mr_riz_rhymer Riz Rhymer

El mudo se torna de cabeza; Aquellos que alguna vez juraron proteger a su pueblo son quienes ahora quieren destruirlo. El destino de todo un país y la esperanza de toda su gente están depositadas en un puñado de personas, presididas por un joven prodigio, pero... ¿estará listo para comandar lo que queda de una nación en contra del más grande enemigo? ¿O a caso será derrotado por los fantasmas de su propio pasado?


Science fiction Déconseillé aux moins de 13 ans.

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Capítulo 1: Un trabajo algo inusual

–¡Jackson! ¡A desayunar!

–¡Ya voy! ¡Bajo enseguida, Jack!

–¡Jackson! ¡A desayunar!

–¡Ya voy! ¡Ahora bajo, Jack!


Bajé a toda prisa las escaleras, saltando desde el quinto escalón al piso de madera para llegar aún más rápido a la cocina.

–Bueno, hasta que al fin llegas. ¿cuánto puedes tardar en ponerte siete piezas de ropa?

–Lo dice la señorita que para ponerse un sostén, unas bragas, un vestido y un par de tacones se tarda tres horas.

–Mira, guarda silencio y cómete tu desayuno.

–¿Huevos con tocino y salchichas –dije yo, con una sonrisa en mi boca –? Vaya, gracias, hermana.

–Por nada, hermanito. Ahora, come rápido si no quieres llegar tarde a tu primer día de trabajo.

–Si, claro. Como me encanta la idea de trabajar en un campamento de verano para niños amantes de la idea del apocalipsis zombie.

–No es de zombies. Es el Campamento del Apocalipsis, a secas.

–Lo que sea. No me gusta la idea. Tengo quince y terminé la universidad hace tres años. Se supone que yo debería tener un empleo en algo más importante, como una empresa internacional o algo así.

–Cómo una cadena de comida rápida o algo parecido?

–Muy graciosa, pero prefiero comprar hamburguesas a tener que prepararlas.

–Entonces no te quejes, Jackson. Te ofrecieron empleo en ese campamento por el estudio que publicaste en el cual hablabas de que la humanidad inconsciente o conscientemente busca destruirse a sí misma.

–No entiendo a qué te refieres.

–Mira, no es nada. Solo no olvides que es solo un campamento para adolescentes. El Campamento del Apocalipsis es un campamento de verano en el cual enseñan a los campistas a sobrevivir en situaciones “extremas”. Es divertido para los jóvenes de tu edad creer que están preparados para todo.

–Sí, pero la única diferencia entre los “jóvenes de mi edad” y yo es que yo si estoy preparado para todo.

–Mira, no te quejes. Te ofrecen doscientos dólares por cada dos días que te quedes a trabajar ahí. Sabes que lo necesitas para comprar tu motocicleta, y el restante va para la casa.

–Jack…

–Ya no digas nada. Solo cómete esos huevos mal cocidos y asegúrate de tener todo listo. Tu autobús llega en una hora.

–Lo sé, Jack.


Terminé de comer, lavé mis platos, subí a mi cuarto y saqué una mochila de acampar, la cual ya había preparado la noche anterior con todo lo necesario de uso personal para el campamento. También saqué, junto con esta, una maleta de mi armario. De mis cajones saqué cinco pantalones de mezclilla y uno de licra, diez camisetas, veinte piezas de ropa interior, cinco camisetas térmicas, tres pantaloncillos cortos, quince pares de calcetas, dos pares de tenis y uno de botas de combate, un par de guantes de trabajo y uno de alpinismo, unos lentes oscuros y un par de bandanas.


El autobús llegó justo a tiempo, y yo ya estaba listo, con mi maleta, mi mochila y un bolsillo táctico que llevaba colgado del cinturón, el cual estaba lleno de paquetes de golosinas de canela y azúcar morena. Inmediatamente al subir al vehículo, el cual era un bus escolar pintado de verde, con el logo del campamento rotulado por ambos lados, el conductor me recibió con un saludo muy amable y propio de un conductor de autobús de campamento de verano para adolescentes y preadolescentes:

–¡Hola amigo! ¡Bienvenido a bordo del autobús del apocalipsis! ¡Sujétate, porque será un viaje agitado, campista!

