En la búsqueda de las palabras Suivre un blog

samisami Virginia Rodríguez Todo camino se compone de pequeños pasos, pero también de pausas, cambios de recorrido, sucesos inesperados... Yo ando ese camino en búsqueda de las palabras y, aunque no te prometo grandes respuestas, sí puedo compartirte lo que he aprendido en mi tránsito.

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El otro y nosotros


En esta última entrada quiero retomar algo que mencioné la vez anterior, acerca del momento de compartir nuestras obras. Creo que es uno de los momentos clave: ¿cuándo está lista una obra para ser vista? ¿Con qué propósito? ¿Qué tipo de comentarios esperamos recibir? Es cierto: nuestros amigos y familiares merecen un premio a su paciencia por tener que poner buena cara cada vez que les pedimos "¿Podés leer esto y decirme qué te parece?". Y no creo que siempre nos digan lo que queremos oír, pero sí es verdad que hay una cuestión de cariño que impiden juzgar la obra por lo que es, más allá del autor. A este respecto, siempre les digo a mis alumnos que, aunque contextualizar es importante para analizar una obra, no podemos saber a ciencia cierta qué quiso decir el autor. En realidad, creo que esto es bueno, porque nos permite salir de nuestro mundo real y limitado a universos creados por nosotros con su propia lógica y reglas. Ahora, no puede ser tan inaccesible para otros que no se comprenda. Considero que una buena obra tiene que tener cierto grado de hospitalidad para con sus lectores. Por eso, hay una pregunta que forma parte del proceso de escritura y muchas veces dejamos de lado: ¿para quién o quiénes escribimos? ¿Qué características tiene que tener nuestro "lector ideal", el que pueda comprender lo que queremos transmitir? Es decir, tenemos que definir el destinatario. Esto va más allá de la edad, que es un factor bastante obvio (no es lo mismo escribir un cuento de aventuras para niños que para adolescentes o para adultos, y aun dentro de estos grupos, hay muchas variantes). Está la cuestión emocional, social, cultural… Por ejemplo, la intertextualidad es un recurso sumamente interesante. Es una forma de honrar aquellos autores y obras que nos han marcado de alguna manera. Ahora bien: ¿se comprende la referencia? Y si no es conocida, ¿invita a la investigación?

Claro que, como ya dije en otra ocasión, Kohan, un estudioso del canon literario escolar, no todas las obras están pensadas para ser ligeras y llevar de la mano al lector. Muchos buenos trabajos requieren que rememos un poco para poder llegar a buen puerto, a algo mejor que lo que éramos antes de leer ese texto. Pero creo que la maestría ha estado en esa promesa de encontrar ese puerto, algo que motive a remar.

Nuestras obras son como cartas a la posteridad y, cuando pensamos en escribir una carta, no solamente tenemos claro qué queremos contar, sino también a quién. De esa forma, es más fácil encontrar la manera más eficiente y eficaz de cumplir con nuestro objetivo comunicativo. Por eso también es necesario abrir un poco nuestro universo seguro y dejar ingresar al lector, conocido o desconocido, y permitirnos ser juzgados. No siempre los comentarios van a ser amistosos y ahí uno puede hacer cambios o no, nadie nos obliga. Pero generalmente la crítica nos permite observar la obra desde otra óptica, algo difícil cuando uno está inmerso en ese mundo y con una idea concreta en mente, esa misma mente que usamos para revisar y corregir y, por lo tanto, mucho más parcial que nuestros amigos y conocidos. Lo importante es no descorazonarse cuando haya que rectificar, ya que es parte intrínseca del proceso. La escritura es un camino lleno de escollos y obstáculos sin una meta clara pero con un paisaje hermoso que vale la pena cualquier caída. No hay una guía definitiva y de calor absoluto: solo hace falta valor para emprenderlo.

