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Edgar Martinez


El mundo actual gira en torno al sistema económico basado en el DINERO, pero eso esta cambiando. La presente pandemia esta empujando a la humanidad hacia una nueva etapa de desarrollo. La primera cosa que tiene que cambiar para alcanzar ese nuevo nivel es la definición de Valor. De dinero (el cual ha estado perdiendo su significado desde la llegada de la era industrial) a ser centrado en el ser humano. Esta es una propuesta para esa nueva etapa.


Post-apocalíptico Todo público.
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La Economia

Sin duda, la columna vertebral sobre la que una sociedad se apoya y se articula, son los medios de producción y la organización de esos medios para generar beneficios para sus miembros. En este capítulo estudiaremos los sistemas económicos de muestra sociedad actual y el propuesto para nuestra nueva sociedad. Al final del capítulo hemos agregado un apéndice con información sobre algunos conceptos básicos usados en él.

La forma en la cual los miembros de la sociedad producen los elementos que ellos mismos consumen y las relaciones que esos miembros establecen entre sí para el intercambio de sus productos, determinan el espíritu del grupo social, su personalidad, la cual también es la base del ambiente en el cual ellos viven.

La Economía, o la forma en la cual los humanos intercambian los productos que son necesarios para su subsistencia y en general los elementos que ellos consumen, han determinado las diferencias entre las que Alvin Toffler llamó las “tres olas de la humanidad”. Las diferencias incluyen no sólo a los medios de producción sino, también, a los productos mismos. En cada nuevo estadio de evolución, el hombre agrega a sus necesidades nuevos elementos, por tanto nuevas cosas que deben ser producidas.

Cuando el hombre se dedicaba a recoger los frutos que la naturaleza daba en forma silvestre o a cazar los animales, también silvestres, con los cuales saciaba sus necesidades básicas de alimento y abrigo, su sociedad se restringía casi sólo a sí mismo y unos pocos compañeros, generalmente la familia inmediata.

La agricultura, la manera de producir alimentos de la tierra de una manera deliberada y dirigida, trajo consigo una forma diferente de sociedad. En este caso la Tierra misma se convirtió en necesidad básica.

La “Revolución Industrial”, cambió una vez más la forma en la cual el hombre se relacionó con su medio y con sus semejantes. En este caso el Dinero pasó de ser un medio de cambio a convertirse en necesidad primordial.

Todos estos cambios en la forma de producir e intercambiar medios de consumo, produjeron a su vez diferentes formas de asociación de las personas y de relación con su medio ambiente.

Estamos ahora viviendo un nuevo cambio de los medios productivos y de las formas de producción. Las necesidades del hombre se han ido modificando a lo largo de su evolución en nuestro mundo y en la actualidad, en los rezagos de la revolución industrial que termina, ella genera nuevos productos que los nuevos medios le permiten presentar como necesidades.

En realidad el producto principal que en nuestra nueva fase evolutiva llega a adquirir el carácter de necesidad “básica” es la Información.

Catalogamos a la Información como una necesidad básica para la supervivencia de las personas en nuestra nueva sociedad, al nivel del alimento y el abrigo, ya que una persona sin ella, en forma de habilidades y conocimientos útiles para desarrollar actividades a su vez productivas, estará incapacitada para lograr una vida decorosa, e incluso para conseguir los demás recursos básicos y estará determinada a vivir una existencia “sub-estándar” en su medio.

Vemos cómo, en el último siglo especialmente, se han ido incrementando las exigencias de conocimiento y habilidades que una persona debe adquirir, para vivir a un cierto nivel dentro de su grupo social.

En nuestra nueva sociedad, el “status” de un individuo sería dado por su contribución a esa misma sociedad; es decir, será función de su Productividad, y ya que ésta, a su vez, es función directa de los conocimientos y habilidades que él o ella posean para el desempeño de sus actividades, la Información será tan vital como el alimento para su subsistencia.

Para dar una definición de Productividad diremos que Producir es equivalente a agregar valor; es decir, que sólo produce quien de alguna manera transforma lo que llega a su área de influencia directa, en algo que posee una utilidad mayor para los demás que la materia prima que llegó originalmente.

En el presente capítulo trataremos sobre la forma en la cual la sociedad podría evaluar los productos que existan dentro de ella y así los mecanismos sobre los cuales se basará la producción y el intercambio de los mismos. El tema de la información y el desarrollo de habilidades y adquisición de conocimientos, se tratará con más detalle en otros capítulos.

Antes de entrar a estudiar a la economía de nuestra sociedad, y la forma como ella sería manejada, dedicaremos un espacio al estudio del “valor” como un concepto más general. Definiremos aquí como VALOR todo elemento que un hombre desee poseer, todo aquello que sea susceptible de ser deseado.

LA EVOLUCION DEL VALOR

En nuestra actual sociedad el valor primordial es el Dinero. Para muchas personas él ha llegado a reemplazar incluso a Dios como el objetivo de la vida humana y se ha convertido en el ídolo, generalmente inconsciente, de una gran cantidad de los seres que poblamos nuestro planeta; principalmente los que nos decimos pertenecer a la “Cultura Occidental”.

El cómo llegó un objeto inanimado e inconsciente a ocupar un lugar tan preponderante en las vidas de tantos seres humanos requiere de un análisis extenso. En nuestro estudio trataremos de resumirlo acudiendo a la revisión del concepto de valor y lo que lo representó en cada uno de los estados evolutivos de la humanidad que hemos descrito brevemente.

En la época de los cazadores y recolectores de frutas, el valor supremo lo poseían los elementos que representaban las posibilidades de vida y muerte para los habitantes de aquellos tiempos. Los animales, los fenómenos naturales, los ríos, montañas y los accidentes físicos obtenían de aquellos hombres y mujeres los rangos más altos de admiración y de temor y por eso fueron deificados.


