nhalexander N.H Alexander

En compañía de sus nuevos amigos, Hiro Pavlov tendrá que descubrir la verdad que hay tras el Estado de Argún, que por primera vez en 200 años, comienza a mostrar su verdadero rostro. ¿El problema? La maldad no siempre está de un solo bando. Y a veces... el pasado, también puede doler. ¡Segundo libro de la Saga de Argún! Todo esto pertenece al mundo de "Disidentes: Historia de una rebelión". Un mundo ficticio que tiene como base el año 2234-2235 y en donde está todo muy lejos de ser como es ahora. La historia se ha perdido y diferentes jóvenes en muchas partes del mundo comienzan a buscarla, porque la única manera de entender su presente es encontrar qué fue lo que los llevó a eso. ¿Qué encontrarán los primeros, en el Estado de Argún, el misterioso estado asiático del nuevo orden mundial? Portada a cargo de: instagram.com/nebu_edits Ilustraciones a cargo de: instagram.com/noa_97_


Post-apocalyptique Interdit aux moins de 18 ans.

#argun #hiro #liev #disidentes
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Prólogo.

Saga de Argún: Revolución

Prólogo

Agosto 2235- Nueve meses después de la batalla final

"...Mi nombre es Elena.... Elena Potrashkova... Es el año...2035... Yo... vivía en lo que se conocía como... pero ahora ya... existe. Hace años que.... Oí que encontraron la cura para la Enfermedad de..., pero no creo que sea cierto...Ellos llegaron tarde. Los Estados están cerrados... semanas acampando fuera de Argún... pidiendo un poco de comi..., un poco de agua... tenemos frío y ...hambre. No creo que pueda volver a grabar otro mensaje... si alguien puede escucharme, por favor, ayúdanos..."

El mensaje se corta en ese momento. Maria Irinova observa la radio vieja que tiene frente a ella, esperando algo que no pareciera que fuese a suceder, como si de alguna manera su mirada pudiera hacer que la voz de aquella mujer del pasado siguiera su curso. Pero no es así. No sucede. La radio ha quedado en estática y luego de unos segundos que parecen una eternidad, se corta con un sonido parecido al de una pistola de corto alcance.

Es todo. No hay más mensajes. No hay más voces.

La mujer rusa observa la libreta que tiene enfrente, donde bajo las usuales carpetas que suele cargar consigo misma de información prudente del Estado, ahora hay unas anotaciones sobre lo que acaba de escuchar. Elena Potrashkova, una mujer que en el año 2035 todavía estaba viva, hace exactamente doscientos años atrás. Su voz se escuchaba cansada y agotada, como si hubiera estado luchando contra algo invisible que ella ni siquiera es capaz de imaginar. El Estado de Argún, el más viejo del nuevo orden mundial, cumpliría en un par de semanas, doscientos años de existencia. La voz de Elena Potrashkova lo confirmaba. Doscientos años bastaron para borrar todo tipo de sociedad que hubiera existido antes, instalando una idea mágica o utópica de lo que debería ser realmente la sociedad para quienes tenían el poder de cambiarlo todo en ese momento.

Su corazón no para de latir con fuerza, como si quisiera llorar, aunque de una u otra forma, también siente un poco de decepción.

—¿Estás feliz?

La voz que le habla en ese momento, de aquella mujer que no veía hace tanto tiempo y que ahora está ahí, como si nada hubiera ocurrido (o como si el tiempo no significara mucho entre ambas) mirándole a través de sus ojos azules y duros. Es gracias a ella que Irinova mueve su cabeza hacia arriba y la observa. Tiene el cabello amarrado en un tomate alto, unos anteojos viejos que probablemente sean de buena calidad y ha dejado que una de sus manos temblorosas se coloque sobre la radio, como si la estuviera protegiendo.

El gesto de molestia en la boca de Maria es más que evidente.

—No cambias nada, Larissa —murmura, para luego dar un largo suspiro que acompaña a la fuerza con la que aprieta los documentos en donde acaba de escribir esa información que probablemente, nadie más en todo el Estado supiera. Ni siquiera Alejandra o el príncipe Grisha. —Parece que todos estos años en el palacio te han servido de algo.

La mujer parece que quisiera sonreír. Larissa, de nacimiento Anastasia Irinova, es su hermana mayor. Antes, una mujer fuerte que formó las bases de una resistencia junto al fallecido rebelde Sergei Kozlov. Una mujer brillante, decidida y apasionada. Ahora, la encargada de los archivos secretos del Estado de Argún, luego de su supuesta muerte junto al revolucionario. Tan talentosa como para fingir su propia muerte incluso a la persona que más la amaba: Su hermana menor, ella misma, María Irinova.