20 Décembre 2020 22:01:16 0 Rapport Incorporer 1
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Corrigiendo

En la entrada de hoy, quiero hacer referencia a una parte de la escritura que creo que a todos nos cuesta abordar: la corrección. Las razones pueden ser muy diversas, desde la pereza hasta la vergüenza; sin embargo, pocos se atreverían a juzgar este paso como innecesario. Suele pasarle a mis estudiantes que me entregan un trabajo escrito y responden que sí cuando les pregunto si revisaron. Por supuesto, cuando les corrijo cosas que, en general, son errores por falta de atención, el retruque es: "Sí, profe, lo que pasa es que no me gusta revisar". ¿A alguien le gusta? Es, cuando menos, tedioso. Yo soy también del grupo que, normalmente,no revisa. Pero estoy en el proceso de encontrar estrategias para hacerlo algo al menos no tan detestable.

Primeramente, creo necesario diferenciar la revisión de la corrección. En la revisión, uno puede destacar errores y también aciertos. Es el momento de detectar aquello que nos encanta, lo que podría mejorar y lo que definitivamente no puede estar. La corrección, por otra parte, es la ejecución de esa corrección. La revisión puede atender a distintos aspectos: ortografía, sintaxis, contenido, organización interna, estructura, silueta del texto... Algunos de ellos más fáciles de resolver que otros, claro. Personalmente, creo que dos de las cosas más difíciles de corregir son la puntuación y el vocabulario. A veces uno no se da cuenta de cuánto repite una palabra, o cuánto complejiza un concepto sencillo en la búsqueda de hacerlo sonar más "literario". Mi solución al respecto, para mis alumnos, ha sido siempre: "pedile a alguien que lo lea contigo". En las palabras suena muy lindo; ahora, cuando hay que ponerlo en práctica en nuestras propias obras... Pero bueno, eso de compartir las obras es algo que quiero reservar para el último post. Entonces, decidí forzarme a poner en práctico el consejo con una novela en la que estoy trabajando, con la ayuda de mi mejor amigo, quien es básicamente el motivo por el que esa obra existe. Eran 27 carillas. Estuvimos varios días leyendo y releyendo. Él leía en voz alta y me hacía correcciones; yo iba subrayando cosas que, en la voz de otro, no sonaban tan bien. Fue un ejercicio muy útil y divertido. Hay cosas que tenemos tan armadas en nuestra mente que después somos incapaces de rehacer, porque allí lucen tan cual como las imaginamos. Más o menos como esas imágenes de internet donde hay una palabra con una letra de más o de menos, cuya gracia está en que no te das cuenta del error hasta que te lo señala la propia imagen.

Por supuesto, esas correcciones de todo tipo todavía están ahí, a la espera de ser aplicadas (ha sido un año complicado, creo que no tengo que explicar nada). Sin embargo, creo que esa misma corrección es la que luego permite ir rehaciendo el estilo de la obra, encontrar su voz. Por ejemplo: en la revisión, detecté que le daba muchas vueltas a ideas que podía expresar de forma más simple, y que eso iba de la mano con la historia, que no es demasiado compleja y es en eso en lo que quiero hacer énfasis, en la sencillez. Cualquier frase demasiado rebuscada simplemente genera extrañeza porque no va bien con el estilo que quiero darle a la historia. Revisar y corregir es como pararse frente al espejo antes de salir para una fiesta: a algunos nos gusta más, a otros menos, pero es ese el momento de destacar nuestros atributos y eliminar todo lo que pueda atenuarnos.

Al igual que con los borradores, no recomiendo eliminar ninguna versión con correcciones. Conservar los manuscritos (o documentos digitales) preliminares nos permiten detectar en dónde comenzó el error en caso de que las cosas se nos compliquen, además de observar la evolución de nuestro trabajo. Digamos que las versiones preliminares ofician de borradores, en esta idea de que la escritura es un proceso cíclico. También uno puede decidir corregir por capítulos, por secciones, al final de un evento importante en la historia... Es decir, revisar secciones más o menos extensas, con un criterio más bien espacial o más bien conceptual. Puede ser una tarea solitaria o en equipos, con otros escritores o con gente que no escriba pero veamos como un potencial lector (algo de lo que también quisiera escribir en la próxima entrada). Puede ser una tarea silente o, y he aquí uno de mis consejos, en voz alta. Creo que eso de escuchar la historia fuera de lo que es la vocecita de nuestra cabeza nos permite evaluarla mejor, como si nos posicionáramos por fuera de ella.