El hombre dependía de lo que pudiera conseguir cada día para sobrevivir y consideró como dioses a aquellos que él creyó que se lo daban o que no le permitían adquirirlo.

El valor era intrínseco en aquellos seres y no podía ser modificado por los hombres. El valor que tenían las cosas que se consumían, sólo existía en el momento en que eran consumidas; por lo tanto, el valor no era transferible; además, la vida nómada impedía la acumulación de cosas no necesarias para la subsistencia inmediata.

Con la llegada de la Agricultura y el desarrollo de la sociedad en ese medio, la tierra misma adquirió un valor que una persona podía o no detentar y por lo tanto era transferible. Este tipo de sociedad permitió la existencia de excedentes, lo que empujó a que comenzara la especialización de las labores.


Los excedentes alcanzaron una categoría de valor, el cual podía ser almacenado y transferido, es decir, podía ser manipulado por el hombre. Surgió el concepto de Propiedad el cual representó algo que el hombre quería poseer. Los fenómenos naturales siguieron siendo dioses, pero ya el hombre se sentía capaz de ordenar y determinar el destino de algo por sí mismo.

La especialización y los excedentes lograron que se diera el intercambio y el intercambio impuso que se creara algún sistema que permitiera contabilizar ese valor y compararlo. La base que se tomó para asignar la cantidad de valor fue el trabajo; es decir, el esfuerzo o la energía necesarias para producir el objeto avaluado. Primero el Trueque y luego la creación de un medio circulante se dieron con base en una comparación de la cantidad de trabajo necesaria para la producción de los objetos.

El hecho de que no siempre los trueques podían ser equivalentes, obligó a que se diera existencia a algún medio de representar las diferencias. Ese fue el origen del medio circulante, pero hasta ese entonces él era un simple medio, una forma de representar otros valores.

Fue durante la Revolución Industrial cuando el dinero, el medio circulante, adquirió un valor en sí mismo. En ese tiempo cada ser humano se especializó en la producción de uno o unos pocos productos y se hizo totalmente dependiente de los demás para obtener los otros recursos que le eran necesarios para su subsistencia; la fábrica y luego la producción en serie lograron que los productos que salían de las manos de cada hombre y mujer no fueran suyos. Con esto el hombre dejó de poseer siquiera los productos de sus manos y todo lo que llegó a tener e intercambiar fue su capacidad de trabajo, la cual puso en pequeñas dosis como parte de la creación de cada elemento en particular.

El dinero se convirtió en el principal y prácticamente en el único medio que podía usar ese ser humano para conseguir lo que necesitaba o deseaba. Por asociación se convirtió en el dador de beneficios y por tanto en el bien más importante.

Por otro lado, hasta la época feudal, la cual puede ser asociada con el desarrollo máximo de la era agrícola de la humanidad, el poder fue detentado por personas consideradas de alguna manera como elegidas y por tanto con poder derivado de la divinidad que las eligió. En ese momento el poder era entonces considerado, hasta cierto punto, como un valor no manejable por la voluntad del hombre.

La aparición de la Burguesía, la cual dio origen posterior a la Revolución Industrial, puso el poder en manos de quien tenía el Dinero, con lo que él se convirtió en un valor obtenible y manejable por el hombre, siempre y cuando poseyese los suficientes medios económicos para dominar a los otros.

El dinero entonces obtuvo el significado que ningún otro elemento pudo haber logrado antes; pasó a representar la capacidad de obtener casi cualquier bien sobre la Tierra, incluyendo el Poder, que antes era prurito exclusivo de la deidad.

Fue entonces cuando la humanidad se auto-adjudicó la potestad de la dirección de la evolución y pretendió la “muerte de Dios”.

Además de lo anterior, el Dinero tiene otra característica que le da el carácter idolátrico que posee. Esta es que es capaz de reproducirse.


Las leyes del mercado han logrado que el Capital cree Capital y que por lo tanto permita a sus poseedores el “derecho” de vivir y disfrutar de bienes, sin trabajar, es decir sin producir.

Estas tres cualidades: la de representar y por lo tanto adquirir beneficios para su poseedor, la de dar poder y la de su reproducción, han conferido al Dinero su actual estatus de señor del mundo y objetivo primario de casi la totalidad de los seres humanos que habitamos en este tiempo nuestro planeta.

Miremos un poco los efectos que estamos viviendo debidos a la escogencia que ha hecho la humanidad, del Dinero como valor supremo.

Por dinero se hace cualquier cosa. En países cuyas entidades encargadas de mantener el orden son débiles o no existentes se pueden ver cada día en los periódicos ejemplos de cómo no existe para muchas personas nada prohibido ni nada que, para ellos, no justifique ser hecho; siempre y cuando exista un beneficio económico personal. El tráfico de drogas estupefacientes, los crueles movimientos guerrilleros y paramilitares y, por supuesto, el que para nosotros es el origen de esta situación, la corrupción política, existen por que las personas que participan en esos procesos buscan obtener dinero, no importándoles si para ello tienen que asesinar a sus semejantes, destruir el medio ambiente en el que viven, robar el pan de los hambrientos o hacer cualquier otra cosa, por malvada que parezca.

Pero no son sólo seres humanos aislados quienes actúan de manera criminal por dinero. Se conocen casos de países y grandes organizaciones que tiran comida al mar con el fin de mantener precios en los mercados mundiales, mientras existen millares de seres humanos, incluso dentro de sus áreas de influencia, que mueren de hambre. El canibalismo es práctica común entre las empresas y organizaciones económicas. La ley del más fuerte y la de que el “grande se come al chico” son norma de vida en esos medios.

La humanidad como un todo está preparando su autodestrucción al acabar con las fuentes de sus alimentos, agua potable, oxígeno respirable, y con las demás condiciones con las cuales la Naturaleza le protege tales como el clima, la capa de ozono, etc. Todo esto se ha hecho y se continúa haciendo porque se desea obtener el Dinero producido con las acciones destructoras.