—A veces hay que hacer sacrificios para lograr lo que deseas. —Es todo lo que parece decir la de más edad, para luego terminar por quitar aquel pequeño aparato donde estaba la voz de aquella mujer del pasado y que ahora mismo, Larissa guarda en su chaqueta de su impecable uniforme. La última vez que María había sabido de ella, fue cuando había "muerto" a manos de Temir Rustlevar, en la sublevación que hizo Sergei Kozlov y que terminó en tragedia.

—Me hubiera ahorrado muchos rublos en flores para tu tumba si me hubieras dicho —Todavía con un gesto molesto, la ex Gobernadora de Mairova sólo puede echarse hacia atrás en la silla de aquella enorme biblioteca en la cual se encuentran. Es finales de Agosto y el verano comienza acabarse y con ello, se acerca la celebración de los doscientos años del Estado de Argún. Si recordaba bien, el rey Grisha con la reina Tatiana prontamente arribarán de su pequeño viaje por la zona norte, así que no puede perder más tiempo del que ha perdido hasta ese momento. No cuando acaba de ser ascendida en su nuevo rol. —De todas formas, si me necesitas, sabes donde puedes encontrarme.

—No te he necesitado en todo este tiempo, María —Ella parece decir aquello casi con sorna. Ambas mujeres se ven a los ojos por unos segundos. Aunque tienen la misma expresión, la forma y los acontecimientos que tuvieron que vivir las habían llevado a caminos absolutamente diferentes. O quizás no tanto, pero ninguna de ellas era consciente de lo que la otra había hecho hasta entonces. —Solo quería que vieras lo que tu hermana mayor ha estado haciendo todo este tiempo.

—Encontrar fantasmas del pasado siempre fue tu especialidad, como nuestra madre —La ex Gobernadora de Mairova se levanta con pulcritud, apretando sus documentos contra su pecho, como si tratara de entender la situación en sí —Aunque no sé en qué ayudará eso a lo que está ocurriendo ahora mismo.

—Los tiempos están cambiando. —Larissa sonríe por primera vez, yendo lentamente hasta la ventana de la biblioteca del palacio. Afuera se escucha el ajetreo propio del día más importante en semanas, porque el Rey volverá a estar de vuelta en el palacio por fin y aquello parece poner de buen humor a todo el mundo, que corre de un lado a otro. Aunque para ella, para Larissa, no parecieran ser más que insectos que revolotean sobre la carne muerta de un Estado que se pudre por dentro. —No solo en Argún, si no en todos lados. Se siente como la primera ventisca del invierno. Los japoneses lo llaman "kogarashi".

Confundida con sus palabras, María trata de decirse a sí misma que quizás, tantos años encerrada en ese lugar han acabado con la cordura de su hermana mayor, pero se atreve a tratar de devolverla a tierra antes de marcharse.

—Pero apenas vamos a llegar al otoño, Larissa.

Ella sonríe, casi enigmática. Su mirada se fija en los ojos de María y muy dentro de ella, puede ver a la niña asustada que un día tuvo que presenciar la muerte de sus padres en la horca, abrazada a los pies de una madre que no pudo verle por última vez antes de dejar la tierra y que lo último que pudo darle como recuerdo fue el aparato que ahora ella, Anastasia Irinova, acaba de por fin poder reproducir y escuchar de qué se trataba.

¿Qué es eso que cargas siempre, mamá?

¿Esto? Es una reliquia familiar, querida. Generación a generación ha pasado en las mujeres de nuestra familia...algún día, tú o María también la cargarán.

¿Pero qué hace? ¿No nos serviría para conseguir rublos para comer?

Incluso si así fuera, no podría venderla... Tu abuela solía guardarla con mucho cuidado.

Es extraño...

Al parecer viene de antes de los muros...

¿A quién le podría importar eso, madre? ¡Fue hace mucho tiempo!

A todos nos debería importar, cariño. La historia está perdida, pero algún día, quien nos gobierne la sabrá y cuando lo sepa, todo cambiará para nosotros.

— ¿Larissa? —María pronuncia aquel nombre otra vez, que hace que la mujer salga de sus pensamientos y le observe con cuidado, como si no entendiera que hace ahí por unos segundos. La menor de ambas muerde su labio inferior un momento, antes de volver a suspirar. —¿Ya lo viste? Al chico...

Por supuesto, no tiene que pronunciar su nombre, pero ella sabe perfectamente a quién se refiere, por lo que niega un par de veces.

—No salgo de aquí y él no sale de donde lo tiene Alejandra. Supongo que es normal.

