sylviarodriguez Silvia Rodríguez

Año y medio después de que detecten a la madre de Miriam una enfermedad incurable, se va, dejando un enorme hueco en el corazón de la joven. Para Miriam es muy complicado seguir viviendo en Madrid. Una de las razones por las que volvió a España era por su madre. Por lo que tras perderla y vivir con su familia toma la decisión de regresar a Nueva York. Donde podrá desconectar y cumplir uno de sus grandes sueños.


Romance Romance adulto joven Todo público.

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Prólogo

Desde que Miriam y Guillermo pasaron las Navidades juntos volvieron a retomar la relación, pero no de la misma forma. Después de la bonita noche y del día de Navidad que vivieron juntos no había día que no se demostrasen lo que se querían. El rubio acercó a su chica al hospital para ver qué pasó. El padre de ella se sorprendió al ver a su hija acompañada por Guillermo. Este le dijo que se la encontró por casualidad y que se ofreció a acercarla. El hombre no se lo creyó para nada, estaba un tanto enfadado.

–Te pasas la noche fuera y te atreves a venir con tu ligue. Me parece increíble que des más importancia a los malditos chicos con los que te lías antes que a tu propia familia. –le echó en cara el hermano de la muchacha en vez de su padre.

–Estás siendo injusto. Guillermo solo quiso traerme, creo que no es nada malo. Además, no es ningún ligue. –miró a su hermano con cara de pocos amigos.

El nombrado estaba en duda en lo que hacer. Por un lado, quería quedarse al lado de la morena, apoyándola. Pero por el otro no quería ser una molestia. Se colocó detrás de ella y la agarró de la mano por la espalda. Eso la ayudó a sentirse mejor. Cuando el hermano de la muchacha le dijo aquello entró la novia de él, se quedó perpleja por lo que le había escuchado decir. A Olga le dolió que su chico le dijera aquello a Miriam. En el fondo no se lo merecía, ni si quiera conocía al chico para juzgarle de aquella forma. A la reunión se unieron los tíos y la prima de Miriam. Ellos también miraban a Guillermo de arriba abajo. La única que se dio cuenta de cómo estaban los enamorados fue Lucía, la prima.

El padre de la morena miró a Guillermo con mirada inquisidora, esperando a que se marchase. El muchacho se percató de los deseos del hombre desde el primer momento, pero no quería dejar a Miriam con todos ellos. Le daba la impresión de que si lo hacía sería como abandonarla delante de una jauría. Esperaron a que saliera el doctor y les dijera lo que le había pasado a la mujer. Se había roto el tobillo. La madre de Miriam ya lo sabía en cuanto quiso levantarse de la cama, por el simple hecho de que lo sentía. A la morena se el escaparon unas lágrimas en silencio. Guillermo la acariciaba la espalda sintiendo pena por Miriam. Ese fue el verdadero principio del fin.

La morena se sentía agradecida porque su novio estuviera con ella. Sentía que al estar él a su lado no le parecía todo tan negro como el fondo de un pozo. Guillermo la preguntó si quería regresar al piso con él, pero ella no se sentía capaz de irse de su casa por la situación de su madre, quería estar con la mujer. Su madre, al principio no necesitaba tanta ayuda como los meses posteriores. Pasó a andar con un andador, pero acabó en una silla de ruedas al ver que su cuerpo no respondía. Miriam lo estaba pasando fatal entre los comentarios de su padre, diciéndole que no ayudaba en nada, y ver a su madre de aquella forma.

Al principio, la morena seguía con su rutina, pero cada vez que iba empeorando la cosa se iba planteando el dejar algunas actividades. Aquel pensamiento se dio también por todo lo que le decía su padre. Si la muchacha estaba casi todo el día fuera no era por gusto, era su obligación. Pero su padre no lo veía así. A Miriam le molestaba mucho que no la tomaran en serio, ni a ella ni a su profesión. Siempre fue infravalorada por su familia, nunca dieron la más mínima importancia a la muchacha ni a sus gustos, personalidad o preferencias. Estaban constantemente encima de ella. Lo volvió a vivir nada más regresar a la casa. Pero sabía que su madre se merecía todo, a pesar de lo que hacían sentir los familiares de Miriam a esta.

