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Todos traen consigo bellas máscaras adornadas con perfectas sonrisas, unas más deslumbrantes que otras, todo para ocultar los verdaderos sentimientos que reflejan sus rostros. Pero ¿cuánto durarán esas máscaras puestas? ya que igual que las rosas, traen consigo filosas espinas que lastiman el alma, hundiéndose cada vez más, a medida que la persona no desea quitársela, ignorando esas fisuras que pronto cederán. ¿qué ocurrirá cuándo el verdadero rostro salga a la luz?


Drame Déconseillé aux moins de 13 ans. © Mi propia creación

#tragedia #amistad #incertidumbre #amor #familia #adolescentes #recuentosdelavida
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I. ¿Por qué?

Cánticos alegres embelesan el ambiente, una sinfonía que viaja por el viento, como si navegasen en un río por el cielo, haciendo eco por todo ese verdor que hay en la larga avenida, ya que estos altos árboles son verdaderos escenarios para estas energéticas aves. Mas, todo este espectáculo es ignorado por la gran mayoría, no por mera voluntad, sino más bien, un alboroto mayor hace eco en las calles, pareciéndose más a una pelea de bestias que rugen y gritan, todo para lograr avanzar unos metros más y liberarse de la congestión. Aunque todo este escándalo es una mera coma en la historia que se escribe diariamente en este bello lugar.

La gran mayoría de los habitantes, aman estas alargadas y no tan estrechas placillas, las que yacen en el centro de la principal avenida, llegando de extremo a extremo, como si fuera la columna vertebral que divide esta ciudad. Para muchos no es una simple mancha verde en el mapa, sino más bien, da la sensación de entrar a un mundo paralelo, un sitio alejado de todo el caos urbano. Esta mágica percepción es brindada por toda esa flora que crece con mucho vigor, cubriendo el suelo de un verde envidiable, con unos cuantos toques coloridos que brindan las flores. Aunque la estrella es el césped acogedor y suave, donde muchos han caído en la tentación de recostarse sobre él, logrando, de este modo, descubrir a los verdaderos autores de toda esa magia, los altos árboles de hojas perennes que cubren el cielo, trayendo consigo un anhelado frescor en los calurosos días de verano.

Es esto último lo que está sucediendo, la estación más esperada por los niños, han esperado la navidad y el año nuevo para poder disfrutar de lleno de las vacaciones, donde muchos han tenido la misma idea de ir a la playa, saliendo casi a la misma hora. Es ahí, entre tanto tumulto, dos pequeñas pegadas a la ventana de la micro, ven con recelo el exterior, notando como sus congéneres se divierten en los juegos de la placilla, acrecentando la envidia por la estática locomoción, mas, por suerte, su hermana mayor está con ellas, que apacigua aquel enojo, dándoles a entender, que a donde irán, es mucho más divertido. Esto ha logrado crear un tema de conversación, todo enfocado a lo que harán y lo que comerán al sitio a donde irán, logrando con ello, hacer pasar más rápido el tiempo, además, el buen ánimo, permite que las niñas corran sin rechistar para poder alcanzar el tren.

Le encanta este lugar, es enorme y, por lo tanto, dispone de mucho espacio por donde correr y divertirse. No hay callejón o esquina que desconozca, pero aquellas zonas tan solo las deja como último recurso para no sucumbir al aburrimiento. Ya es la hora de visitar el centro, su lugar favorito, aquí se suelta y arremete sin desenfreno, no hay límites para sus alocadas travesuras, no puede evitarlo, hay muchas víctimas por donde escoger. Inicia con lo sencillo, para tan solo calentar, utilizando los coloridos sombreros como discos voladores, aunque con las gorras se ensaña, las arroja en medio de la calle, por el solo hecho de ver el rostro atónito del infortunado.

Aunque sus presas predilectas son las mujeres, pero en especial las jóvenes que usan faldas, quienes, como aprovechando la ocasión, dejan recordar el verano. Cuenta hasta tres al encontrar a un grupo, coge impulso y pasa raudo entre ellas, sin perder ni un solo instante para levantárselas y dejarlas en vergüenza ante los ojos curiosos. Como le hubiese haberlas encontrado caminando sobre una rejilla de ventilación, ya que ahí se esmera, dejando los vestidos cubriendo las caras y el resto expuesto, llenando así el amiente de una carcajada contagiosa.

Pero lo él no es tan solo maldad y travesura, sino que en oportunidades como esta, mientras transita las enormes avenidas, se compadece de aquellos olvidados, que tan solo esperan el fin o un milagro. Él va por esto último, contagiando su alegría en ellos, son coloridos, pequeños y finos, siendo así más fácil guiarlos por su travesía, aprovechando de elevarlos y casi hacerles tocar el cielo. Es una maniobra sin complicaciones, los altos edificios incrementan su poder, sobretodo, en las esquinas, logrando con ello, dispersar los miles de papeles multicolores que se confunden en las estrellas, las cuales, hoy, no pueden debutar, se ha bajado el enorme y grueso telón.

He ahí unos hermosos ojos cafés que dejan pasar ese brillo curioso, perdidos en las tinieblas que aparentan fundirse con la noche, obstaculizando el anhelo de hallar un consuelo. Ese afán, proveniente de su interior, ha llevado a extraviarse en ese mundillo creado por esos miles de fulgores que yacen afuera, sin percatarse que esa ilusión es brindada por esa perspectiva que tanto soñaba compartir. Es una imagen tan distinta cuando se ve todo desde el cielo, aún más en esta noche, donde esas luces amarillas que iluminan las calles se funden, creando así una forma laberíntica, invitando a su espectador a superar su reto.

Pero ese juego acaba aburriendo al poco tiempo, es imposible hallar la salida, aun teniendo lugares de referencia para no extraviarse, mas, la oscuridad hace más complicado encontrar la solución a su problema, sobretodo, a esa imagen frente suyo. Es como si aquello fuera un reflejo de sí misma, es como si esa enorme ventana se transformase en un espejo que solo muestra su yo interior, el cual escucha sin parar el latido de unos corazones que ya no están aquí, causando pena y tristeza, lágrimas y dolor, buscando un escape que esas cuatro paredes no logran ofrecer, es como si avivaran esas penumbras que los otros no pueden ver.

Se abren las puertas del elevador, ya tiene las llaves a mano, pero, al momento de usarlas, se percata que la puerta está abierta. Entra asustado, dejando caer las bolsas de las compras de golpe en la entrada, no hay nadie en el departamento y eso le asusta, va hasta el ascensor, pero este va descendiendo al lobby por lo que decide subir por las escaleras.

A tan solo un par de pisos encuentra un suéter color anaranjado, es de mujer, su preocupación aumenta y corre hasta llegar a la azotea.

Abre con cuidado la puerta, frente suyo, hay una mujer de cabello rizado quién se encuentra en el borde mirando la ciudad, es una buena vista desde esta altura, es lo que se dice así misma para darse ánimo, por así decirlo, en eso, cuando el joven avanza cuidadosamente donde ella el viento cierra de golpe la puerta alertando su presencia, la mujer voltea y al verle, con sus ojos llorosos, se aproxima más al vacío

-¡no te acerques!- dice ella con su voz entristecida y melancólica

El tiempo se torna eterno en ese momento, ni siquiera ha pasado un mísero minuto. Cada uno es incapaz de apartar la mirada del otro, tensando con ello mucho más el ambiente, el cual se va incrementando por cada segundo que pasa. De repente, una gota quiebra esa tensión, más hermanas le siguen el paso, obligando que de esta manera la mujer lleve su atención hacia el cielo, observando como la estrellas desaparecen bajo los enormes nubarrones.