Ya en un nivel más complejo, para poder corregir correctamente más allá de lo básico (sintaxis, ortografía y vocabulario, por ejemplo), uno tiene que saber exactamente qué se propone con la historia. De otra forma, ¿qué vamos a corregir? Ahí está también la importancia de la planificación, del preguntarse qué quiero lograr con esto, qué quiero transmitir. No es lo mismo escribir una escena dramática, que una cargada de suspenso, o una de amor... Al final, cabe preguntarse si uno está conforme con cómo se plantean esas sensaciones y emociones y, en caso negativo, cómo se puede mejorar. No está mal volver sobre esos aspectos cuando uno tenga los elementos para corregirlo y avanzar mientras tanto con la historia. El punto es que, para que la corrección sea productiva, es necesario saber a dónde se quería llegar. Eso se puede compartir con esos lectores que nos van a ayudar con la corrección, de modo que confirmen si se logró o no. Ojo: creo que, si a uno le gusta determinada frase o palabra que utilizó, tiene todo el derecho de no cambiarla. Al fin y al cabo, de eso se trata, ¿no? Es nuestra obra y tiene que ser auténtica, por más contradictoria que se sienta esa autenticidad después de tantas y tantas revisiones.

18 Décembre 2020 20:50:17 0 Rapport Incorporer 0
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Multi-writing

Cuando era chica, escribía y leía todo el tiempo. Como ya mencioné por aquí, por diversas razones dejé de hacerlo con frecuencia. Hace mucho venía intentando retomar, pero algo fallaba. Específicamente hablando de la lectura, de pronto me encontré leyendo treinta o cuarenta páginas de un libro, dejándolo y tomando otro, para repetir la historia tres o cuatro veces. Tal vez mi yo de hace unos años vería la práctica como una blasfemia; a mi yo actual le tocó entender que esa era una forma igualmente válida de leer, quizás la más apropiada para este momento de mi vida. Entonces pensé: ¿puedo aplicar eso mismo a la escritura? Y sí: de la misma forma que me metía a leer diez páginas de una novela y me terminaba algunos cuentos de una antología, me senté a diseñar algunas historias y a escribir del tirón cuentos y poemas (de calidad cuestionable, es cierto, pero al menos ya estaba en camino de nuevo).


Vivimos en una época en la que se le da mucha importancia al "multitasking",es decir, la habilidad de hacer muchas cosas a la vez. Si bien es cierto que tal práctica tiene consecuencias negativas para nuestra capacidad de atención, parece inevitable sucumbir hacia su tentadora vorágine. Aunque la lectura y la escritura son prácticas asociadas a la atención, a la dedicación, no puedo subrayar más el hecho de que no hay una única forma legítima de afrontar el proceso. Es más: como prácticas sociales que son, es normal que evolucionen y asuman las formas de todas las demás prácticas de la misma naturaleza. En ese sentido, es liberador no sentir como un pecado la "promiscuidad literaria": ir picoteando de acá para allá hasta encontrar algo que realmente te enganche. Siento que no le damos a los lectores en formación la opción de simplemente dejar por un tiempo una obra (aunque, como decía un teórico muy bueno cuyo nombre no recuerdo, hay libros que exigen que uno reme con ellos un poco, pero valen la pena). A decir verdad, no pienso que alguna vez me lo hubiera planteado. Ni que hablar de pensar en escribir más de una cosa a la vez. Pero la verdad es que a veces uno se siente con ánimos de embarcarse en una historia de piratas, en otras ocasiones, de seguir la vida de un asesino, y a veces, solamente de presenciar el final feliz de una pareja enamorada. No siempre todo eso se encuentra en una única historia. Hay que darse la chance de salir de las cuatro paredes en las que nosotros mismos nos encerramos. Bajar los cinco o seis libros que tenemos ganas de leer hace tiempo, hojearlos, ver sus ilustraciones... Como cuando éramos niños descubriendo la lectura. ¿Por qué en aquel entonces nos entusiasmaba más el mundo literario? ¿Solo porque era algo nuevo y desconocido? Hay muchas formas de convertir algo rutinario en algo nuevo y desconocido. Obligarnos a hacerlo de otra manera es una de ellas. Me parece que hay que perder el miedo de embarcarse en más de un proyecto a la vez. Ser un lector/escritor "caótico" no es un pecado; al contrario, puede ser una puerta para encontrar nuestra propia voz. El caos nos rodea: ¿por qué no abrazarlo, para variar?