Yo no congenié mucho con ese estilo de saludo y le contesté lo siguiente con un tono frío, casi amargado:

–Ahórrate el monólogo de bienvenida. No soy un campista; soy un instructor.

–Oh, lo lamento. En ese caso, bienvenido, señor Smith.

–Es Schmidt, no Smith, señor Logan.

–¿Cómo sabe mi nombre?

–Tienes un broche con tu nombre en la camisa.


No esperé una respuesta. Simplemente inicié mi travesía en busca de un lugar dónde sentarme y que nadie me molestara. Es decir, el autobús estaba vacío, a excepción de dos personas: un campista de unos dieciséis años y una instructora de unos veinte.


Prefería mil veces sentarme junto a alguien que más o menos sabía a lo que se enfrentaría en el campamento a sentarme junto a un mocoso que no sabía hablar de otra cosa mas que de memes y videos virales de internet.


Se preguntarán con qué derecho le llamo mocoso a alguien que era mayor que yo. Muy sencillo: yo a mis quince años había logrado lo que él posiblemente jamás podría, que era completar un entrenamiento militarizado riguroso e intensivo, idéntico al de un Navy SEAL.


Me moví hasta llegar junto a la otra instructora, dejé mis cosas del otro lado del pasillo, sobre los asientos, y me senté junto a ella.

–Entonces –dijo ella, intentando romper el hielo –… ¿emocionado por el Apocalipsis, campista?

–No soy un campista –contesté yo, girando para verla directamente al hablar –. Yo soy un instructor, como tú.

–Oh, lo lamento tanto. No tenía idea. Es que con la estatura, y la ropa que traes puesta…


Yo traía puestos unos pantalones de mezclilla y una camiseta de Hard Rock, así que no veo por qué mi ropa me identificaría como una cosa u otra.

–Si, si. No te preocupes. Todos mencionan la estatura.

–bueno, mi nombre es Amy Hogan –se presentó ella, extendiéndome su mano derecha.

–Jackson Schmidt. Mucho gusto –contesté yo, estrechando su mano.

–Pues mucho gusto, Jackson Schmidt.

–Lo mismo digo, Amy Hogan.


Comenzamos a hablar. Empezamos charlando de lo que era probable que encontráramos en el campamento. Una cosa llevó a la otra, un tema al otro, y cuando me di cuenta, estábamos hablando de películas de ciencia ficción y fantasía, libros acerca de magos y hechiceros adolescentes, comics de superhéroes, entre muchas otras. Tal vez era un niño genio, pero tenía buen gusto.


Por primera vez en mucho tiempo, sentí que podía hablar con alguien sobre los temas que me gustaban y que esa persona me respondiera otra cosa que no fuera “no tengo idea” o un fingido “que interesante”, y era porque, en efecto, pude hacerlo. Amy y yo nos quedamos hablando sobre cosas de ese estilo durante unas cinco horas hasta llegar a la sede del campamento, con veintidós campistas y dos instructores en el autobús. Si así iba a ser la repartición de niños contra instructores, no quería imaginar como serían mis tres próximos meses con respecto a mi salud mental. Ya de por sí era misántropo, ¿y me pondrían con once personas de entre doce y dieciocho años para que yo los cuidara? No, ni de chiste lo hubiera hecho por gusto, ni por la anécdota. La única razón por la que estaba yo ahí era por la paga. Nada más.


Al bajar del autobús, Amy y yo admiramos el paisaje de lo que iba a ser nuestro “hogar” durante los próximos noventa días: era un espacio hermoso; un prado verde, con un bosque a un lado y un lago al otro, todo rodeado por colinas verdes, las cuales harían un círculo perfecto de no ser por una pequeña abertura al otro lado del lago, el cual desembocaba en el lago Superior, territorio nacional compartido por Estados Unidos y Canadá. Estábamos en la frontera norte de Wisconsin. Me sorprendió porque yo vivía en Worthington, Ohio, a unas cinco o seis horas de ahí.


Con nuestras cosas con nosotros, Amy y yo fuimos en busca de la oficina principal del director del campamento, el señor Walker. Al llegar al despacho, lo conocimos personalmente: era un hombre de unos sesenta y tantos años, cabello blanco puro, sin un solo cabello de otro color, con lentes y ojos de un tono café claro.

–Bienvenida, señorita Mathew. Esperamos que su estancia en el campamento sea placentera y no muy tediosa.