Además de lo anterior el sistema económico mismo, tras cuyo crecimiento el hombre corre desenfrenado sin importarle nada más, es inestable. Los economistas, personas, algunos de ellos con grandes intelectos y con años de estudios y experiencia, no pueden predecir ni aún con unos pocos días de anticipación el comportamiento de ese mismo sistema. Con cierta frecuencia el Mercado da enormes sorpresas que desconciertan y atemorizan a todo el mundo.

Tal vez la más célebre y la más temida fue el gran descalabro de la economía de los Estados Unidos, el país donde las leyes de Mercado estaban actuando con mayor libertad, a finales de la década de los años mil novecientos veinte. En ese momento los grandes pensadores del sistema aprendieron, de la manera difícil, que el Mercado no podía dejarse sólo e idearon leyes que permitieron al gobierno controlarlo. El intervencionismo del estado, leyes anti-monopolio y las leyes de asociación que condujeron a la legalización de los sindicatos permitieron al sistema vivir nuevamente, dándole a entes ajenos al Mercado mismo, ciertos poderes para defenderse de él.

Con estos ingredientes el sistema Capitalista ha podido sobrevivir, no sin grandes sustos, hasta el día de hoy; pero aún en este momento y precisamente por su difusión a nivel mundial, el temor de una gran crisis continúa presente.

La humanidad corre desenfrenada en pos del Dinero y en su nombre y por su obtención hace cualquier cosa. Esta es la causa primordial de la actual situación en la cual la humanidad se precipita sin mirar hacia un despeñadero fatal agotando los recursos que requiere para su subsistencia, destruyendo la Naturaleza que es su cuna y su alimentadora y asesinándose a sí misma usando la violencia que afecta a muchos de sus componentes.

Tal vez se pueda parar a tiempo, pero cada día que corre disminuye la probabilidad de que se logre; tal vez la humanidad logre despegar su vista de la luz artificial que le nubla y pueda ver el peligro al que se acerca, pero cada vez se hace más difícil que pueda detenerse antes de que sea demasiado tarde; se tiene la esperanza de que los daños actuales puedan ser reparados, pero cada minuto que pasa sin que se intente, hace que ellos sean más profundos y definitivos.

Nuestra esperanza existe porque sabemos que el hombre ciego no es el conductor de su evolución, sino que hay inteligencias superiores, quienes comandan nuestro destino y quienes poseen un plan para este pobre Mundo que ahora nos parece sin remedio. Siendo esto así, tendremos otra oportunidad; después de la crisis sobrevivirá un “Resto” que podrá retomar el camino y seguir el destino que le ha sido trazado hacia su perfección, pero entonces las cosas se tendrán que hacer de modo diferente.

Es con esta esperanza que proponemos un plan que podrá ser seguido por ese Resto, como un principio de su propio camino. El que presentaremos no es el único plan posible, pero es el que ahora se nos ocurre y que se muestra como algo en contra de la Nada.

UN NUEVO VALOR

La evolución que hemos trazado a grandes rasgos muestra que el camino seguido no es el más correcto.

El Dinero como señor del Mundo ha demostrado su incapacidad para asegurar la supervivencia de la sociedad humana.

Tendremos que buscar un nuevo sistema de valoración y en su base a un nuevo elemento que represente valor; éste tendrá que ser algo que no pueda obtener un status de valor en sí mismo sino que él deberá conservar para siempre su calidad de representante de algo que le trascienda.

Proponemos que este elemento represente la SATISFACCION DE NECESIDADES HUMANAS o alguna forma de medir el CRECIMIENTO DEL VALOR DE LA SOCIEDAD HUMANA.


Primero tratemos de definir el término.

Cuando una persona humana logra un beneficio para sí obtiene lo que podemos llamar Satisfacción de una necesidad. Cuando una persona logra satisfacer una necesidad o suplir una carencia (real, no aparente ni superflua), esa persona crece como tal y por lo tanto la sociedad humana a la que ella pertenece mejora también.

Lo que proponemos es crear un sistema que permita medir el grado de satisfacción provisto por un bien o un servicio, cuantificarlo, con base en una unidad y así asignar valores a cada uno de los productos de nuestra sociedad, basados en esa misma unidad.

La tarea no es fácil. El primer problema está en que se trata de cuantificar algo considerado hasta ahora como intangible y subjetivo; sin embargo, trataremos de atacarlo.

En primer lugar trataremos de resolver el problema de la intangibilidad.

Usaremos como ejemplo la información. La información fue considerada también intangible hasta que apareció la informática. Cuando esta nació, tomó el BIT, sigla para el inglés BInary digiT, que representa la unidad básica de información. Ahora se puede medir con exactitud la cantidad de información contenida en cualquier material por el número de Bits con los cuales ese material se representa en un equipo informático.

El ejemplo nos sirve también para atacar el problema del subjetivismo. La cantidad de información que capta una persona al enfrentarse a un material determinado es propia de sí y depende de muchísimos factores entre ellos de su cultura y de las condiciones a las que se ve sometida en el momento de contacto con el material. Por eso se puede decir que la información tiene un carácter subjetivo; sin embargo, al referir la cantidad de información a un equipo tecnológico e impersonal, desaparece su condición subjetiva ya que precisamente fue necesario crear y acordar un estándar con base en el cual se pudiera medir esa información.

De forma que nuestro primer problema se reduce a crear y llegar a un acuerdo sobre la unidad que utilizaremos como base de nuestro sistema de medición.

El segundo problema es el diseño del sistema mismo de medición, es decir aquel que nos diga, independientemente de las personas, la cantidad de SAFISFACION DE NECESIDADES HUMANAS que pueda existir en cada uno de los elementos de la sociedad, sus productos y los de cada uno de sus miembros.