El viento aprovecha esta oportunidad para obtener nuevamente el protagonismo, trayendo consigo más agua, además de unirse el frío, su meta es empapar a su víctima inesperada, con quién se pone a jugar con su cabello, intenta con malicia a que su melena entre a su boca, sin darse cuenta que al mojarle hace más difícil el trabajo.

El varón aprovecha esta instancia para avanzar unos pasos, aunque no logra dar demasiados, la mujer no tarda en fijar su mirada en él, quién queda inmóvil al percatarse de aquello. Esos hermosos ojos cafés que tanto le encantan, en estos momentos tan solo pueden reflejar una angustia, una tristeza y dolor indescriptible que hace sufrir su alma, transformando todo esto en lágrimas que no dejan de brotar,

-¿¡Cómo es que tú no lloras!?- con una voz llena de dolor y rabia

El hombre solo se mantiene en silencio mientras que avanza donde ella de una forma sutil, ocultando sus pisadas con el sonido de la lluvia, la cual no ha tardado casi nada en empapar todo el lugar.

-¿Por qué sucedió?... no debería haber pasado- le habla nuevamente sin ocultar su llanto y angustia

De improviso y de golpe se asustan ambos, un trueno lejano, la respuesta de aquel destello que no notaron, lo cual hace que el viento se moleste, tomando cartas en el asunto que su amigo dejó pasar. Ahora coge más fuerza, además de tornarse agresivo, todo a causa del valor que lo impulsa al sentir como la lluvia lo apaña. Por ello, nuevamente se ensaña con su cabello, el cual comienza a estorbarle en los ojos. Es en ese momento, cuando se

despeja el rostro con sus manos, da un paso involuntario, haciendo que su pie se deslice en la empapada y jabonosa superficie, terminando de ese modo apoyando su peso en el mismo vacío, llevando de esta manera su mirada hacia el cielo.

-¡Gaspaaaar!- grita aterrada

Afortunadamente él se adelantó a aquello y la alcanza a sujetar, la sube para luego no soltarla, manteniéndola firme, suave y cálidamente en sus brazos, dejándole desahogar su angustia en su pecho, ahí, en medio de la lluvia, donde él también aprovecha de ocultar sus lágrimas.

Es un invitado inesperado, ha ingresado por los espacios más estrechos que ha encontrado, no quiere llamar de momento la atención, aunque también, a ingresado por ahí para escapar de ese enemigo bullicioso que le sigue sus pasos. Comienza ahora a explorar ese lugar, dejando consigo un deleite que muchos adoran, pero pronto se va desilusionando, este lugar está vacío, no hay ni un alma con quien interactuar, trisándose con ello su esperanza. Ya con sus sueños rotos avanza con más lentitud, oyendo el rugido de la bestia que le sigue en el exterior, quien intenta ingresar a la fuerza, arremetiendo con los muros. Es entonces que alguien comienza a unir los trocitos de su alegría, todo para saber quién es él.

Es tan agradable esa fragancia que su nariz no puede evitarla, obligándole a salir de sus sueños y retornar a este mundo. Lentamente se incorpora, reconociendo, de a poco, el sitio en donde se encuentra, ayudada por esa fragancia que inunda el ambiente. Sus ojos se posan ahora en la vibrante ventana a su lado, la cual, aun manchada un poco con el polvo, permite ver con claridad el exterior

Esos ojos marrones se alegran de haber despertados, además de ser invitados a contemplar tal majestuosidad que pasa frente al cristal, dando la impresión de estar viendo una película, la cual se ve realzada en sus colores por esa luz divina proveniente del cielo.

El sol, con tan solo entrar en escena, deja muy en claro su gran magnificencia, más ahora que no hay nadie que se atreva a opacar su luz. Es indiscutible, así mismo su prolijidad, este gran astro se toma su papel en esta obra con gran seriedad, permite ver que todo cobra más vida, enfatizando en los verdes colores que ofrecen los miles de cultivos que adornan el costado de las vías, inclusive permitiendo participar a los que se encuentran más allá donde la vista deja ver. Y, aunque todo esto va pasando tan velozmente como un destello fugaz, su existencia no pasa por alto, ya que todos estos miles de fotogramas que construyen la película, van quedando plasmados en su libro de recuerdos. Pero, este espectáculo no termina ahí, el gran astro no se limita en avivar la flora de alrededor, sino que también, ayuda a destacar las viviendas que, desde aquel punto, simulan ser atravesadas por el infinito camino de hierro, conociendo los muchos poblados que se alejan y se bañan con la tranquilidad, dejando ver los colores que no olvida el tiempo, resurgiendo gracias a la lluvia matutina, quien, incluso a estas horas, ha dejado su rastro con miles de charcos con distintos tamaños, los que parecen verdaderos espejos que ayudan a ver con ganas el azul perfecto del cielo.

Aunque todo este espectáculo que hay frente a su ventana no sería nada con aquel piso que no deja de moverse, ese golpeteo incansable que resuena por todo el vagón, es una delicia que muchos no saben apreciar, pero hay quien lo disfruta, mas ahora no del todo. La culpa proviene de aquellas preguntas que no dejan de agobiar, son crueles y aterradoras, ya que con tan solo responder una de ellas te inundan de miedo y más dudas.

Pero ¿a qué se deben tantos pensamientos que tan solo saturan la mente?, aunque todos ellos tienen algo en común, siguen un mismo camino, buscan desesperada e incansablemente algo importante y desconocido, quizás la meta que tanto anhelan sea encontrar una solución, ,¿pero que será realmente lo que estremece la mente de aquella joven?

No se había percatado de su verdadero entorno, aún seguía sumida en su extraño mundo de sueños, al que entro descuidadamente, motivado por lo cotidiano y que ahora se ha sumido en un cambio inesperado. Su mente le habla, sus sentidos también, no hay nadie más que ella, una que otra alma muy alejada de su presencia. Se levanta de su asiento para encaminarse por el pasillo, mirando su entorno, sin perder de vista aquel panorama que brinda el afuera, jugando al ritmo del corazón metálico a sus pies, simulando que su avance es gracias al delicado empuje que da a los respaldos de los asientos en su camino, quienes le brindan este lujo al estar todos desocupados en aquella dirección. Se detiene, ahora inhala profundamente, para luego dar un largo exhalar, el cual si se escuchase con más detenimiento, parecería cono un suspiro. Esta frente a la puerta, ahora se desliza hacia el primer escalón, observa detenidamente la redonda ventana, para luego descender las escaleras, un paso a la vez por cada peldaño, como anhelando cada segundo.