–Muchas gracias, señor Walker.

–Y usted, campista, ¿cómo se llama?

–No soy un campista, señor Walker. Soy un instructor. Usted me contrató hace una semana. Soy Jackson Schmidt.

–¿Señor Schmidt? Por dios, lamento mucho la terrible confusión. Es solo que, para alguien de su reputación, esperaba que fuese un poco más… viejo.

–No se apure, señor. Todo el mundo lo dice.

–En ese caso, no me preocuparé. Ah, por cierto, ¿Ya les indicaron dónde se instalarán?

–No– contestó Amy –. De hecho, vinimos con usted para preguntárselo.

–Ya veo. Entonces vayan a la exageradamente grande tienda de campaña que está al otro lado del comedor principal. Ahí encontrarán a una chica llamada Stacy. Ella les mostrará dónde dormirán.

–Muchas gracias, señor Walker –Amy agradeció y ambos nos marchamos hacia esa supuestamente enorme casa de campaña.


No mentía. Era exageradamente grande, y estaba hecha de algo parecido al yeso, o sea que no era real. Solo era un lugar donde se guardaban las herramientas y los objetos del campamento. Ahí encontramos a Stacy, quien estaba haciendo el inventario de las cosas que ahí se encontraban.


No fue una conversación muy larga. La chica, que no podía ser mayor de veinticinco años, nos preguntó qué necesitábamos, le contestamos y nos dio direcciones de cómo llegar al complejo habitacional de los instructores.


Cuando llegamos, nos encontramos con dos peculiaridades que, al menos a mí, me parecieron agradables: la primera era que los dormitorios eran mixtos, y la segunda era que dividían a los instructores por sección.


A mí me designaron al área de supervivencia general, mientras que a Amy la colocaron en defensa y cacería.


Éramos ocho en los dormitorios, lo que significaba que tendría que compartir habitación con otras siete personas. La buena noticia era que el baño de la habitación tenía dos inodoros, dos lavabos y cuatro duchas. La mala noticia es que todo era abierto; sin casetas para los inodoros, sin cubículos para las duchas, lo cual no era tan malo ya que planeaba ducharme e ir al baño cuando este estuviera vacío. Por último, la peor noticia de las tres: de las ocho personas que estaban ahí, yo era el único hombre, y lo peor de esa parte fue que la cama que me tocó fue la que más lejos estaba del baño y la puerta.


No me pregunten por qué eran casi todas mujeres en la sección de supervivencia general, porque no tengo idea. Tal vez soy yo, que tengo una idea de que la mayoría de las personas a las que les apasiona este tema son hombres, pero tenía el presentimiento de que ellas harían un más que buen trabajo al enseñarle a los campistas sobre cómo sobrevivir a un escenario post apocalíptico.


Ese era el día de introducción. Como ese era el caso, no teníamos nada programado más que la fogata inaugural, que sería a las ocho de la noche, y apenas eran las cuatro. Como ese era el caso, decidí intentar socializar con mis compañeras. Nah, mentira. Simplemente fue llegar a la habitación, acomodar mis cosas junto a mi cama, echarme a descansar un rato e intentar dormir lo más posible, pero apenas me tumbé sobre mi lugar de descanso, escuché que la chica de la litera superior frontal derecha le llamaba la atención a la de la superior trasera derecha:

–Oye, Molly.

–¿Qué sucede, Ashley?

–Mira hacia allá –Ashley, haciendo un ademán con la cabeza para que la otra mirara hacia mí.

–Oh, ya veo a qué te refieres.


Comencé a alterarme cuando las dos locas dijeron lo siguiente, las dos al mismo tiempo:

–Carne fresca…


al final me dio igual. Simplemente las rematé con una sola oración.

–Tengo quince años, par de perturbadas.


Me incomodó un poco la reacción de mis compañeras de habitación, puesto que algunas debían tener más de treinta años. Quise aprovechar ese momento de relativa paz y ambiente calmado para ir al baño, ya que no había nadie dentro. Esa vez no hubo ningún problema. Esa. Única. Vez.


En fin, abrí mi maleta en mi cama, saqué una camiseta térmica y un par de calcetas y entré al cuarto de baño. Gracias a dios ahí había un canasto repleto de toallas limpias, así que tomé una, cerré la puerta del cuarto, me quité la ropa y me coloqué debajo de la cabeza de la regadera. La mejor ducha que tuve durante mi estadía en el campamento.