LA MEDICION DE LA SATISFACCION DE NECESIDADES HUMANAS.

En el presente apartado trataremos de esbozar algunas de las características y condiciones que debería cumplir ese sistema para que pudiera ser la base estructural de nuestra nueva sociedad.

Hemos dicho que, primero que todo, la unidad base y el proceso de reconocimiento de valor en este sistema tendrá que ser impersonal, es decir, independiente de una persona o de un grupo de personas en particular.

Sin embargo, el valor personal debería estar directamente relacionado con el nivel de desarrollo integral de las personas. Decíamos que el ser más valioso sobre este planeta lo constituye la persona humana, pero es nuestra experiencia cotidiana el que cada persona es diferente a todas las demás, por lo que su valor es así mismo diferente.

No vemos como se pueda medir el valor de una persona en sí, de una forma justa e imparcial; pero si podemos conocer lo que cada quien es, por sus obras. El señor Jesucristo dijo: “por sus frutos los conoceréis”. De esta forma podemos usar lo que cada persona pone de si en el mundo que le rodea para colegir su desarrollo personal y por lo tanto su valor como persona.

Una persona aumenta su valor como tal cuando mejora sus propias capacidades, ya sea a nivel físico, intelectual, moral o espiritual. Ese incremento se debe poder observar por lo que esa persona da de sí. A medida que una persona pasa por el camino de su vida él o ella va creciendo, inicialmente en el aspecto físico, pero luego y en forma paralela en los demás ámbitos que constituyen su personalidad y ese crecimiento se debe ir reflejando en sus productos. La sociedad podrá entonces dar el reconocimiento debido basándose en los productos de esa persona.


De esta manera el equivalente del GDP (producto domestico bruto) de un grupo social sería la sumatoria de los incrementos en los valores reconocidos de los individuos que lo componen, los cuales estarían representados en los niveles que la sociedad le reconoce a cada uno.

Hay otra característica de este sistema que debe ser mencionada. El valor acumulado en un producto solo se podría medir en el momento en el que ese producto fuera consumido; y, además, el valor que se reconociera a ese producto seria función del bien que ese producto hiciera. Así un trozo de alimento consumido por una persona obtendría un valor que dependería del valor reconocido de la persona que lo consumiera, su nivel en la sociedad.

Otro aspecto a considerar es que aun cuando el sistema de medida debe ser impersonal, el sistema de valuación debería ver el grado de satisfacción del sujeto beneficiado, en relación con el ambiente que le rodea. El beneficio derivado por una persona de un bien o un servicio dependería del efecto que la transacción tuviera en las personas a su alrededor. Así, cuando una persona que tiene mucho comparado con el promedio de lo que tienen quienes lo rodean recibe algo nuevo, realmente estaría disminuyendo su valor pues estaría aumentando la diferencia percibida entre su riqueza y la de sus vecinos. Esto sucede en la actualidad pero se trata de ocultar. Una persona muy rica normalmente tiene que abstenerse de ciertos placeres y tiene que mantener un aparato de seguridad, que limita su propia libertad, para prevenir ser atacado por otros que desean apropiarse de sus riquezas.

Lo anterior también se puede expresar diciendo que el sistema de valuación o la función que asigna valor no debería ser lineal; es decir, que no podría crecer en forma de una recta infinita, sino que se debería comportar como una la curva llamada “normal” en estadística. Esta curva tiene un valor máximo en su punto medio pero su valor disminuye en sus extremos.

En otras palabras, diremos que ciertos bienes o servicios dan a la persona un máximo de satisfacción, dependiendo de las características de la persona, sus habilidades, conocimientos y el ambiente que le rodea. El nivel de satisfacción disminuye si el bien obtenido es demasiado pequeño o demasiado grande comparado con sus necesidades reales. Un bien proporcionaría el máximo nivel de satisfacción a una persona que pudiese satisfacer completamente una necesidad con él, pero el mismo bien solo daría dar una satisfacción muy pequeña para quien ese bien no fuera suficiente para satisfacer la necesidad o para quien el bien no representara un logro deseable.

En nuestra actual sociedad se ha inculcado en cada uno de nosotros la necesidad de “tener más”, de poseer cada vez mayor cantidad de elementos, así muchas veces algunos de ellos no nos den ningún grado de satisfacción, como por ejemplo los vestidos que guardamos en nuestro guardarropas y que nunca usamos.

En nuestra nueva sociedad el énfasis estaría en el “ser mejor como persona” es decir en poder desarrollar al máximo nuestras habilidades y poder disfrutar en mayor medida de las cosas que poseemos. Nuestro nuevo sistema de valoración deberá posibilitar y fomentar este nuevo concepto.

En la sociedad actual la retribución que percibe una persona por los productos que genera está dada por la relación entre la oferta (la cantidad de productos similares disponibles para ser adquiridos en el mercado) y la demanda (la cantidad de esos productos que es requerida por ese mismo mercado). El mercado está constituido en realidad por el capital que está disponible en manos de entidades con capacidad de decisión para tener acceso a los productos. La retribución es instantánea; el producto se cambia por dinero que va directamente a la persona o la entidad que lo vende. Normalmente no hay más efectos ni relación entre las partes una vez que la transacción se realiza. El problema está en que lo que puede adquirir los productos es el dinero y no la persona. Una persona sin capital no puede acceder a los productos sin importar cuanto los necesite. Así mismo, cuando el producto se vende, y después de que el suministrador recibe el dinero que ha logrado por él, éste no percibe ningún beneficio o perjuicio adicional que dependa de los que logre de él quien lo adquirió. Los gobiernos han tenido que crear leyes para proteger a los consumidores contra casos extremos de daño ocasionado por productos que no cumplen con las especificaciones o la calidad que dicen tener.

