anne-scarlett-z Anne Scarlett

Bajo la máscara de un universitario ordinario se oculta Morrigan, un hacker que se divierte causando vandalismo informático burlando todos los sistemas de seguridad sin que haya podido ser atrapado por la ley. Una noche, como tantas, Morrigan decide hacer travesuras para poner de cabeza los servidores de una corporación secreta del gobierno. Ahora Morrigan deberá mantener a salvo un misterioso archivo que ha descargado por error, y que podría poner en peligro los sistemas informáticos del mundo, mientras huye de los agentes del FBI, la CIA y un grupo terrorista, pero no estará solo, un agente secreto acostumbrado a usar métodos peculiares estará dispuesto a arriesgar el pellejo para salvar su vida.


Aventura Sólo para mayores de 18.

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El silencio de las instalaciones durante la noche fue algo que siempre apreció porque le permitía pensar en muchas cosas sin que le interrumpieran cada dos por tres con alguna estupidez, por eso, no era extraño que a esa hora estuviera sentado en el centro de su cama en posición de flor de loto, con los ojos cerrados, meditando.

Su viaje espiritual se encontró abruptamente interrumpido cuando escuchó el sonido pesado de los pasos, muchos pasos, marchando al unísono. Supo de inmediato que un contingente se movilizaba. Por el sonido y ritmo calculó que podían ser entre veinte y veinticinco sujetos armados. Eso le indicó que la noche sería bastante movida.

Bufó. Detestaba toda esa parafernalia. Lentamente abrió los párpados. La profunda y fría mirada hizo un recorrido visual a su alrededor. Las paredes blancas seguían en su sitio, los ventanales, la austera decoración y los muebles también. Su pequeño mundo estaba intacto y eso le bastaba por ahora.

Dejó la cama. Sus pies descalzos entraron en contacto con la superficie del suelo de apariencia marmórea color blanco. El piso estaba frío, pero la sensación en sus pies le agradaba mucho. Movió los dedos de los pies y lentamente caminó hacia el librero.

Eligió un libro al azar y se sentó cómodamente en el sillón blanco. Levantó los pies dejándolos descansar sobre una mesita.

Chasqueó emitiendo un sonoro "tsk". La alarma sonó, eso le indicó que allá afuera el problema se intensificó. Escuchó el sonido de los disparos de las ametralladoras.

—¿Una fuga?... No... Un invitado no deseado... La fiesta acaba de empezar.

Habló para sí. Echó un nuevo vistazo a su alrededor. El pasillo seguía siendo el mismo. Un corredor blanco, iluminado, más allá del ventanal que conectaba su hábitat con el resto. Por seguridad, las luces del pasillo y de su espacio vital nunca debían apagarse, por eso le pareció divertido cuando las luces parpadearon.

Entonces la puerta elaborada en vidrio blindado de máxima seguridad se abrió y una mujer entró apuntándole con una metralleta M4A1.

—¡Andando!

Él no apartó la mirada del libro, aquella intromisión le resultó molesta, pero no le dio la mayor importancia, su voz mantuvo el tono lacónico de siempre.

—No ha dicho las palabras mágicas.

—¡No tengo tiempo para juegos! ¡Viene conmigo! ¡Ahora!

—¿Insinúa que deje de leer "Sueñan los androides con ovejas eléctricas" para ir con usted? —Dejó la lectura por un momento y levantó el rostro. Por primera vez miró a la mujer que respiraba agitada y le miraba con brillantes ojos sin temor alguno, sin embargo, él mantuvo la expresión estoica de siempre —. ¿No está grandecita para jugar a la terrorista?... ¿Quién la envía? ¿C.O.G.? ¿Las putitas de L.S.? ¿Greenpeace?

—No tengo tiempo para esto. Viene o...

—¿O me va a disparar? —Siguió leyendo, ya no le interesaba mirar a su interlocutor, le pareció predecible y aburrida, como todos los demás despreciables seres a su alrededor, en cambio la lectura de una buena novela de ficción le pareció más entretenida—. Creo que sus jefes me quieren vivo.

—Puedo obligarlo. He sido entrenada para...

