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juanarcos99 Juan Pablo Arcos Herazo

En un mercado de androides, un suceso pondrá en juego lo que los humanos de metal consideran de carne y hueso.


Cuento Todo público.

#androide #ciencia-ficción
Cuento corto
35
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Completado
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Sara

El hombre del gabán negro tardó un buen tiempo en llegar al mercado de androides. Al arribar al metro tuvo que lidiar con la plataforma, que estaba abarrotada de personas que se dirigían al mismo sitio, por lo que lograr llegar a su destino final fue toda una odisea. Sin embargo, lo logró recién entrada la noche.

Por lo que pudo ver, a partir de los hologramas que se proyectaban desde el suelo, la tendencia de las mucamas mecánicas había pasado de moda. Ahora, los soldados y los obreros de metal proliferaban más que nunca. Sus rostros cuadriculados, orgullosos y duros como piedras, era una demostración de su tenacidad.

Hombres y mujeres de elegantes vestimentas pasaban su tarjeta de crédito para llevarse algunos. Los androides, de miradas indescifrables, caminaban junto a sus nuevos amos, dispuestos a complacerlos según sus funciones.

—¡Muñecas rojas con el 69% de descuento! —Habló uno de los hologramas, que se apareció como un espectro frente al hombre del gabán.

Este, molesto, ignoró la oferta y pasó por encima del holograma, dejando una estela de intermitencia de luz tras de sí. Pero, de forma inconsciente, se volvió hacia su izquierda y observó lo que el anuncio informaba. En una gran caja de metal amarillo, con un cristal como vitrina, se podía ver a una mujer de pie. Se trataba de una androide anticuada, de una antigua generación. Eso explicaba por qué la ofertaban a un porcentaje tan alto.

De inmediato el hombre supo que había encontrado lo que buscaba. Se devolvió hacia el holograma del descuento y se registró en el teclado que tenía este ilustrado en una de sus esquinas. Así, sacó su tarjeta de crédito y el holograma la identificó, descontando de su cuenta bancaria más de medio millón de monedas digitales. Al instante, la caja amarilla liberó a la muñeca roja.

—Te llamarás Sara. —Le dijo el hombre a la androide, apenas esta hubo salido de su encierro.

Sara, que cambió su sonrisa de comercial por una mirada de curiosidad, asintió de inmediato con la cabeza. Observó a todas partes. Los rostros, las luces, el suelo y el cielo. Era como ver a una recién nacida observar al nuevo mundo que la rodeaba.

—Gracias por comprarme. —Respondió Sara a manera de saludo, con una nueva sonrisa. —Prometo ser indispensable en sus necesidades sexuales.

El individuo no dijo nada y, agarrándola de la mano, la condujo hacia un callejón oscuro, fuera de la vista de los transeúntes.

—¿Desea hacer uso de mí en este momento?—Preguntó Sara, de una forma mecánica que desconcertó al hombre.

—¿Qué? —Dijo este, casi ofendido.

—El comportamiento normal del coito humano se realiza en áreas de bajo alcance luminoso. Pensé que deseaba aprovechar mis utilidades.

—No va a haber coito, Sara. —Dijo el hombre, extrañado. —Te libero. No obedecerás más a órdenes humanas. No permitirás que nadie te diga qué hacer sin tu consentimiento. Tu software está diseñado para que pienses y sientas como lo haría una humana, entonces la ley debería protegerte al igual que a una.

Sara, que no había apartado la mirada de los ojos de su comprador, se quedó en silencio.

— ¿Entiendes lo que digo? —Preguntó el sujeto.

—Sí. Pero, de acuerdo al decreto 0876 del año 2097, un androide no se considera un ser viviente, por lo tanto, no tiene cabida dentro de la legislación estatal.

—Eso es lo que te han enseñado, Sara. ¡Todo lo que te han dicho ellos es una mentira! —Dijo el hombre, señalando hacia los transeúntes que observaban el mercado de androides, se tomaban fotos con ellos, y seguían pasando sus tarjetas de crédito por los hologramas de descuento.