En una sociedad más humana, como la que sugerimos, la demanda debería estar representada por las necesidades de las personas mismas y no por algo ajeno a ellas como es el capital. Esto significa que todo el mundo debería poder tener por lo menos lo mínimo para sobrevivir; pero al mismo tiempo, para ser justos y no permitir que gente perezosa explote el sistema, la sociedad debería asegurarse de que cada quien produjera por lo menos lo que consume, excepto en casos particulares y siempre por un tiempo limitado.

Así también el beneficio que percibieran los productores debería ser proporcional al que recibieran quienes usen el producto y durante todo el tiempo que continúen disfrutándolo, lo que significa que la retribución percibida por un productor debería ser acumulativa y dependiente del tiempo. El producido de una persona debería poder generarle retribución aun tiempo después de haber sido vendido, todo el tiempo que su producto continúe dando satisfacción a otros. La retribución sería acumulativa ya que el productor continuaría recibiéndola por todo el tiempo que cada uno de sus productos esté generando beneficios para otros; sin embargo esto no sucedería para siempre. En una sociedad en evolución nuevos e innovadores productos tomarán el lugar de otros similares más viejos. De esta manera cada bien se ira haciendo menos útil e ira generando gradualmente menos retribución para sus productores.

Para ilustrar lo que acabamos de describir, usaremos un ejemplo. Supongamos que una entidad da origen a un programa de software que tiene cierta utilidad, por ejemplo un procesador de palabras. La producción de este programa implica el uso de ciertos recursos. En nuestra actual sociedad quien produce el programa trata de venderlo por un precio que le retribuya los costos ocasionados por el uso de los recursos necesarios para la producción más una ganancia que él tratará de maximizar. Generalmente la maximizará procurando aumentar la demanda por medio de la publicidad, o limitando la oferta; usando prácticas de monopolios; protegiendo su producto con licencias y bloqueos legales en contra de otros posibles productores y aun, en algunos casos, destruyendo o frenando parte de la producción.

En nuestra sociedad el productor del software trataría de elaborar un producto que fuera tan bueno y útil como para ser usado por la mayor cantidad de entidades, preferiblemente entidades ubicadas en las posiciones más altas de la sociedad. El productor trataría así mismo que su producto fuera tan avanzado que fuera usado durante mucho tiempo antes de ser reemplazado por otro de mejores cualidades.

El productor percibiría una retribución que dependería de la cantidad y el nivel de las entidades que usaran su producto y por todo el tiempo que cada una de ellas lo utilizara; en la misma forma los recursos humanos que participaran en la producción del bien recibirían participación de esos beneficios en forma proporcional a su contribución para su logro. Los sistemas informáticos interconectados ayudarían a calcular la retribución merecida por cada participante.

En nuestra nueva sociedad la retribución por el valor generado por una entidad sería intransferible; es decir, que la retribución que yo reciba por los productos que genero no podría ser vendida, heredada ni adjudicada de ninguna otra manera. Cada quien gozaría de los resultados de su contribución al bienestar y avance de los otros. Casos especiales tales como el de un niño pequeño o una persona muy enferma sin retribución acumulada recibirían lo que requirieran para su subsistencia, en la forma de un préstamo que después deberían pagar, cuando estuvieran en capacidad de hacerlo.

Debido a que los beneficios obtenidos por una persona no serían transferibles y por lo tanto no serían heredables, no se podrían ceder ni enajenar de ninguna manera, cada persona debería sobrevivir y disfrutar de aquello que fuera capaz de producir en beneficio de otros. Esto implica que la sociedad no podría sostener “cargas” o personas no productivas. Sabemos que cada persona posee unas capacidades y habilidades las cuales debe poner al servicio de los demás para poder obtener una retribución. Sabemos que aun alguien, a quien nuestra sociedad presente considera como discapacitado, por poseer alguna desventaja física en comparación con otros llamados “normales”, desarrolla de forma natural capacidades mayores en otros aspectos, que compensan su limitación, por lo tanto su “discapacidad” en realidad no existe. Su utilidad está condicionada para algunas tareas mientras existen otras para las cuales posee habilidades generalmente extraordinarias. Esto es solo parte de la diversidad de los seres humanos.

Los niños en nuestra sociedad podrían producir también, según les permitieran su desarrollo y sus capacidades. En el capítulo dedicado a la Familia decíamos que la participación activa de los menores en las tareas del hogar es algo necesario para su propia formación. A medida que el pequeño se desarrolla, podría responsabilizarse por tareas mayores de servicio a otros; tales como los servicios domésticos, el aseo público, servicios elementales tales como la atención en restaurantes y otros lugares públicos, el servicio en entidades de seguridad, etc., los cuales desarrollaría como tareas de tiempo parcial en combinación con sus estudios y prácticas deportivas y artísticas como parte de su programa de desarrollo integral.

Las personas mayores también tienen mucho que compartir. En primer lugar la experiencia lograda a lo largo de su vida es recurso de primer orden para la formación y la dirección de los más jóvenes; en segundo lugar, ya que los beneficios derivados de la producción serian acumulativos y tendrían efectos que durarían en el tiempo, los viejos disfrutarían de los beneficios que les reportara la etapa más productiva de su vida anterior, incluyendo a sus propios hijos. Las personas mayores podrían combinar también sus actividades con otras tales como viajes y otros hobbies con los cuales también podrían contribuir en forma productiva a la sociedad.

Otro parámetro que debería tener en cuenta el nuevo sistema de medición para calcular la retribución debida al suministrador seria la calidad de la persona a quien el producto fuese a beneficiar. Así un pan que alimente a una persona de muy alta productividad (reflejada en el nivel de esa persona en la sociedad) rendiría más beneficio a su productor que el que alimentara a una persona de baja productividad. Con esto se permite una transferencia de valor en función de la productividad personal del beneficiado.

LOS PRODUCTOS DE NUESTRA SOCIEDAD.

