u16015102151601510215 Julián Juan Lacasa

Relatos eróticos independientes, con varios toques autobiográficos del autor y otros ficticios para darle fuerza dramática. Como es habitual, la pasión, erótica, amorosa y sexual, está fuera de control. Además, se sale de tópicos e introduce más géneros, como el humor satírico y la crónica cotidiana.


Érotique Interdit aux moins de 18 ans.

#erotismo #placeres
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COMPAÑERA DE PISO

Eran un hombre y una mujer, compañeros de piso. Se habían conocido en una plataforma de Internet para solteros jóvenes y maduros, y ellos pasaban de la cuarentena, aunque parecía que podrían acabar siendo una nueva pareja, como ya se han formado varias de ellas en dicha plataforma, pues acabaron siendo amigos y basta.

Él, como había pasado por una traumática e incluso trágica ruptura con su pareja, aceptó irse a vivir con su nueva amiga, porqué en su casa, le recordaba cada habitación, cada salita, incluso el cuarto de baño, a los rincones en donde él y aquella chica se habían besado con pasión e incluso habían follado.

El hombre y la mujer se habían acostumbrado a viajar juntos, ir al cine juntos, comer y cenar juntos. Menos tener relaciones íntimas, todo juntos. De vez en cuando, tenían vidas paralelas, por sus trabajos o por hacer otras cosas en donde no hacía falta la presencia de la otra persona.

Pero como la mujer también salía de una relación amorosa destrozada, un día quiso traerse un amigo a casa. Él lo aceptó, sabía que era la propietaria, y por lo tanto, tenía derecho a hacerlo.

Al principio, él no llevaba bien lo de imaginarse a su amiga con otro hombre. Había intentado más de una vez besarla en los labios, pero ella se negaba. A veces ella hablaba de casarse con él, pero finalmente todo parecía que era una broma.

Él ya no podía recurrir a alguna de sus ex, ya que su relación con ellas, o estaba totalmente rota, o sólo amistad y nada más.

Pensó también en ir a ligarse chicas en los bares de copas, ya lo había hecho muchas veces. Pero como no tenía mucha pasta en el bolsillo ni tampoco en su cuenta del Banco, sólo alguna vez podía cumplir su sueño húmedo.

Precisamente una vez conoció en un bar de copas de ambiente latino a una chica dominicana, mulata, de físico impresionante, desinhibida y con una voz suave. Fue fácil ligar con ella, le había gustado él a ella después de pocos minutos.

Pensamos, antes que nada, que nuestro hombre no es ningún salvaje, sino un hombre culto, sensible y enamoradizo. Pero de vez en cuando, él tiene lo que cualquier hombre en su interior, que ni siquiera los cultos pueden evitar que salga con fuerza al exterior: el gusto por el sexo.

Cuando estaba con aquella chica dominicana, no se imaginaba haciendo el amor con ella como si pudiera con su compañera de piso. Ni tampoco con sus ex. Su expareja le enseñó cómo dar placer a una mujer, con pasión y ternura al mismo tiempo, tanto como cuando la penetraba como cuando le hacía cunnilingus en su pubis.

Pero cuando estaba con la dominicana, como una de sus grandes pasiones eran dar besos con lengua irresistibles, nuestro hombre se encontraba como en el Cielo, y ambos se dejaban llevar al éxtasis. El resto, en materia sexual, llegaba poco a poco, sea chuparle la polla a él o cualquier estilo de penetración.

La dominicana había hecho olvidar a nuestro hombre su obsesión por la compañera de piso, igual de nociva que la obsesión por una compañera de clase en el Instituto, sobre todo si tienes la decepción, una tras otra, de que ella tuviera pareja y acabaras de descubrirlo, o todavía peor, que no tuviera a nadie y que aunque él era atractivo para cualquier mujer, no fuera él por nada del mundo el tipo de hombre preferido por las mujeres adolescentes que poblaban el Instituto.

Pero un día, la dominicana se empezó a cansar de una cierta rutina, aunque, además de sexo, podían charlar sobre cualquier cosa. Y como el amor no es eterno, o que las endorfinas que soltamos a chorros cuando nos enamoramos, empezaban a desaparecer, llegaron a un acuerdo, dejarlo y tener un bonito recuerdo de aquellos días y noches de pasión y ternura en la inmensidad de la cama.

Un día, él tuvo suerte, conoció a otra chica, que al poco de conocerla, la invitó a su casa, a su habitación. Se hizo amiga de la compañera de piso y podía estar en la habitación de él.

Cuando estuvieron solos en la habitación, sin hacer mucho ruido, se dejaron llevar por la pasión, como cuando estaba con la expareja. Empezó él a estimularla, fuera acariciándole sus pechos o el coño, ella le dejaba hacer, ya que él pedía antes permiso y siempre le preguntaba si le hacía daño, y aunque la chica no era para nada como la dominicana, también era desinhibida y apasionada.

Le ayudó a olvidarse de la compañera de piso, queremos decir menos obsesionado por ella, ya que continuaría siendo el compañero de piso leal y que ambos necesitan cuando están en tiempos difíciles. Ella, en el fondo, también lo agradeció, ya que aquella amistad podía quedar arruinada si él seguía mirándola con ojos no de enamorado, sino de obseso sexual que la quiere añadir a su lista de conquistas, como un trofeo de caza conseguido cuando las cacerías que organizaban los políticos de hace décadas.

Ahora seguían conviviendo plácidamente, pues ellos no quieren irse a vivir con sus nuevas parejas, o conquistas, o no sabemos qué grado. Ellos quieren hacer como muchas parejas de ahora, que saben que lo mejor para no deshacer la armonía de su relación de pareja es vivir cada uno en su casa. Y sólo van juntos cuando se van de vacaciones.

Pero como el mundo cambia radicalmente de vez en cuando, por lo menos él, no pierden la posibilidad de algún día acostarse juntos, total, cada vez hay más “follamigos”, es decir, amigos que follan. Pero todavía cree que esto, antes él acabará con la actriz porno americana Nina Hartley, una de las más veteranas todavía en activo, con más de 60 años de edad, toda una experta en esta tarea.

2 Octobre 2020 00:00:06 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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