La dama en el río Seguir historia

oscaralvarez85 Oscar Alvarez

Cuento Todo público. © Portada: “The Lady of Shalott”, de John William Waterhouse

#Lady #Dama #Muerte #Rio #Barca #Campo
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La dama en el río

Era una mañana fría de agosto y Lucas se encontraba sentado sobre el pasto, que se pintaba verde y bañado por el rocío a orillas del río, no muy lejos de la vieja y vetusta casa de sus ancestros. Estaba de visita con su familia; su esposa Martha, 5 años menor a él; sus dos hijos, Leo y Elena; y sus tres nietos.

Recordaba cuando era un niño y su abuela le narraba historias, mientras se mecía en su silla. Muchas eran cuentos fantasiosos con alguna moraleja o lección. Pero había una historia que correspondía a una leyenda local que contaba la desgracia de una triste mujer que observaba el mundo a través de un espejo.

Dos de sus nietos, se acercaron y lo invitaron a unirse a la mesa, todo estaba listo. El anciano se puso de pie y caminaron juntos hacia una mesa larga con mantel blanco y variedad de frutas, panes, jaleas, quesos, jamones y dos grandes jarras de jugo de naranja (su favorito).

El día y la tarde transcurrieron sin mayor novedad. Al llegar la noche se acomodaron en la sala de la antigua casa para gastar el tiempo con juegos de cartas y conversaciones sobre parientes cercanos y no tan cercanos.

Lucas aprovechó la oportunidad para compartir con sus nietos anécdotas de tiempos de antaño, y una que otra historia, entre ellas, la dama del río.

<<Hace mucho, mucho tiempo, hubo una hermosa mujer que observaba el mundo a través de un espejo. Aquella dama vivía en lo alto de un molino sin poder salir al mundo. Se pasaba el tiempo tejiendo, bordando y cantando. Nadie la había visto, y muchos que la habían escuchado cantar pensaban que se trataba de un hada.

Un día, mientras observaba el mundo por su espejo se enamoró de un joven muy apuesto y caballeroso. Sin pensarlo, decidió salir de su encierro y desconocer las advertencias de aquella voz que le susurraba que nunca salga. Cuando intentó partir en busca del amor, la maldición cayó sobre ella. Desde ese día fue condenada y se la veía navegando las aguas de aquel río en un pequeño bote ennegrecido por el moho.

Viajaba sentada con su basto vestido blanco, sobre un mantel rosado desteñido y escudos de jinetes y caballos bordados. Su mirada era perdida, su boca levemente abierta y su piel pálida como la niebla. Todo aquello daba la impresión que estaba a punto de gritar de dolor, sin embargo, no pestañaba, no se movía. Sus brazos estaban caídos, eternamente rendidos y entregados a su destino. Solo se escuchaba el sonido de una melodía entonada por la voz de una joven y el romper del agua en su viaje.>>

Al finalizar la historia, el anciano se recostó y cerró los ojos, le vino a su mente lo que le comentó su anciana abuela en ese entonces. Le había confirmado que la historia era cierta, que la vio cuando tenía 13 años de edad. Ella se encontraba practicando un complicado bordado a orillas del rio. Cuando escuchó una canción y el alboroto de las aguas que anunciaba que algo se acercaba. Divisó un hombre que abordó el bote para irse con ella, nunca lo volvió a ver jamás.

Se levantó de su sillón y salió de la casa, su compañera de vida lo alcanzó justo antes de que este entrara en el bosque. Caminaron juntos sobre una alfombra de hojas secas que le daban sonido a sus pisadas. Iban abrazados, sintiendo el calor mutuo, el mismo que se habían transmitido las décadas que llevaban juntos.

-Nunca la pude ver, el tiempo pasó, yo crecí, y la olvidé, junto con otras historias no tan tristes como la de aquella desafortunada. Ahora que estoy viejo y cansado las aguas se alborotan y se desempolvan los recuerdos, cada vez que me acercaba a este río para contemplar sus aguas tranquilas, la recordaba durante instantes para luego volver a olvidarla.- finalizó, al momento que la sujetaba para besarla.

Los interrumpe una melodía entonada por una mujer en un pequeño y vetusto bote que se acercaba. En él, una hermosa dama con pelo de plata y vasto vestido blanco. Pero ésta no tiene los brazos cansados o rendidos, los tiene abiertos y entregados hacia él.

Son las 5 de la mañana, se encuentra sólo en su cama y sudado pese al frío –Solo fue un sueño- se dice. Se levanta, observa por uno de los ventanales; hay niebla afuera, aún no amanece. –Hace frío- piensa, y toma una salida de cama colgada del perchero cercano a la puerta de su habitación. Camina a lo largo del pasillo de tapices tan antiguos como él. Todas las puertas se encuentran cerradas -todos duermen-. Pero al bajar del piso superior las escaleras lo enfrentan con la puerta principal de la casa, que se encuentra abierta.

Parado en el marco de la puerta, a lo lejos, no tan lejos, alguien camina hacia esos árboles de ramas tristes que tocan el piso, y que se arremolinan con la densa espesura blanca cuando golpea el viento. La identifica, es su mujer que camina solitaria.

La mujer del río se acerca a Martha. Los sonidos del agua y del bosque se pierden, todo es silencio, pero el bullicio regresa como estruendo: el crujir de las hojas con las pisadas de su esposa, la melodía de aquella extraña mujer y el romper del agua mientras avanza.

Se alean juntas, la mujer con la que había compartido su vida y aquella que canta, la de la extraña barca sin rumbo. Se la lleva, se van, y su música se convirtió en un murmullo que no tardó en extinguirse.

FIN 

31 de Octubre de 2014 a las 00:53 1 Reporte Insertar 4
Fin

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Felipe Quisquiliae Felipe Quisquiliae
Tiene bastante parecido a una Leyenda folclorica, las pocas descripciones y el ritmo la hacen parecer más bien una narración oral. Solo es un consejo, pero creo que deberias describir más algunas cosas o dejar mejor aclarado cuando dejas de hablar de alguien para hablar del protagonista.
6 de Julio de 2017 a las 09:59
~

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