Apoyada ya en la puerta realiza un último vistazo de aquellos pocos pasajeros que conversan alegremente, logra abrirla un poco y al mismo tiempo en que lo hace entra de golpe aquel viento juguetón que se entretiene con su larga y ondulada cabellera. Hay un brillo que la sigue, proviene desde el exterior, es el reflejo del sol en el acero de las vías contiguas, ya ha abierto suficiente como para sacar su cabeza y mirar afuera, es una sensación indescriptible la que recorre su cuerpo, comenzando desde sus pies y subiendo velozmente hacia su cabeza, entrecierra un poco la mirada a causa del viento rasante que hace que su mismo pelo le moleste. Pronto cruzaran ese puente llamativo, en eso logra divisar que a lo lejos se aproxima otro tren al mismo tiempo en el que detectan su actuar, ha sido el encargado de los boletos quien va rápidamente donde ella, la muchacha abre por completo la puerta, presenciando de primera las enormes vigas que conforman el puente que entrecortan de golpe el sonido del viento.

Cierra los ojos para inhalar profundamente, da la sensación de coger el último aliento y guardar el aroma que quedaba en su nariz. Pareciera que esa acción le toma más del tiempo real que transcurre, menos de un segundo y eso basto Para asegurar aquella decisión que su mirada refleja.

Toma impulso, lo más que puede en aquel momento, logrando su objetivo y evitando por poco aquella mano que intentó detenerla. Aunque su pronto y desesperado escape tiene una conclusión no deseada, al no calcular la velocidad y cayendo de mala manera, termina cargando el peso en la pierna y obligándole a girar en el suelo, golpeándose la cabeza y quedando inconsciente al acto. En ello pasa aquel tren que venía en dirección opuesta, entrando en el largo puente y a tan solo centímetros de la muchacha, quien en sus manos sostenía muchos papeles, los que ahora salen volando a la distancia, impulsados por el fuerte viento que generan los vagones, enviándolos a todas las direcciones posibles.

Una pregunta inunda su mente, se pregunta en que sitio estará, avanza sin detenerse, con un rumbo indeterminado, solo quiere encontrar algo familiar y tranquilo. El camino es algo molesto a medida que avanza, es como si pisara arena y piedras, las cuales le hacen resbalar con cada pisada que da. Su pierna le duele, su cabeza también, no hay tiempo para descasar y aliviar ese dolor, hay algo que siente a lo lejos, como un sabueso que olfatea su rastro, todo para probar su carne. Al fin se puede sostener en algo firme, es un muro que debe escalar, no le importa, es mucho mejor que caminar por esa arena. El viento coge fuerza, pero no es suficiente para llevárselo, aliviándose al llegar a la cima, ahí está lo que tanto buscaba, es más colorido de lo que pensaba, pero es entonces cuando un grito molesto le llama, intenta ignorarlo y llegar a su tesoro, pero no puede cumplir con su objetivo, una sombra lo hala y se lo lleva a ese grito ensordecedor.

El canto del despertador le arrebata la mejor parte del sueño, obligándole a abrir los ojos, no hay mucho que ver, se encuentra envuelto en una intensa oscuridad, esto siempre le confunde, le da la sensación de que aún no los abre.

Se resigna a esto, sabe que es imposible que ingrese, siquiera, una mísera pisca de luz a través de la ventana que hay tras su cabecera, ya que la mantiene totalmente sellada, la ha dejado de tal manera que es imposible abrirla por ningún medio, creando con ello la duda al despertar si afuera es de día o de noche.

Extiende su brazo para acallar el cantico de su reloj despertador, coge una bocanada de aire para darse el ánimo de levantarse, ya de pie avanza con cuidado hasta el interruptor llevándose una amarga sorpresa, no hay luz, esto es un desagradable predicamento, puesto que aquellas cuatro paredes le protegen de ese ambiente putrefacto que predomina en aquel hogar, todo por ese ser despreciable que habita aquel lugar.

Coloca su oído en la puerta para percibir el sonido exterior, se siente tranquilo y con calma, quita los seguros y gira lentamente la manija, abriéndola de forma lenta y cauta, notando de inmediato como se cola velozmente aquel desagradable olor y consigo también la poca luz que necesita para vestir el uniforme. No tarda ni tres minutos y ya sale de su habitación con su mochila al hombro, ahora va al comedor, sin antes haberse asegurado de cerrar bien la puerta con llave. La cocina está hecha todo un asco, los platos, las ollas y utensilios amontonados en el fregadero, todos sucios y algunos de ellos poseen una capa verdosa que con tan solo verla causa náuseas. Algo parecido posee la cocina, aunque esta es una gruesa capa bastante grasienta y bronceado negruzco. Es ahí donde coloca la tetera, una vez asegurado de que aún queda gas en la bombona, mientras hierve el agua sigue sacando cosas de su escondrijo, el tazón, la leche, el azúcar y el pan que compro ayer. Todas estas cosas la coloca en la mesa, quien también tiene lo suyo, la madera opaca por el polvo, además de manchas pegajosas, las que son visitadas de vez en cuando por las hormigas, mas esto es poco decir con los adornos que lleva en sima, resultan tan solo ser algunas botellas y muchas latas de cerveza vacías, sin mencionar unos cuantos trastos sucios, en las cuales hay varias criaturas viviendo felices. Con calma hace algo de espacio en donde comer mientras le invade aquel único pensamiento que ronda a menudo su mente, anhela tanto poder estar en una casa normal. Y una vez acabado el desayuno, limpia su tazón y lo guarda junto con lo demás en su escondite antes de partir al liceo.

Es el recreo del almuerzo y algunos alumnos aún están en el aula, se preparan para la siguiente clase, lo que alerta a unos chicos al ver como unos pocos dan los últimos toques de la tarea, recordándoles que no la han hecho. Los tres van donde Rafael, le piden amistosamente que les preste su cuaderno y así copiar la tarea para sacar buena nota, pero para el infortunio del grupo este se niega, lo que les molesta y su expresión amable desaparece bruscamente, llevándoles a utilizar el otro método, aunque sin éxito, puesto que Rafael se adelantó y guardo sus cosas en su mochila, la que intentaron quitársela, provocando que aquel infructuoso actuar los condujera a su última opción, la cual se la hicieron saber de inmediato a su víctima -“te esperamos a la salida”-.

El temor aparece al sonar la campana, lo que lo impulsa, en tan solo un parpadeo, a guardar sus cosas en su bolso y encontrarse ya saliendo del aula. En estos momentos tan solo le faltan tres cuadras para llegar al paradero de la micro, siempre alerta, mirando hacia atrás, mas no se esperaba que le estarían esperando por el frente, intenta huir por otra vía, pero para su sorpresa aparece el tercero por detrás sujetándole por la mochila, mal hecho, ya que no le costó nada despojarse de ella y salir corriendo, aunque el escape fue bastante breve, lo pillaron de todas formas. Los tres le dieron de golpes e incluso terminaron rasgándole la camisa, mientras aludían que esto era un castigo por mal compañero.

La tarde ya se está acabando, mas no es lo mismo para este trío, para ellos el día tan solo comienza, además que siendo viernes, el ánimo es mayor, iniciando con sus planes visitando sus lugares favoritos. Al primero que asisten, son a las máquinas de videojuegos, donde hay una en específico que visitan amenudo, la que consiste en obtener monedas, donde son buenos en ello. Ya con el botín avanzan al siguiente punto, un pequeño almacén, donde ya conocen al dueño, el cual siempre les hace la vista gorda cuando le compran unas cervezas, las que luego disfrutan en la placilla que hay en su barrio.