Al acabar, cerré la llave, me sequé, me cambié de ropa, me peiné el cabello con las manos, salí del cuarto de baño y guardé mi anterior muda de ropa en la maleta. No estaba sucia, pero tampoco me la iba a volver a poner estando recién bañado. Apenas terminé de ponerme la camiseta, una de mis compañeras de habitación se me acercó con una cámara en la mano izquierda y me dijo:

–¿Una foto? Es para el evento del final del campamento.

–Falta mucho para eso. ¿No lo crees?

–Sí, pero nunca es demasiado temprano para empezar.

–Está bien.


Me acomodé a su lado mientras que ella levantaba la cámara en el aire a modo de selfie y presionaba múltiples veces el botón de captura (obviamente, sin flash. Hubiéramos acabado ciegos).

–¿Cuál es tu nombre?

–Jackson Schmidt. ¿Y el tuyo?

–Kelly, Kelly Loggins.

–Haha –solté una risilla a la vez que me separaba de ella después de que tomara la foto –, como Kenny Loggins.

–¿Kenny Loggins?

–Si, Kenny Loggins. Ya sabes, el que canta “Footloose” –dije yo, repitiendo un fragmento de la canción mencionada –. “¡Loose! ¡footloose! ¡Kick off your sunday shoes!”

–No, creo que no…

–Meh, da igual –dije yo, algo amargado porque mi chiste no pegó.


En fin, como tenía tres horas y media para descansar, saqué mi teléfono de mi pantalón, un paquete de mis golosinas de azúcar morena y canela y me puse a revisar las redes sociales. A la mayoría de mis seguidores no los seguía, pero a los que si, siempre les daba “me gusta”, así fueran cosas que me interesaran o no”. ¿por qué? Porque a esos seguidores que yo seguía eran mi hermana, mi tía Rachel, mi tío Manny, mi primo Sam y mi madre. Esta última vivía en Oregón, debido a su trabajo, mientras mi hermana y yo nos quedamos en Worthington porque vivir en Ohio era más barato que vivir con ella. Con las mitades de los sueldos que recibía de mis tres trabajos yo pagaba las cuentas de la casa y mi hermana, con lo que ganaba en su trabajo como organizadora de eventos de gala, como bodas, bautizos, etc, pagaba lo que tuviera que ver con los gastos de la casa, como comida, reparaciones, etc.


La señal satelital llegaba hasta la habitación, así me puse a revisar Facebook, Instagram, Twitter, e incluso hice una transmisión en Spreaker. Como las otras formas de vida en la habitación estaban usando audífonos o estaban muy ensimismadas con su propio teléfono, no creo haber molestado a nadie durante los siete minutos con treinta y dos segundos que duró el podcast.


Engullí mi golosina lenta, calmada y tranquilamente, mientras veía la última foto que publicó mi hermana en su cuenta personal. Era una selfie de ella, conmigo en el fondo, subiéndome al autobús del campamento, y en la capción de la imagen decía:


Serán tres meses sin @lieutenant_schmidt_058 en casa. Te voy a extrañar, hermanito.


Teniente Schmidt… teniente Jackson Kanan Schmidt. Ese era el nombre de mi padre, uno de los mejores militares del país; un Navy SEAL de primera, esposo ejemplar y un papá sin igual. Les enseñó a sus dos hijos a defenderse, tanto cuerpo a cuerpo como con armas, les enseñó estrategia, tácticas y formaciones.


Jack y yo éramos básicamente Navy SEALs no oficiales. Incluso nos llevó a la playa una vez para que hiciéramos la prueba de la madrugada en el agua.


Seguí revisando las fotos y la publicaciones y me topé con una de mi mejor amigo, Billy Bucanan, un joven que conocí durante el primer semestre de la universidad. Recuerdo el día en que hablamos por primera vez. Yo tenía diez años y él tenía veinte, así que nuestra relación bien podía ser como de hermanos. De hecho, la gente le preguntaba por qué traía a su hermanito menor (según ellos, yo) a la universidad.


