danicpescritora Daniela Corzo

Suzanne estaba completamente segura de que las sirenas existían, luego de vivir una experiencia sobrenatural a los siete años. Es por eso, que dedicó cuatro años de su vida a recorrer los mares en la búsqueda de aquello seres. Pero a veces, cuando los deseos se tornan en obsesión, no hacen más que destruirte. ¿Qué pasará cuando Siena aparezca de nuevo en la vida de Suzanne? *** -Ésta historia es la segunda de mi Saga Sobrenaturales "Ellas". -Puedes encontrar los demás cuentos en mi perfil: 1: Elisa 3: Leila 4: Kelani 5: Amira


Histoire courte Tout public.

#cuento #fantasia #sirenas
Histoire courte
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SIENA

Siena,

Siena, de belleza imperturbable y sonrisa cautivadora.

Siena, cuya mirada seduce y labios estremecen.

Siena, tan alegre como mordaz, tan dulce como peligrosa.

Siena, cuyas olas se mezclan entre sus curvas, y seducen al enemigo.

Siena, cuál hermoso canto, y melodiosa voz, han dejado sordos a los marineros; e hipnotizado a sus herederos.

Siena, ladrona de las almas puras, y aprisionadora de pensamientos.

Siena, cuya soledad ha provocado depravados propósitos.


El mar estaba embravecido ese día, las olas hacían una danza entre volteretas y saltos. Las gotas salpicaban a los marineros, que celebraran un evento en la cubierta.

Los ojos de Suzanne estaban perdidos en tan majestuosas olas, lo que la llevó a pensar en ella; tenía la esperanza de que hoy la encontraría.

Esperaba que no tardaran demasiado en llegar a la Isla, estaba cansada de navegar.

Esta vez, se habían tardado diez días en llegar a tierra. Ansiaba sentir el suelo firme bajo sus pies, el viento agitando su pelo castaño mientras se bebía una piña colada, o el sol tostando más su piel canela.

Últimamente, comenzaba a cuestionarse el por qué había iniciado ese viaje en primer lugar.

Hoy se cumplían cuatro años.

Cuatro años desde que empacó sus cosas prometiendo no regresar hasta que le hallara sentido a lo acontecido aquel día. Su madre había llorado y suplicado, mientras su padre la veía sobre sus anteojos y le recalcaba que si salía por esa puerta contra su voluntad no regresara jamás.

Al principio, se cuestionó lo que hacía, preguntándose si realmente valía la pena. Era solo una corazonada, después de todo. Mezclada con un recuerdo borroso de su niñez.

Recordaba estar navegando en el yate de su abuelo, con su padre frente al volante. Cuando los delfines saltaron, ocasionándole un susto de muerte, que provocó que perdiera su sombrero y que su padre soltara una fuerte risotada. Ella se echó a reír también, hasta que el yate se agitó fuertemente debido a una fuerte oleada. El padre de Suzanne hizo una mala maniobra, lo cual la hizo perder el equilibrio y caer al mar. Para entonces, no era tan buena nadadora como lo era ahora, lo que hizo que se asustara y entrara en pánico. Comenzó a hundirse entre las aguas saladas y sintió que algo le golpeaba por la espalda. Al ver al lindo e inofensivo delfín creyó que estaba a salvo, tomó su aleta y el delfín le ayudó a salir a la superficie.

Pero entonces, sintió que algo la tomaba del tobillo y tiraba de ella, arrastrándola de nuevo hacia el fondo del mar. Gritó con todas sus fuerzas, sin poder contener el pánico; provocando que el agua entrara hasta su garganta. Cuando abrió los ojos, vio que la criatura le sonreía y le hacía muecas, burlándose. Era una niña como ella, de ojos azul cielo y cabello azul cristalino, su piel era de un tono plateado y sus orejas sobresalían con una pequeña terminación en forma de aletas. Ella no agitaba las extremidades, pero se mantenía de pie bajo el agua. Movió sus labios rosados y Suzanne puedo escucharla como si le susurrara al oído.

«No te asustes, solo quiero jugar contigo. Me llamo Siena. Te he observado desde hace mucho tiempo y te he elegido»

Aquel ser extraño la tomó de la mano, hundiéndola un poco más. Tenía una voz aguda y dulce, pero que a la vez sonaba tenebrosa.

«Ven conmigo, o si no almas inocentes han de pagar»

Fue cuando Suzanne sintió que una mano la cogía y la impulsaba con fuerza de vuelta a la superficie. El aire se le acabó y quedó inconsciente.

Despertó en el hospital, con una máquina comprobando sus signos vitales.

Le dijeron que había sufrido una contusión y que lo que recordaba era producto del trauma cerebral. Suzanne nunca lo creyó, y desde entonces estuvo obsesionada con encontrar a aquella extraña niña con orejas en forma de aletas.