La noche ha avanzado bastante, pero ya es hora de marcharse, es temprano, pasada las diez, pero sin ese brebaje no hay manera de alargar más la hora. Cada uno toma su rumbo y unos de estos pasos se sienten más pesados que el resto, es un andar molesto, es como si no quisiera llegar a su destino, el camino se vuelve infinito para aquellos ojos cansados y molestos de tanto sostener esa mascara que le permite huir de su realidad.

Como siempre al llegar encuentra totalmente a oscuras las ventanas, al hacer ingreso a aquel derruido hogar se alegra un poco al percatarse que aquel repulsivo demonio que habita con él no se encuentra en estos momentos. La peste es insoportable con tan solo avanzar un par de pasos, alza la mano hacia el interruptor quien le avisa que no ha vuelto la electricidad, no es de extrañarse que es por falta de pago, por lo que decide encender una vela. El ir tan solo por ella es toda una travesía, primero que nada, es por toda esa ropa sucia que es arrojado por donde primero cayó, las que ocultan con malicia las múltiples latas de cerveza y botellas de diversos licores regados en el suelo, lo que dificulta dar cada pisada, ya que si llegara a tropezar su vida llegaría a truncarse por unos cuantos vidrios rotos o cubiertos regados por ahí.

Al encenderla por fin, se lleva una desagradable sorpresa, la puerta de su habitación se encuentra abierta, se nota a leguas como ese ser asqueroso, repugnante y grotesco la ha golpeado incansablemente hasta lograr su cometido. Al ingresar a su alcoba ve muy molesto como la ha dejado, da la impresión de cómo si un tornado haya entrado por lo revuelta que está, todo lo que había encima del velador y la cómoda yacen en el suelo, una que otra rota, incluyendo el reloj, pero lo que más le irrita son los cajones que han sido sacados de cuajo, dándose pronto cuenta que su dinero no está, además de algunas otras cosas también. La cólera lo inunda por completo, ya está harto de vivir así, por lo que toma el valor suficiente para encarar a su enemigo, sabe dónde puede estar a estas horas.

Su intuición fue la correcta, está ahí, en el pub que frecuenta, bebiendo y riendo como si nada importara, es así cuando tiene compañía, en esta oportunidad son dos hombres. El joven se para frente a ella reclamando su dinero, esto

desconcierta a ambos varones, mas, la mujer se enfada

-¡cómo te atreves a hablarle así a tu madre!-

El joven no da pie atrás y vuelve a solicitar que devuelva lo robado, pero esta vez no recibe unas palabras como respuesta, si no que tan solo ella se digna a romperle una botella en la cabeza. La sangre comienza a brotar, el dolor es punzante y al mirar su mano comprende la gravedad, ahora la observa con más odio y rabia, quien ahora está siendo sujetada por los dos desconocidos, quienes le impiden que siga golpeando a su hijo. El motivo que ella ofrece por este acto, es simple, le ha molestado que la deje en vergüenza de sus amigos.

No queda más remedio que irse de ahí, camina sin rumbo hasta llegar a un puente peatonal, el viento sopla, aún se siente el calor del verano de San Juan, el que pronto se irá. El sonido del agua pasando bajo sus pies le da que pensar, de cómo es que la vida deja que esto suceda sin que nadie ponga un freno, de cómo es posible que ni su padre le brinde cobijo. Observa el horizonte al otro lado de la baranda, donde sus pies ya casi pisan el vacío, quien sin aviso le hace regresar a sus amargos recuerdos, ¿cuántas veces no termino en la tina bajo el agua fría por una mera rabieta de su madre?, ya ha perdido la cuenta de los tantos golpes que le brindó aquel ser por el solo hecho de pararse frente a sus ojos y oír esas quejas del como tan distinta sería su vida si él no hubiese nacido. Y he ahí, a tan solo centímetros de concretar su cometido y hallar aquella tranquilidad que tanto anhela, que sus ojos se abren por primera vez

-¿De quién será la verdadera tranquilidad tras mi fin, ella o yo?-

Se responde así mismo algo tan obvio, si saltase, ese monstruo repugnante, que tan solo vive de quejarse, siempre acompañada de esa peste de no hacer nada, sería la única beneficiada.

Sin darse cuenta, sus ojos negros comienzan a brillar gracias a aquella luz de una nueva esperanza, la cual abre lentamente sus puertas a la espera de su decisión…

I.- ¿Por qué?

Cánticos alegres embelesan el ambiente, una sinfonía que viaja por el viento, como si navegasen en un río por el cielo, haciendo eco por todo ese verdor que hay en la larga avenida, ya que estos altos árboles son verdaderos escenarios para estas energéticas aves. Mas, todo este espectáculo es ignorado por la gran mayoría, no por mera voluntad, sino más bien, un alboroto mayor hace eco en las calles, pareciéndose más a una pelea de bestias que rugen y gritan, todo para lograr avanzar unos metros más y liberarse de la congestión. Aunque todo este escándalo es una mera coma en la historia que se escribe diariamente en este bello lugar.

La gran mayoría de los habitantes, aman estas alargadas y no tan estrechas placillas, las que yacen en el centro de la principal avenida, llegando de extremo a extremo, como si fuera la columna vertebral que divide esta ciudad. Para muchos no es una simple mancha verde en el mapa, sino más bien, da la sensación de entrar a un mundo paralelo, un sitio alejado de todo el caos urbano. Esta mágica percepción es brindada por toda esa flora que crece con mucho vigor, cubriendo el suelo de un verde envidiable, con unos cuantos toques coloridos que brindan las flores. Aunque la estrella es el césped acogedor y suave, donde muchos han caído en la tentación de recostarse sobre él, logrando, de este modo, descubrir a los verdaderos autores de toda esa magia, los altos árboles de hojas perennes que cubren el cielo, trayendo consigo un anhelado frescor en los calurosos días de verano.

Es esto último lo que está sucediendo, la estación más esperada por los niños, han esperado la navidad y el año nuevo para poder disfrutar de lleno de las vacaciones, donde muchos han tenido la misma idea de ir a la playa, saliendo casi a la misma hora. Es ahí, entre tanto tumulto, dos pequeñas pegadas a la ventana de la micro, ven con recelo el exterior, notando como sus congéneres se divierten en los juegos de la placilla, acrecentando la envidia por la estática locomoción, mas, por suerte, su hermana mayor está con ellas, que apacigua aquel enojo, dándoles a entender, que a donde irán, es mucho más divertido. Esto ha logrado crear un tema de conversación, todo enfocado a lo que harán y lo que comerán al sitio a donde irán, logrando con ello, hacer pasar más rápido el tiempo, además, el buen ánimo, permite que las niñas corran sin rechistar para poder alcanzar el tren.

Le encanta este lugar, es enorme y, por lo tanto, dispone de mucho espacio por donde correr y divertirse. No hay callejón o esquina que desconozca, pero aquellas zonas tan solo las deja como último recurso para no sucumbir al aburrimiento. Ya es la hora de visitar el centro, su lugar favorito, aquí se suelta y arremete sin desenfreno, no hay límites para sus alocadas travesuras, le es imposible contenerse, hay muchas víctimas por donde escoger. Inicia con lo sencillo, para tan solo calentar, utilizando los coloridos sombreros como discos voladores, aunque con las gorras se ensaña, las arroja en medio de la calle, por el solo hecho de ver el rostro atónito del infortunado, quien ve como su preciada prenda termina aplastada ´por las ruedas de los automóviles que pasan veloces, como si aquel tono amarillento les incitara a hacerlo.