Debido a la desigualdad creada por los valores de nuestra actual sociedad y de su énfasis en el individualismo, en este momento existen seres humanos que disfrutan de recursos sociales excesivos con respecto a su propia productividad, mientras que otros mueren por falta de los elementos básicos para el sostenimiento de sus vidas.

La economía de mercado y el hecho de que sea el capital el único medio permitido para acceder a los productos, hace que el mismo mercado se restrinja a quienes poseen los suficientes medios para adquirir los bienes. Esto lleva a las crisis periódicas del sistema cada vez que se reduce el número de quienes poseen el capital, por concentración de éste.

Una crisis de este tipo pone al descubierto la debilidad del sistema basado en el capital. La crisis sucede porque la concentración de capital hace que unos pocos posean los medios de pago y los productos al tiempo que la gran mayoría, requiriendo de esos productos, no pueden obtenerlos porque no tienen el capital. Así el mercado y por tanto la sociedad se atascan en una situación sin salida, en la cual todos pierden.

Uno de los medios que usa nuestro actual sistema para evitar la crisis es la diversificación de los productos. Se crea una enorme variedad de cosas para que, quienes tienen capital, las adquieran y así el capital continúe su movimiento. El dinero se ha convertido también en la salvia que mantiene viva a la sociedad. La publicidad hace que las personas vean esos nuevos productos como necesarios, para lo cual se les disfraza con todos los medios posibles, pero en realidad siguen siendo sólo las personas que tienen dinero quienes pueden adquirir esos nuevos productos. Quienes poseen solo unos pocos medios de capital y logran apenas conseguir para vivir ven con envidia, que muchas veces termina en odio, a quienes poseen cada vez más. Para infortunio de estos pobres seres, la publicidad les afecta también, les hace desear las nuevas cosas y les muestra las diferencias entre ellos y quienes sí las pueden poseer, aumentando la infelicidad y el resentimiento.

La propuesta para la nueva sociedad se resume en que la titularidad para adquirir los recursos de los que dispone ese nuevo grupo estaría basada en su calidad como personas humanas y no en algo externo, como el dinero. Por supuesto, el progreso, que es vital para cualquier grupo humano, desarrollará nuevos productos y mayores facilidades para las personas y no todos podrían poseer todo, pero la posibilidad de conseguir esos nuevos recursos se haría con base en la productividad, es decir se daría como recompensa por lo que cada quién lograra en función de sus semejantes.

El hombre actual ha buscado la felicidad en la satisfacción de deseos egoístas, dejándose llevar por la creencia de que los placeres momentáneos son la felicidad misma. Nuestra actual sociedad fomenta esa creencia ya que de ello depende que su sistema vital funcione.

El Universo ha sido creado con una filosofía totalmente opuesta y las leyes naturales que lo rigen y que nos rigen, aunque no estemos conscientes de ello, hacen que la plenitud, la paz personal y los demás beneficios que son la felicidad real, sólo se consigan como recompensa del bien que se hace a los demás.

Volviendo un poco a la filosofía, vemos que la materia es apenas un paso más avanzado que la Nada. La materia infinitamente densa es en realidad la Nada, por eso cuanto más se trata de lograr beneficios propios, es decir cuanto más tratamos de condensarnos en nosotros mismos, más nos acercamos al vacío o a la total inexistencia. Lo vemos en nuestra vida y lo que nos rodea. Cuanto más posee una persona y más depende de aquello que posee, más infeliz es. Su espíritu se acerca cada vez más a ese vacío absoluto y trata de llenar esa carencia con cosas materiales, lo que lo lleva a una espiral destructiva dentro de la cual la búsqueda de la felicidad en cosas materiales le lleva a una mayor desdicha.

La actual sociedad ha impulsado al hombre en esa dirección y por eso le está destruyendo a la vez que a sí misma.

La verdadera felicidad, lo hemos dicho, se consigue en nuestro universo a cambio del DAR; entregarse a sí mismo en función de los demás es lo que nos proporciona la verdadera satisfacción, a la vez que nos da forma y nos desarrolla, acercándonos a nuestro destino quien es la total plenitud y la total perfección; DIOS.

Esta es la razón por la cual nuestra nueva sociedad deberá estar enfocada hacia el bienestar de los seres humanos.

Por otro lado, en este momento existen tantas cosas, tantos objetos en el mercado que aun los que poseen los medios para adquirirlos se encuentran “saturados”; ya es difícil, aún con los muy avanzados recursos de que dispone la publicidad, convencerlos para que los compren.

La mayoría de las empresas que venden “objetos” enfrentan en este momento problemas financieros. Las empresas que se encuentran en auge en estos momentos son las que poseen negocios relacionados con equipos y elementos informáticos y las que prestan ciertos servicios especializados. La demanda está cambiando hacia los servicios; la información se debe considerar uno de ellos.

EL AVANCE DE UNA PERSONA EN NUESTRA NUEVA SOCIEDAD

En nuestra sociedad se debería buscar, para cada persona, el logro de la mayor evolución que él o ella pudiera obtener, por lo tanto debería trabajar en ese camino desde su cuna.

El niño debería ser involucrado desde su más tierna infancia en labores que contribuyeran al beneficio propio y el de los demás miembros de su hogar. Tareas manuales dentro de los quehaceres de la casa tales como el orden de sus propias pertenencias y áreas, trabajos de aseo, servicio doméstico, etc. asignadas según su propio desarrollo corporal, intelectual y psicomotriz, le permitirían crear en su subconsciente sensaciones de pertenencia e importancia en su círculo, a la vez que contribuirían con su desarrollo corporal, intelectual y moral, junto con su sentido de responsabilidad.

En nuestra sociedad se deberían combinar en todo tiempo y en toda edad, trabajos productivos con tareas instructivas, prácticas deportivas y actividades artísticas; por lo tanto, la participación en la generación de bienes y servicio para consumo de los demás sería labor de cada día para todas las personas.

