kristopher-obregon1545143461 Triste Mancebo

Este es un relato fantástico con bases históricas, de una tribu de aborígenes olvidada, los Promaucaes. Quienes tenían sus propios dioses, su cultura y visión pacífica de la vida. La invasión y destrucción de su gente y sus tierras los obligó a luchar y oponerse contra la conquista.


Histórico Todo público.

#AborigenesDelMaule #LeyendasDeConstitucion #Promaucaes #HistoriasDeLaConquista
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El Río que Desafió a la Conquista


"El brillo de las aguas del río Maule se cobra vidas humanas todos los años, y los antiguos aborígenes de la región decían que un espíritu moraba en las profundidades de sus aguas. Su nombre era Mauleulfe."

José Contreras Pimentel, historiador de Constitución, Región del Maule, Chile—


En el territorio central del Chile precolombino, existía una gran tribu no por muchos recordada... se trataba de los Promaucaes. Ellos eran los que poblaron la Séptima Región del Maule y sus descendientes, que casi fueron diezmados por una amenaza de la conquista, muy anterior a los españoles... y es de eso que basaré este relato fantástico con bases históricas.

Los Incas invadieron el territorio hacia el sur, buscando expandir su imperio, y las tribus nortinas fueron desapareciendo poco a poco. Cuando la gran civilización llegó a la altura del río Maule, la gran anchura de sus aguas impidió seguir el paso destructivo de la horda. Los Promaucaes estaban en frente, y observaban con dolor las llamas destructivas de las chosas y cosechas de las tribus que antes habían tenido como vecinas.

Todos decían que un dios malvado iba con ellos, encarnado en forma humana, buscando un metal raro que era usado con fines religiosos.

Mientras tanto, en el territorio central, todo era paz en ese instante.

El joven Meiem no entendía por qué su sector de siembra estaba más pequeña, y en algunos lugares, el maíz estaba marchito y lleno de malezas.

Su vecino, al verlo tan decepcionado junto a su hermanita, se acerca a él y le dice:

— No estás sembrando correctamente.

— Lo hice tal y como mi padre, antes de fallecer, me lo enseñó. Los frijoles escalaron bien en el tallo del maíz.

— Sí, Meiem, eso es sin dudar, pero olvidaste sembrar calabazas para una cosecha más segura. Al anidarse en los suelos, las calabazas evitan el crecimiento de pestes y malezas, dándote total garantía de que tu siembra estará sana, grande y fuerte.

— Es verdad... lo olvidé... ¡Qué torpe soy!
Mientras los tres conversaban, un cóndor recorría los cielos, viendo la destrucción que se acercaba, cada vez más al sur. Pasó por lo alto del territorio maucho, y su sombra rapaz tocaba las hermosas vegas, llenas de vertientes, y tres esteros que cruzaban y nutrían la zona y a sus moradores.

El lugareño promauca mira al cóndor y le oye chillar, entonces se preocupa. En su experiencia, el cóndor estaba temeroso de algo que vio en su camino. Meiem y su hermanita no entienden la razón.

— Esto es grave. Debemos avisar al sabio espiritual el mensaje del que todo lo ve.

Toda la tribu, que había estado distribuida por distintos sectores mauchos, se reunieron ante el llamado del mensaje de quien todo ve.

Llegaron al acuerdo de invocar a sus cuatro dioses para ir al frente norte junto a un pequeño ejército de exploración.
El tiempo pasó después de su partida y ninguno regresó.

— Hay que considerar la posibilidad de que nuestros dioses hayan sido vencidos en el frente norte. De ser así, los dioses invasores son demasiado poderosos. El espíritu del río Mauleulfe es poderoso pero no retendrá a nuestros enemigos por mucho, debemos pensar en irnos de estas tierras, con el dolor de nuestras almas.

Todo el pueblo escucha en silencio las palabras del sabio anciano. Tenían pena y mucho miedo, se sentían impotentes al no ser una tribu numerosa y poderosa.

— Eso no es tan cierto... —interrumpe Meiem, el más joven de la tribu, y al ver que todos le dan su atención continúa diciendo —. Cuatro de nuestros dioses pueden haber caído, sin embargo aún podemos invocar a Leriam.

Todos se horrorizan al escuchar el nombre de la deidad. Comentan unos con otros con espanto que eso no es una opción.
El sabio anciano pide silencio y entonces dice:
- Leriam es la deidad olvidada... cuenta la leyenda que de entre las cinco deidades, Leriam era quien poseía más poder, siendo la deidad del fuego y la tierra. Si la invocamos, nos castigará por su envidia. No podemos hacerlo.