Aunque sus presas predilectas son las mujeres, pero en especial las jóvenes que usan faldas, quienes, como aprovechando la ocasión, dejan recordar el verano. Cuenta hasta tres al encontrar a un grupo, coge impulso y pasa raudo entre ellas, sin perder ni un solo instante para levantárselas y dejarlas en vergüenza ante los ojos curiosos. Como le hubiese haberlas encontrado caminando sobre una rejilla de ventilación, ya que ahí se esmera, dejando los vestidos cubriendo las caras y el resto expuesto, llenando así el amiente de una carcajada contagiosa.

Pero lo él no es tan solo maldad y travesura, sino que en oportunidades como esta, mientras transita las enormes avenidas, se compadece de aquellos olvidados, que tan solo esperan el fin o un milagro. Él va por esto último, contagiando su alegría en ellos, son coloridos, pequeños y finos, siendo así más fácil guiarlos por su travesía, aprovechando de elevarlos y casi hacerles tocar el cielo. Es una maniobra sin complicaciones, los altos edificios incrementan su poder, sobretodo, en las esquinas, logrando con ello, dispersar los miles de papeles multicolores que se confunden en las estrellas, las cuales, hoy, no pueden debutar, se ha bajado el enorme y grueso telón.

He ahí unos hermosos ojos cafés que dejan pasar ese brillo curioso, perdidos en las tinieblas que aparentan fundirse con la noche, obstaculizando el anhelo de hallar un consuelo. Ese afán, proveniente de su interior, ha llevado a extraviarse en ese mundillo creado por esos miles de fulgores que yacen afuera, sin percatarse que esa ilusión es brindada por esa perspectiva que tanto soñaba compartir. Es una imagen tan distinta cuando se ve todo desde el cielo, aún más en esta noche, donde esas luces anaranjadas desteñidas que iluminan las calles se funden, creando así una forma laberíntica, invitando a su espectador a superar su reto.

Pero ese juego acaba aburriendo al poco tiempo, es imposible hallar la salida, aun teniendo lugares de referencia para no extraviarse, mas, la oscuridad hace más complicado encontrar la solución a su problema, sobretodo, a esa imagen frente suyo. Es como si aquello fuera un reflejo de sí misma, es como si esa enorme ventana se transformase en un espejo que solo muestra su yo interior, el cual escucha sin parar el latido de unos corazones que ya no están aquí, causando pena y tristeza, lágrimas y dolor, buscando un escape que esas cuatro paredes no logran ofrecer, es como si avivaran esas penumbras que los otros no pueden ver.

Sale del ascensor, avanza con calma por el solitario pasillo, marcando sus pisadas en el piso, mientras que a su vez, con algo de incomodidad, debido a que no se detiene para hacerlo, toma las llaves desde su bolsillo, mas, cuando se disponía a introducirla en el cerrojo, se percata que la puerta se encuentra abierta. Sin dudar ni un instante hace ingreso a su departamento, percatándose que él es el único que está ahí, aquel miedo que le ha surgido al no obtener respuesta a su llamado, le ha hecho dejar las bolsas de las compras caer en el suelo mientras que a su vez sale del lugar, dirigiéndose al elevador, el cual, en ese instante, a sido llamado a la planta baja.

No le queda más opción que subir por las escaleras, corriendo lo más rápido que le es posible, acrecentándose sus miedos al encontrarse un sweter de mujer por el camino.

Ha llegado hasta el último piso, dejándole un único destino al hallar el camino despejado, avanzando todavía con prisa, calmando su respiración en el proceso, sobretodo ahí, frente a la puerta. Sin perder más tiempo, la abre con cuidado, divisando de inmediato, a una mujer de cabello rizado, quién se encuentra en el borde de la azotea mirando la ciudad, es una buena vista desde esta altura, es lo que se dice así misma para darse ánimo, por así decirlo, en eso, cuando el joven avanza cuidadosamente donde ella el viento cierra de golpe la puerta alertando su presencia, la mujer voltea y al verle, con sus ojos llorosos, se aproxima más al vacío

-¡no te acerques!- dice ella con su voz entristecida y melancólica

El tiempo se torna eterno en ese momento, ni siquiera ha pasado un mísero minuto. Cada uno es incapaz de apartar la mirada del otro, tensando con ello mucho más el ambiente, el cual se va incrementando por cada segundo que pasa. De repente, una gota quiebra esa tensión, más hermanas le siguen el paso, obligando que de esta manera la mujer lleve su atención hacia el cielo, observando como la estrellas desaparecen bajo los enormes nubarrones.

El viento aprovecha esta oportunidad para obtener nuevamente el protagonismo, trayendo consigo más agua, además de unirse el frío, su meta es empapar a su víctima inesperada, con quién se pone a jugar con su cabello, intenta con malicia a que su melena entre a su boca, sin darse cuenta que al mojarle hace más difícil el trabajo.

El varón aprovecha esta instancia para avanzar unos pasos, aunque no logra dar demasiados, la mujer no tarda en fijar su mirada en él, quién queda inmóvil al percatarse de aquello. Esos hermosos ojos cafés que tanto le encantan, en estos momentos tan solo pueden reflejar una angustia, una tristeza y dolor indescriptible que hace sufrir su alma, transformando todo esto en lágrimas que no dejan de brotar,

-¿¡Cómo es que tú no lloras!?- con una voz llena de dolor y rabia

El hombre solo se mantiene en silencio mientras que avanza donde ella de una forma sutil, ocultando sus pisadas con el sonido de la lluvia, la cual no ha tardado casi nada en empapar todo el lugar.

-¿Por qué sucedió?... no debería haber pasado- le habla nuevamente sin ocultar su llanto y angustia

De improviso y de golpe se asustan ambos, un trueno lejano, la respuesta de aquel destello que no notaron, lo cual hace que el viento se moleste, tomando cartas en el asunto que su amigo dejó pasar. Ahora coge más fuerza, además de tornarse agresivo, todo a causa del valor que lo impulsa al sentir como la lluvia lo apaña. Por ello, nuevamente se ensaña con su cabello, el cual comienza a estorbarle en los ojos. Es en ese momento, cuando se

despeja el rostro con sus manos, da un paso involuntario, haciendo que su pie se deslice en la empapada y jabonosa superficie, terminando de ese modo apoyando su peso en el mismo vacío, llevando de esta manera su mirada hacia el cielo.

-¡Gaspaaaar!- grita aterrada

Afortunadamente, su desgarrador grito no se vio alargado ante ese inmenso vacío, aquel hombre a reaccionado a tiempo, todo por haber acortado la distancia entre ambos disimuladamente, pudiendo así, dar una enorme zancada y agarrarle del brazo, para acto seguido halarla hacía él. Ahora, en un punto más seguro, la sujeta firme y suavemente entre sus brazos, todo para que ella desahogue toda su pena en su pecho, mientras que él, aprovecha la lluvia para ocultar sus lágrimas.