Sé que puede parecer contradictorio que la misma persona que insiste en usar borradores plantee la posibilidad de ser desordenados. Pero no lo es, en realidad. Es como cuando éramos adolescentes (o no tanto) y odiábamos que alguien ordenara nuestro cuarto porque, en nuestro desorden, sabíamos exactamente donde cada cosa estaba. Por ilógico que parezca, el caos tiene cierto orden. Cuando uno diseña una historia, diseña un microuniverso. El caos está en la convivencia simultánea de los enamorados victorianos con los médicos que diseñan un virus en un laboratorio futurista, pero se supone que cada uno de esos mundos tiene sus propias reglas que, uno como autor, tiene que conocer. De todos modos... ¿por qué no permitirse, por un segundo, ver qué pasaría si esa pareja supiera de ese laboratorio, cómo y por qué lo haría? Es que no hay límites para lo que se puede crear cuando uno se libera de los límites en los que nos hemos puesto voluntariamente.


Mi consejo de hoy es no tener miedo a embarcarse en más de un proyecto a la vez. En ocasiones, esa convivencia puede ayudar a resolver dilemas en otras historias, o a crear algo más grande, como una conexión entre nuestros mundos narrativos. No es un pecado el desorden; es un pecado ponerse límites a la creatividad.

11 Décembre 2020 18:57:06 0 Rapport Incorporer 0
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¡Bloqueo, bloqueo, bloqueo!

Dudo ser la única persona (y mucho más en un ciberlugar como este) que ha experimentado alguna vez el bloqueo creativo. Es una sensación físicamente abrumadora. En mi caso, se siente como una opresión en el pecho, como si una historia, una oleada de palabras quisieran abrirme el esternón y fluir. O también se percibe como una madeja de hilo negro mal dibujado en mi mente. Todo muy poético, pero... ¿qué hacer?

Siempre me pregunté cómo se sale del bloqueo creativo, mientras ideas indescifrables se iban acumulando en mi cabeza, como la ropa sobre una silla, en un ovillo indefinido. Todavía lidio con eso a veces. Así que en este capítulo solamente puedo compartir lo poco que he descubierto en estos meses.