— El sabio anciano tiene razón —dice uno de los presentes —. En la época de las primeras canciones se relata que, nuestros ancestros prefirieron acudir a los demás dioses antes que a ella, y Leriam amenazó que llegaría el instante en que le íbamos a necesitar, y que cuando eso sucediera, si era invocada en algún momento el precio que deberíamos pagar por hacerlo sería demasiado caro.

Todos entonces descartan la posibilidad de invocar a la deidad, y comienzan a hablar entre ellos que necesitaban aliarse a sus antiguos enemigos, las tribus araucanas, para confrontar la amenaza, pero Meiem deja de escucharlos poco a poco y sale de la reunión. La noche estrellada era preciosa, y él mira siguiendo la vía láctea hacia el norte, sin darse cuenta que en otro lado, el ejército Inca se estaba guiando por las estrellas para avanzar al sur. Estaban ya a la altura de lo que hoy es Putú, tenían muchos hombres amarrados en fila, que habían vencido y sometido en el camino. Las llamas de los cultivos promaucaes se apoderaron de los bosques endémicos cercanos, y un cielo rojo se veía desde el norte, que ya era visto desde donde estaba Meiem.

Se va caminando hipnotizado hacia las orillas del río maule, hasta que llega ahí. Saca una cuchilla y se corta la palma de la mano. La sangre gotea en las aguas.

— Poderosa y orgullosa deidad promauca, este joven te invoca en nombre de sus ancestros con respeto, para que luches junto a nosotros. Mauleulfe es testigo del pacto de sangre, y cualquier costo, he de cumplirlo a tu voluntad.

El rió comienza a brillar en tono verde esmeralda desde donde la sangre caía, y la luz se dispersa hacia el centro del afluente. Del rió salen vapores, y el agua empezó a gorgorear; caminando desde el fondo de las aguas, se podía ver una hermosa fémina, llena de luz y esplendor. Su fulgor destellante era como fuego, y su piel morena pareciese ser blanca por su brillo.

Cuando sale a la superficie, el joven cae arrodillado, al presenciar a la más grande deidad de su pueblo, hecha carne.

— Deseo conocer el nombre del necio que decidió invocarme, a pesar de mis palabras amenazantes durante la última guerra de las tierras australes.

— Fui yo, gran deidad del fuego y la tierra... yo he sido quien te ha invocado. Mi nombre es Meiem.

— Vuestros elojeos no evitarán que tome aquello que más amas, cuando el pacto finalice —dice la deidad, con mirada fría y malvada.

Meiem le mira con preocupación. La deidad le ve a los ojos, mientras su fulgor iluminaba todo a su alrededor. Las aguas del río Maule brillaban de manera extraña y hermosa.

— Teneis una amada hermana... —continúa la deidad, y Meiem agacha su mirada preocupada —. Tomaré tu vida y le tomaré a ella una vez que esto termine... como castigo a la tribulación de tus padres, y de sus padres antes de ellos, y de todo ancestro del que desciendes, que tuvo el descaro de ignorarme ante las otras deidades, ahora todas sin honor.

Entonces llegan los demás promaucas, preocupados por el gran fulgor que se veía desde lejos, y al ver lo que estaba ocurriendo, se arrodillan temerosos ante la poderosa y malvada deidad.

Leriem se ríe mirándolos a todos. Puede ver en sus mentes el enojo de ellos en contra de Meiem, por haber recurrido a la deidad.

— Les voy a decir como funciona esto... —todos guardan silencio ante las palabras de la brillante deidad, y continúa —. Yo les voy a ayudar en esta guerra, pero no piensen ni por un instante que voy a pasar por alto el pecado que llevan en su sangre. Me seguirán necesitando, y cada vez que me llamen tomaré algo más valioso para cada uno de ustedes, hasta que ya no tengan más que dar y desaparezcan.

— Por favor, grandiosa deidad, ten piedad de todos nosotros. —dicen muchos ahí.

— La piedad es para deidades bondadosas. Yo no soy una de ellas, y eso está claro. En unos momentos me volveré carne por completo, y en ese proceso, perderé el conocimiento; ustedes tendrán que llevarme a su pueblo, pero si no quieren quemarse no me toquen directamente... han de envolverme con ropajes y cargarme. Deberán enseñarme su cultura y el territorio para combatir en esta guerra. Todo sobre ustedes.

