alex_667 koKoala Alex

En el pasado quedaron los días de mi amor infantil, ahora trato de entender este deseo que arde cual fuego a punto de iniciar un incendio. Quiero darle todo de mí, y aunque sea solo como un secreto, necesito escucharla susurrando en mi oído que me desea tanto como yo a ella.


Fanfiction Groupes/Chanteurs Interdit aux moins de 18 ans.

#babymetal
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Cap.1: Tentación - MÁS FUERTE QUE TÚ

No recuerdo el momento exacto que comencé anhelar algo más que sus abrazos. Antes podía conformarme con estar cerca de ella, oírla hablar o verla hacer todo y nada a la vez. Sin embargo, estas últimas veces me he sorprendido al estar imaginando su voz gimiendo mi nombre.

Nuestras miradas se encuentran y mi corazón se detiene, de inmediato desvía sus hipnotizantes ojos hacia su plato.

Tardo unos segundos en notar que tengo a toda la mesa esperando a que diga algo. Si soy sincera, ni siquiera tengo idea de lo que hablan.

—Eh... lo siento, no escuché la pregunta.

—Te ves muy distraída —dice la persona junto aella—. No has probado casi bocado. ¿Debo comenzar a preocuparme?

—Espero que no —murmuro tan bajo que es difícil asegurar si hablé o solo lo pensé—. Es decir, creo que solo estoy emocionada, es todo.

—¿Y quién no? —interviene alguien.

—Todo saldrá espectacular —asegura otro—. Hemos hecho esto decenas de veces.

Él asiente y se reintegra a la conversación, pero no me quita el ojo hasta que llevo un poco de comida a la boca. Los demás no se molestan en volver a incluirme en la charla. No podría importarme menos.

Me entretengo viendo como ella habla. Su atención se divide entre la comida y nuestros acompañantes, quiero protestar para obtener algo, pero sé que no puedo.

Una vez en mi habitación, me recuesto en la cama dispuesta a dormir; pero se me dificulta cerrar los ojos, encontrar un posición cómoda y pensar en cualquier otra cosa que no sea ella.

¡Maldición!

Me levanto y salgo al pasillo sin tener claro lo que está pasando por mi mente. Me encuentro con algunas personas en el camino, y agradezco que ninguna me preste demasiada atención.

Llego hasta su habitación, sé que sigue despierta porque la luz que sale por debajo de la puerta la delata. Estiro mi mano sintiendo que la cerradura está metros distancia, en vez de solo centímetros. En lugar de tocar, me arriesgo a ingresar la clave y el sonido de un clickme indica que conseguí mi objetivo.

Me sorprende que siga usando los mismos números para todo.

Empujo la puerta y entro de puntillas, una canción que no logro identificar suena de unos parlantes que están sobre la mesa. La música no está tan alta como para molestar a los otros huéspedes, pero si lo suficiente fuerte para opacar el sonido de la tina llenándose en el baño. Realizo una inspección rápida del lugar. Hay un libro, o tal vez se trate de un diario, abandonado sobre la cama; mas no veo señal alguna de su dueña.

La puerta del balcón está abierta y asomo la cabeza. La encuentro apoyada en el frío metal, contemplando la calle donde caminan figuras sin nombre. El viento juego con su cabello, roza sus mejillas y labios, probablemente causándole cosquillas.

Como desearía ser el viento en ese momento.

Me acerco sin hacer algún ruido que anuncie mi presencia, la rodeo con mis brazos y apoyo mi frente en su nuca. Ella se estremece ante el contacto, pero no dice nada. Aparto su cabello y trazo figuras imaginarias con las yemas de mis dedos por el largo de su espalda.

—Deberías estar durmiendo —gira a verme sacando una paleta de su boca.

—Quiero dormir contigo—respondo.

—¿No eres demasiado grande para pedir eso? —me aparta y regresa dentro.

La sigo. No estoy dispuesta a rendirme sin dar pelea.

Ella me conoce de casi toda la vida, supongo que por eso suspira resignada antes de que siquiera intente convencerla.

—Bien, de acuerdo. Puedes dormir conmigo —accede—, pero solo por hoy.

—¡Gracias, gracias! —brinco hacia ella, perose mueve y mis brazos quedan en el aire abrazando a la nada.

—Iré a bañarme—anuncia saliendo de la habitación principal.

Espero unos minutos antes de seguirla. La encuentro en la bañera, rodeada de espuma, y aún conserva la dichosa paleta en su boca. Nuestros miradas se encuentran y sus ojos me atraen como si fueran un imán. Me siento a un lado en el piso, cuidando de no mojar mi pijama.

—¿Quieres que te ayude? —juego con la espuma que flota cerca de su cuello y aprovecho para quitarle la paleta.

Me sorprende lo descarada que estoy actuando.

—Puedo bañarme sola —hunde su cara en el agua, pero sus ojos se quedan vigilando mi siguiente movimiento.

Con una sonrisa llevo la que fue su paleta a mi boca. El caramelo de cereza se derrite en mi paladar, supongo que un beso suyo podría deleitarme con el mismo sabor en este momento.

—Eso es mío —se queja levantando la cabeza.

—Te lo devuelvo —hago el ademán de regresarle el dulce.

—No gracias —bufa al oír mi propuesta—. Tiene tu baba

Adiós beso indirecto.

Finjo mi mejor cara de indignación y para complementar la actuación, salpico gotas de agua en su cara. Ella niega con la cabeza mientras sonríe, sé que disfruta de nuestros juegos tontos.

¿Un minuto o una hora? El tiempo transcurre diferente cuando me pierdo admirando como sus labios se curvan y sus ojos se arrugan.

—No te quedes sin hacer nada —interrumpe mi apreciación—. Ayúdame a lavar mi cabello.