El joven dedicaría una parte de su tiempo al trabajo. Los trabajos que impliquen esfuerzo físico y ejecución de tareas manuales serían realizados preferentemente por personas de esta edad. En esta etapa y dependiendo de sus habilidades y resultados, a la vez que el desarrollo que demuestre áreas intelectuales y artísticas, él o ella dedicaría cada vez más tiempo a las labores de más alto nivel. Asimismo recibiría dirección y asesoría de personas de mayor experiencia para ir enfocando sus esfuerzos en aquellas áreas donde fueran más útiles las virtudes con las que nació.

El avance hacia trabajos de mayor responsabilidad y menor esfuerzo físico se iría dando y permitiendo según los resultados de su desempeño; así, una persona altamente dotada y con un desarrollo de personalidad acorde, podría escalar más rápidamente posiciones en la escalera administrativa y por lo tanto en la sociedad, a un paso más acelerado que quien no demostrara tener las mismas habilidades o el mismo deseo de servir a los demás. De esta manera los más capaces y aquellos que alcancen estados de mayor madurez serán quienes lleguen más lejos en la escala de la sociedad. El capítulo sobre educación incluye una propuesta sobre la forma en la cual cada quien se movería hacia las áreas en la cuales se desempeñaría, con asesoría de mayores, más expertos.

El avance hacia escalones más avanzados en la sociedad se daría con el concurso y la intervención de personas que actúen como jueces, quienes irían certificando el alcance de los logros requeridos para los respectivos ascensos. Los primeros jueces para el avance del niño serían sus propios padres y maestros, pero a medida que el joven demostrara poder asumir mayores responsabilidades, iría desempeñando labores que beneficiaran a un mayor número de personas, quienes serían inicialmente los que estuviesen más cerca de él y su grupo familiar. Los jueces entonces comenzarían a ser personas pertenecientes a círculos cada vez más extensos, los cuales se irían ampliando a medida de su desarrollo personal. En el capítulo dedicado a la Justicia, se trata en mayor profundidad, las características propias, el papel y la responsabilidad que podrían tener los que llamamos Jueces.

Por otra parte, hemos dicho anteriormente que solo quienes alcancen el reconocimiento del estado de adultos serian quienes pudieran tomar decisiones y tomar parte activa en el mercado de en la nueva sociedad. La cualidad de adulto sería un estado de madurez, no de edad, como en nuestro caso actual. Un adulto en nuestra nueva sociedad sería alguien a quien esa sociedad pudiera encomendar funciones relacionadas con aspectos vitales para el desarrollo y la vida de algunos de sus semejantes o de la sociedad misma. Por supuesto, el llegar a ese estado implicaría el haber demostrado que se tiene las capacidades para acceder a él. Un porcentaje bastante alto de personas que hoy consideramos adultos, no podría alcanzar ese estatus en nuestro nuevo ordenamiento social.

Un nuevo adulto participaría en el aparato productivo y, también como todas las personas, tendría responsabilidades dentro de él, pero sus responsabilidades y tareas afectarían a un número creciente de seres humanos a medida que él subiera en la escala social. La metodología esbozada en el capítulo de educación le habría permitido escoger el o las áreas en las cuales su desempeño fuera el máximo para usar sus mejores capacidades y así progresaría según esas mismas capacidades y los resultados que demostrara con su uso.

La mayor parte de su tiempo estaría dedicado a sus tareas generadoras de bienes y servicios de consumo pero también debería mostrar resultados en las demás áreas de su personalidad tales como su desarrollo físico, emocional, artístico, espiritual y familiar; ya que para entonces no sería evaluado como un individuo, sino que su evaluación tomaría en cuenta los resultados que demostrara su familia también.

La edad madura, que en nuestra sociedad sería respetable, le permitiría en forma progresiva dedicar cada vez menos tiempo a labores productivas de medios de consumo y más a otras labores complementarias tales como la asesoría, entrenamiento o educación, la investigación, el juicio y orientación de semejantes de menor desarrollo, etc., según su propio deseo y resultados.

Como hemos establecido anteriormente, nuestra sociedad no debería soportar “cargas”. Todos sus integrantes formarían parte del aparato productivo, poniendo lo mejor de sí en función de sus semejantes y recibiendo retribución según sus resultados. El reconocimiento, tan vital para todos los seres humanos, se daría así en forma automática, como parte de los beneficios de los que iría disfrutando una persona como producto de sus esfuerzos.

Los bienes y servicios generados por nuestra sociedad favorecerían inicialmente y en forma prioritaria a sus miembros, pero los excedentes podrían y deberían ser distribuidos entre personas externas, según la cantidad de esos mismos excedentes y la cercanía geográfica o funcional con ellos.

ADMINISTRACION DE RECURSOS COMUNES

En toda sociedad existen elementos que, aunque exista la propiedad privada, no pueden ser adjudicados o poseídos por una persona o un grupo en particular, sino que pertenecen a la comunidad toda, ya que ella requiere de ellos para su supervivencia o para su funcionamiento.

En nuestro mundo actual, cada país define cuales elementos son de propiedad del país en sí, propiedad del estado o de la nación. En la mayoría de los países actuales las carreteras, los llamados servicios públicos, los recursos del subsuelo y una gran cantidad de organismos y empresas, pertenecen a esta categoría.

Los regentes de nuestra nueva sociedad tendrían que ir definiendo, según la conveniencia de los miembros de ésta, que elementos serían de propiedad pública y cuáles de propiedad privada.

En los lugares más avanzados del Universo no existe la propiedad privada. Ningún ser se dice poseedor de nada, ya que todo en él debe estar destinado a cumplir la Voluntad del Padre y cada ser recibe asignaciones temporales de lugares para vivir, de recursos para consumir y de todo lo que necesite siempre atendiendo a la optimización del uso de esos recursos para el objetivo de la evolución de los seres hacia la perfección. La felicidad a nivel universal se encuentra en el Ser y no en el Poseer.