—¿Combate cuerpo a cuerpo? ¿Sometimiento forzado? —Pasó la página del libro—. No fue entrenada para lidiar con un sujeto como yo. Le hicieron creer que podía sacarme a pasear como si fuera un perro, pero se equivocaron. No saben nada.

—No crea que no lo voy a intentar, lo llevaré conmigo—, dio un paso hacia él.

Él supo que ella había perdido la paciencia. Lo comprendía, un escuadrón especial venía tras sus pasos y el tiempo se agotaba tratando de negociar con su presa, pero a él no le interesaba en absoluto aquella situación.

—Estúpida.

Dirigió una mirada fría al cuerpo de la mujer que tendida en el suelo chilló de dolor con el pecho perforado con unos cuantos tiros.

—No debiste titubear. Si querías matarme debiste hacerlo en el momento en que esa puerta se abrió, ahora has ensuciado con tu sangre mi santuario de paz... Ah, ¿cuándo aprenderán? No hay peor error que sacar a pasear a un dragón que solo quiere quedarse en su madriguera—. Arrojó la ametralladora sobre el sofá y volvió a la lectura.

De verdad detestaba todo aquello. El charco de sangre haciéndose más grande y espeso, causando proliferación de bacterias y el olor de la muerte. También estaba todo ese alboroto allá afuera. Y por más que odiara la situación su expresión no cambió en absoluto. Salió al pasillo a pulsar el interruptor de emergencias, alguien tenía que venir a limpiar ese desastre en su hábitat.

—¿Vas a escapar? —Preguntó su vecino, el de la celda del lado derecho. Un sujeto al que nunca le había visto el rosto porque su hábitat era diferente del suyo. Concreto puro, con una puerta metálica que solo tenía una rendija.

—No. Allá afuera no hay nada que pueda interesarme. Solo gente estúpida que se cree inteligente, además, no regalan postre—. Respondió mirando los ojos vacíos que se asomaron por la rendijita.

—Tienes razón, el postre es una buena razón para quedarse.

Los ojos se apartaron de la rendija, volvieron a la oscuridad de aquella celda. Él regresó a su hábitat, caminó de puntitas, el charco de sangre se expandió manchando el piso, provocándole asco. Debió matarla presionándole el pescuezo, pero la estúpida creyó que era inteligente usar una ametralladora sin seguro para someter a un hombre como él. El arma se disparó. Ni siquiera era su culpa, pero así estaban las cosas.

Subió en su cama. Miró el cadáver y chasqueó un audible "tsk".

"Lucy25, responda... Lucy25... Aquí Alpha1... responda... Lucy25, regrese a su posición."

El sonido del radio llamó su atención. Dejó de lado su paranoia y lentamente se acercó al cadáver, tomó el aparato y presionó un botón. Escuchó el sonido de la estática al otro lado de la línea.

"Lucy25...¿Escucha?... Regrese a su posición... Lo tenemos... 1.0 es nuestro... regrese a su posición... ¿Lucy25?"

—Idiotas... Solo quería leer un libro, ahora tendré que arreglar este desastre.

Estiró los brazos delgados pero fibrosos con músculos bien definidos y piel tersa. Después estiró las piernas, largas y bien proporcionadas, acordes con el talle largo y delgado, podría decirse que era esbelto. Se recogió el cabello color azabache y tomó la ametralladora de la mujer. Calzó sus zapatos deportivos y salió de nuevo al pasillo.

—¿Cambiaste de opinión? —Peguntó el vecino.

—No. Los idiotas se llevaron a 1.0 y creen que pueden ir por el mundo como si nada. Deberían entender que lo que está quieto se deja quieto.

—1.0 ¿libre?... Eso es malo... Para muchos... Supongo—. Los ojos volvieron a asomarse por la rendija—. Te acompañaría, pero este tipo de rescates me producen fobia. Todo ese contacto con idiotas me provoca nauseas... Así que solo diré: Buena suerte... Ah, el pasillo 3B está libre y en la sección 2H hay un vehículo... ¿Volverás para la cena?

—Por supuesto, sabes que no me pierdo el postre y esto será como quitarle un dulce a un bebé...

6 de Mayo de 2020 a las 01:52 0 Reporte Insertar Seguir historia
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