Se la estaba haciendo cuesta arriba. Al ver a su madre pensaba que lo mejor sería aparcar algunas cosas. Raquel, una buena amiga de la morena, que era fisioterapeuta se ofreció a prestarles sus servicios. La madre de Miriam estaba encantada con ella, le parecía un verdadero encanto. Raquel, era como una hermana para la morena, se tenían bastante aprecio. Una mañana de entresemana, que no le tocaba ir a la casa de Miriam, fue porque la morena se lo suplicó. La joven necesitaba ir un momento a la escuela de baile en la que ensayaba con la compañía de danza.

Llevaba varios días que Miriam no pisaba la academia. Cuando entró y vio a la recepcionista la saludó con una amplia sonrisa, un poco forzada, no estaba de muy buen humor. La morena estuvo unos minutos hablando con la amable mujer, hasta que su instructora salió de la sala de ensayos, justo en los veinte minutos de descanso. Al ver a su alumna se sorprendió.

–Hola, Miri. ¿Por qué no estás viniendo estos días a los ensayos? Y lo más importante, ¿por qué no me contestas a los mensajes? ¿Ha pasado algo?

–Lo primero de todo perdón por mi ausencia, llevo un tiempo que no hablo con nadie.

– ¡Miriam! –exclamó emocionada Naomi, su amiga de baile, saliendo de la sala.

–Hola, Nao. –la saludó poniéndose en pie.

Naomi la abrazó tan fuerte que casi la ahogó de la emoción. Llevaba varios días sin ver a su amiga. La muchacha no sabía nada acerca de que la madre de Miriam estaba enferma. Las únicas personas que lo sabían era la familia, sus amigas más cercanas de la urbanización, Jon, Gonzalo y su novio. Pero ya era momento de que su profesora supiera lo que estaba sucediendo en la vida de una de sus queridas alumnas.

–Hablamos luego, ¿sí? –le dijo Miriam a Naomi.

La segunda asintió con la cabeza y las dejó solas. Profesora y alumna se sentaron en las sillas que estaban en la entrada, justo enfrente de la recepción. Miriam jugaba con sus dedos mirándolos.

–Verás, no estoy pasando mi mejor época.

–Ya me di cuenta desde el regreso de las Navidades. Tienes muchísimo potencial y sé que algo te pasa. Lo importante es que estés bien. Veo los vídeos de las actuaciones y veo el gran potencial que tienes. Y últimamente se te ve muy apagada. –su profesora un poco triste, acarició la mejilla de Miriam.

–Es que a mi madre le han detectado Esclerosis Lateral. –se la escaparon algunas lágrimas que resbalaban por sus pómulos enrojecidos.

–Miri, lo siento muchísimo. –la abrazó con fuerza.

–Perdón por no haberte dicho nada antes, pero está siendo muy complicado. Y la situación que estoy viviendo en casa no ayuda mucho.

– ¿Pero no estabas viviendo con unos amigos en un piso? –la preguntó deshaciendo el abrazo, un poco confusa.

Entonces Miriam la contó desde el principio, quitando algunos detalles suyos con Guillermo. Cuando la habló de su noviazgo con el rubio la mujer se alegró un montón por la morena. Miriam le comentó que no podía seguir asistiendo a los ensayos, por lo que se despidió de sus compañeros. A su profesora le daba mucha pena, pero lo entendía perfectamente.

–Puedes volver siempre que quieras, aquí me tienes para todo lo que necesites. –la mujer besó sonoramente a Miriam en la mejilla.

–Muchas gracias por todo. –la agradeció con una amplia sonrisa.

La instructora entró a la sala de ensayos poniendo orden en la clase. Miriam salió de la escuela y la miró por última vez entristecida, por tener que dejarlo. Pero en ese momento su obligación era cuidar a su madre, y no porque su padre se lo exigiera, sino porque ella quería. Sacó el móvil y vio que era la hora de comer. La sucursal en la que trabajaba Guillermo estaba más o menos cerca, por lo que pensó en asomarse a saludarle. Y eso fue lo que hizo.