Dado que cada uno de esos recursos comunales exige, a su vez, la utilización de otros que se requieren para su mantenimiento, mejoramiento o para su explotación, se necesita que el estado o gobierno de la sociedad administre esos recursos.

Estos recursos son usados por todos los miembros de la sociedad o los benefician de alguna manera, en mayor o menor medida, por lo tanto, todos deberían contribuir con lo que la sociedad requiriera para ponerlos a disposición de sus integrantes. Ya que el valor en nuestra sociedad sería la satisfacción de las necesidades humanas, la contribución de cada persona para el mejoramiento de los recursos comunes le sería tenida en cuenta según el impacto de esa contribución y el provecho para cada ser que resulte beneficiado por esa contribución o por el recurso en sí.

Nuestra sociedad dispondría de entidades encargadas de la administración de esos bienes, su mantenimiento y mejoramiento y administración. Esas entidades se organizarían, como todas las demás en nuestra nueva sociedad, en forma piramidal, desde las regionales hasta las mundiales, con responsabilidades que se ordenen desde las más pequeñas en las más grandes.

La Tierra, aquella porción de la superficie del planeta que se usa para producir elementos de consumo a través de la agricultura o aquella sobre la cual el hombre asienta su hogar, su industria, etc. es un bien que nos ha sido dado a la humanidad como un todo y no a ninguna entidad en particular. Por esto, su uso debe ser pagado a la humanidad misma. El pago que se haga debería depender de la utilidad intrínseca del bien, es decir de las ventajas que el lugar posea debido a la cercanía de éste a las vías de comunicación, a los centros de población o de producción, por la cantidad de agua potable a su alrededor, etc. en general por las características que él posea que le hagan más apetecible a las personas. Este pago es lo que en economía se denomina: “La renta de la Tierra”.

Otros bienes comunes son el agua, las riquezas del subsuelo, las bellezas del paisaje, el aire puro, las fuentes naturales de energía tales como el sol y el viento e incluso los atractivos turísticos tales como los vestigios de sociedades antiguas, etc.

El gobierno de la sociedad debería administrar el uso de esos recursos, teniendo en cuenta que ese uso debe ser tal que no los destruya, ya que de ellos depende la supervivencia de la humanidad misma y su cultura.

En la misma forma, el hombre debería dar parte de sus beneficios en pago de los demás bienes de los que disfruta sin haber sido producidos por él, incluyendo los bienes comunes.

Una buena administración, debe obtener ganancias de su gestión. En el caso de los recursos comunes las ganancias deberían ser reinvertidas en beneficio de las personas más marginadas, pero estos beneficios no podrán tener nunca la forma de “subsidios” ni de ningún beneficio gratuito para nadie. Las ganancias deberán ser reinvertidas en forma tal que, a su vez, generen mayor ganancia y, creemos que la mejor forma estará en la creación de mayor infraestructura, vías de comunicación, servicios públicos, medios de información, ciencia, etc.; es decir, desarrollo de más bienes de la comunidad, que permitan a las personas beneficiadas mejorar su productividad y así su nivel de vida.

Hay dos rubros más que requieren de ésta inyección de ganancias; uno de ellos es la salud general, principalmente en la parte que se refiere a la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías y nuevas drogas y la atención de los enfermos a los que no se les pueda exigir productividad, por lo menos en forma temporal.

El otro, y el cual creemos el más importante de todos, es la educación y formación de los menores. Los niños deben ser considerados recursos comunes de la sociedad y como tales ella debe velar por estos. De todos modos, la sociedad es consciente de que su supervivencia hacia el futuro depende de los logros de esos seres que inician su vida. Con esto en mente la sociedad se preocupará por la adecuada formación de los niños, aun si esto implica limitar la libertad de padres irresponsables en cuanto a su relación con sus vástagos.

Las entidades responsables por la administración de los recursos comunes de nuestra sociedad buscarían maximizar las ganancias que obtengan de su labor, conscientes de la necesidad de esas utilidades para mejorar el nivel de vida de los miembros menos afortunados y así el de la sociedad completa.

LA ECONOMIA DEL APARATO GUBERNAMENTAL.

Dedicaremos ahora unos párrafos a hablar de cómo se podrían sostener los dignatarios que accedieran a los cargos de gobierno de nuestra nueva era.

Quienes lleguen a ocupar cargos en el gobierno serían quienes hubieran demostrado el mayor desarrollo personal y las mayores dotes administrativas. Los cargos en el comando de nuestra sociedad estarían reservados a los que hubieran demostrado con obras, ser los más calificados para dirigir al grupo social y la empresa más importante, la sociedad entera.

Esto requeriría que estas personas pudieran disfrutar también del fruto de su trabajo, como todos los miembros del grupo social, y sus recompensas serían función de sus logros en función de todos sus gobernados. Así también cuando esos logros ya no fueran los suficientes para permitirles disfrutar del poder, el cual es también una recompensa en sí mismo, se harían a un lado, en favor de quienes vinieran con mayores capacidades detrás de ellos. En esos casos ellos mismos pasarían en forma suave y paulatina a ocupar cargos de asesoría, consejo, entrenamiento y otros que utilizaran sus aún grandes capacidades y su todavía mayor experiencia.

De esta forma, el estado en si no sería adjudicatario de ningún tipo de presupuesto, ni de capital de ninguna especie. Cada una de las personas que lo conformaran devengarían el fruto de su trabajo en beneficio de los demás miembros de la sociedad y sus retribuciones estarían en proporción directa con el bienestar que sus ejecutorias dieran a los miembros de la sociedad entera.

4 de Mayo de 2020 a las 18:17 0 Reporte Insertar Seguir historia
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