—Te lo pregunté antes, pero rechazaste mi ayuda —le recuerdo al mismo tiempo que corro por el shampoo que está sobre el lavado.

—Bueno, si estarás ahí sin hacer nada...

—Entiendo, entiendo —regreso con el envase.

Vierto un poco del transparente líquido en la palma de mi mano y masajeo su cuero cabelludo hasta formar espuma. Ella cierra los ojos con una sonrisa, se ve tan hermosa que... ¡No!, necesito evitar que estos pensamientos lleguen sin ser llamados.

—Listo —quito los restos de shampoo con agua.

—Gracias —enjuaga su rostro.

Algunas gotas caen sobre mi mano. Una reacción normal sería apartarse, pero mis dedos se mueven como si no fuera yo quien los controla y llegan hasta su cuello, descienden por sus clavículas dibujando líneas de espuma hasta llegar a sus...

Ellasale de la tina antes que pueda continuar con mi recorrido. El agua salpica en el piso y llega hasta el borde de mis pantalones, pero no me importa, estoy atónita ante la vista. Su cuerpo desnudo corre a cubrirse con una bata, pero me da suficiente tiempo para apreciar como las gotas de agua resbalan por sus ligeras curvas hasta esconderse entre sus muslos.

Cuando parpadeo, ha desaparecido del cuarto de baño.

Espero quieta en el suelo, llevó una mano al pecho para sentir los latidos de mi corazón, y cierro los ojos atesorando cada cuadro de la escena en mis recuerdos.

—¿Piensas quedarte ahí toda la noche? —regresa con el pijama puesto, frotándose el cabello con una toalla.

Me ofrece la mano, y en cuanto nuestras pieles se tocan, una chispa recorre mi cuerpo. Escondo un chillido digno de cualquier adolescente hormonal en lo más profundo de mi ser.

Regreso a la habitación principal arrastrando los pies con pesadez, mientras queella termina de alistarse para dormir. Me quito los pantalones mojados, no creo que le importe si duermo solo con la parte superior del pijama y en calzones, después de todo nos conocemos más que eso.

Minutos después, las luces se apagan y la música se silencia. Ambas estamos recostadas enla cama mirando hacia el techo, está tan silencioso que puedo escuchar el ritmo lento de su respiración.

¿Debería acercarme?

Esto es muy difícil. Es como tener el postre más delicioso frente a mí, pero no tener permitido probarlo.

¡Qué frustrante!

Pienso en Eva, en la manzana, y en el tiempo que le habrá tomado a la serpiente convencer a la mujer para que se la comiera.

¿Pero quién soy yo? ¿Eva?, ¿la manzana?, ¿o la serpiente?

¡Maldición!

El debate lo gana la necesidad de acurrucarme a su lado. Me muevo hasta quedar tan cerca que el aroma a frutas tropicales de su shampoo empalaga mis sentidos. No puedo pensar con claridad, y nada impide que mi mano libre comience a acariciarla.

—¿Qué haces? —su voz acaba con el silencio.

Continuo tallando su rostro, desde la nariz hasta llegar a la comisura de sus labios. Todos mi ser grita que lo haga, que solo lo haga y listo. Me acerco tanto que su aliento a caramelo hace cosquillas en mi nariz.

No se mueve o se queja, pero incluso en la oscuridad puedo imaginar su mirada penetrante juzgando mis movimientos.

Por favor, que me permita quedarme así por unos minutos más.

Cuando creo que está decidida a alejarse, una reacción contraria me sorprende. Ella acorta la distancia entre nosotras, me permite saborear la cereza de su paleta de otra manera y una explosión de placer en mi pecho me transporta al paraíso.

¿Segundos?

¿Minutos?

¿Horas?

Podría haber muerto durante ese beso y hubiese sido la muerta más feliz de la historia.

La necesidad de aire nos obliga a terminar. Me escondo en su cuello, demasiado avergonzada para verla, pero nunca lo suficiente como para alejarme.

—Lo-Lo siento —me empuja con suavidad—. Yo no-no...

Igual de rápido con que la felicidad opacó cualquier otro sentimiento, el miedo que me producen sus palabras lo reemplaza. Miedo a que se arrepienta de nuestro momento.

En un impulso la callo con la misma acción, no opone resistencia y me deja entrar. Nuestras lenguas se encuentran en una lucha por ver quién obtendrá el control, al principio ninguna está dispuesta a ceder, pero finalmente ella me deja ganar y me separo satisfecha.

—Ni se te ocurra decir que lo lamentas —junto nuestras frentes, mientras que nuestras respiraciones se recuperan—. No tienes idea de lo mucho que he esperado por esto, no lo arruines.

—¿Esperar qué exactamente? —jadea.

—A que sucediera algo más que los juegos y abrazos platónicos —respondo con firmeza.

—No es gracioso —se separa.

—Sabes que me atraes, y mucho. Siempre lo has sabido —la detengo sujetando sus mejillas—. Es por eso que me alejas de ti ¿No es cierto?

—Deja de bromear —quita mis manos con brusquedad, pero no se disculpa.

—¿Dudas de mis sentimientos? —pregunto con un nudo en la garganta.

No soy una niña que puede ponerse a llorar para obtener una respuesta afirmativa. Necesito que lo diga porque así lo cree, no por lástima.

—Duerme —gira dándome la espalda—. No quiero hablar.

—Pero...

—Solo duerme, ¿sí?

Me alejo al otro extremo de la cama, para darle suficiente espacio, mientras que lágrimas silenciosas caen sobre la almohada.

Lo tengo decidido. Yo seré la serpiente y no me rendiré hasta que ella pruebe de la manzana, no cuando sé lo mucho que intenta resistirse también.

26 Décembre 2020 00:00:06 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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