biancavalentini Bianca Valentini

━❝¿Quien es la presa y quien es el cazador❞ Lucille siempre había sido buena fingiendo. Podía mostrar agrado incluso cuando se sentía asqueada, y ella vivía asqueada de su vida. Criada en una familia sedienta de sangre, la preparaban para que en su cumpleaños número veinte fuera mordida y convertida en una de ellos. Perdiendo así su humanidad para siempre. Pero al contrario de los que su propia familia creía, ella odiaba la inmortalidad, odiaba a esa sociedad oculta, y por sobre todo, detestaba a esos monstruos. Y no permitiría ser condenada de esa forma. Sería libre de esa oscuridad antigua, cueste lo que cueste.


Fantaisie Fantaisie sombre Tout public.

#cazadores #epocavictoriana #245 #227
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Prólogo: Demasiado Fresco

PRÓLOGO: DEMASIADO FRESCO



Inglaterra, 1845, a las afueras de Londres.


ESA NOCHE NO HABÍA RESULTADO COMO ESPERABAN. Y Annalise estaba más decepcionada que enojada, como habría esperado usualmente de sí misma. “Ese niño era un desagradecido” pensó tratando de restarle importancia en su alterada mente, que seguía volviéndola loca luego de tantos años. Fuera como fuera, el asunto ya estaba resuelto y no habían perdido tanto, pues uno de tres no era tan grave como en otras ocasiones.

Había salido a tomar un poco de aire en la fresca noche de otoño, la luna llena estaba en lo alto con un tiempo perfecto y gracias a la luz tenue el líquido en sus manos lucía negra en vez del rojo intenso de unos momentos atrás. Si se quedaba más tiempo la brisa lo secaría y sería más complicado lavarlo, pero no le importó.

Helmer se estaba ablandando lentamente y gracias a su cobardía ella había tenido que hacer el trabajo sucio, literalmente. Aunque estaba perdida en sus pensamientos, seguía atenta a cada movimiento de entre las sombras. Estaba empezando a sentir un poco de hambre, se miró las manos y descartó lamerlas. Todavía no caía tan bajo de faltarle el respeto a la memoria de un muerto reciente, ya habría tiempo para eso después, pero los recuerdos seguían igual de frescos que aquella sangre.

En cambio se conformó de mala gana a acercarse a un arbusto y casó a un conejo por las orejas que para una persona normal podría haber sido demasiado rápido, pero no para ella. No le miró la cara, pues sabía que le daría pena, y no se iba a permitir ser tan débil como para sentir eso por un animal. Un mordisco limpio fue suficiente y luego tiró el pequeño cuerpo de dónde lo consiguió. A la mañana siguiente mandaría a alguien a buscarlo, no estaba de humor en ese instante.

Cuando ya se dirigía nuevamente a la gran mansión, escuchó otro ruido y paró en seco. Era más sutil que el conejo, pero igual de claro. Algo la estaba vigilando desde lo más oscuro y lo odió. Ella era la única que debía asechar desde lugares así.

Y en un momento, se dio cuenta de que no era ningún animal quien estaba ahí.

—Sea quien diga ser, muéstrese antes de que haya consecuencias —. Dijo rodando los ojos con impaciencia.

Desde los árboles salió una cara conocida, un hombre, aunque según ella demasiado joven como para serlo, se mostró ante Annalise. Tenía el cabello del color de los demonios, como algunos decían, era rojo como una zanahoria casi, pero en la oscuridad se veía más rojizo. Hace un par de años que no lo veía y que tampoco se aparecía por aquellos lugares, por lo que le extrañó la visita repentina.

Pero tal vez no era tan repentina.

—¿No dirás nada al verme? —De repente, él parecía más confundido que la mujer.

—No tengo ningún asunto pendiente contigo, así que no tengo nada que decirte y…

—¿Por qué te sorprende que venga a saber algo de nuestra hija? —Eso fue algo alarmante de inmediato y sus ojos se agrandaron con la irritación.

—Sabes bien que no es nada tuyo, aceptaste desaparecer a cambio de no acabar contigo —. Aquel chico era el padre de sangre de su pequeñita Lucille, de tan solo cinco años. Y era idéntica a él tanto en rostro como en el color de su cabello, ese que fue el que inició su interés por el muchacho al ser tan llamativo. Odiaba cada día más que no fuera como ella, eso crearía dudas.

—Y al parecer creíste que iba a aguantar el resto de mi vida sin saber de ella. No me es necesario verla o que sepa de mi existencia, ni siquiera me arriesgué a enviar una carta. Solo quiero saber de tu boca que tal está… y como es —. Ahora se mostraba más tímido que antes, tal vez porque era un asunto muy delicado. Justamente ella no quería que hubiera ningún tipo de lazo entre ellos y mientras menos sepan, mejor.

—Tiene el cabello rojo, como el tuyo. Está creciendo sana y recién comenzó a aprender a leer, tiene demasiada energía.

Es todo lo que le diría y más le valiera que se conformara con eso. Annalise sabía que no debería estar contando siquiera nada, debería haberlo eliminado ni bien supo quien era. Ella seguía igual que unos momentos atrás, manchada de sangre en las manos y bajando por la comisura de sus labios. Pero a él parecía no molestarle o no le estaba prestando atención, y cuando escuchó su respuesta sonrió.

—Vete y no vuelvas nunca más, o si no ya sabes que es lo que tendré que hacer.

—Tú siempre tienes que hacer cosas…, tranquila, no habrá próxima vez, y te encargaste bien de tener mi silencio asegurado. Ah, y una última cosa, sería bueno esté feliz con su futuro.

—Ya hice esto otras veces, no creas que tú eres especial o que ella no es reemplazable —. Ya no quería seguir con esta conversación y puso todo en su voz para que se notara.

—Si, y por lo que veo te está yendo muy bien —. Seguía siendo igual de sarcástico. Y al parecer si sabía que él no tenía nada destacable de entre los demás, pero estaba convencido de que la pequeña si guardaba un lugar ahí.

—Vete.

Y se fue, siendo esa la última vez que lo vio o supo algo de él.

Pero también fue la noche de una promesa, ese sería su último acto de bondad hacía alguien que no fuera su familia. No se permitiría fallar una vez más.

Pues ahora era su turno, su débil hermano ya había perdido su parte, incluso perdiendo ambos hijos.

Empezó a ir hacia la mansión de nuevo, pero se paró para ver la luna que fue testigo de tantas cosas y seguía igual de brillante. Annalise se sentía de una forma parecida, y eran eternas compañeras al fin y al cabo.

Al entrar todas esas emociones abrumadoras ya estaban apagadas, y tenía muchas cosas de las cuales ocuparse.

9 Novembre 2020 14:45:20 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Bianca Valentini Suelo escribir y leer fantasía

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