En primer lugar, creo que hay varios tipos de bloqueo, todos igual de molestos. Tal vez no se te venga a la mente una idea, que es lo que todos asociamos con el bloqueo. Pero creo que hay algo peor: tener las ideas y que no te salgan las palabras adecuadas. Supongo que se debe parecer a que el pintor no encuentre el tono justo para pintar ese amanecer que tiene en el recuerdo, o frente a sus ojos. Por otra parte, también puede suceder que hayas avanzado un montón con tu proyecto, pero llegues a un punto en el que no sepas cómo continuar. Sin duda, no importa cuánto sepas sobre algo, esto puede pasar en cualquier ámbito de la vida. Una vez, tuve que pedirle a un extraño que maniobrara mi auto porque me metí a una calle cerrada y no podía cambiar de frente para salir... Y miren que eso lo sé hacer a la perfección... Es que la mente no es perfecta, y es muy sensible a todo lo que sucede a su alrededor. Va a haber días y días; lo bueno es que la práctica reduce los días malos (aunque no los evita del todo). De modo que es bueno intentar identificar qué tipo de bloqueo tenemos para poder entender cómo atacar el problema. Por ejemplo: siempre fui un poco "enfermita" de encontrar los nombres perfectos para mis personajes. Nombres que reflejen su personalidad, nombres plenos de significado. En muchas ocasiones, no escribí hasta no tener ese nombre. Sin embargo, no hace mucho tenía una idea que me parecía genial, pero los nombres que se me venían a la mente me resultaron flojos. Corté por lo sano: dejé ese espacio vacío en algunos casos, y en otros puse un sinónimo y lo marqué para cambiar. Incluso lo indiqué en el borrador como "nombre tentativo". Me gusta escribir a mano, así que esos cambios se van a dar cuando lo digitalice, pero si son fanáticos de teclear, siempre pueden recurrir a la maravillosa opción de "Buscar y reemplazar". Así que, en cuanto a este punto, mi consejo es simplemente evitar el conflicto hasta encontrar la solución. Ir adelantando camino.

El segundo punto está muy vinculado con esa última idea que planteé. Otro de los problemas que me han llevado a abandonar proyectos es no saber cómo continuar una historia. Me enfrenté a no saber exactamente cómo resolver un pasaje relativamente crucial, pero sí saber cómo quería que siguiera la historia después de eso (para que tengan una idea, es una historia donde se entretejen el pasado y el presente, al estilo Camilla Läckberg pero menos brillante y para nada novela negra). Me pregunté: ¿alguien me está obligando a escribir de forma lineal? Y como la respuesta fue, evidentemente, que no, simplemente dejé un espacio y escribí lo que sí tenía claro. No solamente me sentí menos tronco para la escritura, sino que varios de esos baches argumentales se fueron respondiendo de forma orgánica, como si los personajes tuvieran vida propia. Por supuesto, algunas preguntas se respondieron y otras surgieron, pero en esa ocasión ya me sentía mucho más capaz de poder encontrarles respuestas. Si somos muy estructurados, puede parecer un suicidio tomar distintos puntos de partida; no obstante, además de ayudar a resolver el bloqueo, genera la sensación de logro que motiva a continuar. Por un momento la madeja se deshace y pensamos con claridad.

Escribir es como correr una carrera, y cuando uno se siente cansado o algo dolorido, hay dos soluciones. La más obvia es parar, pero en ella se corre el riesgo de enfriarse y sufrir lesiones que impidan continuar. La otra es cambiar el ritmo, ir más despacio, abrirse un poco del camino y tratar de entender lo que pasa en nuestro interior. En este caso, es probable que podamos encontrar la forma que más se adapte a nosotros. Me parece importantísimo no estar comparándose con otros. Si bien hay una cuestión de mercado, en el caso de quienes quieran vivir de esto, también es cierto que cada individuo y cada mente es distinta, y tiene sus propias estrategias para lidiar con los obstáculos más comunes en la tarea de escribir. De modo que, en resumen, mi consejo de hoy es identificar qué provoca el bloqueo para poder eliminarlo o evitar el conflicto en caso de no estar listo para hacerlo. Si fuera el caso, buscar la forma de mantenerse en carrera, tal vez abordando otra parte del diseño y la escritura. Creo que, en mi caso, para esto ha sido fundamental obligarme a elaborar borradores -algo de lo que hablé en la entrada pasada-. El bloqueo es algo prácticamente inevitable, por lo cual hay que aprender a perderle el miedo. Lo verdaderamente desafiante e interesante es encontrar la forma de hacer algo útil con él.

5 Décembre 2020 00:11:26 0 Rapport Incorporer 0
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