Es un invitado inesperado, ha ingresado por los espacios más estrechos que ha encontrado, no quiere llamar de momento la atención, aunque también, a ingresado por ahí para escapar de ese enemigo bullicioso que le sigue sus pasos. Comienza ahora a explorar ese lugar, dejando consigo un deleite que muchos adoran, pero pronto se va desilusionando, este lugar está vacío, no hay ni un alma con quien interactuar, trisándose con ello su esperanza. Ya con sus sueños rotos avanza con más lentitud, oyendo el rugido de la bestia que le sigue en el exterior, quien intenta ingresar a la fuerza, arremetiendo con los muros. Es entonces que alguien comienza a unir los trocitos de su alegría, todo para saber quién es él.

Es tan agradable esa fragancia que su nariz no puede evitarla, obligándole a salir de sus sueños y retornar a este mundo. Lentamente se incorpora, reconociendo, de a poco, el sitio en donde se encuentra, ayudada por esa fragancia que inunda el ambiente. Sus ojos se posan ahora en la vibrante ventana a su lado, la cual, aun manchada un poco con el polvo, permite ver con claridad el exterior

Esos ojos marrones se alegran de haber sido despertados, además de ser invitados a contemplar tal majestuosidad que pasa frente al cristal, dando la impresión de estar viendo una película, la cual se ve realzada en sus colores por esa luz divina proveniente del cielo.

El sol, con tan solo entrar en escena, deja muy en claro su gran magnificencia, más ahora que no hay nadie que se atreva a opacar su luz. Es indiscutible, así mismo su prolijidad, este gran astro se toma su papel en esta obra con gran seriedad, permite ver que todo cobra más vida, enfatizando en los verdes colores que ofrecen los miles de cultivos que adornan el costado de las vías, inclusive permitiendo participar a los que se encuentran más allá donde la vista deja ver. Y, aunque todo esto va pasando tan velozmente como un destello fugaz, su existencia no pasa por alto, ya que todos estos miles de fotogramas que construyen la película, van quedando plasmados en su libro de recuerdos. Pero, este espectáculo no termina ahí, el gran astro no se limita en avivar la flora de alrededor, sino que también, ayuda a destacar las viviendas que, desde aquel punto, simulan ser atravesadas por el infinito camino de hierro, conociendo los muchos poblados que se alejan y se bañan con la tranquilidad, dejando ver los colores que no olvida el tiempo, resurgiendo gracias a la lluvia matutina, quien, incluso a estas horas, ha dejado su rastro con miles de charcos con distintos tamaños, los que parecen verdaderos espejos que ayudan a ver con ganas el azul perfecto del cielo.

Aunque todo este espectáculo que hay frente a su ventana no sería nada con aquel piso que no deja de moverse, ese golpeteo incansable que resuena por todo el vagón, es una delicia que muchos no saben apreciar, pero hay quien lo disfruta, mas ahora no del todo. La culpa proviene de aquellas preguntas que no dejan de agobiar, son crueles y aterradoras, ya que con tan solo responder una de ellas la inundan de miedo y más dudas.

Pero ¿a qué se deben tantos pensamientos que tan solo saturan la mente?, aunque todos ellos tienen algo en común, siguen un mismo camino, buscan desesperada e incansablemente algo importante y desconocido, quizás la meta que tanto anhelan sea encontrar una solución, ,¿pero que será realmente lo que estremece la mente de aquella joven?

No se había percatado de su verdadero entorno, aún seguía sumida en su extraño mundo de sueños, al que entro descuidadamente, motivado por lo cotidiano y que ahora se ha sumido en un cambio inesperado. Su mente le habla, sus sentidos también, no hay nadie más que ella, una que otra alma muy alejada de su presencia. Se levanta de su asiento para encaminarse por el pasillo, mirando su entorno, sin perder de vista aquel panorama que brinda el afuera, jugando al ritmo del corazón metálico a sus pies, simulando que su avance es gracias al delicado empuje que da a los respaldos de los asientos en su camino, quienes le brindan este lujo al estar todos desocupados en aquella dirección. Se detiene, ahora inhala profundamente, para luego dar un largo exhalar, el cual si se escuchase con más detenimiento, parecería cono un suspiro.

Ha llegado al final del vagón, no puede continuar con aquel juego, no hay forma de avanzar hasta el siguiente carro, la puerta frente suyo se ve cerrada, aunque se decanta por la que esta a su costado, viendo el exterior a través de la ovalada ventana. Comienza a descender por los escalones, dando un paso a la vez, como anhelando cada segundo, dando la impresión de seguir el ritmo del segundero que hay en su reloj.

ya por fin esta junto a la puerta, en la cual se apoya unos momentos, todo para ver por el cristal, acto seguido, alza su cabeza para observar a los pocos pasajeros que se encuentran ahí, quienes no le han prestado atención, ellos conversan alegremente entre ellos, y uno que otro duerme plácidamente.

De algún modo ha logrado sacar el seguro de la puerta, la que abre un poco, siendo sorprendida por esa fuerte briza que se cola por la rendija, el cual se entretiene con su larga y ondulada cabellera, la que estorba sus ojos, aunque su pelo no es el único que no le deja ver con claridad, afuera yace un brillo que parece seguirla, es simplemente el reflejo del sol en las vías contiguas.

Ya ha abierto suficiente como para sacar su cabeza y mirar afuera, es una sensación indescriptible la que recorre su cuerpo, comenzando desde sus pies y subiendo velozmente hacia su cabeza, entrecierra un poco la mirada a causa del viento rasante que hace que su mismo pelo le moleste. Aún con todo ello, puede darse cuenta que pronto cruzarán aquel llamativo puente, es largo y de tonalidades amarillentas, además, a logrado divisar, muy a lo lejos, como otro tren se les está acercando. Ahora cierra sus ojos e inhala profundamente, dando la impresión de querer guardar todos esos aromas que ha encontrado, mientras medita con gran seriedad, lo cual, le hace perder la noción del tiempo, creyendo que ha tomado más del tiempo necesario, sin saber que solo han pasado unos meros segundos.

Al abrir sus ojos nuevamente, su rostro revela una expresión decisiva, aunque también se denota tristeza en ella, pero eso queda de lado cuando abre completamente la puerta, lo ha hecho con mucha fuerza y de un solo tirón, alertando con ello a los pocos pasajeros del vagón, sobretodo al encargado del tren, quien estaba haciendo su ronda, no hace mucho que salieron de una estación.

La muchacha coge impulso para dar un largo brinco, zafándose por poco por aquella mano que intento detenerla, mas, no calculo bien su fuerza y la velocidad del tren, cayendo bastante mal, cargando todo el peso en su pierna, girando en el suelo por ello y terminando con su cabeza estrellándose en el acero del puente, quedando inconsciente al costado de las vías, donde al poco tiempo pasa el otro tren a bastante velocidad y a pocos centímetros de ella, creando una fuerte corriente de aire, la cual hace estragos en su vestido y también se da a la tarea de hacer volar unos cuantos papeles que traía consigo en todas direcciones.

