonreí. Regresé a lo que hacía y entré al avión.


Luego de varios horas de viaje llegamos al aeropuerto de Portland. Se supone que Leannor me recogería en cuanto llegara. Lo cierto es que tuve bastante suerte, ya que en cuanto llegamos a Riesenholz empezó a nevar. No era muy diferente a estar en casa. Al menos no al principio. Pero luego de unos minutos empecé a ver las cabañas de madera y casas pequeñas a los lados. Totalmente lo opuesto a la gran ciudad.


–¿Qué has hecho últimamente?–preguntó mi mamá rompiendo el silencio. La miré.


–Pues principalmente estudiar,¿tú?– me sonrió incómoda.


–El trabajo me tiene ocupada.– hizo una pequeña pausa y siguió–. Por cierto, tendrás mi antiguo coche. No es la gran cosa pero lo necesitarás. Saldré temprano al hospital y mis turnos suelen terminar un poco tarde. Estaba esperando que pudieras llegar a la escuela tú sola mañana y así practicas un poco.– asentí. Mi padre me enseñó a manejar hace dos años pero jamás había podido ponerlo en práctica hasta entonces.


–Solo necesitaré la dirección. Pero no creo perderme.– sonreí en su dirección.


El resto de nuestra conversación se puede resumir en una larga queja de trabajo excesivo y uno que otro chisme de mis compañeros de clase.

Mi madre y yo tenemos una relación realmente buena, pero cuando ella y mi padre se separaron, su trabajo en el hospital era algo que siempre nos impidió pasar tiempo juntas. Pero realmente ahora no me molestaba la idea tener tiempo a solas por la tarde.


Me recargué en la ventana mirando el paisaje. Ni siquiera noté el momento en el que cayó la noche. Algo en la nieve hacía que todo me resultara familiar. Poco a poco las calles empezaron a volverse reconocibles. Hasta que por fin llegamos a la antigua casa de mi madre. Era una gran cabaña de 2 pisos. En la entrada se veía un buzón azul con el apellido de mi madre y un coche rojo aparcado. La luz de la calle quedaba a unos metros de la entrada, alumbrándola por completo. El contraste de la madera con la nieve la volvía bastante linda, incluso acogedora.


–Hogar, dulce hogar.– dije saliendo del coche. Mi madre asintió y abrió la puerta principal. Un aroma a pino y leña inundó mi nariz. Al girarme pude notar que la chimenea estaba encendida y la luz de la cocina también.


–Estuve cocinando antes de que llegaras, quería tener algo preparado.–anunció al notar mi repentina curiosidad–. Espero te guste el pollo frito.– recorrí el comedor y llegué a la cocina. Al entrar vi una charola con pollo recién salida y mi abuela a un lado.


–Hola querida, parece que fueron 5 años desde que te vi...espera, sí lo fueron.– dijo en tono sarcástico y la abracé.


–Nona, te extrañé.– sonrió y sacó tres platos de la alacena.


–Cenemos, que debo irme en media hora.– asentí y me senté con ella a la mesa. Mi madre tardó un momento en llegar ya que estaba ayudándome con las maletas.


Cenamos juntas y reímos con las historias que contaba mi nona con entusiasmo. Media hora más tarde estábamos recogiendo y despidiéndola en la entrada de la casa. Cuando se fue, mi madre me llevó a mi habitación que había sido re decorada. Me dejó ahí para instalarme y se dirigió a dormir.


Habían cambiado la pintura rosa y chillante por una azul más pálida. La cama estaba tendida con un edredón del mismo tono y almohadas blancas. En la pared de la izquierda se encontraba una gran ventana que daba a la calle. Estaba decorada con cojines y tenía una pequeña estantería a un lado con algunos de mis libros favoritos.


Me dirigí a la cama y me recosté, luego de haber decidido desempacar a la mañana siguiente.

30 Décembre 2020 15:03:12 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
1
Lire le chapitre suivant •1•

Commentez quelque chose

Publier!
Il n’y a aucun commentaire pour le moment. Soyez le premier à donner votre avis!
~

Comment se passe votre lecture?

Il reste encore 14 chapitres restants de cette histoire.
Pour continuer votre lecture, veuillez vous connecter ou créer un compte. Gratuit!