Entrando en el edificio donde trabajaba Guillermo, muchos miraban a la muchacha muy atentos. Llevaba un tiempo que no se la veía por ninguna parte, ni siquiera en sus Redes Sociales. Los que eran amigos del rubio la saludaron con una amplia sonrisa. Preguntó a uno de ellos dónde se encontraba Guillermo en ese momento. Se lo agradeció con una sonrisa amigable y dándole un par de besos. A continuación, se dirigió a donde le habían indicado. Miriam se colocó detrás de él y le tapó los ojos.

–María, ahora no estoy para tus juegos. –Miriam se quedó en shock abriendo por completo sus ojos y retiró sus manos.

–Guille. –el nombrado se giró con la silla hacia la muchacha.

–Perdón, cariño. –saltó de su asiento como si tuviera un muelle– Estoy teniendo un día de locos y María no para de insistirme en que me vaya con ella a tomar un café.

– ¿Y si yo te insisto en que te vengas conmigo a comer? –le rodeó el cuello con los brazos.

–Tú no me tienes que insistir. –la respondió después de besarla los labios.

– ¿Te queda mucho? –le miró con la cara ladeada.

–No, me quedan cinco minutos.

–Grandullón, tómate el tiempo que necesites, yo te espero.

–Si es que no te puedo querer más. –sonrió tontamente y la besó.

Justo en ese momento pasó una amiga de Guillermo y saludó a Miriam encantada por verla de nuevo. La segunda preguntó a la primera si tenía que hacer algo, la mujer la comentó que se iba a por un café a la zona de descanso. La morena le dijo que la acompañaba y que así hacía tiempo esperando al rubio. Ambas pasaron por delante de María, la chica que andaba detrás de Guillermo. Al ver a Miriam se sentía furiosa, porque al verla besando al muchacho vio que el chico ya estaba pillado. Cosa que molestaba a horrores a María.

Cuando Guillermo terminó sus tareas recogió sus cosas y se acercó a su amiga y a Miriam, quienes charlaban animadamente. El rubio la preguntó dónde quería comer. La muchacha, un poco dudosa le preguntó si podrían ir a la casa de ella, en la que vivía con sus padres, explicándole el favor que le había pedido a Raquell. Él quería algo de intimidad con la morena, ya que llevaban unos días sin verse. Pero sabía que se lo pedía porque Miriam debía regresar pronto. El joven pensó en que Raquel se podía quedar un poco más con la mujer, pero no dijo ni hizo nada porque sabía que era un poco egoísta por su parte.

Miriam abrió la puerta de la casa y entró seguida de Guillermo. Fueron a la cocina donde se encontraron con la madre de la morena y Raquel viendo la televisión y riendo. Miriam sonrió al verlas tan bien juntas. Se acercó a su madre y la besó la mejilla cariñosamente. Raquel la comentó que ya habían comido. Normal, eran las tres y media de la tarde. La morena se sintió mal por dentro, por haberlas dejado solas tanto tiempo.

–Perdón, Reich, te he hecho perder toda la mañana.

–Para nada, me lo he pasado genial con tu madre, es un encanto. –decía sonriendo a la mujer.

–Tú también, Raquel. Para mí eres como mi hija.

–Muchas gracias, y tú como mi madre.

Guillermo se había mantenido al margen un poco oculto, le daba un poco de vergüenza. Miriam le vio apartado, por lo que se acercó a él y le agarró de la mano, llevándoselo con ella.

–Reich, te presento a Guille, mi novio.

–Asique este es el famoso Guille. –comentó Raquel mirándolo de arriba abajo.

–No sabía que fuera tan famoso. –soltó un poco colorado por el comentario– Hola, Alicia. –se dirigió a la mujer con una encantadora sonrisa.

– ¡Qué alegría verte de nuevo, cariño! –exclamó la madre de Miriam.

–El placer es todo mío.

El muchacho se mostró bastante cariñoso y muy cercano con la mujer. No era la primera vez que hablaban. Pero sí que fue la primera ocasión en que se veían después de tanto tiempo. Los jóvenes se sentaron a la mesa a charlar. Alicia estaba encantada con ver a su hija feliz con el rubio. La hacía sentirse a gusto, lo que pocos chicos consiguieron.


30 de Junio de 2020 a las 22:32 0 Reporte Insertar Seguir historia
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