Sara cambió de expresión, una que el hombre no pudo interpretar. Parecía confundida, pero a la vez enojada y asustada. Su función era una sola, por lo que la abstracción de su liberación no tenía cabida dentro de su entramado de cables.

—¿Por qué se refiere a “ellos”? Usted, amo, hace parte de la raza humana y, por lo tanto, con el “ellos” estaría incluyéndose también.

—¿Ves lo que estás diciendo? —Preguntó el sujeto, con una sonrisa en el rostro.—¡Piensas, Sara! Estás pensando. Te diseñaron para hacer meras funciones sexuales, pero eres capaz de racionalizar pensamientos fuera de sensaciones corporales y comportamientos complacientes.

—Está usted en lo cierto, amo.

—¡Pero claro que lo estoy!

—No debí pensar ni hablar de esa manera. Discúlpeme, no sucederá una segunda vez.

El hombre negó con la cabeza, borrando su sonrisa, y agarró a Sara de los hombros con un poco de fuerza.

—No, no, no. Tienes que entender que no debes obedecerme en nada. Eres libre de hacer lo que te plazca. Si quieres pensar, hazlo. Si quieres hablar, habla cuantas veces se te ocurra hacerlo. Es más, si no te gusta el nombre que te he asignado, puedes cambiarlo por el que te guste. Ahora todo se trata de ti, no de mí ni de ningún otro hombre o mujer.

Sara quedó perpleja. Sus ojos oscuros pasaron del rostro de su amo al mercado a su espalda, a las luces y los anuncios con ofertas. Tras unos segundos de silencio sepulcral, tomó la cabeza del hombre con una mano y la estrelló con fuerza contra la pared del callejón. El hombre no se inmutó, y le gritó a Sara que se detuviera.

La androide, asustada, corrió unos metros, buscando ayuda. Sus ojos se movían de rostro en rostro, tratando de identificar al policía más cercano. Pasó por encima de un holograma y, cegada por el brillo de la pantalla de luz, cayó al suelo. Algunos compradores se volvieron a mirarla. Su cabello corto y oscuro, así como su minifalda y top de cuero escarlata, la caracterizaban como una muñeca roja. Una madre, entonces, le tapó los ojos a su hijo y exclamó algo que Sara no alcanzó a escuchar.

—Vámonos, Sara. —Dijo su amo, quien rápidamente había aparecido a su espalda y la ayudaba a ponerse de pie. —Hay mucho de qué hablar fuera de aquí.

—Tengo la obligación de denunciarlo. —Espetó Sara desde el suelo y liberándose de las manos de su amo. — Según la ley, ningún humano puede liberar a un androide. ¡Las máquinas no podemos actuar como humanos! Estaría en peligro el equilibrio social.

—Y, sin embargo, estás actuando como una humana. —Susurró el hombre del gabán.

Dos policías aparecieron de la nada y los separaron con brusquedad. Luego, preguntaron qué había ocurrido.

—Me quería liberar. —Acusó Sara, señalando a su amo con un dedo inquisitorio. Se puso de pie con gracilidad.

Varios transeúntes tomaron sus celulares al escuchar la discusión y los activaron para poder grabar el suceso. Mientras tanto, uno de los policías agarró al hombre del gabán por la espalda y lo inmovilizó al instante.

—¡Sí es posible la libertad, Sara! —Exclamó el hombre del gabán, tanto para la androide como para su nuevo público.— Eres una réplica exacta de una mujer y aun así te tratan como si fueras basura. ¿No te das cuenta?

Sara se quedó en silencio, observándolo sin expresión alguna.

—¡Suficiente! —Dijo el policía que había tomado al hombre por los brazos, retorciéndole sus extremidades en un movimiento doloroso.

—Es posible, Sara. —Repitió el hombre del gabán, al parecer sin sentir la llave que le propinaba el policía.

De pronto, los brazos del hombre del gabán se doblaron de una forma antinatural y de lo que antes era una mano humana surgió un rifle de asalto ribeteado en metal. El primer policía, que lo mantenía apresado, cayó al suelo con una bala en la garganta. El otro uniformado cayó segundos más tarde, con un agujero sangrante en vez de su ojo derecho.