Pero bueno, les iba a contar sobre cuando nos conocimos:


Yo acababa de salir del salón de clases aceleradas, perfectas para gente de rápido aprendizaje como yo. Él acababa de salir de la sala de conferencias. Acababa de dar una presentación sobre un a propuesta de proyecto de infraestructura de la institución. Estaba preocupado, porque no tenía idea de si la junta directiva aceptaría su propuesta, pues requería una gran parte de los fondos.


Yo, por otro lado, estaba feliz, porque acababa de obtener los resultados de mi examen parcial, los cuales eran más que satisfactorios. Ambos salimos de nuestros respectivos puntos de partida hacia un destino en común: un café que había a un par de cuadras de ahí. Obviamente, no íbamos juntos, pero me lo topé cuando estaba a punto de pedir. Él estaba justo frente a mí. Él pidió un cappuccino con dos sobres de azúcar y una galleta con chispas de chocolate. Tras ordenar, se dispuso a irse a una mesa vacía, pero notó que yo era un poco demasiado bajo en estatura para alcanzar a ver por encima del mostrador.


Tenía diez años. ¿Qué esperaban?


Cuando decidí saltar para ordenar lo mío, él se dio cuenta, giró y vino en mi auxilio.

–Hola, amigo. ¿Qué quieres pedir?

–Un café negro, de grano colombiano y con una cucharada de polvo de chocolate, por favor.


Él le repitió mi orden al cajero, aunque se le hizo raro que un niño de esa edad bebiera café. Intentó pagar por lo mío, pero lo detuve, mostrándole mis tres billetes de un dólar.

–¿Es para ti?

–Pues si, Billy.

–Oye, ¿Cómo sabes mi nombre, pequeño?

–Vamos en la misma universidad, tarado. Y no me vuelvas a llamar pequeño.

–Espera –dijo él, sorprendido –… ¿tú eres el niño genio que llegó este semestre?

–Prefiero el término “joven de aprendizaje rápido”, aunque genio está bien.

–Te entiendo. Por cierto, ¿Tienes algo que hacer en la tarde?


Mientras yo le respondía, caminamos hacia una mesa deshabitada y nos sentamos. Doy gracias de que fuese una de esas mesas estilo Burger King, que básicamente son dos sillones puestos uno frente al otro y una mesa de una pata en medio.

–No. ¿por qué la pregunta?

–Bueno, me imaginaba que, como eres un superdotado, podrías ayudarme a trabajar en una propuesta de mejora de infraestructura que tengo para los miembros de la junta directiva.

–Soy de rápido aprendizaje, pero no tengo ni idea de cómo mejorar la infraestructura del campus, a menos que quieras que sea funcional en caso de un apocalipsis zombie o algo así.

–así que te gustan las cosas del apocalipsis y eso, ¿eh?

–No realmente, pero sí sobre cómo preparar trampas. Soy algo así como el niño de “Mi pequeño angelito”

–Pues muchas gracias, a pesar de que no sea eso lo que necesito. Eres gracioso. ¿Cuál es tu nombre?

–Jackson Kirby Schmidt. Mucho gusto.

–pues mucho gusto, Jackson.

–Lo mismo digo, Billy.


Llegamos a mediodía al café y nos fuimos como a las tres de la tarde. Como mi casa estaba a diez cuadras, Billy me acompañó hasta llegar. Cuando estuve frente a la entrada, él se fue de regreso a la escuela, pues su casa estaba en esa dirección, unos cinco kilómetros más adelante. Saqué mi llave, abrí la puerta, entré y dejé mi mochila junto al sillón de la estancia. Mi hermana me recibió y le conté todo.

–Vaya, parece que tienes un nuevo amigo.

–Si –respondí yo con una sonrisa –. El primero.