Una pregunta inunda su mente, se pregunta en que sitio estará, avanza sin detenerse, con un rumbo indeterminado, solo quiere encontrar algo familiar y tranquilo. El camino es algo molesto a medida que avanza, es como si pisara arena y piedras, las cuales le hacen resbalar con cada pisada que da. Su pierna le duele, su cabeza también, no hay tiempo para descasar y aliviar ese dolor, hay algo que siente a lo lejos, como un sabueso que olfatea su rastro, todo para probar su carne. Al fin se puede sostener en algo firme, es un muro que debe escalar, no le importa, es mucho mejor que caminar por esa arena. El viento coge fuerza, pero no es suficiente para llevárselo, aliviándose al llegar a la cima, ahí está lo que tanto buscaba, es más colorido de lo que pensaba, pero es entonces cuando un grito molesto le llama, intenta ignorarlo y llegar a su tesoro, pero no puede cumplir con su objetivo, una sombra lo hala y se lo lleva a ese grito ensordecedor.

El canto del despertador le arrebata la mejor parte del sueño, obligándole a abrir los ojos, no hay mucho que ver, se encuentra envuelto en una intensa oscuridad, esto siempre le confunde, le da la sensación de que aún no los abre.

Se resigna a esto, sabe que es imposible que ingrese, siquiera, una mísera pisca de luz a través de la ventana que hay tras su cabecera, ya que la mantiene totalmente sellada, la ha dejado de tal manera que es imposible abrirla por ningún medio, creando con ello la duda al despertar si afuera es de día o de noche.

Extiende su brazo para acallar el cantico de su reloj despertador, coge una bocanada de aire para darse el ánimo de levantarse, ya de pie avanza con cuidado hasta el interruptor llevándose una amarga sorpresa, no hay luz, esto es un desagradable predicamento, puesto que aquellas cuatro paredes le protegen de ese ambiente putrefacto que predomina en aquel hogar, todo por ese ser despreciable que habita aquel lugar.

Coloca su oído en la puerta para percibir el sonido exterior, se siente tranquilo y con calma, quita los seguros y gira lentamente la manija, abriéndola de forma lenta y cauta, notando de inmediato como se cola velozmente aquel desagradable olor y consigo también la poca luz que necesita para vestir el uniforme. No tarda ni tres minutos y ya sale de su habitación con su mochila al hombro, ahora va al comedor, sin antes haberse asegurado de cerrar bien la puerta con llave. La cocina está hecha todo un asco, los platos, las ollas y utensilios amontonados en el fregadero, todos sucios y algunos de ellos poseen una capa verdosa que con tan solo verla causa náuseas. Algo parecido también posee la cocina, una capa viscosa, gruesa y asquerosa de grasa que la cubre por completo, lo que no permite abrir el horno, aunque la parte superior es más llamativa, hay un buen trozo seco, con una tonalidad negruzca, ya que es ahí donde siempre se enciende el fuego.

Es ahí donde coloca la tetera, una vez asegurado de que aún queda gas en la bombona, mientras hierve el agua sigue sacando cosas de su escondrijo, el tazón, la leche, el azúcar y el pan que compro ayer. Todas estas cosas la coloca en la mesa, quien también tiene lo suyo, la madera opaca por el polvo, además de manchas pegajosas, las que son visitadas de vez en cuando por las hormigas, mas esto es poco decir con los adornos que lleva en sima, resultan tan solo ser algunas botellas y muchas latas de cerveza vacías, sin mencionar unos cuantos trastos sucios, en las cuales hay varias criaturas viviendo felices. Con calma hace algo de espacio en donde comer mientras le invade aquel único pensamiento que ronda a menudo su mente, anhela tanto poder estar en una casa normal. Y una vez acabado el desayuno, limpia su tazón y lo guarda junto con lo demás en su escondite antes de partir al liceo.

El ir al liceo es un buen sitio para escapar de aquella realidad, la que a logrado mantener en secreto entre sus amigos, siempre mostrándoles un rostro despreocupado de la vida, risueño como ellos y riendo de vez en cuando, como cualquier alumno normal. Mas, no todos tienen la suerte de disfrutar en el liceo y escapar de sus problemas, ya que estos se acrecientan aquí. Hoy no es la excepción, muchos han aprovechado el descanso del almuerzo para dar los últimos toques de la tarea, la que hay que entregar en la clase que sigue ahora, alertando con ello a algunos perezosos que no la han realizado, como aquel trío que avanza hacía su compañero, quien ya sabe a lo que vienen.

-Rafa, amigo, ¿nos ayudas con la tarea?-

el joven se niega a la petición, lo cual no le gusta a sus compañeros, quienes le dicen que aquella actitud es de un mal compañero, mas, aún con ello, la respuesta de Rafael sigue siendo negativa. Los muchachos se molestan e intentan hacerse de la mochila de su compañero, ya que ha guardado los cuadernos ahí, pero el joven se aferra a ella, observando que el resto de los alumnos hacen la vista gorda, es entonces que suena la campana, dejando por terminado el forcejeo, puesto que el profesor de esta asignatura es muy puntual, entrando al minuto después, obligando a este trío informarle a su compañero que esto no se quedará así y que se verán a la salida.

Ya son las cinco de la tarde, la campana avisa que ya han terminado las clases por hoy, Rafael, antes de que siquiera la campana terminara de sonar, ya había guardado sus cosas en la mochila, siendo el primero en salir de la sala cuando la profesora lo permitió. Avanza raudo por la calle, son varias cuadras hasta el paradero de la micro que hay por la avenida, está nervioso, pero se siente seguro, no ha visto que ese grupo le este siguiendo, mas, su suerte termina a tan solo tres cuadras de su destino, los chicos le alcanzan desde el frente, se nota que han venido corriendo por la otra calle. Rafael intenta eludirlos, pero no tiene mucha suerte, uno de ellos le afirma por la mochila, la que no le preocupa despojarse de ella para correr a toda prisa y librarse de ellos, no consiguiéndolo, uno de ellos resulta ser más veloz, el que lo derriba, permitiendo que sus amigos puedan comenzar con la paliza, terminando al punto de rasgarle la camisa. Este trío, ya habiéndose conformado, le dan a entender a su víctima que esto es una lección por ser mal compañero y no ayudarles con la tarea, finalizando todo esto al abrir la mochila de Rafael y tirarle todas sus cosas al suelo, generando la risa de estos.

Quizás para muchos la tarde ya se esté acabando, más cuando tan solo queda un par de horas de sol, aunque, para este grupo de adolescentes es todo lo contrario, el día recién está comenzando, mucho más ahora, puesto que es viernes. Lo primero que hacen es ir al centro, van a los centros arcades, a los que solo pueden ingresar después de las seis, si es que visten uniforme. Tienen sus locales favoritos, pero hay uno al que van primero que ninguno, no es solo por los videojuegos, ahí hay una máquina para ganar dinero, muy diferente a las tragamonedas, ya que aquí se premia el talento en vez de la suerte. Este dispositivo tiene la peculiaridad de tener todas las monedas a la vista, tras una mampara de vidrio, mientras que las monedas están distribuidas en pequeños rectángulos, dando la apariencia de escalones, los cuales se mueven sin parar, hacía delante y atrás, y lo que hay que hacer, es dejar caer una moneda y lograr que esta mueva a las demás, creando un efecto dominó, lo cual, este trío consigue con facilidad. Ya obtenido su botín, pasan a unas cuantas tiendas para comprar fichas y jugar en sus videojuegos favoritos, perdiendo el tiempo mirando como algunas chiquillas disfrutan de la novedad, un juego de baile, a ellos no le importa la música, sino, que las bailarinas.

