andylocares Andy Locares

«El profesor me volteó contra la pared y tomó mis manos para apoyarlas contra ella».


LGBT+ Sólo para mayores de 21 (adultos).

#homosexual #jockstrap #gay #erótico #lgbt
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Entre notas y teclas

Estaba sentado en el banquillo que estaba enfrente del piano mientras mi profesor me reprendía por no estar tocando con el matiz correcto una pieza.

—¿Por qué tocas así esa parte? —me preguntó y pude notar cierta exasperación en su voz—. Ya te había dicho que debe sonar como si lo que tocas con la mano izquierda estuviera contestándole a la melodía que tocas con la mano derecha.

—Ah sí. Lo voy a intentar otra vez —contesté con pena.

—Mira, mejor lo intentas la siguiente clase porque ya se completó la hora —dijo el profesor mientras se ponía de pie dejando una marca oscura de sudor en el asiento donde se encontraba minutos antes.

También me apresuré a levantarme y crucé el salón para recoger mi mochila que estaba del otro lado. No me percaté de que uno de los cierres de los bolsillos estaba todavía abierto y cuando recogí la mochila del piso mi identificación de la universidad se cayó al suelo.

Me agaché a recogerla y cuando lo hice sentí como mi pantalón se deslizaba un poco hacia abajo y una sensación fría recorrió la parte baja de mi espalda. Fue entonces cuando recordé que ese día había optado por ponerme un jockstrap. Nunca los había usado antes y se parecían a los que utilizan los jugadores de fútbol americano para proteger sus partes más sensibles.

Recordé que el profesor se encontraba detrás de mi y temiendo que hubiera visto lo que yo iba usando volteé rápidamente para cerciorarme que no estuviera al tanto.

Descubrí que el hombre estaba mirándome fijamente a través de sus anteojos.

La pena que sentía como presión en el pecho hizo que me quedara helado. Debajo del pantalón de él podía ver que un bulto comenzaba a tomar forma y se extendía hacia un lado hasta que adquiría una forma fálica.

—Me tengo que ir —dije con voz temblorosa y poniéndome la mochila en mi espalda.

—Quédate un momento más —dijo él mientras caminaba lentamente en mi dirección.

Me puse muy nervioso y no me moví. El profesor fue acelerando su paso poco a poco hasta que estuvo a escasos centímetros de donde yo estaba. Pude oler su perfume con esencia de tabaco. Era ligeramente más alto que yo y cuando acercó su cara a la mía, la punta de su nariz alcanzó a rozar el puente de la mía. Ya podía sentir su respiración. Con cada inspiración nuestros torsos apenas se tocaban.

El profesor inclinó su cabeza hacia un lado y posó sus labios sobre los míos. Nunca lo había visto como alguien atractivo y siempre creí que era un hombre casado y con al menos un hijo o hija. De pronto me surgió la idea en la cabeza de que quizá así lo era.

Seguí inmóvil mientras él seguía ejerciendo más presión sobre mis labios. No me quedó de otra más que entreabrirlo para que el profesor se abriera paso entre ellos. Con sus labios atrapaba los míos y de vez en cuando podía sentir su lengua tratando de explorar el interior de mi boca. Me sorprendí a mi mismo teniendo una erección bajo mi pantalón.

El profesor colocó sus manos en mi cintura y me atrajo hacía sí. Nuestros torsos y tiros se tocaban y podía escuchar el leve susurro de nuestras ropas al frotarse unas con otras. Siguió besándome el cuello y comenzó a desabotonarme la camisa de manga corta que traía puesta. Lo hizo tan de prisa que sentí una brisa fresca en el pecho. Después prosiguió a desabotonar mis pantalones y a bajármelos de un tirón. Me quitó la camisa y la arrojó al otro lado del salón. En ese momento yo ya no oponía resistencia. Me gustaba sentir bajo mis manos el cuerpo firme del profesor.

El profesor me volteó contra la pared y tomó mis manos para apoyarlas contra ella. Después presionó mi espalda y entendí enseguida qué quería que hiciera. Manteniendo mis manos en la pared caminé un poco hacia atrás para alejar mi cadera y arqueé la espalda. Podía escuchar como el profesor se quitaba el cinturón y escuché cómo bajaba su pantalón.

Con sus dos manos tomó con fuerza mis glúteos y los apretó. Con una sacudida de pies me liberé de mis pantalones y separé las piernas un poco más allá de la anchura de mis hombros. El profesor acarició mi trasero con más fuerza. Después tomó los elásticos de mi jockstrap y los jaló de un tirón. Sentí mi pene erecto liberarse cuando mi ropa interior se rompió. Ahora solo tenía un elástico al rededor de la cadera y un trozo de tela suelta con dos elásticos colgando al frente.

Él tomó mi cadera y me atrajo hacia sí. Pude sentir la punta de su pene mojarme por detrás. Me estaba lubricando. Fue presionando poco a poco pero con fuerza para que mi ano se fuera acostumbrando hasta que pude sentir como este cedía. El profesor se quedó quieto por unos segundos cuando escuchó uno de mis gemidos.

—¿Te duele?

—No. Solo me tomó por sorpresa —contesté como pude.

Poco a poco el profesor fue empujando más y más hasta que estuvo totalmente dentro de mí. Me abrazó a la altura del pecho y besó mi oreja mientras comenzaba un movimiento lento pero constante de su cadera de adelante hacia atrás. Me abrazó más fuerte y pude despegar mis manos de la pared. Tenía la espalda lo más arqueada que podía. Con mis manos ahora libres pude tocarme. Teníamos poco tiempo. El profesor se movía ahora más rápido y pude notar como su temperatura corporal y la de su aliento iba en aumento. Sus jadeos eran cada vez más agitados. Ambos estábamos ya muy cerca del clímax.

Seguí masturbándome más rápido y de pronto mis esfínteres comenzaron a contraerse y el profesor me penetró dos veces más con fuerza mientras él también se venía dentro de mí. Noté que la pared estaba salpicada con mi semen.

El profesor me mantuvo abrazado unos instantes y luego lentamente se separó de mí. Yo me despojé de mi jockstrap y con él limpié la pared para que no quedaran rastros de lo que acababa de pasar. Escuché como el profesor se vestía nuevamente entre jadeos y me apresuré a ponerme mi pantalón y recoger mi mochila.

Volteé para mirarlo.

Él me estaba observando con el pecho agitado, el ceño fruncido y las manos posadas firmemente en su cadera.

—Supongo que nos veremos la siguiente clase —me dijo.

Asentí con la cabeza sin decir una palabra y me dispuse a retirarme.

En el camino de regreso a casa mi mente no paraba de reprocharme. ¿En qué me había convertido? ¿Por qué lo había disfrutado tanto? ¿Porque estaba deseando que se repitiera?
Llegué a casa y tiré el jockstrap a la basura. De igual forma, aunque lo lavara, ya estaba roto.

5 de Mayo de 2020 a las 20:17 0 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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Andy Locares Escritora. Psicóloga. Cat mom.

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