—Puede que eso cambie cuando Grisha esté aquí —María vuelve a ver su reloj de pulsera, notando la hora que es. Debe irse lo antes posible si quiere estar en la puerta para recibir al rey, más en esos momentos. Resopla un poco antes de volver a retomar su aspecto duro y su postura recta—Debo ir...

—Vete. —La mujer sonríe, apretando aquel aparato contra sí, como si fuese una especie de protección. —Te esperan allá abajo.

—Tenemos que hablar más la próxima vez —Alzando una de sus cejas, la menor de las Irinova hace una pequeña reverencia con la cabeza antes de darse ánimos para salir de ahí, incluso aunque no quiera hacerlo. Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que ha visto a su hermana que siente que en cuanto cruce esa puerta, volverá a desaparecer. —Volveré. —promete, aunque no sabe si aquella promesa es para ella o para sí misma.

—No dejes que te atrapen —Sin borrar la sonrisa, Larissa vuelve a hacerle una seña para que se vaya. La biblioteca es tan grande que podría perderse en ella mil veces más, pero no puede. No cuando aún hay mucho trabajo que hacer. —Nos veremos antes de morir, eso es seguro.

—Espero que así sea —Y aunque le parece una broma de mal gusto, una broma que seguramente su hermana había aprendido del revolucionario Sergei Kozlov, María no puede hacer otra cosa que aferrarse a ese pensamiento, como un mantra. Es así como termina por voltearse y caminar hacia la salida, con el sonido de los tacones de sus botines resonando en la madera que recubre el frío palacio de Argún. Probablemente, si hubiera puesto más atención, hubiera terminado de ver la sonrisa de despedida que le dedicó la mayor, pero en aquel momento su cabeza solo podía tener una confusión propia de quien parece haber encontrado dos tipos de fantasmas.

El de una hermana a quien lloró por años y el de una mujer que parece que les ha dado un grito de ayuda desde el pasado, aunque ellas ya no pudieran hacer nada desde el futuro.

¿Qué significa todo eso? No lo sabe. Tampoco siente que deba saberlo. La historia perdida no había jugado un papel realmente importante en su vida hasta que Larissa había decidido unirse a la revolución, pero aún así, su hermana se había encargado de apartarla de todo lo que consideraba peligroso de la misma, incluso aunque hubiera deseado tomar las armas para ir contra el Estado y no a favor de él.

Está tan inmersa en esos pensamientos que es por eso que quizás no escucha el sonido de unos pies rápidos y la respiración agitada de un soldado que grita su nombre no una, si no más de tres veces.

—¡Gobernadora Irinova! ¡Gobernadora Irinova!

Es recién al cuarto intento que la mujer logra salir de sus pensamientos y recuerdos más profundos, aquellos que había decidido olvidar cuando quemó el único expediente que podía tener rasgos de su pasado y decidió seguir adelante en la única manera que había aprendido luego de ver a sus padres morir de esa manera: la supervivencia del más fuerte, en un lago lleno de tiburones.

Con el gesto más irritado que tiene, se termina por voltear cuando el joven hombre llega justo frente a ella, con el rostro pálido y los ojos casi saliéndose de las órbitas, como si acabara de ocurrir lo más terrible que podría ocurrirle al Estado.

—¿Qué pasa, soldado? —pregunta, sintiendo como su corazón se detiene por unos segundos, como si supiera de antemano lo que le dirían. —¿Está todo bien?

Él niega repetidas veces, buscando encontrar el aire que ha perdido por la corrida y los nervios, hasta que lo logra.

—¡Es el prisionero especial, Gobernadora! —termina por decir, logrando que la mujer entienda perfectamente a quien se refiere y por lo mismo, siente como si todo su cuerpo entero hubiera sido preso de un terremoto, porque lo que acaba de ocasionar, es realmente el final de una era y el principio de otra —¡El anciano Pavlov! ¡Lo acaban de encontrar muerto en su cama...!

Los tiempos están cambiando... ¿Eh, Disidentes?

6 Décembre 2020 22:25:09 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Disidentes
Disidentes

La historia dejó de escribirse en el año 2020. Pandemias y guerras acabaron con el mundo como lo conocemos actualmente y el mundo se dividió para protegerse. En Europa, se levantó el Estado de Alpes. En América del Norte, el Estado de Merrimack. En África, el Estado de Orange. En América del Sur, el Estado de Andes. Y en Asia, el Estado de Argún. Estos Estados, protegidos por fuertes muros, encerraron a la población en una utopía fantástica que basa el poderío de los más fuertes sobre los más débiles. Pero eso, en el año 2235, está a punto de cambiar. Diversos jóvenes, casi por un llamado misterioso, han decidido levantarse en armas y luchar, pero ¿será eso suficiente? En savoir plus Disidentes.