En los próximos años, se escuchaban las noticias de niños desaparecidos en el mar, en distintas partes del mundo; debido a eventos misteriosos. Niños de los que nunca más se volvió a hallar rastros.

A los 18 años, Suzanne emprendió aquel viaje por los mares, como parte de una investigación sobre las especies del océano de una universidad local. Recorrió todos los continentes, con su equipo de buceo.

Siempre era la primera en ofrecerse para sumergirse bajo el mar y buscar las especies más peculiares que habitaban en cada lugar.

***

Suzanne escuchó la voz del capitán por los altavoces anunciando que acaban de arribar en la Isla Calavera y se dirigió hacia el piso cuatro para empezar el desembarque. Allí, haciendo fila, encontró a Conor. Su compañero de aventuras.

¿Lista para una nueva experiencia? Conor le sonrió, produciendo en Suzanne un cosquilleo. Llevaba tiempo sintiéndose así respecto a él, pero no se atrevía a confesárselo. Lo había rechazado múltiples veces en el pasado, y ahora se sentía avergonzada por el rumbo que habían tomado sus sentimientos.

—Sabes que siempre lo estoy.

—Oficial, esta es la chica más temeraria que he conocido. Se ha enfrentado a medusas, tiburones, lobos hambrientos…

—… Surfistas malhumorados y piratascompletó Suzanne con una sonrisa—. Pero hoy solo quiero relajarme.

—Pues llegaste con la persona indicada —le dijo Conor.

El oficial le hace check out a sus identificaciones, registrando su salida.

La pareja bajó por la rampa, aspirando el aire mañanero. Era una Isla repleta de vegetación, pero con una infraestructura elegante. Muy similar a las ciudades europeas que Suzanne visitó decenas de veces. Con la diferencia de que esta estaba rodeada por el inmenso mar.

Se pasaron el día recorriendo la isla hasta que la hora de embarcar llegó.

—Esta isla es preciosa, desearía poder quedarme un poco más —dijo Conor en un suspiro.

¿Te estás poniendo melancólico?

—No me malinterpretes, amo mi trabajo. Pero no siempre es sencillo sacrificar tanto. Y menos cuando… se detuvo mirándola a los ojos.

— ¿Y menos cuándo?

—Nada, no es nada —se excusó, apartando la mirada y continuando por el camino. Él notó que ella miraba el mar con anhelo—. ¿Todavía la buscas?

— ¿A quién?

Suzanne sabía a quién se refería, hace un tiempo le contó sobre aquella primera experiencia en el mar que la llevó a querer recorrerlo. Entonces la había tomado por loca, lo que hizo que no volviera a mencionarlo.

Conor esbozó una sonrisa, creyéndola despistada.

—Ya me respondiste.

Cuando llegaron al puerto, repararon en un alboroto. Se abrieron paso entre la gente aglomerada alrededor de una niña. La niña estaba inconsciente, un hombre la había rescatado del agua cuando algo la había arrastrado hasta el fondo.

—… Era algo extraño… parecía un animal, pero a su vez no lo parecía… No tenía cola… Era más bien humana… —desvariaba el hombre ante las miradas incrédulas de los presentes—… Pensé que la ahogaría.

Al escuchar el relato, Suzanne corrió de vuelta hacia el barco, sin detenerse ante el llamado de Conor, ni ante el oficial que le pedía su identificación. Llegó hasta su cabina, tomó su equipo de buceo, y para luego subió rápidamente a la cubierta.

Conor la alcanzó cuando estaba a punto de lanzarse al mar.

¿Qué piensas hacer, Suzanne? —ella no le respondió. Conor la tomó del brazo, intentando detener lo que entonces parecía un suicidio. El mar seguía agitado y cualquiera que se internaba en él estaba en riesgo de no regresar—. No lo hagas, no puedes bajar allí sola. Es muy peligroso.

Suzanne lo miró solo por un segundo antes de regresar su mirada al frente. Desde el mar, podía escuchar el canto de la sirena invocándola.

«Suzanne, ven conmigo vieja amiga.

Juguemos juntas, no desistas.

Si te niegas a mi condición,

de más niños serás la perdición»

Suzanne se colocó el oxígeno y saltó, sintiendo que su cuerpo protestó ante el impacto del agua.

Una vez dentro del mar, observó a su alrededor; hallando peces de muchas formas y colores, algas, plantas marinas y burbujas de agua que la rodeaban. Era una visión hermosa, que nunca dejaba de sorprenderla. Pero distraerse no era el objetivo entonces, así que nadó más al fondo, decidida a no rendirse.

«¿En dónde estás, Siena?», pensó.

«Aquí, Suzanne…»

Escuchó la risa de la sirena, burlándose de ella.