Dicho esto, la deidad deja de brillar y se desmaya. Todos se sorprenden.

El sabio anciano pide a Meiem que la recoja y la lleve al refugio, ya que ahora la deidad era su exclusiva responsabilidad al haberla invocado.

Desde ahí, en los días de paz que quedaron, Meiem le enseño todo sobre su pueblo a Leriam, y le mostró todo el territorio en que se desplazaban.

Meiem lleva a Leriam a los pueblos promaucaes que estaban al noroeste, donde tenía parientes lejanos. Comparten la labor de la cosecha junto a ella. Su tía invita a Leriem a compartir un bocado especial: pasta de maíz. Leriem quedó encantada con el sabor de tal manjar... en milenios no había disfrutado tanto ser de carne y hueso. Meiem y su tía sonríen alegres ante la dicha de la diosa, disfrutando juntos un día entero.

Meiem y Leriem se marchan y recorren otros páramos dentro del territorio de su pueblo. La belleza del bosque nativo, el copihue, la humedad, la sombra, el canto del zorzal, la paz del huemul, deja asombrada a la deidad, con ansias de seguir conociendo.

— Este es nuestro hogar, y lo amamos... mi pueblo quiere morir aquí antes que abandonarlo —dice Meiem, mientras subían una alta montaña.

Leriem no decía una sola palabra, pero su asombro por el mundo y el clima en estas tierras no le pasaba desapercibida. Aunque no lo demostrase.

Desde lo alto de la cima de una colina, Meiem puede ver la destrucción Inca en frente del río. Un dios con forma de cóndor gigante volaba por los aires, atacando al ejército.

— Ese es Rayem. Impresionante... —dice Leriem —. Después de todo el dios aire aún sigue vivo, y quiere luchar.

De pronto, una serpiente gigantesca sale de las aguas del río, tan largo que es capas de llegar al cóndor, y hiere de muerte al dios ave, el que cae desde lo alto entre las construcciones promaucaes, y las aguas generadas por la bestia de agua destruyen todo a su paso.

Él grita desesperadamente y llora sin cesar, al darse cuenta que los invasores destruyen el hogar de su tía.

— ¡Debo ir a ayudarla, no puedo dejarla sola... he de ir a rescatarla!

Y emprende corriendo un viaje de vuelta, pero es detenido por Leriem, quien usa su lanza para tropesarlo, y Meiem cae revolcándose al suelo, rasmillándose un brazo, y entonces ella, a pesar de saber las razones, le exige continuar a través del territorio.

— Es vuestro deber quedarte y enseñarme... No seas débil... —le dice ella, de manera fría y sin intención de consolarlo —. Ellos ya están perdidos. En este mundo solo los fuertes sobreviven. Si quieres seguir con vida, debes fortalecerte por dentro. Lamentarse por lo ya ocurrido es signo de debilidad, que el enemigo podría aprovechar en tu contra.

Meiem se detiene y esto llama la atención de ella. Con un tono de voz más alto dice:

— ¿Cómo logras tener una razón de seguir si no amas algo en tu existencia?... Mi padre vivió feliz y murió en estas tierras, donde el pudú camina feliz y el cóndor vuela libre... Ahora, solo el miedo se apodera de todos, por culpa de la codicia de otros hombres invasores.

Ella le mira algo extrañada, pero casi indiferente a la pregunta. Se dispone a seguir caminando con belleza y arrogancia.

Llevaban días recorriendo los territorios, y de eso llegaban al valle costero y desde la altura de un cerro se dan cuenta que el ejército invasor se había movilizado, cruzando el inmenso y torrentoso río con balsas de madera. Meiem se desespera y corre hacia su pueblo.

Llegando ahí, ve que los guerreros estaban preparándose para la batalla.
Cuando la primera balsa toca la orilla, un poderoso pie se afirma en territorio promauca... era un hombre, de aspecto fornido, con una máscara de sol en su rostro.

— Dios Inti... hemos cruzado por fin... Ahora, la victoria será nuestra y todos ellos serán sacrificados en su nombre al regresar al cuzco.

El hombre de la máscara levanta sus brazos, y las aguas del río comienzan a moverse cual si hubiesen torrentosos vientos. Mientras, desde la cima, Leriem levanta sus brazos, y la tierra comienza a temblar. Todos, Incas y Promaucas sienten los fenómenos que estaban ocurriendo, creían que el mundo se iba a terminar.