Los videos de los móviles pasaron a ser gritos con imágenes en movimiento a medida que los transeúntes huían del lugar. El hombre del gabán, entretanto, negó con la cabeza, decepcionado.

—¿Crees que una máquina haría eso? —Preguntó él, indicando con un dedo una de las mejillas de Sara.

Esta se percató que una lágrima se escurría con lentitud por su rostro. En su interior sentía un ardor tremendo, un ardor que tampoco estaba configurado en su software. Era rabia, desconcierto...vergüenza.

—No eres un objeto, Sara, pero veo que has aprendido a amar tus cadenas.

El hombre del gabán corrió hacia el callejón oscuro y se ocultó bajo las sombras de la noche. Él ya tenía las cadenas rotas.

6 de Mayo de 2020 a las 23:51 18 Reporte Insertar Seguir historia
20
Fin

Conoce al autor

Juan Pablo Arcos Herazo Me gustan las historias tristes, sobre todo las que están bien contadas, pero también me apasionan los relatos trágicos y las novelas de fantasía épica al estilo cruel y oscuro del maestro Martin. Mi sueño es convertirme en un novelista de novela negra y de novela fantástica. El reconocimiento va luego de sentirme completo, lo que sucederá cuando tenga mi primera obra literaria terminada en mis manos. Léeme y deja un comentario. Los aprecio más que cualquier otra cosa.

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Angélica Plaza Angélica Plaza
Muy buena historia ❤️
August 08, 2020, 05:17

Yaritza Moreno Yaritza Moreno
Increíble, amé tu relato 💖
August 07, 2020, 20:42

MS María Paula Sierra
Me ha gustado mucho, mantienes la expectativa como siempre. Te da para un relato entero o una segunda parte. No leo mucho Ciencia ficción, pero el ambiente futurista se me hizo muy vívido
August 07, 2020, 03:26

Awen Ross Awen Ross
Me ha encantado, Juan. Una narración fluyente y una lectura fácil. Sí he de decir que me hubiese gustado leer la continuación, me ha parecido un final abierto, lo cual no es necesariamente malo. Felicidades y sigue así.
August 06, 2020, 18:04

J. F. S. Cortés J. F. S. Cortés
La verdad, me parece magistral la obra. Relato corto pero bien escrito.
August 05, 2020, 01:36

Fg Fabian gomez
Sin duda es el inicio de algo bueno, siento que le hace falta mas tiempo, amerita un poco mas de detalle, asi como esta parece el capitulo de un libro y no un cuento. tiene potencial.
August 04, 2020, 21:41

Jose Manuel Sánchez Herrera Jose Manuel Sánchez Herrera
Estaría genial una continuación de este relato, lo leería sin duda. Todo un placer.
August 04, 2020, 15:41

  • Juan Pablo Arcos Herazo Juan Pablo Arcos Herazo
    Hola, José! Muchas gracias. El relato por el momento no tiene continuación, pero quisiera un tiempo después tomar a Sara como protagonista de una novela. Gracias por leer! Te invito a echarle un ojo a mis otros relatos :) August 04, 2020, 17:48
Mònica Benet Mònica Benet
Una historia muy buena. ¿Es un corto? ¿O habrá continuación? Da tanto para una cosa como la otra. :)
August 04, 2020, 13:03

  • Juan Pablo Arcos Herazo Juan Pablo Arcos Herazo
    Hola, Mónica! Es un cuento. La verdad quería que fuera inspiración para más tarde hacer una novela sobre Sara, pero por le momento se queda como cuento. Muchas gracias por leer! August 04, 2020, 17:47
Uxío Fervenza Uxío Fervenza
Tratándose de Ciencia Ficción, hecho de menos algunos detalles más descriptivos, aunque la idea es sin duda muy original.
August 04, 2020, 11:01

  • Juan Pablo Arcos Herazo Juan Pablo Arcos Herazo
    Muchísimas gracias por tus comentarios! Te invito a leer otro de mis relatos :) August 04, 2020, 17:46
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