19 Mai 2020 01:34:39 3 Rapport Incorporer Suivre l’histoire
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Alhajan Alhajan
Gato. Vamos a mirar, tengo que desmenuzar esto, porque aquí me causaste muchos sentimientos, y lamentablemente no de los buenos. Primero, no Gato, no me lo creo que el niñato de quince años sea un Seal Navy. El más joven según lo que pude buscar tuvo 17 y eso fue en 1965 con la segunda guerra mundial todavía a la espalda, y demás conflictos, era otra época. Bien ¿por qué me quejo de esto? Solo me imagino a un niño de 10 en entrenamiento militar temprano, en misiones militares de alto desempeño, y muchos años de preparación tanto físico como técnico y como me lo mencionaste, si buscas realismo vas perdiendo. Tampoco si tratases de justificarlo con el típico, era el hijo de Comandante X, hermano de Charles Javier, esposo de Persefone y tío abuelo de Odiseo, perdona la exageración pero no lo puedo evitar, hmm nope, si planteas realismo y no me has mostrado elementos Sci-fi que lleven de la mano para creer todo eso de tú personaje, sigo sin digerir. Segundo, Narrativa, como siempre buena. Sin embargo, todo el capítulo fue monólogo del personaje con poco o nada de interpretaciones por los demás. Todo es narrador protagonista y llega a aburrir con muchísimas bajas y redundancias por tratar con necedad de hacernos comer y justificar su tan temprana edad. Hasta prefiero un Spin off de su hermana cambiándose la ropa, perdón, pero es que dejas los pelos en el alambre. No me gusta tocar historias, pero debes plantear mejor la tuya. Si buscas realismo vas muy mal encaminado. Sé que puedes llegar a empatizar con el lector que tiene esa edad, soñando por ser un todo Garry Sue entre tantos niñatos y damas. Pero conmigo chocas con pared, y quizá con algunos que somos de mayor edad. No malinterpretes, amo las historias de adolescentes protagonistas, pero debes marcarlas siempre con un mundo coherente que lo permita y no esté realismo que buscas. Quizá sea solo un capítulo 1 y que todo esto sea un sueño loco de su protagonista explicado más adelante, que se yo, pero como no existe indicios de tal panorama y que, como punto bueno, has planteado la ambientación de buena manera, no me vende ese posible twist. Lamento decirte que no me has invitado a seguir leyéndola, debes cuidar mucho el world building y las leyes que rigen esa distopía explicándolas incluso antes de que el personaje pueda si quiera propinar dialogo alguno, este capítulo 1 en mí opinión falla demasiado. Soy siempre muy activo y si llegas a reformular este primer capítulo de exposición con gusto te daré mí crítica sincera. 4/10 en el gatómetro. Piensa esas cosas, o descártalas, al final de cuentas es lo que deseas contar. Igual te dejo tu corazoncito :) Un saludo y abrazo desde la lejanía.

  • Riz Rhymer Riz Rhymer
    Entiendo lo que me has dicho, pero creo que te equivocaste u omitiste algún fragmento del capítulo, porque el protagonista NO es un Navy SEAL, sino que menciono en la narración que su padre los entrenaba a él y a su hermana como tales, mas no formaron nunca parte de dichas fuerzas especiales. Es como decir que el mejor futbolista del mundo entrena él mismo a su hijo y llega a ser tan bueno como un jugador profesional siendo muy joven. planeé toda la trama para que fuese lo más "realista" posible dentro de lo que cabe en una sci-fi, y aquellas partes sci-fi que no fuesen realistas, las sustento de alguna manera con la realidad y el contexto en la historia. Aún no ves elementos de dicho género porque no es en este capítulo donde empieza lo sci-fi, sino en el tercero o cuarto, porque en estos primeros capítulos introduzco al lector al contexto de la historia y al comienzo del conflicto principal. De verdad, te invito a que sigas leyendo cuando se publique el siguiente capítulo, y que trates de verla con ojos menos "realistas", porque después de todo, es como si quisiéramos ver la historia de IRON MAN de la misma forma: es realista, hasta cierto punto, es una historia que no empieza con ciencia ficción, sobre un niño ULTRA GENIO, pero no es algo que tenga que ser real. A demás, me gusta que hayas investigado los datos históricos de los Navy SEALs, pero jamás mencioné que esta fuera una historia de índole histórica, por lo que no creo que esas partes criticables de mi obra vayan a cambiar. Te agradezco tu comentario, y revisaré nuevamente eso que me decías sobre que es demasiado diálogo. la obra en general contiene muchas conversaciones, algunas algo largas, pero todas, o la GRAN mayoría, aportan algo a la historia, por más pequeño o discreto que sea el aporte. Se aprecia que te hayas tomado el tiempo de leerla, de verdad =D 2 weeks ago
  • Alhajan Alhajan
    Bueno yo solo me guié por lo del foro camarada, cuando pueda te saco de nuevo el ratito. Igual yo no soy perfecto ni un mantra. Es posible que leyese algo mal. Pero bueno como te dije es un primer capítulo. 2 weeks ago
~

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