Giró hacia el sonido de su voz. Hallándola en medio de una intensa luz azulina, con medusas de colores moviéndose a su alrededor.

«Muéstrate ante mí, si tienes agallas», la retó Suzanne. Ahora que sabía que la criatura podía leer sus pensamientos, estaba dispuesta a usarlo a su favor.

La sirena se le acercó, danzando alrededor de ella. Suzanne la vio tan risueña y alegre, que sintió deseos de arrancarle los ojos, para usarlos como piedras preciosas en un collar de perlas.

«¡Suzanne! ¡Oh Suzanne! Viniste a buscarme»

«Te he buscado por años, hasta que por fin te he hallado ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué le has arrebatado la vida a inocentes, solo para que venga hasta ti?»

La sirena soltó otra irritante risa, sin dejar de girar. Suzanne podía ver que había crecido para convertirse en una joven como ella, pero seguía teniendo la actitud de una niña.

«Lo hice porque es lo que tengo que hacer»

«¿A qué te refieres?»

«Ven conmigo, vamos a jugar»

Tomó su mano, tal cual lo hizo cuando Suzanne era niña, y la arrastró con ella hasta el fondo.

En eso, Suzanne sintió que alguien más tiraba de ella. Volteó encontrando a Conor en su traje de buceo.

«Haz que se vaya, o más almas pagarán las consecuencias», amenazó la sirena, enfurecida con la presencia del muchacho. Comenzó a cantar, provocando que los tímpanos de Suzanne palpitaran. Conor se agitó de dolor, había sangre brotando de sus oídos.

Suzanne le hizo señas a Conor para que saliera a la superficie. Este, comprimido por el dolor, le obedeció.

La sirena dejó de cantar.

«Apresúrate, o no llegaremos», le dijo riendo.

«¿Llegar a dónde?»

Suzanne la siguió, notando que de su respirador de oxígeno comenzaba a parpadear una luz roja; indicando que no le quedaba mucho tiempo antes de que se agotara.

«Por favor Siena, debo regresar. Me quedo sin oxígeno»

«No, no puedes volver. No puedes abandonarme»

«Te lo ruego, no sé cuánto más aguante. Prometo regresar por ti, otro día.»

La sirena penetró sus ojos azules en ella, le acarició los cabellos rizados y su piel oscura.

«Me gustas mucho Suzanne, posees un lindo cuerpo ¿Qué se siente, dime?, caminar con él sobre la tierra»

«No es nada especial. Yo te envidio, vivir bajo el agua, en medio de estas maravillas. Nada puede ser mejor que eso»

«Vivir en la tierra es mejor. Yo lo hice por un tiempo, hasta que el mar me llamó y me convertí en parte de él. Ahora estoy atrapada aquí», por primera vez Suzanne siente compasión por la sirena. «Deben ser sensaciones hermosas; sentir el sol en la piel, tocar la arena con los pies, besar a un muchacho», habló con total algarabía.

Suzanne comenzó a sentir que no podía respirar.

“Te lo imploro, Siena. Déjame ir. Déjame ir o moriré”.

La sirena le sonrió, con sus labios seductores.

«Está bien, te irás. Pero a cambio debo obtener algo de ti»

Ya sin poder respirar, Suzanne asintió. Empezaba a sentir el dolor en sus pulmones y se llevó las manos a su garganta, en un intento desesperado por abrirla.

«Haré lo que sea»

***

Los ciudadanos de la Isla Calavera se encontraban sorprendidos. Aquella tarde se habían encontrado los cuerpos de treinta niños, en las orillas del mar. Todos habían sido examinados para descubrir que murieron de formas naturales, devorados por el océano. Las extrañas causas de sus desapariciones, seguían sin conocerse.

Quizás, como muchos dicen, fueron sacrificados por alguna criatura que deseaba conseguir algún tesoro a cambio.

Aquella sería la leyenda que viviría entre los marinos, por muchas generaciones.




Siena, quien ha despertado entre los humanos, dejando a la bestia entre los mares.

Siena, quien ha tomado el cuerpo de una valiente marinera, para poder hacer de las suyas.

Siena, quien camina ahora con la arena entre sus dedos, y el sol sobre su piel.

Siena, quien ha besado a su amado Conor, probando el néctar prohibido para las sirenas.

Siena, quien astutamente robó el cuerpo de Suzanne, mientras le entregaba a cambio el cuerpo de sus víctimas.

Siena, quien dejó a Suzanne nadando en el océano, condenada a una vida cómo ladrona de almas.

3 Juin 2020 15:32:35 0 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
4
La fin

A propos de l’auteur

Daniela Corzo Hola, en este perfil encontraras desde cuentos clásicos hasta novelas de misterio, suspenso y fantasía. Te invito a seguirme y a leerme. Prometo sorprenderte con los giros en mis tramas y mi originalidad.

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