El destino final de su viaje es un almacén, al que van siempre a comprar cervezas, el dueño hace la vista gorda, siempre y cuando no hayan más clientes, las que luego disfrutan en una placilla cerca de su barrio, a estas horas ya no hay niños jugando ni padres que les critiquen por beber a su edad. El tiempo pasa volando entre risas y buenas historias, pero ya no es posible seguir perdiendo el tiempo en este lugar, más cuando ya se a ahotado ese brebaje mágico, por lo que ya es hora de regresar a casa.

Cada uno se va por un rumbo distinto, notándose como una de aquellas pisadas son más pesadas y cansadas que el resto.

es un andar molesto, es como si no quisiera llegar a su destino, el camino se vuelve infinito para aquellos ojos cansados y molestos de tanto sostener esa mascara que le permite huir de su realidad.

Como siempre al llegar encuentra totalmente a oscuras las ventanas, al hacer ingreso a aquel derruido hogar se alegra un poco al percatarse que aquel repulsivo demonio que habita con él no se encuentra en estos momentos. La peste es insoportable con tan solo avanzar un par de pasos, alza la mano hacia el interruptor quien le avisa que no ha vuelto la electricidad, no es de extrañarse que es por falta de pago, por lo que decide encender una vela. El ir tan solo por ella es toda una travesía, primero que nada, es por toda esa ropa sucia que es arrojado por donde primero cayó, las que ocultan con malicia las múltiples latas de cerveza y botellas de diversos licores regados en el suelo, lo que dificulta dar cada pisada, ya que si llegara a tropezar su vida llegaría a truncarse por unos cuantos vidrios rotos o cubiertos regados por ahí.

Al encenderla por fin, se lleva una desagradable sorpresa, la puerta de su habitación se encuentra abierta, se nota a leguas como ese ser asqueroso, repugnante y grotesco la ha golpeado incansablemente hasta lograr su cometido. Al ingresar a su alcoba ve muy molesto como la ha dejado, da la impresión de cómo si un tornado haya entrado por lo revuelta que está, todo lo que había encima del velador y la cómoda yacen en el suelo, una que otra rota, incluyendo el reloj, pero lo que más le irrita son los cajones que han sido sacados de cuajo, dándose pronto cuenta que su dinero no está, además de algunas otras cosas también. La cólera lo inunda por completo, ya está harto de vivir así, por lo que toma el valor suficiente para encarar a su enemigo, sabe dónde puede estar a estas horas.

Le conoce muy bien y su intuición a sido correcta, a dado con el lugar a la primera, es un pub bastante llamativo en este barrio tranquilo, ahí está su enemigo, riendo a carcajadas sentada en la mesa, como si nada le importara en este momento. Conoce aquella faceta, siempre se comporta así cuando tiene compañía, siendo en esta oportunidad dos varones, quienes se nota como le invitan unos tragos. El joven entra y va directamente hasta ellos, tornándose en el objetivo de las miradas, obteniendo la atención de su enemigo cuando le dice a lo que viene si tapujos

-¿devuélveme el dinero que me robaste!-

Esto desconcierta a los dos varones, mas, la mujer se enfurece, demostrando su malestar con el fuerte golpe que le da a la mesa con su vaso de cerveza casi vacío, dando la impresión de que la rompería o que habría un estallido de cristales

-como te crees para hablarle así a tu madre-

Esto no le gustó al muchacho, tan solo le viene a la mente que ahora se considera su madre frente a toda esta gente, mas, ahora no se siente intimidado por su pestilente voz, ya no es un niño pequeño que puede atemorizar, a crecido, y desde su perspectiva, se siente mucho más alto. Esto le da el valor para continuar, solicitando nuevamente que le entregue su dinero, diciéndole también unas cuantas cosas más, como que es una simple borracha que no sabe más que solo beber y gastar el dinero, que es una chiflada que ni conoce el agua. Es ahí, cuando las palabras del adolescente suben de tono, al punto de tratarla como una simple prostituta, es cuando ella le responde violentamente, no usando las palabras en esta oportunidad, tan solo atina a romperle una botella en la cabeza, cogiendo otra para poder seguir golpeándole cuando este termina en el suelo.

La sangre comienza a brotar, es un dolor punzante y palpitante, llevando por ello su mano a la cabeza, la que termina toda manchada de sangre, entendiendo la gravedad de su situación. Ahora observa a su agresora, quien está siendo sujetada por ambos varones, costándole algo de trabajo, ella se resiste, quiere continuar golpeando a su hijo, respondiendo a esas preguntas de la gente que aún no puede entender como ha sido capaz de aquel acto, no sabiendo si reír o enfadarse al escuchar que ella asevera que es un castigo por haberla dejado mal frente a sus nuevos amigos.

Al joven no le queda más remedio que marcharse de ahí, tanto para no seguir siendo el centro de atención y no ser retenido hasta que lleguen los carabineros, quienes podrían empeorar más esta rencilla.

Avanza veloz por las calles solitarias que permite el trasnoche, no pudiendo correr como deseaba, ya que se tambalea de un lado a otro por el dolor de su cabeza, la cual ya ha dejado de sangrar, sacrificando para ello su poleron. Tras recuperar el aliento, comienza a observar su alrededor para orientarse, descubriendo que ha terminado cerca del río. Algo le impulsa a ir hasta ahí, terminando en el puente peatonal, uno de metal, con un piso de lata, el que acrecienta las pisadas cuando se transita sobre este. El joven solo se queda a medio camino, recibiendo de lleno el viento nocturno, el cual aún carga un poco de ese calor veraniego que se resigna a marcharse, sintiendo como si le hablase y le tentara a aproximarse a una de las barandas. El sonido del agua pasando bajo sus pies le da que pensar, de cómo es que la vida deja que esto suceda sin que nadie ponga un freno, de cómo es posible que ni su padre le brinde cobijo. Observa el horizonte al otro lado de la baranda, donde sus pies ya casi pisan el vacío, quien sin aviso le hace regresar a sus amargos recuerdos, ¿cuántas veces no termino en la tina bajo el agua fría por una mera rabieta de su madre?, ya ha perdido la cuenta de los tantos golpes que le brindó aquel ser por el solo hecho de pararse frente a sus ojos y oír esas quejas del como tan distinta sería su vida si él no hubiese nacido. Y he ahí, a tan solo centímetros de concretar su cometido y hallar aquella tranquilidad que tanto anhela, que sus ojos se abren por primera vez

-¿De quién será la verdadera tranquilidad tras mi fin, ella o yo?-

Se responde así mismo algo tan obvio, si saltase, ese monstruo repugnante, que tan solo vive de quejarse, siempre acompañada de esa peste de no hacer nada, sería la única beneficiada.

Tras poner sus pies en la seguridad del metal, sus ojos negros como la noche comienzan a brillar, es la luz de la esperanza, la cual tiene pensado alimentar ese fulgor de liberarse de aquellas cadenas que cortan su libertad. Ese puño que cierra con firmeza, es una manera de decirse a sí mismo que esto es una promesa que no puede romper, aunque ahora su cabeza le duele, no solo por el golpe, sino más bien, se debe a las miles de ideas y preguntas que giran en su mente buscando el posible camino que debe recorrer.

23 Juin 2020 23:22:11 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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