De pronto, una gigantesca serpiente de agua se levanta desde el mar, sus grandes ojos rojos brillaban, buscando destruir todo a su paso. Inti sonríe y la dirige hacia el valle costero promauca. En respuesta, una gigantesca serpiente de piedra se levanta, rugiendo cual si tuviese vida, frenando a la de agua... Leriem sonríe y la dirige hacia la horda invasora. Las serpientes se rodean y comienza un enfrentamiento de colosos, donde ningún hombre tenía parte alguna.

Se mordían hasta el cansancio hasta que ambas serpientes cayeron; la de agua en el río Maule, y la de tierra en las orillas de la costa, formando altos escombros con su antiguo y aletargado cuerpo gigante.

Leriem se une al enfrentamiento, y luchó con la destreza y fortaleza de cien hombres, contra Inti y los invasores, obligándolos a retirarse.

Los promaucas celebran su primera victoria ante el invasor Inca.

Se hizo de noche, y Leriem estaba sentada sacando filo a sus armas. Meiem se le acerca, y la luz de la hoguera bailaba en sus cuerpos mientras sus sombras se movían al compás.

— Quiero pedirte que me enseñes a ser un guerrero capaz... las armas que has preparado para nosotros parecen ser más letales que las que teniamos... los invasores no han regresado desde el encuentro a orillas del torrentoso Mauleulfe.

— Achur...

— ¿Cómo dices?... —pregunta Meiem —. ¿Quieres comer achur?. Tenemos bastante... este año es lo único que pude sembrar y cosechar. Hice muchas pero muchas trenzas.

— Es mi secreto... debes bañar el filo de tus armas con achur y dejar que se pudra unos días. Eso hará que las heridas de tus enemigos no cierren y se gangrenen.

Meiem le abraza con felicidad, sin permiso y le pasa a tocar su piel, y al contacto se quema un brazo, y ella lo separa de inmediato. Él grita de dolor durante un momento.

— Eres un tonto... no puedes tocarme o te quemarás por completo.

Aún con el dolor y eso que escuchó, Meiem sintiéndose feliz va corriendo junto a los otros a informar lo que sabe. Leriem se queda extrañada. Todos entonces comienzan a recolectar los ajos, para bañarlas en sus armas siguiendo las indicaciones que Meiem les dio.

Desde ahí, las hordas invasoras fueron vencidas en los frentes siguientes, una tras otra vez. Inti, encolerizado, con sus últimas fuerzas invoca a la serpiente del mar, pero esta vez más gigantesca que en cualquier otra ocasión anterior. Con un tamaño que podría significar la inundación completa del territorio en que se desplazaba el pueblo.

Leriem se despide del pueblo promauca, advirtiendo que no fuese seguida, y que no volvería de esta lucha, ya que esta vez excedería sus energías enlazadas a la carne. Meiem entonces le dice:

— Tu parte en el pacto... gran deidad... ¿No la cobrarás?

— El pago de un gusano me interesa mucho menos que ver la cara de derrota de ese dios arrogante. Aunque... no creas que te has librado... tendrás que pagar de una u otra manera.

Dicho esto, Leriem se marcha, lanzándose al agua. nadando por las aguas de Mauleulfe, sumergiéndose. De pronto, un gigante leon de piedra se levanta de una llanura, un gigante elefante de piedra sale desde un cerro, desmoronando la arena que le cubría, y un lobo de piedra aulla en una colina. Los tres, junto a la serpiente gigante de piedra, detienen la poderosa oleada de la serpiente del mar, y protegen el territorio, creando altos cerrillos que sirven de escudo a los valles y vegas. La serpiente del mar, con todas sus fuerzas, lanza una última oleada, dirigida en una abertura que quedaba entre la cadena de cerros, y el elefante de piedra la detiene, llenando la abertura de arena negra de playa, ganando así definitivamente, la guerra contra la bestia del mal.

Los animales de piedra se inmovilizaron en distintas partes del territorio, y una de ellas, el elefante, cayó frente a frente con el mar.

Leriem sale de las aguas y camina hacia Inti... mientras esto ocurría, todo el ejército Inca estaba escapando hacia el norte. Ambos comienzan a luchar. Se dice que su lucha duró días, quizás duró más... Llegó el momento en que las deidades ya no pudieron más, y cayeron inconscientes, y los cuerpos fueron recogidos por las aguas del río Mauleulfe.

Los promaucaess rindieron tributo a la lucha y conmemoraron las rocas como la huella del paso de los dioses.

Meiem, después de eso, caminó hacia el río de la mano con su hermanita, y sintió miedo al ver brillar las aguas en esa noche. Leriem sale de ellas, y estaba brillante en todo su esplendor, y llama a Meiem a que le acompañe a las aguas. Meiem suelta la mano de su hermanita y está dispuesto a pagar su pacto, acompañando a la deidad a las profundidades del río.

Una vez abajo, Meiem contenía la respiración todo lo que podía, y Leriem se asoma a él y le besa. Él siente que los labios le arden, a pesar de que estaban bajo el agua.

— He decidido que el pacto entre nosotros desaparezca, tu corazón es hermoso y tu pueblo es una parte de él. Usad los conocimientos que te entregué para combatir a vuestros enemigos, ya que yo no podré regresar a esta realidad. El tiempo de los dioses se ha terminado, dando paso a la era de los hombres —extiende su mano y le muestra visiones del futuro —. En cientos de años más, vendrá un enemigo más poderoso que el de ahora... será cual jauría de lobos hambrientos, que devorarán todo a su paso y no pararán de llegar. Tienen armas destructivas, que escupen fuego de muerte, y no existe nadie aquí que pueda hacerles frente si antes no se preparan como es debido.

Meiem le mira queriendo preguntarle qué es lo que debían hacer para confrontarlos. Ella sabiéndolo, le responde:

— Deben decidir correctamente sus alianzas. Las grandes civilizaciones y tribus del norte serán las primeras en caer ante ellos. Pero, existe también un némesis indómito del invasor que llegará, y están asentados más al sur, ellos resistirán y lucharán por su orgullo para siempre; son guerreros innatos, pero necesitan de todas las otras tribus, y sobretodo, necesitan el conocimiento que les otorgué a ustedes para triunfar en los frentes.

Meiem llora, y sus lágrimas brillaban con el fulgor de la diosa. Ella le abraza, enamorada ahora de todo lo que vivió junto a ellos.
— En el beso que os di, un regalo a ti y a vuestro pueblo he brindado. Tú y tu descendencia tendrán potestad en la tierra, y el espíritu del río. Usad ese poder para combatir la maldad del invasor.

Meiem quería agradecerle, buscaba abrazarla, pero se le estaba terminando el aire, y sentía que se asfixiaba.

— Es tiempo de que regreses... adios Meiem.

Y le empuja hacia la superficie del río. Él estira su mano al ver que el fulgor se aleja al fondo, queriendo alcanzarla y de pronto... llega a la orilla del río, e intenta ponerse de pie empapado y confuso, su hermanita le ayuda a levantarse... Se van marchando pero Meiem aún miraba hacia el río, con la esperanza de ver el brillo en sus aguas.

26 de Abril de 2020 a las 00:50 1 Reporte Insertar Seguir historia
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Fin

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Triste Mancebo La muchacha triste camina, y cuando ella pasa, yo le sonrío, pero ella no me ve... nunca me ve.

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Los hechos. -El gentilicio "promauca" existe y es propio de los promaucaes. -Los promaucaes eran sabios agricultores y poseían técnicas ancestrales para una siembra más segura, lo relatado al respecto es propio y verídico. -Los Incas intentaron conquistar por tres ocasiones los territorios promaucaes, siendo vencidos por estos, teniendo que retirarse y aceptar el fracaso, dejando en Rancagua su última fortaleza, su huella territorial más austral. -Las leyendas de las bestias de piedra son parte de la cultura de la zona maucha, conocidas por todo el que vive en la ciudad de Constitución e incluso por turistas que vienen a visitarlas: La piedra del lobo, la piedra del león y la piedra del elefante. -El espíritu tormentoso del rio maule, el "Mauleulfe" es también una leyenda cultural de la ciudad. Las serpientes de tierra y agua son parte de la mitología aborigen propia de Chile. -Inti es el dios sol según la mitología Inca. -La sabiduría espiritual de los promaucas y su conexión con la naturaleza es un hecho, varios relatos españoles encontrados dan bases a que los promaucaes ya sabían de la amenaza de la conquista y se prepararon de antemano contra ella, aliandose a las tribus araucanas. -El "Achur" en el promauca y mapudungún es el ajo nuestro. Las tribus ancestrales aprendieron a usarlo en sus armas, siendo ésta una de sus más peligrosas estrategias guerreras que se hayan demostrado. -La guerra del invasor contra las tribus araucanas continúan hasta nuestro días.
April 26, 2020, 01:42
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